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Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2011.

Santiago Solari

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Santiago Hernán Solari fue un buen jugador que jugó en el Real Madrid durante cinco temporadas. Nunca fue una estrella, ni siquiera un gran jugador; sin embargo, le cogí un cariño enorme. Adoraba al jugador y a la persona.

Pertenece a una familia canchera, de padre y tío futbolistas de prestigio en Argentina. De hecho, su apodo – El Indiecito – se lo debe a su tío, el Indio Solari. Dio sus primeros pasos como profesional en River Plate (tristemente descendido hace apenas una semana) y en seguida cruzó el charco fichando por el Atlético de Madrid. Tras dos años en el equipo colchonero firmó con el Real Madrid en 2000.

Su fichaje no me entusiasmó, obviamente. No obstante, a los pocos días de recalar en el equipo blanco, se negó a posar con una bufanda de los Ultra Sur con sus esvásticas y demás símbolos fascistas. Que un jugador que viene del eterno rival se niegue a complacer al grupúsculo ultra, que pretendía con esa foto limpiar su pasado atlético de forma zafia e insultante, denota su integridad y sus cojones. Evidentemente, padeció las iras de los Ultra Sur durante tiempo, siendo pitado en su propio estadio por esa panda de hijos de puta. ¡Olé, Indiecito! Llegás al Madrid como un fichaje de relleno y te ponés de culo al sector más radical y vociferante del club. ¡Olé, olé, olé!

Desde entonces todas sus entrevistas, su comportamiento durante los cinco años con la camiseta merengue, su actuación en el campo con compañeros y rivales confirmaron lo apuntado al inicio: se trataba de un excelente profesional y una persona digna y respetable.

Además, parece ser que en el vestuario de prima donnas del Madrid trataba a todos por igual, haciendo gala siempre de un excelente buen humor y sin casarse con nadie, Vamos, lo que se conoce como un tío con personalidad. Esta actitud conllevó el respeto de muchos y el recelo de otros. Da igual, él siguió igual que siempre.

De otra parte, se trataba de una persona formada, rara avis en el mundo balompédico, inundado de chulos, semianalfabetos, nuevos ricos e imbéciles, que son tratados como dioses. Recuerdo una larga e interesante entrevista que le hicieron para un programa de cine en TVE en la que desplegó todo su buen lenguaje porteño, su afabilidad y sus conocimientos del séptimo arte sin pomposidad alguna (estoy imaginando a Jorge Valdano en su lugar y se me ponen los pelos como escarpias). Un chaval encantador y, por cierto, bastante guapo.

¿Y futbolísticamente, qué? Pues era un buen jugador, sin más. Evidentemente con un nivel superior como para jugar en el Real Madrid, pero sin ser un súper clase. Jugaba en el centro del campo por la izquierda, aportando buenos centros, compromiso defensivo, un muy buen disparo con su pierna izquierda y ese encanto especial que tienen la mayoría de los zurdos. Su éxito radicaba en que sin ser titular acababa jugando más que muchos de los teóricamente titulares. Un magnífico jugador de equipo que aportaba de inicio o bien sustituyendo a algún compañero para cambiar la dinámica del choque. La prueba de su importancia dentro de la plantilla es su participación como titular en la final de la Champions de Glasgow en 2002, en la que el Real Madrid consiguió su novena Copa de Europa. Además, montó la jugada en su banda con Roberto Carlos que acabó en el bellísimo gol de volea de Zidane.

En 2005 abandonó el club de Concha Espina sin queja alguna, con elegancia y educación, como siempre se ha comportado a lo largo de su carrera este gran tipo. Recaló en el Inter de Milan primero y, después, inició una gira por distintos clubes de Sudamérica. Seguro que en todos ellos dejó su sello y se granjeó el cariño de compañeros y aficionados. Yo sigo acordándome de él y echándole de menos. Aunque parezca sorprendente es uno de mis jugadores favoritos. Si él y Fernando Redondo jugasen actualmente en el Real Madrid, yo sería el tío más feliz del mundo.



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estrabismo

travestismo ocular. Ojo nacido humano pero que se siente camaleón.

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diapositiva

ahora se asocia al PowerPoint, pero antes era un curioso y fascinante negativo enmarcado.

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hombre invisible

señor al que le toca el Euromillones, la Loto o el Cuponazo. Señor que concede o deniega hipotecas. Señor que te acaba de decir “guárdeme la vez, por favor, que voy a …”. Señor al que le llaman el Señor.

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La rebelión de las sombras (XI)

Hoy han desfilado las sombras en diferentes ciudades. Han entrado por el este en agrupaciones de 8 x 16 sombras y han salido por el oeste. Siempre con esa disposición, siempre llevando esa dirección este-oeste, caminando por grandes avenidas, en completo silencio, sin nadie a la cabeza, todas iguales, todas extáticas.

Cuando la cabeza del desfile abandonaba la ciudad, aún seguían entrando sombras por el este. Impresionante demostración de organización. Inquietante muestra de su fuerza numérica. Y helador recuerdo de la estética fascista.

Este acto vanidoso y prepotente de las sombras ha sido entendido como una advertencia, una demostración de poder y, sobre todo, como un aviso de que muy pronto pasará algo más. Más o menos hostil, más o menos sorprendente, más o menos peligroso; pero, seguro, inminente.

La facilidad con la que han desfilado, la absoluta ausencia de resistencia de los cuerpos con sombra, que se abrían entre temerosos y admirados al paso de los regimientos inacabables de sombras, y, sobre todo, la resignación y el silencio a su paso revelan claramente el grado de postración de los cuerpos con sombra. Se reconocen inferiores, asustados, a merced de la voluntad de las sombras.

El desconcierto y la desorganización es cada vez mayor debido al elevado número de huídas de sombras de sus cuerpos, que inmediatamente son internados. Puestos claves sin nadie que los ocupe, conocimientos que se pierden para siempre, desabastecimientos en muchas poblaciones, inseguridad creciente. La anarquía se impone en algunos lugares, primer paso antes del caos absoluto. La sensación de eventualidad se extiende como una mancha de aceite. Se empiezan a notar evidentes síntomas de parálisis social. ¿Qué hacemos? ¿Quién lo acomete? ¿Cuándo? ¿Cómo? Demasiadas preguntas perentorias sin respuesta o, aún peor, con respuestas divergentes.

Las grandes urbes son las que peores consecuencias están sufriendo. El caos aflora antes y, lo que es peor, se propaga con asombrosa facilidad y fiereza. ¿Cómo un determinado orden social ganado día a día a lo largo de tantos años se puede desmoronar tan fácilmente? ¿Cómo es posible que largometrajes como “Mad Max” o “Los hijos de los hombres” hayan pasado de ser películas de ciencia-ficción a películas hiperrealistas? ¿Cómo, cómo, cómo…? nos repetimos una y otra vez con la mirada perdida, los brazos caídos y la boca seca.

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alba

inicio melancólico del día, que despide los excesos de la noche y anuncia las obligaciones diurnas.

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atasco

impaciencia sobre ruedas de desconocido origen y misterioso final. En las ciudades, provocado por el exceso de coches. En las carreteras, provocado por el exceso de agentes de tráfico incompetentes.

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valle

enamoramiento entre dos montañas. Mientras dura la pasión, el río fluye abundante y ruidoso en su fondo; cuando ésta desaparece, el cauce se seca y silencia, quedando el eco como único testigo de aquellos amores.


Libros (tipos de)

Hay libros aristocráticos, con sus tapas duras y las páginas gruesas donde las palabras fluyen claras y armoniosas dictadas por grandes autores, que nos regalan novelas célebres y ensayos brillantes. Las páginas crepitan al ser pasadas dejando tras de sí un ligero aroma a bosque recién llovido. Tener uno de estos ejemplares en las manos es un placer reposado, un orgasmo anunciado, un largo sorbo de felicidad.

Otros son como viejas burguesas venidas a menos, decorados pomposamente con pan de oro y letras góticas. Huelen a rancio, a naftalina. Se hojean entre pequeñas nubes de polvo debido al tiempo que hace que nadie los acaricia con sus dedos interesados. Suelen pertenecer a colecciones antiguas de folletines rosas o historias de aventuras poco aventuradas. 

También los hay nuevos ricos: esos súper ventas de portadas coloridas que colonizan las marquesinas de las ciudades y que van envueltos con una banda de Miss en la que algún crítico a sueldo entrecomilla algún halago impostado. Tienen centenares de páginas, casi tantas como millones ha costado su promoción. Abrirlo es como abrir una caja de fuegos artificiales: muy efectista al principio, con una nube de pólvora que se desvanece poco a poco después y nada más. Apestan a golosina, a pasajera frugalidad. Sus páginas satinadas son la metáfora perfecta de su aparente brillo evanescente. 

Algunos son jóvenes y rebeldes, pequeños libros de bolsillo de pocas páginas y letra pequeña, como exhalados por algún imberbe autor que se quiere comer el mundo además de los mocos. Los hay buenos y malos, muy malos. Sin embargo, son honestos, doblan sus tapas blandas ante la adversidad y se esconden tímidos tras algún ejemplar aristocrático de la estantería como muestra de respeto y conocimiento.

Por último, existen los libros bastardos, que son hijos de autores mentirosos y tramposos. En esta categoría se engloban principalmente los libros de autoayuda y las biografías autorizadas o sin autorizar de personajes sin la más mínima condición intelectual. Sus páginas son venenosas, inoculan un veneno lento pero letal, que incapacita al lector a medio y largo plazo a poder consumir y disfrutar otro tipo de libros. 

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horno

calientabizcochos, a los que pone a mil para que luego se los coman otros hinchados de golosa excitación. 

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silla

ecléctico mueble: en casa, señorial y coqueta; en el cole, amiga inevitable; en la oficina, cínico yugo que bajo su aparente moderna comodidad esconde las fauces del alienante trabajo que te atrapa y no te suelta entre sus reposabrazos; en la política y entre altos cargos directivos, ventosa que se adhiere al culo por siempre jamás. 


mutatis mutandis

comodín culto que sirve para ahorrarse una farragosa explicación y, sobre todo, para quedar suuúper bien. Los que trufan su lenguaje de palabros latinos dan tanta rabia como los que hacen lo propio con palabros en inglés. Así que para aquellos capullos que les “castañuelean” los huevos de excitada pedantería usando unos y otros les propongo la fusión perfecta: “changing mutandis”.

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gamba

crustáceo jorobado, cabezón, bigotudo y de ojos saltones que, sin embargo, vuelve loco a muchos. Decapitarlo y sorberle los sesos es un placer aparentemente culinario. Freírlo a la plancha y echarle sal sobre sus heridas es un método aparentemente culinario. ¡Qué va! Es puro sadismo. El mar es lo único que el hombre no ha conseguido dominar nunca y, miserablemente, se venga sádicamente contra los frutos que éste ofrece. 

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plastidecor

gelatina de color utilizada como herramienta iniciática de la pintura por millones de canijos de ayer y de hoy. ¿Cuántos kilos de plastidecor habremos comido a lo largo de generaciones y generaciones de niños tontacos? De hecho, me atrevería a asegurar que los humanos somos el 70% agua y el 30% restante plastidecor.

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Ennio Morricone

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Magnífico y prolífico compositor italiano autor de decenas de bandas sonoras para el cine. Repasar su filmografía es agotador. Es realmente sorprendente la increíble cantidad de bandas sonoras que ha compuesto a lo largo de su longeva carrera de más de cincuenta años. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchas de ellas se encuentran entre las más célebres del séptimo arte. 

Sus inicios a finales de la década de los cincuenta están vinculados al cine y a la televisión italianas. A mediados de los sesenta se embarca en varios proyectos con Sergio Leone, antiguo compañero de colegio. Leone filma alguno de los spaghetti western más recordados de la historia del cine con música de Morricone: Por un puñado de dólares; El bueno, el feo y el malo; Érase una vez el Oeste y muchos otros. El insuperable y admirado Clint Eastwood participa en muchas de estas películas. Así pues, ya tenemos la Santísima Trinidad del spaghetti western: Leone, Eastwood y Morricone. 

Lejos de encasillarse en un determinado género, sirve su talento a otras muchísimas películas: El Decamerón, Novecento, Operación Ogro (sobre el atentado con el que ETA asesinó a Carrero Blanco), La Cosa y un sinfín más hasta llegar a la década de los ochenta.

En 1984 compone la banda sonora de "Érase una vez en América", mi película favorita con el permiso de El Padrino I y II. En esta ocasión vuelve a colaborar con Sergio Leone. El estreno supone un fracaso estrepitoso, ya que se exhibe en las salas sin la música compuesta por Morricone y con el montaje original alterado. Sin embargo, tras reestrenarse con el montaje original basado en diferentes flashbacks y la maravillosa banda sonora, la película cosecha un éxito de la crítica absoluto. Este avatar impide ganar el óscar a la mejor banda sonora original a Morricone, que injustamente jamás obtuvo. La Academia debió sentir el punzante remordimiento de conciencia en la nuca y, en 2006, le concedió el óscar honorífico a una carrera dedicada al cine. Lo descojonante del asunto es que al recibir el premio apenas articuló una palabra en inglés, a pesar de llevar entonces casi cincuenta años trabajando para el cine norteamericano. Para qué aprender inglés, si ya sabe italiano. Vamos, como Sergio Leone.

Para constatar lo injustamente tratado que ha sido por los diferentes jurados integrantes de la Academia de cine de Hollywood, baste citar alguna de sus obras de arte para la gran pantalla sin el reconocimiento en forma de estatuilla: La Misión; Los intocables; Cinema Paradiso

Ha sido sin ninguna duda el mejor compositor de la historia del cine. ¿Cuál será su próxima película? No lo sé. A lo mejor está trabajando en cinco a la vez, ya que su prodigalidad es igualmente envidiable. 

Por cierto, hay un disco de Dulce Pontes versionando a Morricone buenísimo: "Ennio Morricone & Dulce Pontes. Focus". 

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