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Se muestran los artículos pertenecientes a Enero de 2012.

Cuento de Navidad

Ocho de la tarde del día de Nochebuena. María, embarazadísima, está en casa preparando la cena junto a su madre, a la que aburre con sus quejas maritales. José está en el bar con los amigotes, rehuyendo sus responsabilidades paternas del mismo modo que rehuyó sus obligaciones conceptivas nueve meses atrás. Ambos son felices, ella rajando de él y él bebiendo para no escucharla.

Doce de la noche. María rompe aguas y salen disparados hacia la clínica. En una hora ha nacido el bebé, llamado Jesús. A las tres de la madrugada el Mesías está en la nursery recibiendo los cuidados de voluptuosas enfermeras extranjeras (las nativas están en sus casas celebrando la Navidad con sus familias y sus horarios y sueldos de nativas) y María descansando sedada en su habitación individual de la séptima planta con un obstetra de guardia a su disposición. En fin, las ventajas de nacer en pleno siglo XXI en un país con enfermeras nativas de sueldos y horarios dignos.

Antes del alba, reciben la primera visita, tan inesperada como inoportuna. Son los tres reyes magos.

-          ¡Hola! Venimos a adorar al Mesías, que ha nacido para salvarnos a todos – dicen al unísono los tres reyes magos.

-          Pues está en la nursery. – exclama malhumorado José mientras se incorpora costosamente del sofá-cama.

-          María gimotea aún medio dormida: ¿No os habéis adelantado doce días?

-          Bueno, el GPS. No había pérdida. – responde Gaspar.

-          Ya que estáis aquí, ¿qué regalos traéis? – pregunta curioso José.

-          La Xbox, el Scalextric y mirra. – contesta Baltasar.

-          ¿Mirra? Venga, ¡no jodáis! – grita irritada María.

-          Melchor, que es un rata y, además, chochea. – balbucean avergonzados Gaspar y Baltasar.

-          ¡Joder, qué bien! – masculla José. - Pues ¡hala! circulando, que tenéis un largo viaje de vuelta.

Los tres reyes magos abandonan la habitación y José aprovecha para lanzarle un dardo a María: “Esperemos que su padrino sea más generoso que Melchor…” María gira la cara y rehúsa responderle. Los dos deciden echarse una cabezadita.

Amanece y una enfermera trae el bebé a la habitación. María se lo pone emocionada en el pecho. José lo mira y remira intentando encontrar algún parecido. A los pocos minutos entra el padrino en la habitación. María lo recibe con alborozo, estirándose el camisón y recogiéndose el pelo detrás de las orejas para mostrar su enorme sonrisa. José tuerce el gesto y alarga la mano con desdén para cumplir con el saludo protocolario. El padrino felicita a la madre y coge al bebé en brazos. José exclama con gravedad: “¡No le conviene tanto brazo!” El padrino hace oídos sordos y alza al bebé con orgullo. María contempla la escena con alegría. José se da media vuelta y mira por la ventana. Tras quince minutos, el padrino se despide cariñosamente de María y del bebé, y deja una cartilla del Banco Espírito Santo a nombre de Jesús en la mesita de noche. José permanece de espaldas sin despedirse y continúa absorto en la ventana con la mirada inyectada en sangre. María deja a Jesús en la cuna y se pone a descansar. A continuación, José sale en silencio de la habitación a por tabaco. 

 

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Wernher Von Braun, un genio manchado

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Wernher Von Braun es el responsable máximo de que el hombre llegase a la luna gracias al cohete Saturno V y, también, de los misiles V-2 que los nazis lanzaron sobre algunas ciudades aliadas en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Vamos, que el señor Von Braun fue un actor principal en dos de los hechos más relevantes del siglo XX. ¿Cómo es posible?

Porque la doble moral es tan inherente al ser humano como su afán de superación. El joven Von Braun se doctoró en ingeniería en Berlín y pronto dedicó sus esfuerzos al diseño y construcción de cohetes dentro del ejército alemán. En 1937 se afilió al partido nacionalsocialista y dispuso de recursos ingentes para desarrollar su trabajo. Hitler, entusiasmado por los cohetes que Von Braun diseñaba con fines bélicos, ofreció la planta de Mittelwerk para la fabricación del más increíble y moderno de sus misiles: el V-2.  El problema radica en que la mano de obra usada en Mittelwerk era esclava, procedente de campos de concentración, y se estima que al menos 20.000 personas murieron en condiciones infames para lograr esta empresa.

Los misiles V-2 empezaron a lanzarse a finales de 1944 causando el pánico en Londres y Amberes principalmente, ya que eran indetectables hasta que impactaban en su objetivo. Afortunadamente, la guerra tocaba a su fin y Alemania se hallaba muy debilitada, porque la increíble arma diseñada por Von Braun era tan superior a ninguna otra utilizada hasta entonces, que de haber sido fabricada uno o dos años antes podía haber decantado la guerra hacia el lado nazi. Las bajas causadas por los V-2 se sitúan alrededor de las 6.000, a las que sumar otras 20.000 en su fabricación.

Los aliados, mucho antes de finalizar la guerra, en su avance hacia Berlín, dedicaron denodados esfuerzos en capturar a Von Braun y a su equipo. Se inició por aquellas fechas una carrera entre rusos y norteamericanos por obtener los conocimientos y el material de los genios alemanes. Finalmente, vencieron los norteamericanos, fundamentalmente porque los ingenieros alemanes no deseaban caer en manos rusas ni hartos de vino.

Y aquí es donde se produce el repugnante (no obstante, lógico) capítulo del perdón y el olvido a cambio del conocimiento. Wernher Von Braun y otros cien ingenieros alemanes son seleccionados y embarcados con destino a EEUU para dar el pistoletazo de salida a la Guerra Fría, en su versión Guerra de las Galaxias, con el mejor equipo posible.  A partir de entonces trabaja para el ejército norteamericano, primero, y después para la NASA con los mayores éxitos y reconocimientos.

Como curiosidad, diré que Henry Kissinger, el celebérrimo secretario de estado de EEUU durante las presidencias de Nixon y Ford, fue uno de esos oficiales del ejército norteamericano encargado, en su caso, de atrapar miembros de las SS en los últimos dias de la guerra y durante las semanas siguientes a la rendición alemana. De modo que en esas fechas de 1945 Kissinger y Von Braun coincidirían, uno en cada bando, en Alemania; y años después, en 1969, ambos volverían a coincidir, esta vez los dos en el mismo bando, en el extraordinario logro de la llegada del hombre a la luna, uno como consejero de seguridad nacional de la administración Nixon y el otro como director del programa de cohetes espaciales de la NASA. 

Dada su celebridad, se le recordó en varias ocasiones su pasado nazi e incluso él mismo reconoció haber conocido las terroríficas condiciones de trabajo de la planta de Mittelwerk. Sin embargo, nunca pagó por sus pecados. Todo lo contrario, obtuvo la nacionalidad estadounidense en 1955 y disfrutó de una larga vida junto a su familia llegando a las cotas más altas con aquello que había soñado desde pequeño: los cohetes.

¿Y los 20.000 muertos de Mittelwerk? ¿Cuántos insignes ingenieros, científicos, músicos o escritores había entre ellos? ¿Cuántos podrían haber tenido una carrera igual de exitosa que Von Braun en sus respectivos campos? ¿Un solo hombre a cambio de veinte mil? ¿Veinte mil hombres a cambio de la luna? ¿Cuánto vale la vida de un hombre? La remilgada moral nos dice que la vida de un hombre no tiene precio, su valor es inconmensurable. Sin embargo, la Historia se encarga de contradecir a la moral una y otra vez. Sobre todo, porque nunca, o casi nunca, es ese mismo hombre el que establece un valor determinado a su vida, sino que suelen ser otros hombres, mucho más rácanos, los que valoran el precio de su vida. 

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yate

[del pijo clásico “ya te vale, Borjamari”] embarcación de recreo que pasea a aristócratas, nuevos ricos y fulanas vip enfundados en enormes gafas de sol y minúsculos pareos. Suelen bautizarlos con nombres de mujer pintados con letras chillonas: de la reina, si se trata de un aristócrata; de la mujer, si se trata de un nuevo rico reciente; o de la fulana vip, si se trata de un nuevo rico divorciado. 


sudor

lloro de desesperación del cansancio y del calor. 

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Inter de Madrid - Barcelona. 1-2 (Santiago Bernabéu, 18 de enero)

Ver crónica del partido de Liga del pasado 10 de diciembre.

Y añádanle unas gotas más de racanería, toneladas de miedo y la bochornosa actuación de Pepe (en lo deportivo y en lo criminal).

Cancelen el partido de vuelta. No hace falta. Ya lo hemos visto. 

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F.C. Barcelona - Real Madrid. 2-2 (Camp Nou, 25 de enero)

El mundo al revés: el Madrid quitando la pelota al Barcelona en muchas fases del partido, presionándolo arriba y acogotándolo tras el empate en el mismísimo Camp Nou. Inexplicable. Absolutamente inexplicable después de presenciar el pestiño del partido de ida por parte del Madrid. Pero como el fútbol es tan extraño como inesperado, los dos equipos brindaron un espectáculo soberbio. Cada uno con sus armas, cada uno tratando de imponer su estilo. Al final ambos quedaron contentos. El Barcelona por haber obtenido la clasificación y el Madrid por haber limpiado su lamentable imagen de la ida.

El partido comenzó al galope desde los primeros instantes. Piqué, todavía saboreando el beso de despedida de Shakira, falla estrepetisomente dejando un balón franco a Higuaín, que como no tiene a nadie que le bese o eso parece, manda el balón a Murcia para no tener que celebrar el gol solito. La presión madridista desactiva al Barça y gotean las ocasiones: un disparo de Cristiano Ronaldo que para sin querer Pinto, un nuevo robo de balón de Higuaín que saca Pinto con el pie y un disparo desde Estambul de Özil que da en el larguero y en la línea de gol. El dominio es absoluto durante los primeros treinta minutos. Sin embargo, transcurrida la primera media hora, el Barça empieza a triangular y a tener más el balón. En los últimos minutos de la primera parte llegan los dos goles del Barcelona. El primero tras la típica internada de Messi por el centro que causa el pánico en la defensa blanca, perdiendo Arbeloa la posición para que Pedro reciba la asistencia del genial Messi y marque a placer desde dentro del área. El segundo tras un rechace de una falta lanzada en el minuto chorrocientos del descuento, que Alves engancha con una violencia y precisión increíbles. Dos a cero y al vestuario con cara de gilipollas. Por cierto, Lass mereció ser expulsado por imbécil al cometer una falta innecesaria y evidente al borde del descanso. 

El Madrid volvió a comparecer en la segunda mitad con vigor y ganas de intentarlo. El Barça respondió con las mismas ganas al envite blanco. En ocasiones con la verticalidad de Messi y Pedro, y en otras con su fútbol narcotizante de pases y más pases en corto al primer toque. El histriónico delantero portugués consiguió el primer gol gracias a una buena asistencia de Özil (gran partido del alemán) y a un buen regate al portero con rápido remate posterior. A los pocos minutos Benzema puso pimienta al partido y, por consiguiente, a la eliminatoria con un gol lleno de clase: sombrero a Puyol y volea a la red. El Barça, por fin, sentía miedo ante el Madrid. El mundo al revés. Los blancos siguieron intentándolo, pero sin crear ocasiones claras de gol; y los azulgranas intentaron cerrar la eliminatoria con algún contraataque más o menos claro.

El Madrid ofreció una muy buena imagen y casi todos los jugadores su mejor versión. En lo futbolístico debemos excluir a Xabi Alonso, lento e impreciso gran parte de la noche. Es una pena, porque su importancia en el juego es fundamental. Además, lleva varios partidos a un nivel muy bajo desde la vuelta de Navidades. En lo extradeportivo debemos exceptuar, una vez más, a Pepe. Aunque no fue el asesino en serie de otros encuentros, sí que fingió y exageró las faltas que cometieron sobre él y largó un manotazo evitable a Cesc. Deberían echarlo del Madrid. Es un impresentable incorregible. 

Esta vez sí que el Madrid fue superior al Barça. Pudo confrontar sus armas a las de su excelso rival en el campo de éste último, por lo que imagino que jugadores y cuerpo técnico saldrán satisfechos del Camp Nou. A ver si de una vez por todas empezamos a ver sonrisas en los jugadores y, sobre todo, en el entrenador del Madrid. 

Y ahora a centrarse en mantener la ventaja en la Liga y a pasar eliminatorias de Champions hasta encontrase de nuevo con el Barcelona, del que por lo menos este partido ha servido para quitar de encima el sangrante complejo de inferioridad que atenazaba al equipo madridista en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

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cicatriz

tatuaje accidental que según el tamaño y el lugar puede quedar sexy o espantoso. 

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mercromina

pimentón rojo para las heridas que sucumbió ante el pujante Betadine, otra guarrada de tinte curativo, en este caso, de soja. 

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Los pijamas de Lord Kinsey

Edward Joseph Kinsey III vive en el castillo familiar, construido en el siglo XVII, en la ventosa costa escocesa. A sus 83 años todavía se vale perfectamente por sí mismo. La presencia de un mayordomo, una asistenta y una cocinera se debe únicamente a sus necesidades de servicio, de las que ha disfrutado desde que era un niño.

Su abuelo, Edward Joseph Kinsey, se benefició de los favores de la reina Victoria, que agradeció sus servicios de intermediación con la casa de Hannover con numerosos títulos, nobiliarios y de la propiedad. Así que Edward Joseph Kinsey III jamás ha precisado trabajar, como tampoco hizo jamás su padre, Edward Joseph Kinsey II. De hecho, Lord Kinsey siempre ha considerado una ordinariez eso de trabajar.

Es un soltero empedernido. Siempre prefirió frecuentar a las mujeres cuando deseó y sin perder el tiempo en grandes cortejos. Ocasionalmente, solicitó las caricias de alguna profesional, más por pereza que por vicio. Por consiguiente, jamás tuvo una relación estable ni duradera.

Tampoco se ha prodigado socialmente. Solamente cuando el título lo ha requerido, y a regañadientes. La mayor parte de su vida ha transcurrido en el castillo escocés, cazando y pescando en sus dominios, rodeado de libros y entregado en cuerpo y alma a su gran pasión: su colección de pijamas.

Lord Kinsey es el mayor coleccionista de pijamas del mundo. Posee una colección con más de 20.000 piezas. Cada noche, después de la apresurada cena, entra en el Salón de los Pijamas, decorado a imagen y semejanza del Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, pero con armarios detrás de los espejos, y elige el pijama con el que dormirá esa noche.

Esta elección la medita detenidamente durante todo el día. Según su estado de ánimo o los acontecimientos recientes escoge uno u otro. Una vez se ha puesto el pijama, se dirige a sus aposentos, pide que le traigan un vaso con dos dedos de ginebra Monkey 47 sin hielo ni acompañamiento, se lo bebe de un trago y se dispone a dormir. A partir de ese momento comienza su fascinante sueño. Porque Lord Kinsey sueña en función del pijama escogido.

Todos sus pijamas han pertenecido a hombres y mujeres de verdad. Algunos célebres y otros anónimos. Pero todos ellos pertenecieron algún día a una persona. Y Lord Kinsey tiene la suerte de poder soñar sus vidas. Cada sueño es una aventura increíble, llena de evidencias deseadas y sorpresas inesperadas. Lord Kinsey lleva años recreando otras vidas en sus sueños, disfrutando de lo que otros gozaron y sufriendo lo que otros padecieron. Sabe más de las personas y sus vidas que cualquier historiador o investigador social. Es un loco afortunado que duerme doce horas al día para vivir lo que otros vivieron.

Su maravillosa afición tiene un inconveniente, no obstante. Únicamente puede usar el pijama de una persona una vez. Si lo usa en otra ocasión, ya no sueña nada acerca de ella. Así pues, cada elección es una excitante experiencia, pero también una despedida, ya que sólo dispone de una oportunidad por pijama. Además, en ocasiones, y a pesar de su extraordinaria sagacidad a la hora de adquirir nuevos pijamas, algunos desaprensivos tratantes de pijamas consiguen engañarle y venderle el pijama de una persona que en realidad no corresponde a la que ellos aseguran solemnemente. De tal modo, que ha habido noches en las que se ha acostado entusiasmado por dormirse con el pijama de Juana de Arco o con el de Calígula y se ha despertado con una enorme decepción. 

Esa unicidad del pijama y del correspondiente sueño hace que tenga pijamas desde hace años con los que aún no ha dormido, bien por el miedo a que sean falsos o bien por el hecho de usarlos y no poder volver a vivir el extraordinario sueño. En esta categoría de pijamas “pendientes” están los de Jesucristo, Platón, Alejandro Magno o Napoleón, por ejemplo. Recientemente, uno de estos pijamas, el de Churchill, fue usado por Lord Kinsey. Afortunadamente, no se trataba de una falsificación y disfrutó de un sueño tan interesante como revelador.

¿Qué hará Lord Kinsey con su increíble colección de pijamas cuando muera? ¿A quién los legará? Porque muchos ya no podrán volver a ser soñados, pero otros muchos estarán sin estrenar. 




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