La marea

Sube y baja, va y viene.
Llega impaciente
y desaparece temerosa.
La luna la guía,
las olas la mecen.
Las rocas la besan impetuosas,
la orilla la abraza silenciosa.
Arrastra profundos pesares:
historias de naufragios,
muertes silenciosas y olvidadas.
Esconde secretos insondables:
asombrosos calamares gigantes,
tesoros perdidos en naves hundidas,
misteriosas y bellas sirenas.
El horizonte la escupe y la absorbe,
cada seis horas, todos los días.
Al llegar acaricia la arena,
al partir la araña, la desgarra.
¿Miedosa? ¿dubitativa? ¿coqueta?
¡Paciente, sesuda, bella!
Se presenta centelleando
irisaciones del sol cobrizo del atardecer;
y se despide con millones de luciérnagas
surfeando sus olas nocturnas bajo la luna.
La espuma dibujada en la orilla
nos descubre sus deseos,
con cada embestida, con cada ola.
Pero nunca nos da tiempo a leerlos,
siempre se arrepiente y los borra,
con nuevas embestidas, con nuevas olas.
¿Qué querrá la marea?
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