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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2011.

La marea

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Sube y baja, va y viene.

Llega impaciente

y desaparece temerosa.

La luna la guía,

las olas la mecen.

Las rocas la besan impetuosas,

la orilla la abraza silenciosa.

Arrastra profundos pesares:

historias de naufragios,

muertes silenciosas y olvidadas.

Esconde secretos insondables:

asombrosos calamares gigantes, 

tesoros perdidos en naves hundidas,

misteriosas y bellas sirenas.

El horizonte la escupe y la absorbe,

cada seis horas, todos los días.

Al llegar acaricia la arena,

al partir la araña, la desgarra.

¿Miedosa? ¿dubitativa? ¿coqueta?

¡Paciente, sesuda, bella!

Se presenta centelleando

irisaciones del sol cobrizo del atardecer;

y se despide con millones de luciérnagas

surfeando sus olas nocturnas bajo la luna.

La espuma dibujada en la orilla

nos descubre sus deseos,

con cada embestida, con cada ola.

Pero nunca nos da tiempo a leerlos,

siempre se arrepiente y los borra,

con nuevas embestidas, con nuevas olas.

¿Qué querrá la marea?

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hermenéutica

disciplina de nombre tan indescifrable como lo que intenta descifrar.

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El rugby, mucho más que un deporte

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Aprovechando que el mundial de rugby está en plena disputa en Nueva Zelanda – el próximo fin de semana se jugarán los partidos de cuartos de final – me apetece alabar las maravillas de este deporte, del que, advierto, soy un profano. No sigo las competiciones de clubes. En cuanto a los torneos de selecciones, hace años que veo algún enfrentamiento del 6 Naciones (antes 5 Naciones), si se da la circunstancia, y poco más. Aunque dentro de ese poco más, cabe, obviamente, el Mundial. El primero que seguí fue el de Australia 2003, donde Johnny Wilkinson se convirtió en una celebridad logrando el título para Inglaterra en el hemisferio sur. Una heroicidad deportiva increíble, ya que derrotar a los australianos en la final en su país, ante su gente, es sencillamente un sueño inalcanzable. Después seguí el de Francia 2007 con verdadero entusiasmo, deleitándome con la asombrosa actuación de Argentina, que acabó tercera. Y, por último, el que se está celebrando ahora en Nueva Zelanda.

La belleza de este deporte no tiene comparación posible con ningún otro. Los valores que transmite tampoco. Me emociono viendo a esos hombres pelear sin cuartel, hasta la extenuación, por sus compañeros, por su equipo y por su país. Son modernos gladiadores enfundados en camisetas que les van a explotar, con las orejas deformadas de los enganchones de las melés, las caras hinchadas del esfuerzo y los golpes, la sangre brotando a borbotones de los choques con rodillas y cabezas, y el sudor envolviendo por completo sus cuerpos llevados al límite. Todo este escenario de aparente (y no tan aparente) violencia queda, no obstante, amortiguado por la elegancia, la caballerosidad, la deportividad de estos rudos jugadores. Evidentemente, hay jugadores más sucios que otros, pero hay una barrera que nunca se traspasa. Parece haber un acuerdo tácito por el cual el uso de la violencia queda perfectamente enmarcado y nunca va más allá. Además, el respeto por el rival y los árbitros es casi reverencial. No hay trifulcas, ni tanganas. Acaba el partido y se felicita al rival, al que se respeta y admira como si fuese uno mismo. Tampoco hay protestas a los árbitros, como mucho se habla con ellos, con respeto, con calma, sin aspavientos, sin groserías. ¡Cuánto deberían aprender los futbolistas de este deporte! Esa famosa frase de que “el fútbol es un deporte de caballeros jugado por rufianes y el rugby un deporte de rufianes jugado por caballeros” cobra mayor vigencia que nunca viendo cualquier partido de este mundial de rugby y comparándolo con cualquier partido de fútbol. 

El juego en sí es igualmente excitante y divertido. Las normas han favorecido recientemente el juego de carrera, mucho más espectacular que el de contacto y melé. No obstante, una mezcla de ambos es también apasionante. Tan bonito es ver a un ataque intentar perforar la defensa rival como presenciar la infatigable defensa haciéndose impenetrable, repeliendo todos los envites atacantes. Los cambios de juego y de posesión son constantes. Hay un dinamismo apasionante durante todo el partido. Realmente, la exigencia física es brutal en este deporte.

Y por encima de todo ello están los valores que transmite el rugby. En el mundial de 2003, conforme avanzaba el torneo, crecía la figura de Johnny Wilkinson. Mandaba a sus compañeros, los ordenaba, dirigía los ataques, pateaba a palos cuando convenía, alargaba o acortaba las jugadas según las necesidades de cada momento, lideraba al equipo con maestría. Pero todo ello desde la contención, el respeto, la humildad. Inglaterra, como he dicho, acabó ganando ese mundial y Wilkinson se convirtió en héroe nacional. Nada de eso ha cambiado su forma de jugar. Sigue siendo el primero en defender. No se arredra cuando una mole de casi dos metros y ciento veinte kilos viene lanzada con el balón oval. Aprieta los dientes, tensa los músculos de su cuerpo, mucho menor que el que viene en carrera, y lo placa con determinación. Es admirable, hasta conmovedor, ver al “pequeño” Wilkinson detener a una bestia de la naturaleza. ¿Por qué lo hace? Porque ha de hacerlo. Porque la línea defensiva no puede romperse, porque sabe que varios compañeros suyos se lanzarán sobre el rival como animales para ayudarle a derribarlo, porque el compromiso con el equipo es total. Porque es una cuestión de honor. El equipo está por encima de todo y nadie puede echarse atrás. Todos ganan juntos y todos pierden juntos. Un maravilloso ejemplo de compañerismo, valor, honestidad y orgullo. Sólo el rugby permite ver y admirar todos estos valores.

Otro increíble ejemplo de la fuerza del equipo en este admirable deporte: la actuación de Argentina en el Mundial de Francia 2007. Los Pumas, como se conoce a la selección argentina, se presentó en Francia con apenas tres años de profesionalismo en su país y una selección plagada de jugadores que se ganaban la vida en equipos extranjeros. Su capitán era Agustín Pichot (en la foto), un loco del rugby. En el partido inaugural se impusieron a Francia, la anfitriona. Partido tras partido, batalla tras batalla, avanzaron hasta los cuartos de final, donde eliminaron a la todopoderosa Nueva Zelanda. En semifinales cayeron ante la futura campeona, Sudáfrica, pero en la final de consolación derrotaron de nuevo a Francia en su estadio, obteniendo la tercera plaza final. Seguí la mayoría de sus partidos con una emoción tremenda, “torciendo” por ellos. Me convertí en un fan absoluto de los Pumas. Especialmente fascinante resultaba la figura de Agustín Pichot. Era el capitán. Los cojones, el capitán. ¡Era el capitán general! Reunía a los suyos antes y después de cada partido: un círculo en pleno campo de juego, él en medio arengando a sus compañeros, animándoles, exigiéndoles, motivándoles. ¡Alucinante! Era el puto amo. Se pasaba todo el partido hablando con sus compañeros. Con lo agotador que resulta este juego, este animal competitivo conseguía jugar, placar, correr, retener, empujar y no cesar ni un segundo de alentar, animar, aconsejar, guiar y espolear hacia la victoria a sus compañeros de equipo. Tengo una imagen preciosa grabada en la memoria: en el partido por el tercer puesto, jugado como he dicho ante la anfitriona Francia, Pichot consigue un ensayo que cierra definitivamente la victoria, se levanta del suelo brazos en alto extasiado por la hazaña lograda, mientras una jauría de compañeros de equipo se lanza sobre él para abrazarle y compartir el mayor éxito de sus vidas deportivas todos juntos, abrazados, sudados, magullados, felices. Una foto que resume lo que representa este deporte tan especial. Ojalá otros muchos ámbitos de la vida tomaran ejemplo del rugby y lo que representa.

Para quienes puedan estar interesados en descubrir la emoción e intensidad de un buen partido de rugby, Canal + está emitiendo todos los partidos del mundial de Nueva Zelanda 2011. El próximo fin de semana, a primera hora de la mañana del sábado y del domingo, ofrece los partidos de cuartos de final en directo. Serán un auténtico espectáculo. Por una parte del cuadro las cuatro potencias del hemisferio sur: Sudáfrica, Australia, Nueva Zelanda y Argentina. Y por la otra parte el norte, representado por Inglaterra, Francia, Irlanda y Gales.

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Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia (Emil Ludwig, 1939)

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¿Por qué puede resultar interesante un libro que ofrece breves relatos sobre tres personajes tan extensamente analizados y sobre los que hay una voluminosa bibliografía? Porque está escrito entre septiembre y noviembre de 1939, justo después de estallar la Segunda Guerra Mundial. Y, además, porque el análisis del cuarto "dictador", Prusia, es tan brillante como revelador.

Antes de entrar en el contenido del libro, unas pinceladas sobre el autor: nacido en 1881, escritor y periodista alemán de origen judío exiliado a Suiza en 1932, que obtuvo fama internacional en la década de los veinte gracias a sus biografías de personajes históricos. 

El capítulo sobre Hitler es el más acertado de todos y el escrito con mayor bilis. Lo tacha de loco histérico, mediocre, cobarde y mentiroso. No obstante, la crítica furibunda no se centra únicamente en el tirano, sino en la responsabilidad del pueblo alemán que lo encumbró y siguió entusiasmado en su mayoría. Aquí usa una cita de Goethe que resume perfectamente su opinión: "Pensando en el pueblo alemán he encontrado frecuentemente con la mayor amargura que en su conjunto es tan mísero como es respetable en lo individual". 

Tras desnudar las miserias del líder nazi, recrea el juicio al que sería sometido Hitler en el Tribunal de La Haya un día de 194..., una vez derrotada Alemania. Primero imagina los argumentos falaces usados por el abogado defensor y, después, desgrana las acusaciones del fiscal con precisión y claridad, detallando todos los crímenes morales cometidos por el régimen nazi. Posteriormente, se atreve también con unos pronósticos sobre el devenir de los acontecimientos, que son en su mayoría bastante cercanos a lo que sucedió después. Ludwig demuestra ser un certero analista, ya que en noviembre de 1939 predijo la derrota de Hitler, la permanencia de Stalin en el poder tras la guerra, la determinación en la victoria de los ingleses, la posición norteamericana y el alumbramiento de un paneuropeísmo al finalizar la contienda mundial. Únicamente erró en la neutralidad de Mussolini.

La descripción de Mussolini es la más dulce de todas. A éste lo conoció personalmente en una serie de entrevistas celebradas en 1928. Alaba su capacidad de seducción, su interés por la historia y su naturalidad. En sus líneas transmite cierto respeto hacia el hombre y demasiada indulgencia hacia el dictador. Sorprende y decepciona que un experto biógrafo caiga en los encantos personales de su personaje. Aunque mirado con perspectiva, y comparado con los otros dos tiranos, es hasta lógico que la figura del fascista italiano salga mucho mejor parada.

El capítulo sobre Stalin no aporta nada nuevo. También lo conoció personalmente, en una entrevista en Moscú en 1931. (Así pues, fue a Hitler al único al que no trató en persona.) La descripción del sátrapa georgiano como un déspota taimado y cruel es arquetípica. Es, sin duda, el capítulo más frío y aburrido. 

Por último, está la guinda del libro: la acusación clara y rotunda a Prusia como origen de todos los males acontecidos en Europa y Alemania desde mitades del siglo XIX hasta la fecha (1939). Señala a Prusia como una nación medieval, dominada por una clase de terratenientes semianalfabetos y reaccionarios (los Junkers) que somete a la casi esclavitud al campesinado, desprovista de espíritu creativo y sensibiidad cultural, fuertemente militarizada y entregada a los designios del emperador, orgullosa y desdeñosa con el resto de Alemania, prepotente y codiciosa. Realmente, es una diatriba espectacular, aunque perfectamente argumentada históricamente. Basta citar los grandes hombres que ha ofrecido Alemania al mundo en las más diversas disciplinas (arte, filosofía, música, ciencia...). De ellos ninguno, salvo Kant, era prusiano. Ludwig explica el motivo: Prusia era un páramo intelectual en el que nadie poseía la sensibilidad o educación mínimas para que floreciera el saber y el progreso. Es una crítica bestial, como pocas veces he leído. Incluso llega a proponer como única solución posible para el futuro de Alemania que, acabada la guerra, Prusia sea un país independiente del resto de Alemania para evitar que contamine y pudra desde dentro al resto de buenos alemanes del sur, del Rin, del industrioso valle del Ruhr o a los hanseáticos del norte occidental. El autor es absolutamente demoledor con Prusia y la identifica como una de las causas del triunfo del nazismo. 

Lo cierto es que este último capítulo me ha traído a la memoria la película "La cinta blanca" de Michael Haneke, que retrata el ambiente lóbrego, miserable, cruel y postrado de un pueblo alemán en vísperas de la Gran Guerra en 1913. Una aldea prusiana cualquiera en la que, años después, fue fácil y lógico que germinase el nazismo con absoluta naturalidad. Es curioso (y gratificante) unir un libro escrito en 1939 con una película rodada setenta años después, en 2009. 

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cojín

almohada emancipada que abandona la cama materna para conocer mundo en salones, vestíbulos y terrazas. 

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espermatozoide

único velocista blanco de la historia que consigue llegar a la meta el primero. No dispone de salidas nulas. Únicamente tiene una oportunidad, que llega tras un sonoro "ready, set, ¡aaahhh!" En ocasiones no corre la final, sino un solitario entrenamiento. En otras la corre, pero el plástico de la meta lo han puesto en la misma salida. Y sólo a veces puede disfrutar de una buena corrida, perdón, carrera.

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cumpleaños

fecha concreta en la que, de repente, eres un año mayor. Lo mejor de todo no son las felicitaciones ni los regalos, aunque también chanan, claro está. Lo mejor es que tienes todo un año por delante para adaptarte a tu nueva edad. Al principio te sientes extraño, pero con el paso de las semanas acabas acostumbrándote y encariñándote con esa nueva cifra hasta tal punto que, en el siguiente cumpleaños, sientes nostalgia al abandonarla.


Real Madrid - Betis. 4-1 (Santiago Bernabéu, 15 de octubre)

Victoria fácil tras el parón de selecciones sin efectos secundarios en forma de lesión o sanción. Tarde plácida para el equipo y para la afición. Acudir al Bernabéu un agradable sábado otoñal a las seis ha de ser una auténtica gozada. Las televisiones no dan muchas oportunidades a los sufridos aficionados que acuden al estadio, así que ayer pudieron disfrutar de la excepción.

En cuanto al enfrentamiento poco hay que decir, ya que duró apenas quince minutos, los que tardó el debutante Vadillo en lesionarse. La desafortunada acción del chaval pareció deprimir al resto de sus compañeros y el Betis no volvió a aparecer más que para defenderse con más o menos orden. Hasta entonces el equipo recién ascendido había disputado el balón y el dominio al Madrid, adelantando la línea defensiva con orden y presionando muy arriba. Los locales estaban incómodos y cayeron en fuera de juego con demasiada facilidad. 

Sin embargo, a partir del minuto veinte, el Madrid engrasó la máquina y se adueñó del balón, surgiendo numerosas oportunidades desperdiciadas por Cristiano Ronaldo, Kaká e Higuaín. El gol había de llegar como consecuencia lógica del dominio y de la entidad de los atacantes blancos, pero no llegó en esta primera parte.

A la vuelta del descanso, los madridistas no tardaron ni un minuto en inaugurar el marcador gracias a un excelente pase de treinta metros de Xabi Alonso, una buena carrera y asistencia de Ronaldo y al oportunismo de Higuaín. Poco después lograron el segundo gol con un excelente remate de Kaká muy típico suyo (una precisa comba al palo largo del portero desde una esquina del área). El partido estaba finiquitado, evitando así el runrún del Bernabéu si el empate a cero se alargaba durante la segunda parte.

El Betis marcó el gol del honor tras el enésimo rebote de la zaga merengue, que últimamente parece abonada a este tipo de regalos que denotan falta de tensión y contundencia en el despeje. No duró ni un instante la incertidumbre en el marcador. El Pipita se encargó de despejarla después de un pase al hueco medido de Di María, que el delantero argentino culminó con sencillez y precisión. El último de la tarde, el cuarto, también lo anotó Higuaín, a pase de Di María, con clase y con la tranquilidad del delantero que se sabe en racha.

Pudo haber más goles. Marcelo se desató en ataque. Mourinho aprovechó para reservar jugadores clave ante el aluvión de partidos que se vienen encima. Y Xabi Alonso volvió a demostrar por enésima vez que sabe leer este deporte como pocos. Su sabiduría en el centro del campo es una garantía para el equipo. Sahin está cerca de debutar. Esperemos que no se demore mucho y que pueda ser una alternativa para Xabi, porque la Alonsodependencia en el Madrid actual es total. Se podrá ganar sin él, sin duda; pero el fútbol pasa irremediablemente por sus botas y por su cabeza.

Dos lecturas postreras: Cristiano Ronaldo está en plan asistente. Dos en este partido, a las que sumar otras dos en la anterior jornada contra el Español. Es curioso que ahora se muestre tan generoso. ¿Será porque Messi es alabado recientemente también por su vertiente como asistente? A mí me da que sí. Cristiano Ronaldo vive tan pendiente de Messi como su entrenador de Guardiola. Y, por último, aplaudir a Higuaín una vez más. Su voracidad goleadora aumenta día a día. Su crecimiento nunca se estanca, siempre va a más. Es espectacular el despliegue de este chico. No es ningún virtuoso con el balón. No tiene maneras de estrella del fútbol. Su perfil es discreto, trabajador, serio; pero sus números son demoledores. Su cabeza y su gen competitivo son sus grandes aliados. Desde la humildad, trabaja y trabaja, mejora y mejora, golea y golea. Es un ejemplo de lo que tiene que ser un jugador del Real Madrid. Me extraña que no sea adorado por la afición, porque representa uno a uno todos los valores históricos de este centenario club. 

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caos

situación de absoluto descontrol en la que el principal causante suele ahuecar el ala o buscar culpables en los demás. Por cierto, es un anagrama de asco, que es precisamente lo que sienten esos falsos culpables por el verdadero causante del caos.

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impotencia

cuando no puedes levantar la polla para matar a pollazos al causante de una injusticia o a quien te ofende o a un imbécil o a tu jefe, que viene a contener a los tres anteriores. 

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Málaga - Real Madrid. 0 - 4 (La Rosaleda, 22 de octubre de 2011)

Partido resuelto en 45 minutos. Primorosa primera parte del Madrid que demuestra que es mucho más que un equipo preparado para el contraataque. La presión desplegada en campo rival fue asfixiante, la coordinación de todos los jugadores casi perfecta. Recuperaban el balón a 30 metros de la portería contraria una y otra vez. Sin duda, los mejores cuarenta y cinco minutos de la temporada. Porque, además, la defensa estuvo igualmente concentrada, ordenada y rápida. Sergio Ramos aumenta sus prestaciones en el centro de la zaga. Forma una muy buena pareja de centrales con Pepe.

El equipo blanco movió la pelota con criterio y rapidez, desplazando de lado a lado a la defensa malacitana. Los cambios de juego de Xabi Alonso y Pepe en menor medida; el juego entre líneas de Kaká, Cristiano Ronaldo, Di María e Higuaín; y las incorporaciones de Marcelo y Khedira desarbolaron al Málaga continuamente. El papel de Xabi Alonso y Khedira en la presión y la consiguiente recuperación de la posesión fue clave. 

El primer gol llegó gracias a un inteligente pase de Di María, que vio la ruptura de Higuaín, el cual definió a lo Ronaldo (el otro, el gordito) para proseguir con su romance con el gol. Cuando un delantero está dulce lo emboca todo. El segundo nació también de las botas del Fideo, que trazó una comba perfecta eludiendo a toda la defensa blanquiazul, que Cristiano Ronaldo (éste, el guapo, rico y gran jugador) definió al primer toque. En seguida consiguió el delantero portugués el tercer gol en una jugada personal: un par de quiebros y disparo ajustado desde la frontal del área. La guinda nos la regaló también CR7 tras un lanzamiento de corner que Sergio Ramos consiguió golpear de cabeza dejando el balón a media altura en el área pequeña. Sorprendentemente la defensa malacitana dejó nada menos que a la estrella del equipo rival sin marca en tres metros a la redonda. El guapo, rico y talentoso jugador agradeció el regalo con un acrobático escorzo y un remate con la suela de su bota.

La segunda parte tuvo historia porque el Málaga decidió no bajar los brazos y plantar batalla, pero ya estaba todo decidido. Al menos sirvió para que Casillas se apuntase a la fiesta de sus compañeros de campo deteniendo los remates del Málaga. Encima los palos estaban de su lado, ya que en dos ocasiones repelieron los buenos disparos rivales. Pero cuando los astros están alineados de tu lado todo sale a la perfección. Esa perfección que se rozó en la primera parte y que habla muy bien del fútbol del Madrid. Y esos astros que ayudaron a que Messi fallara el penalti a última hora permitiendo al equipo merengue adelantar en la clasificación al Barça. 

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Algunos refranes sin sentido

A quien madruga, Dios le ayuda. Ya, claro, por eso Dios te recibe de noche, con el transporte público aún sin funcionar y sin un puto taxi que coger.

Es más puta que las gallinas. Nunca me han parecido muy golfas las gallinas, la verdad. Ni visten como putas, ni se comportan como putas. De hecho, sigo sin entender que los gallos se las zumben, pudiéndose calzar a las ocas que están mucho más ricas.

No hay dos sin tres. Bueno, yo tengo sólo dos piernas, y dos pulmones, y dos cojones. No digo que me fuese mal un tercero. Huevo, digo. Pero es que no hay más. Son dos y punto.

Quien bien te quiere te hará llorar. Pues te querrá mucho, pero es un pedazo de hijo de puta.

Amor con amor se paga. Claro, claro…Por eso las putas cobran en mimos.

A caballo regalado no le mires el dentado. O sea, si te regalan un caballo, lo primero que haces es mirarle los pìños. ¡No me jodas! Mi primera reacción sería “No, no, gracias. Es que no tengo plaza de caballo.” O cualquier absurda excusa del tipo “padezco peste equina” o “me dan mal fario desde que un poni me embruteció en el zoo”. ¿Pero aceptar y mirarle la dentadura? ¡Por favor!

El que la sigue la consigue. Ya, ya...y por eso Charlize Theron tiene mil millones de novios y el Madrid juega con cien millones de jugadores.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Se ha de ser gilipollas para hacer algo hoy si se puede dejar para mañana. ¿Y si mañana ya no hace falta hacerlo? ¿Y si no hay mañana? Pues eso, curro en balde.

A buen entendedor pocas palabras bastan. Sería al revés, ¿no? Si tan listo es, le puedes meter un rollaco larguísimo, que el tío lo entenderá sin problemas. En cambio, si es bobo, dos o tres palabras, no más.

Mientras hay vida, hay esperanza. Que lo pregunten en Darfur, Haití o Somalia. ¿Esperanza de qué? ¿De seguir viviendo? ¿o de seguir sufriendo?

La vida es una tómbola llena de luz y de color. (No es un refrán. Es parte de la letra de una canción de Marisol que no sé porqué cojones tengo grabada en la memoria y me tortura recurrentemente) Ni siquiera adivino qué quería decir la cursi de Marisol ni se me ocurre ninguna interpretación. Simplemente me atormenta.

 


calcetín

profiláctico de pies que impide coger enfermedades extinguidas al calzar un zapato comprado en un chino. De otra parte, es la prenda que determina cuándo una pareja formaliza su relación: al follar con ellos puestos. 

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farmacia

comercio que está (o puede estar) abierto las 24 horas para comprar caramelos, productos de belleza, pulseras varias, alimentos para bebés, cepillos de dientes inverosímiles e, incluso, medicamentos. Antes había farmacias de guardia, ahora están en guardia permanente, lo cual te da una tranquilidad absoluta. Saber que a cualquier hora del día, cualquier día de la semana, cualquier semana del año vas a poder comprar un caramelo Ricola sabor “flores de saúco” es lo más de lo más.

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