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Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2011.

Barcelona - Real Madrid. 1-1 (Camp Nou, 3 de mayo)

El Madrid lavó su cara y el Barça pasó a la final. ¿Todos contentos? ¡En absoluto! El Madrid perdió la eliminatoria sobrevalorando el potencial de su rival en el partido de ida con ese miedoso e indigno planteamiento defensivo. En la vuelta fue demasiado tarde. Además, el árbitro dio su empujoncito anulando un gol legal a Higuaín con 0 a 0. Una pena porque hubiese estado bien comprobar cómo reaccionaba el Barça siendo exigido, situación en la que no ha estado en ninguno de los 180 minutos. El Madrid se creyó, especialmente su entrenador, que el Barça era mucho más equipo del que es actualmente, lastrado por las lesiones y su corta plantilla.

El Madrid presentó a un equipo adelantado, presionando bastante arriba. Amagando, pero sin dar. El Barça no arriesgó y se limitó a intentar conservar la posesión durante los primeros treinta minutos. Kaká no estaba para atacar ni para defender. Higuaín aislado y fuera de forma. Di María espumoso y fallón. Y Cristiano Ronaldo intrascendente, lo peor que se puede decir de una megaestrella. Estas semifinales no le dejan en muy buen lugar. No se ha echado el equipo a la espalda, como sí ha sucedido con Messi en el Barça, ni ha resultado determinante en ningún momento. Los que sostenían al equipo eran Xabi Alonso y Lass.

Los últimos quince minutos de la primera parte fueron claramente del Barça, en los que dispuso de varias claras ocasiones que salvó Casillas y la mala puntería de los delanteros culés. El equipo blanco llegó a la silla del descanso aturdido, pero con el combate empatado a puntos.

Tras la reanudación el Madrid presionó con todo y recuperó balones en el campo del Barça. Desgraciadamente, el árbitro se inventó una falta de Cristiano Ronaldo para anular un gol de Higuaín. A continuación, llegó el gol de Pedro gracias a un buen pase al hueco de Iniesta. Al poco tiempo empató el Madrid mediante Marcelo, después de una excelente recuperación de Xabi Alonso y un remate al palo de Di María, que recogió el rechace y asistió con precisión al lateral brasileño.

El milagro se vislumbraba en el horizonte, aunque era un espejismo. Había que remar mucho para dar la vuelta al marcador. Salieron Özil y Adebayor, que apenas aportaron nada más que patadas y precipitación. El Barça durmió el partido y el Madrid cayó de pie. Fin de la historia y final de la temporada para los madridistas.

¿Cuál es el balance de estos cuatro clásicos? Una victoria para cada uno y dos empates. Tres goles a favor del Madrid y cuatro a favor del Barça. Los números parecen haber acercado al Madrid a su eterno rival. Sin embargo, las sensaciones son equívocas. Parece que hay más distancia entre ambos que lo que dicen los resultados por el juego desplegado a lo largo de los cuatro partidos. No obstante, creo que el Madrid ha tenido demasiado respeto al Barça y no se ha querido medir cara a cara con ellos, negándose la posibilidad de salir vencedor en la semifinal - si bien, ganaron el título de Copa - y hurtándonos a los aficionados dos grandes duelos, que han sido muy decepcionantes ante las tremendas expectativas creadas. Mi sensación, más allá de planteamientos temerosos, quejas arbitrales, fingimientos lamentables, etc. es que Messi ha marcado la diferencia. El Barça está en la final gracias a él. Y sí, es mejor que Cristiano Ronaldo. Su novia no, pero él sí. 


Jean Améry

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Jean Améry, nacido Hans Mayer en 1912, fue un escritor al que le llegó tarde la celebridad, gracias fundamentalmente a su labor ensayística basada en sus demonios personales y en una acusada militancia del resentimiento. 

El hecho que marcó su vida fue la detención, tortura y posterior internamiento en el campo de concentración de Auschwitz por parte de los nazis. Hasta entonces había vivido una adolescencia idílica en los Alpes austríacos y una juventud relacionada con el mundo literario en la Viena de los 30.

Tras su liberación en 1945, volvió a Bélgica, adonde se había exiliado en el 38 para evitar caer en las zarpas de la Gestapo.  Vivió modestamente los siguientes veinte años gracias a sus colaboraciones periodísticas, siempre esporádicas, nunca suficientes. Su vocación de escritor no se vio reconocida hasta la publicación del libro “Más allá de la culpa y la expiación” en 1966, su testimonio sobre el lager. Es un ensayo sobre la tortura y un alegato contra los alemanes que organizaron y/o permitieron el genocidio judío. Está escrito desde un resentimiento inveterado y desgarrador. No en vano él lo había titulado originalmente “Resentimientos”, pero a la editorial le pareció demasiado agresivo. Se trata de un ajuste de cuentas. Admiro la descarnada subjetividad de Améry, su rabia hacia la actitud nada revisionista de Alemania y su sentimiento apátrida al renegar de una Austria en la que no se reconoce.

Es mi libro favorito sobre el lager, por encima del archifamoso “Si esto es un hombre” de Primo Levi y de “El hombre en busca de sentido” de Viktor L. Frankl. Es el más objetivo de todos. Con los otros dos es mucho más sencillo conocer qué sucedió en esos campos de la muerte, pero con el de Améry se comprende perfectamente no sólo lo que allí sucedió, prolijamente narrado ya, sino lo que trascendió, lo que marcó a sus supervivientes y lo que desencadenó en sus vidas post-lager.

La publicación de este libro le supuso una fama repentina. Demasiado tarde, tenía más de cincuenta años por entonces. Probablemente su libro no habría tenido ningún impacto escrito cinco, diez o veinte años antes. Su publicación llegó después de los procesos de Frankfurt sobre Auschwitz en los que se puso a la sociedad alemana de frente a lo que había sucedido en ese campo de exterminio y la imposibilidad de que la sociedad silente (la abyecta masa gris) no supiese nada al respecto. Améry buscaba influir en los jóvenes alemanes. Tenía la aspiración de que hubiese una revisión y una asunción de culpabilidad general e individual, señalando a los que habían participado en toda esa maquinaria del mal absoluto y habían sido readmitidos socialmente como si nada hubiese pasado en empresas, universidades y partidos políticos.

Nada de eso consiguió, obviamente, aunque al menos se convirtió en un referente del tema, que su brillante dialéctica y original visión permitió explotar al máximo, casi hasta quedar preso de lo que él llamaba “ser un clown de Auschwitz”. Se le requería en multitud de foros culturales, universitarios y hasta en medios de comunicación. Tuvo largas y hondas discusiones públicas con Primo Levi, con el que coincidió en el campo de concentración e incluso como trabajador-esclavo de la empresa química IG Farben, sobre sus diferentes puntos de vista acerca de la condición de intelectual en el campo. También rebatió con dureza a Hannah Arendt con respecto a lo que ella llamaba “banalidad del mal” a raíz de su libro “Eichmann en Jerusalén”. Y hasta con el filósofo Adorno tuvo sus desavenencias, en este caso por una cuestión más de vanidad que de fondo. No obstante, resulta curioso ver cómo mantuvo polémicas con Levi, Arendt y Adorno, todos judíos laicos como él. 

Por fin había conseguido su sueño de vivir de sus trabajos como escritor, más concretamente como ensayista. Posteriormente, escribió un ensayo sobre el envejecimiento genial: “Acerca del envejecer. Revuelta y resignación”, donde abomina de la decadencia física e intelectual del envejecimiento, del ataque que supone para el individuo la degradación física y la pérdida de capacidades intelectuales. Una original visión en la que ataca frontalmente a aquellos que se resignan ante ello. Él lo padecía más que nadie, ya que el internamiento le había dañado la salud brutalmente: problemas cardíacos, estomacales, depresiones constantes y hasta una especie de epilepsia, que él asociaba a la de Dostoievski.

Tras su éxito como ensayista, intentó desarrollar su faceta de novelista, de escritor con mayúsculas. Sin embargo, sus novelas no tuvieron la misma acogida, lo cual le deprimió profundamente. Después de varios intentos fallidos de suicidio, por fin lo consiguió a los 66 años. No sé si fue ese factor, el hecho de considerarse un “clown de Auschwitz” fuera de tiempo y lugar, su complicada vida sentimental, el rechazo a envejecer o una mezcla de todo, pero finalmente decidió abandonar, curiosamente en Austria, su aparentemente poco querida patria.

De Améry es admirable su brillantez como ensayista, aunque sea desde la subjetividad extrema de su experiencia, su permanente estado de resentimiento y rabia, su tenacidad para conseguir el sueño de vivir como escritor y su indisimulada vanidad, cualidades o defectos que lo hacen entrañablemente real. En el fondo, lo admiro por sus debilidades, puesto que posee dos de mis favoritas: el resentimiento y la vanidad. 

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frailecillo

ave fruto de una noche loca entre gaviotas, pingüinos y tucanes.

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tarjeta de crédito

monedero extraplano codicioso e indulgente. Diablo vestido de visa o mastercard que te compra el alma a cambio de compras y más compras. Comodín del consumista, ardid de la banca, yugo del endeudado.

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portátil

moderno bivalvo que en ocasiones contiene perlas en forma de vídeo de Youtube o curiosidad googleiana.

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El pijikumba del Himalaya

En los últimos años se ha puesto muy de moda un tipo de viaje impostado: larga estancia, de unos pocos meses, en algún país o zona del planeta que no pertenece al Primer Mundo. El paradigma en un principio fue la India, ahora lo es el Himalaya.

El pijikumba adora este tipo de viajes, que califica con pomposa petulancia de iniciáticos o, incluso, catárticos, en los que ha conseguido descubrirse a sí mismo. Como si no bastase con un simple espejo de reflexión para descubrirse a uno mismo. Habla de experiencia personal más que de viaje. En lugar de narrar con entusiasmo los lugares visitados, las anécdotas acontecidas o la peculiar gastronomía de la zona, como hace el viajero aventurero, se centra en una especie de misticismo interior que ha aflorado en ese mágico lugar y que, sin duda, es lo mejor que le ha sucedido en la vida. No habla del viaje, sino de sí mismo. Como mucho hace referencia a esas gentes de las que tanto ha aprendido por la paz interior que transmiten, la sabiduría que emanan y la forma de vida tan diferente que llevan. Evidentemente, con esa gente no ha hablado, ya que no se han podido entender, hablan idiomas completamente diferentes. Pero el pijikumba deduce de sus gestos y los breves instantes que ha compartido con ellos esas conclusiones autocomplacientes que le hacen sentir tan bien. De hecho, el pijikumba ya tenía ese cliché antes del viaje, así que no hace más que aplicarlo. Está tan lleno de prejuicios y giliflauteces que es incapaz de ofrecer una visión personal.

Otra característica habitual es la soledad. Viajar solo es importantísimo, únicamente de este modo puede vivirse y sentirse esa experiencia de forma plena y verdadera. En realidad, no es más que otro síntoma del superlativo ego del pijikumba, que se basta solo para viajar, vivir y sentir. Es esa misma superioridad con la que después contará su increíble experiencia a los demás, trufando sus explicaciones de lugares comunes y manidos aforismos que hieden a moho intelectual.

El pijikumba camina por las laderas del Himalaya con una chiruca en un pie y una zapatilla Nike de trekking súper cara en el otro. Camina sobre sus propias contradicciones. Quiere mostrarse a los demás en su aspecto exterior como un kumba para así intentar disimular al pijo que lleva dentro, pero le delata cualquier pequeño detalle, puesto que adora las comodidades como el que más. Su camiseta puede estar raída y con la vela de Amnistía Internacional parcialmente borrada de tanto uso, pero dentro de la mochila lleva su ipad 2 y su iphone 4. El pijikumba es una ilusión, un personaje que dura unos años y desaparece dejando tras de sí un montón de chorradas impostadas y fotografías con pelo sucio y barba de dos semanas.

Me fascina la gente que viaja, los aventureros que te cuentan sus viajes con la pasión revelada en sus ojos y la boca seca de tantos detalles y curiosidades interesantes, que te embriagan hasta desear tú partir ese mismo día para vivir esas mismas historias y visitar esos mismos lugares. De otra parte, abomino de los pijikumbas que te cuentan sus viajes de diseño con tono aburrido y monocorde de sermón dominical y empalagoso aire de superioridad que, en realidad, no es más que ridícula fatuidad. 


Real Madrid - Getafe. 4-0 (Santiago Bernabéu, 10 de mayo)

Plácida y chispeante victoria del Madrid, que sirve para retrasar un día el alirón del Barça y para engordar las tremendas estadísticas de Cristiano Ronaldo.

Fue un entrenamiento de principio a fin. El Getafe no ofreció la más mínima resistencia. Apenas un par de remates de Colunga en la primera mitad. Los blancos se dedicaron a gustarse y a trufar de lujos y arabescos todas sus jugadas. Hicieron del juego algo divertido y barroco: túneles, pases al primer toque, rabonas, taconazos...Acciones impensables en un partido oficial.

El gran beneficiado del partido fue el delantero portugués al que sus compañeros buscaron sin cesar para ayudarle a conseguir el pichichi y la bota de oro. El primer gol llegó después de un cambio a banda de Xabi Alonso hacia Özil, que con el exterior de su delicado pie izquierdo puso en la cabeza el balón a Ronaldo. Después del descanso, los mismos actores: gentileza del alemán y remate a placer del portugués. El tercero fue obra del recién salido Benzema, que aprovechando un pase en ruptura de Xabi Alonso se coló entre la defensa azulona y con un control y un remate sutiles se apuntó a la fiesta. El último llegó gracias a un riguroso penalti, que marcó con clase y tranquilidad CR7.

El Madrid ha acabado la temporada pletórico físicamente. Es una verdadera lástima que tuviera tanto miedo al Barça en su eliminatoria de Champions, porque de haberle enfrentado cara a cara a lo mejor hubiese tenido muchas más posibilidades de las que todos creíamos antes de la semifinal. 

Quedan dos partidos para cerrar la temporada, que únicamente servirán para comprobar si Cristiano Ronaldo supera el record de Zarra y Hugo Sánchez. Tal y como se está mostrando y el apoyo que le brindan sus compañeros parece perfectamente factible. 

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inglés

entrada al mercado laboral con tilde; antesala del paraíso sin ella.

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pelos

odiados por las mujeres, contra los que luchan denodadamente; añorados por los calvos, que porfían por su conservación y lloran su caída. Por eso no hay mujeres calvas, porque serían locas bipolares pilosas.

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carnicería

striptease radical de ganado vacuno, porcino, ovino y de corral.


El aburrimiento

Sabor a hiel, a ceniza, a tierra seca:

puto aburrimiento que se alía con la rutina.

Mediocres corifeos que aplauden su tediosa calma,

tantos como imbéciles medran a su alrededor.

Asco vital pudriéndose bajo el yugo laboral.

Tiempo perdido, tiempo muerto, tiempo inexistente.

Sísifo bosteza cansino, Tartufo sonríe ladino.

Siempre vence el muy hijo de puta.

Hilos de pastoso remordimiento gorgoteando culpa,

vahídos quejumbrosos exhalando estúpidas excusas.

Sueños truncados antes de ser soñados,

esperanzas desvanecidas tan pronto imaginadas.

Claustrofobia interna, soledad externa.

Insoportable fuego interior atrapado en el hielo exterior.

Aburridos seres crepusculares enterrando ilusiones.

Analfabetos, incultos e idiotas pisoteando bajo la hojarasca

cualquier pequeño brote de interés o pasión.

Repetición, imitación, copia, plagio…vulgarización.

Raíces fértiles de la imaginación agostadas en la tundra estéril de la realidad,

hojas tiernas de ilusión pugnando por las escasas gotas de diversión de la ciénaga.

Océanos en charcas, mares evaporados, ríos de piedras.

Sed agobiante, sed menesterosa, sed sedienta.

Rencoroso, castrante y pegajoso aburrimiento:

que te jodan, me río de ti y de los tuyos.

 


Real Madrid - Almería. 8-1 (Santiago Bernabéu, 21 de mayo)

Epílogo perfecto a la temporada: goleada en casa, superada la barrera de los 100 goles en Liga, 40 tantos (41 según Marca) anotados por Cristiano Ronaldo, hat trick de Adebayor, cariñoso homenaje a Dudek y gol del debutante Joselu. Inmejorable modo de echar el cierre a una buena temporada.

El partido empezó con el gol de Cristiano Ronaldo que le daba el ansiado récord en solitario, lo que parecía tranquilizar a todos. Como el partido transcurría sin presión, hubo más ocasiones, aunque el ritmo no era desaforado como en recientes choques. A la media hora Özil se inventó un precioso y preciso pase a pie cambiado a Adebayor, que le dejó solo delante de Esteban, al que batió con solvencia. Poco después acortó distancias el Almería. El amistoso oficial continuó hasta el descanso sin más sobresaltos.

Nada más reanudarse el encuentro se comprobó que Mourinho había exigido a sus jugadores lograr la astronómica cifra de cien goles en Liga. Y a ello se pusieron todos con entusiasmo. En apenas cinco minutos Benzema y Adebayor habían logrado dos tantos más tras algunos rechaces dentro del área. Ya sólo quedaban dos goles.

El quinto fue una obra de arte, el contraataque perfecto: Sergio Ramos recupera el balón en la línea de fondo de su área; hace un quiebro sobre el delantero y lanza un pase medido hacia Cristiano Ronaldo, que prolonga de tacón hacia Adebayor; el cual se gira inmediatamente y asiste al hueco al portugués, lanzado como una centella; Ronaldo asiste al primer toque a Benzema, que también de primeras y rompiendo por el centro remata por debajo de las piernas del portero. Un gol excepcional, sublime, probablemente el más bello de la temporada. 

El sexto, el que hacía el número 100, lo consiguió el delantero togolés rematando un balón mal despejado en un córner. La hazaña se había conseguido. Sin los premios gordos - Liga y Champions - el Madrid ha ido al menos a por otros títulos simbólicos mucho menores, pero que dejan un buen sabor de boca y la sensación de que la temporada que viene podemos esperar grandes cosas. Por cierto, Adebayor quiso despedirse de la temporada reivindicándose. No creo que sirva de mucho. En todo caso, si finalmente se queda será porque el primer plato (Kun u otra estrella de relumbrón) no se ha conseguido fichar. 

La voracidad de Cristiano Ronaldo logró el séptimo de la noche con un disparo marca de la casa: potente, seco y ajustado al palo. El último lo imaginó la coronilla del fenomenal Özil, lo dibujó el sorprendentemente generoso hoy Pichichi y lo culminó el recién salido Joselu, que jamás olvidará esta noche.

Lo dicho: una tormenta perfecta en la que absolutamente todo lo soñado se hizo realidad. Un buen presagio y una muestra del buen fútbol que ha practicado el Madrid a lo largo de esta temporada, a pesar de las justificadas criticas en determinados encuentros. 

Y ahora el silencio durante tres largos meses...


tela de araña

arpa doble de musicalidad asesina y armonía pegajosa. Se alaba exageradamente el ingenio de la araña; mas dos manos humanas son capaces de tejer los más bellos tapices de los que, además, no se escapa ni un solo ácaro por microscópico que sea. Por no hablar de los ocho tentáculos del pulpo que…con pimentón y sal gruesa están de vicio. 

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mazorca

polla vegetal que al calentarse eyacula palomitas. Algunos, una vez cocida, le untan mantequilla…

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boina

elegancia y dignidad rural. Ponérsela un arte, llevarla una declaración.

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Roma Criminal

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La serie Roma Criminal ha sido la última de mis adicciones. Acaba de concluir la segunda (y última, supongo) temporada en Canal +. La primera me gustó mucho, ésta me ha encantado.

Está basada en hechos reales: el crecimiento de una banda criminal - la banda de El Libanés - a finales de los setenta, su toma del poder en la ciudad de Roma y su posterior desintegración. Todo ello con las difíciles relaciones con la Mafia y la turbia intervención de los servicios secretos italianos. 

La banda está encabezada por un triunvirato que se conoce desde niños: el Frío, el Dandy y el Libanés, quien ejerce el liderato. Trafican, extorsionan y asesinan sin ninguna contemplación. La violencia está magistralmente presentada en la serie. De la otra parte de la ley, figura principalmente el comisario Scialoja, cuya integridad y perseverancia chocan una y otra vez con los intereses de la banda.

Además, el comisario Scialoja pugna con el Dandy por el amor de Patrizia, puta fina y novia del Dandy. El papel de Patrizia es genial: se balancea perfectamente entre su desbocado deseo por conseguir un nivel de vida lleno de lujos y sus sentimientos hacia el comisario de policía. Es una perfecta cínica, aunque para su desgracia también vive llena de amargura, que transmite con una languidez y frialdad heladoras. 

Al principio la banda triunfa y permanece unida, pero tras el asesinato de El Libanés y la subida al "trono" de Roma del Dandy todo cambia. Las traiciones afloran por doquier y las venganzas se desatan sin cesar. El Frío intenta infructuosamente mantener a la banda unida, pero sin éxito. A pesar de ser un asesino despiadado, tiene un sentimiento de la justicia y del honor inquebrantables. Sin duda, es mi favorito. Es uno de esos malos-buenos que enamoran. Silencioso, duro, digno...Frío.

La caída a los infiernos de la banda, las traiciones, las miserias de todos sus miembros están retratadas con maestría. La intervención de terceros (bandas rivales, la Camorra napolitana, los servicios secretos) se entremezcla de tal modo que dota de una complejidad absolutamente real a toda la trama. Y el final es sencillamente alucinante, brutal, inmejorable.

Además, la serie está perfectamente ambientada, los actores lo bordan y la música que la acompaña es buenísima. En definitiva, una serie cojonuda de factura italiana.  

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litera

camas siamesas que viven unidas por brazos y piernas en una incomodísima postura que, sin embargo, provee un reparador descanso. 

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cangrejo

crustáceo de origen inglés que haciendo honor a sus antepasados padece hipersensibilidad al sol y camina de forma diferente al resto. 

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pacharán

hijo del viscoso anís espermático y del óvulo de la endrina, alumbrado en botella de 1 L. Su nombre evoca el placentero momento de la concepción: ¡pacharán! 

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