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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2010.

El imbécil común

El imbécil común nunca se reconoce como un imbécil; sin embargo, ve a su alrededor un montón de imbéciles. Digamos que es muy común entre los imbéciles una hipersensibilidad para reconocer a sus semejantes y una absoluta ceguera para lo propio. En cualquier caso, no debería sorprendernos, ya que el imbécil común es bobo, rebobo.

El imbécil común nace y se hace. Es decir, los hay de cuna y los hay educacionales, por paradójico que parezca. Los primeros son pobres desdichados que nacen con una carencia intelectual que les limita de por vida. Los segundos no parten con ese handicap de nacimiento, pero lo van adquiriendo poco a poco por contagio de otros imbéciles. Desgraciadamente, es tan común el imbécil común que es fácil toparse con muchos de ellos y contaminarse de su estupidez si ya eres ligeramente tontito.

Suele vanagloriarse de exagerados o imaginarios logros del pasado. Repite hasta la saciedad una retahíla de lugares comunes con impostada solemnidad. Su sentido del humor es patético y no hace ni puta gracia, pero su redomada contumacia le aboca a soltar las mismas bromas manidas y chascarrillos ridículos una y otra vez. Acostumbra a admirar desmesuradamente a alguien cercano mediante el cual proyecta su necesidad de destacar o sobresalir en algo, ya que por sí mismo es un absoluto fracasado.

Sufre de manía persecutoria: el mundo está contra el imbécil común, o eso piensa. En realidad no lo está, pero debiera estarlo porque es un lastre para todo aquel que lo padece sin ser imbécil.

La última y más dramática cualidad del imbécil común es su irreversibilidad.


belleza

percepción subjetiva que se disfruta en el momento y deja un bouquet prolongado que permite seguir gozando con su recuerdo.

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El Roto

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El Roto, heterónimo de Andrés Rábago (también ha usado el de OPS), es el más lúcido, ingenioso y cáustico "viñetista" del panorama de la prensa española.

Sus inicios en revistas como "La codorniz", "Madriz", "Hermano Lobo" o "Ajoblanco", además de sus participaciones en diarios como "Pueblo", "Diario 16" o "El Periódico" no las pude disfrutar entonces, sino a través de ediciones retrospectivas de todas esas colaboraciones que se han publicado a modo de colecciones recopilatorias de su obra. 

Sin embargo, por lo que admiro a este genio del humor gráfico es por sus viñetas diarias publicadas en El País. Durante años lo primero que hacía al comprarme El País era buscar con avidez la página donde estaba publicada su viñeta.

Era (y sigue siendo a pesar de ya no ser lector diario de El País) un regalo ver y leer su sentencia en blanco y negro de la actualidad. Porque no se trata de una viñeta puramente humorística, como podría ser la de Forges u otros. Es un puñetazo al mentón de la pútrida actualidad. Sus dibujos están cargados de un componente social evidente y son oscuros y, en cierto modo, trágicos. Son viñetas crudas, pesimistas, tristes, que te dejan un agrio sabor de boca. Por eso son tan buenas. Causan impacto, te asquean, te ponen de frente a la realidad. Casi son más impactantes que cualquier fotografía.

En definitiva, es un provocador. Un dibujante que lanza un estruendoso grito sordo con cada una de sus viñetas. Y lo hace a diario. Y lo hace desde hace años. Y desde el periódico de información general más leído de España. ¡¿Cómo coño tiene tanto talento para seguir sorprendiéndome y gustándome?! Sólo hay una respuesta posible: se trata de un genio. Un genio entre tinieblas, como sus viñetas. 

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Real Madrid - Valencia. 2-0. (Santiago Bernabéu, 4 de diciembre)

Pues sí, hubo resaca de lo sucedido el pasado lunes. El Madrid salió cauteloso. Mourinho quitó a un delantero y puso a Lass(tre) en el centro del campo incrustado entre Xabi Alonso y Khedira. Y el Madrid lo notó en la primera parte. No carburó, estuvo espeso y expectante ante lo que pudiera contraponer el Valencia. Xabi Alonso juega incómodo entre dos mediocentros, le quitan el sitio.

Únicamente una ruptura por el centro que dejó a Khedira solo ante Guaita (un portero de apellido tan sospechoso como sus dotes para el oficio), que marró lastimosamente, y un taconazo de Cristiano Ronaldo en las postrimerías del primer tiempo que lamió el poste.

La alineación inicial dejó en muy mal lugar a Benzema, que con Higuaín lesionado era el único 9 puro de la plantilla a disposición del entrenador. Su ausencia revela la desconfianza del entrenador en el ariete francés. Sus razones tiene: a veces parece invisible en el campo, aún no ha firmado un partido redondo que acredite su condición de estrella y su indolencia es exasperante.

La segunda parte fue totalmente distinta. El Madrid empujó y empujó hasta que llegó el primer gol de la noche de Ronaldo tras un buen pase en contragolpe de Özil. ¿Cuántas veces hemos visto esta letal combinación en lo que va de temporada? 

El Valencia se quejará de una más que discutida expulsión de Albelda, uno de esos jugadores que no sabe jugar a fútbol pero que a base de testosterona, una prensa amable y ciertas dosis de violencia y carácter se ha granjeado una notable carrera futbolística, a todas luces inmerecida. En todo caso, el Madrid ya había tenido oportunidades clarísimas para haberse adelantado en el marcador antes de la expulsión. Sobre todo, una de Di María, que incomprensiblemente tira a la basura con un intento absurdo de lucimiento excesivo; y otra del voraz atacante portugués, que tropieza de casualidad en el pie del portero. Además de un penalti no señalado por el árbitro, uno de esos inútiles que devalúan la competición con su incompetencia y altanería.

El segundo gol lo consigue el equipo blanco también al contraataque, después de una buena recuperación de Lass(tre) y una eléctrica culminación de CR7. Victoria sin brillo, merecida y a otra cosa.

¿Qué sucederá a partir de ahora? El partido contra el Valencia no da pistas. El Madrid había entrado grogui en la UVI con la estrepitosa derrota ante el Barcelona tras un notable inicio de temporada. Ayer el médico le suministró antibióticos y lo mantuvo estable, pero aún debemos esperar a las pruebas de las analíticas del próximo partido de Champions (un mero trámite, pero que se juega en casa con la obligación de recuperar la buena imagen ofrecida hasta el partido del Barça) y, mucho más importante y revelador, el siguiente partido de Liga en La Romareda ante un Zaragoza con el agua al cuello. En estos duelos podremos ver de qué madera está hecho este equipo. 

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expectativa

esperanza más cercana al deseo que a la realidad. Suele haber una enorme distancia entre el que la crea y quien debe ayudar a cumplirla. Por eso suelen truncarse. Debería denominarse simplemente "pectativa" y sólo después de truncarse expectativa. Del modo actual, parece estar llamada al fracaso desde el inicio.

 

 

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libélula

insecto de pomposo colorido, pomposo zumbido y hasta pomposo nombre. Debiera ser un sinónimo perfecto de cursi para poder llamar a alguien "eres un libélula".


tormenta

turbación del cielo, que llora desconsolado por lo que ve debajo, estornudando rayos y eructando truenos que tratan de expiar no se sabe bien qué tipo de responsabilidades y/o culpas.

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Algunos hechos que se nos ocultan de los cuentos

Los cuentos son eso: son cuentos. Pero ocultan mucho más de lo que cuentan. Sobre todo, los de princesas.

¿Qué hacía Blancanieves conviviendo con siete enanitos? ¿Huir de la maldición de la bruja? ¡Qué va! Blancanieves tenía delirios de grandeza. Soñaba con ser una poderosa señora feudal, tener su propio castillo y estar rodeada de lacayos al servicio de sus caprichos. Por eso vivía en una cabaña del bosque con los siete sumisos y bobos enanitos. Los mangoneaba a su antojo, lejos de la mirada del resto de mortales que pensaban que era una cándida y bondadosa doncella, ocultando su vocación tiránica. Repartía el trabajo entre los siete y los sometía a extenuantes jornadas de trabajo en el bosque, bajo la promesa de proporcionarles una pócima mágica que les permitiese crecer.

¿Y qué decir de la Bella Durmiente? Esa holgazana que fingía narcolepsia para no pegar un palo al agua. Una princesa, sí, pero una princesa del subsidio y del "aquí me lo den todo". Una tarada que incluso se dejaba besar por ranas, sapos y demás espantosos batracios.  

Cenicienta...Tiene tela Cenicienta. Una ama del sadomasoquismo disfrazada de mosquita muerta supuestamente atormentada por una malvada madrastra, cuyo único objetivo en la vida era que el príncipe le besase sus zapatos de cristal arrodillado, mientras con sus afilados tacones le pisaba con fuerza para obtener ella el placer de la dominación. Una princesa bipolar tan pervertida como desequilibrada.

En fin, que los cuentos esconden a sorprendentes princesas mucho más interesantes y turbadoras que las que Walt Disney, antes de convertirse en leyenda de los congelados, nos quiso mostrar torticeramente.

 

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icosaedro

poliedro esnob que muestra tantas caras como polígonos es capaz de imaginar. Pertenece a la aristocracia de la geometría y se lo tiene muy creído, ya que sus aplicaciones abarcan a casi todas las ciencias.

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sueño

recreación onírica de un deseo del que se pierde el más absoluto control desde el primer instante. Empieza entre brumas, se desarrolla con infinidad de inexplicables sorpresas e invitados y acaba de forma abrupta siempre en el mejor momento.

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Tony Soprano

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Uno de los personajes más atractivos jamás interpretados en la mejor serie rodada en la historia de la televisión, Los Soprano. Aunque bien se podría hablar de cine en lugar de televisión. La calidad de los guiones, las interpretaciones de los actores, el desarrollo y evolución de los personajes, las localizaciones, las escenas de acción y violencia...absolutamente todo lo que rodea a esta serie de seis extraordinarias temporadas es sublime, digna del mejor cine, con el mérito adicional de tratarse de un largometraje de aproximadamente unas 80 horas. En definitiva, un frenesí de serie, que puso en órbita a la cadena norteamericana HBO, creadora de tantas otras buenas series de televisión recientes. Así pues, Los Soprano no sólo es una obra maestra, sino que propició la creación de otras muchas series con el sello transgresor y de calidad de la HBO.

La serie tiene numerosos personajes que aparecen y desaparecen a través de las temporadas, adquiriendo mayor protagonismo o revelando lados ocultos y sorprendentes; pero por encima de todos ellos sobresale nítidamente Tony Soprano, el capo de la familia de New Jersey.

Es un tipo tan encantador, tan envidiable, tan exuberante, que desearías ser él, a pesar de todas sus dobleces, flaquezas e incoherencias. 

Su físico es imponente: un corpachón enorme, grueso y recio. Su rostro duro, poco amable, pero de risa contagiosa y cercana. Su mirada está llena de ira cuando los negocios de la familia están en juego, pero se torna tierna y hasta infantil con sus hijos, mujer, "familia" y amantes.

Representa a un triunfador, que demuestra una astucia inusual en su entorno, y desempeña su cargo de jefe de la familia con aparente mano de hierro ante todos, a pesar de sus recurrentes dudas y crisis de ansiedad.

El poder que ostenta a través de la amenaza, la extorsión y la violencia es increíblemente sugerente. La violencia, dejando de lado sus condicionantes morales, es una arma enormemente eficaz para conseguir cualquier tipo de objetivo. Precisamente por ello la empatía con el personaje de Tony es tan grande. Todos desearíamos tener ese poder de nuestro lado. Todo nos resultaría mucho más sencillo. Todos hemos deseado en muchas ocasiones poder solucionar nuestros problemas, nuestros desencuentros, nuestras diferencias con la violencia. Afortunadamente, no tenemos los medios ni la valentía suficientes para ello.

Además, Tony se mueve en un difícil oficio, lleno de peligros, traiciones, ambiciones y amenazas. Su entorno no le ayuda mucho. Está rodeado de idiotas en su propia familia y en su "otra familia", que le dificultan las cosas sobremanera. Sin embargo, siempre halla el modo de solucionarlo todo, y no todas las veces con el uso de la violencia.

El último y definitivo rasgo que le hace tan adorable es que estamos ante un cínico en mayúsculas, que abomina del divorcio, pero se acuesta con toda mujer que se le cruza por delante; que porfía incesante por mantener a sus hijos fuera del negocio familiar, preocupándose a su vez de mantenerlo lucrativo a cualquier precio; que se declara católico practicante incumpliendo constantemente los diez mandamientos y cometiendo los siete pecados capitales sin rubor alguno.

En definitiva, Tony Soprano es un personaje al que juzgo como un grandísimo hijo de puta, pero un hijo de puta de los míos. 


muerte

game over, final del juego. Ni paraísos, ni infiernos, ni reencarnaciones, ni gaitas. La nada más absoluta. Última y definitiva putada.

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silencio

mar de tranquilidad cuyo oleaje acuna pensamientos, mece sueños y relaja tensiones. Como la oscuridad, es propio de la noche. Por eso es mucho mejor la noche al día, por su silencio.

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lágrimas

chupitos de sentimientos, normalmente de tristeza, que brotan de los ojos y caen por la cara dejando surcos de pena o alegría. Demasiado claras para mi gusto. Algunas debieran enturbiarse para mostrar su verdad: tornasoladas para la alegría, color café con leche para la melancolía y puro hollín para la desgarradora tristeza.

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La evolución de los yogures

Cuando era pequeño había únicamente dos tipos de yogures: los naturales y los de frutas. Me parecía una categorización perfecta, dividida en dos grupos sin intersección posible. Sabías perfectamente lo que comprabas y consumías. La vida en general y los yogures en particular eran todo certidumbre. 

Los naturales se vendían en envases de cristal, que mostraban el producto sin pudor, y se les añadía tanta azúcar como cupiese. Normalmente, hasta que tu madre decía: "¡Niño, basta! ...que se te van a caer los dientes de tanta azúcar", con ese tono sentencioso que usaban las madres para aplacar cualquier posible controversia sobre sus peregrinas teorías. A mí siempre me pareció absurdo que se te cayesen los dientes de leche por comer más azúcar. ¿No le echaban abundante azúcar esas mismas madres a la leche? Pues eso, ¿no eran conscientes de su contradicción? En fin, nunca me atreví a preguntarlo. Posiblemente se me hubiesen caído entonces los dientes de leche, pero de un guantazo.

Hoy día, no obstante, las cosas han cambiado. Los yogures ofrecen tantas variedades, sabores, envases y cualidades diferentes, que es imposible trazar una línea clara entre unos y otros. Los hay de envase de plástico o de cristal, transparentes, opacos o semitransparentes. Los hay de frutas hasta hace muy poco desconocidas por los niños que fuimos niños hace treinta años, con o sin trocitos, con o sin mermelada, con o sin cereales. Algunos tienen propiedades sorprendentes relacionadas con el corazón (L-Casei), el estómago (Bífidus) o el culo (fibra). Los hay azucarados, edulcorados y hasta sin azucarar. Los hay desnatados, líquidos, cremosos, griegos...y un sinfín interminable de remakes vestidos de novedades ideadas por los lúcidos creativos de las empresas del sector. De aquí poco habrá yogures gaseosos, yogures excitantes y hasta yogures con sabor barbacoa.

Actualmente, la vida en general y los yogures en particular son todo incertidumbre. De pequeño no, ahora sí: tengo miedo.


Gente culta

Hace unos años era muy aficionado a un extinto canal temático de una plataforma digital: "Canal Nostalgia". Era un canal de TVE que reponía diversos programas de Televisión Española de los ’70 y ’80: musicales, reportajes, entrevistas, documentales y cualquier otro formato de producción propia. Era una forma de revivir la realidad de mi infancia, que había quedado difuminada por el paso del tiempo y las pequeñas traiciones que imponemos a nuestra memoria. 

Hubo una emisión que me gustó especialmente: fue una entrevista que le hizo el periodista Pablo Lizcano al escritor Juan Benet en uno de los programas de "Autorretato". La grabación debió ser realizada a mediados de los ’80. Lo curioso es que apenas recuerdo el contenido de la entrevista, pero sí perfectamente el agradable impacto que me causó. Casi no recuerdo nada de la conversación, pero sí el ambiente, el decorado, los gestos del entrevistado y el entrevistador, sus miradas de complicidad, el espeso humo que rodeaba la tertulia...

Porque lo mejor de todo era que se trataba de una tertulia, una fértil conversación entre dos personas cultas, que mostraban interés tanto por lo que decían como por lo que escuchaban. Hablaron de temas variopintos y en todos ellos mostraron conocimientos y opiniones razonadas y pausadas. 

Juan Benet, conocido por su obra literaria, era de formación técnica: ingeniero de caminos. Uno de esos hombres de ciencias que no han descuidado su formación humanística, que poseen una vasta cultura en muchos y muy diferentes ámbitos. Un "sabio" al estilo de Bertrand Russell. 

Desgraciadamente ya no abundan ejemplos como el de Juan Benet en la actualidad. Ahora prima la especificación, orillándose por completo una formación integral y completa, de tal modo que cada vez más la gente padece asombrosos agujeros negros en cultura general, siendo el lamentable uso del lenguaje el más claro de estos síntomas.

Añoro esos tiempos en que era más sencillo rodearte de gente culta e interesante. Por eso guardo tan grato recuerdo de la entrevista de Pablo Lizcano a Juan Benet, porque me permitió paladear de nuevo los buenos momentos de algunas de las tertulias que viví de pequeño en mi casa, con mi padre al mando, también ingeniero, también con inquietudes humanistas, también culto. Porque la tertulia es el mejor invento social: una entretenida forma de aprender y disfrutar.

Lástima que hoy en día sea tan difícil encontrar a alguien mínimamente interesante. Una de esas personas cultas que te encandilan con sus historias y saberes, que casi te hipnotizan hasta convertirte en adicto a sus conversaciones, a sus conocimientos, a sus pensamientos...

En estos tiempos de imbéciles y mediocres, cuya única conversación versa sobre algún juego de ordenador o cuan maravillosas y "exóticas" han sido sus vacaciones en un complejo hotelero de la República Dominicana con una ridícula pulsera de plástico en la muñeca a modo de inconfundible identificador de su condición de idiotas integrales, bucear en la memoria y revivir tertulias propias o ajenas es una terapia tan efectiva como necesaria para seguir adelante entre tanto aburrimiento.

Nota: Tanto Pablo Lizcano, recientemente, como Juan Benet, hace unos cuantos años, han fallecido. ¡Qué pena que vayan desapareciendo estas personas! ¿Habrá reemplazo? 

 

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Zaragoza - Real Madrid. 1 - 3. (La Romareda, 12 de diciembre)

Otro entrenamiento más. Apuntaba a partido duro contra un equipo desesperado por salir del pozo de la clasificación, pero apenas duró diez minutos su vigor. Lo que siguió fue un monólogo del Madrid.

El dinamismo de Lass bastó para dominar el centro del campo y, por consiguiente, el partido. Ni siquiera se requirió de un buen partido de Cristiano Ronaldo, aunque sí anotó un golazo de falta directa para engrosar su impresionante estadística. Ya lleva 18 en Liga. 

El primer gol, no obstante, lo marcó Özil finalizando un buen contraataque conducido por Marcelo, que jugó un buen partido. Es sintomático que Lass y Marcelo sean los destacados del equipo blanco. Revela lo poco que el Zaragoza exigió al contrario.

El partido acabó al inicio de la segunda parte con el tercer gol del Madrid conseguido por Di María tras un excelente pase a la espalda de la defensa de Xabi Alonso. El equipo local acortó distancias de penalti y se dio por satisfecho. No inquietó nada más.

Este partido se está repitiendo en demasiadas ocasiones. El Madrid vence con una facilidad pasmosa, apenas encuentra equipos que le hagan sombra. Gana porque son infinitamente mejores que sus rivales. Le sucede lo mismo que al Barça. Lo malo es que su enemigo íntimo le pasó por encima y ahora parece imposible que puedan perder puntos ninguno de los dos equipos. La Liga se está empobreciendo peligrosamente. La diferencia entre los dos grandes y el resto es abismal. Las jornadas transcurren como meros trámites a la espera del partido de vuelta en el Bernabéu. Lástima que debamos esperar hasta abril para ello. 

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reunión

conjunto de personas que se juntan para debatir sobre algún asunto. Los asistentes se dividen en los que son obligados a asistir (normalmente se mantienen en silencio con cara de ajo puerro), los que la convocan (parecen disponer de tiempo ilimitado, sin importarles el de los demás), los que no tienen ni puta idea de lo que hablan (suelen interrumpir frecuentemente con estupideces supinas), y el aburrimiento (siempre presente, y que se hace más evidente conforme transcurre el tiempo).



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tapa

"calientabocas" que te abre el apetito, pero no te sacia. Apenas se insinúa y desaparece sin dejar rastro. Un poquito más puta que la ración, aunque más barata.

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desasosiego

asco vital que bien podría contagiarse mediante salivazos a quien te lo causa: ¡Zup! Hala, jódete, rebota y explota. Posible inconveniente: quedarse sin saliva suficiente.

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Real Madrid - Sevilla. 1-0. (Santiago Bernabéu, 19 de diciembre)

La ausencia de Xabi Alonso y la lamentable actuación arbitral abocan al Madrid a la heroica, donde tan bien se mueve en ausencia de fútbol.

El centro del campo blanco naufragó sin el tolosarra, algo sospechado desde tiempo atrás. Ya el año pasado cayeron eliminados en octavos de la Champions con el Lyon sin poder contar con la participación de Xabi Alonso en el partido de vuelta. En definitiva, no hay sustituto en la plantilla para él. Sin el concurso de Xabi, el Madrid no carbura y funciona a fogonazos.

El Sevilla tampoco ofreció mucho, sobre todo, en ataque. Aún así dispuso de dos ocasiones con 0 – 0 en el marcador, un cabezazo de Escudé que se escapó por poco y un mano a mano con el portero desperdiciado por Negredo.

La primera parte fue espesa y sosa por ambas partes. La segunda se fue encabronando poco a poco, por obra y gracia de un inútil con silbato, que desquició al equipo local con decisiones erróneas (expulsión a Carvalho y penalti no señalado sobre Granero) y un resorte tarjetero inusual que se ensañó con el Madrid.

En esa vorágine de poco fútbol, muchos nervios y más protestas, emergen los jugadores con carácter. Di María no se escondió y porfió hasta conseguir un bonito gol: un remate sin ángulo tras engañar al portero sevillista. De aquí hasta el final, más tensión, más tarjetas…nada de fútbol.

¿A quién apuntó Mourinho en la rueda de prensa con ese dardo envenenado lanzado al club? Parece evidente que a la dirección deportiva. Jorge Valdano nunca debió formar parte del segundo proyecto de Florentino Pérez, que nació con ese pecado original. Cuanto antes se quite ese lastre engominado y cursi de encima, mejor le irá al club de Concha Espina.

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hoja

soporte virgen que en muy pocas ocasiones se llena de poesía y, desafortunadamente, en otras muchas se ensucia con zafios, cursis o estúpidos palabros.

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tuno

caballerete vestido de afeminado juglar que, acompañado de una insoportable pandereta y un impostado buen carácter, jode bodas y demás celebraciones entre manidas bromitas a los asistentes y ridículas lisonjas a las mujeres, para acabar recaudando dinero con un par.

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suerte

fiel amiga del tesón y el merecimiento para los afortunados, o esquiva desconocida para agoreros y pesimistas. Los suertudos dicen que los primeros la buscan y los segundos la esperan; los desafortunados opinan que los primeros la encuentran sin buscarla y los segundos la buscan sin encontrarla. En realidad, la suerte es eso: pura suerte.

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Antonio Muñoz Molina

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¿Por qué me gusta tanto Antonio Muñoz Molina? ¿porque escribe de fábula? Bueno, sí, claro; pero por otras muchas cosas también: por su coherencia y compromiso con sus ideas, sin necesidad de adherirse a ningún grupo del que vivir y medrar; por su tímida discreción; por su capacidad de recomendar obras, autores y disciplinas tan diversas como interesantes; y por su graciosa mujer, Elvira Lindo, cuyos libros no me interesan, pero sí sus artículos, en los que habla de su ‘santo’ con una cariñosa y burlesca naturalidad, retratando a un tipo todavía más adorable.

Sus libros están escritos con un lenguaje melodioso, sin complicadas figuras literarias ni artificios léxicos innecesarios que hagan la lectura farragosa; sino más bien ligera, casi musical. Las frases, los párrafos, los capítulos se suceden de forma suave, sin estrépito, envolviendo al lector en una agradable atmósfera que le atrae tranquilamente, de forma relajada.

Algunos de sus libros muestran evidencias autobiográficas indisimuladas como en “Ardor guerrero” o “Viento de la luna”, donde relata sus miedos, sus anhelos, sus complejos, sus sueños con una pasión y sensibilidad maravillosas. Porque se trata de un escritor con una acusada sensibilidad, pero no meliflua y cargante, sino estimulante y grata. Las mujeres que novela son evocadoras, misteriosas y turbadoras. En “Carlota Fainberg” o “Invierno en Lisboa” aparecen algunas de estas mujeres que él desea profundamente.

Sus artículos de prensa son impecables. Escritos con maestría y sin rubor de mostrar cuál es su opinión, por incómoda que sea. Rezuman libertad, independencia, conocimiento y, sobre todo, cordura a raudales.

Su talento para describir las sensaciones que le transmiten los temas que le gustan es enorme. Por eso me han resultado tan útiles algunas de sus recomendaciones. Descubrí “El pianista” de W. Szpilman, muchos años antes de que Polanski rodara su asombrosa historia, gracias a él. También leí el magistral ensayo “LTI: La lengua del Tercer Reich” de V. Klemperer tras haber leído un artículo suyo. De igual modo, su libro “Ventanas de Manhattan” me destapó infinidad de lugares a visitar en Nueva York, una deliciosa guía de viaje de la ciudad de las ciudades.

Una última cualidad de agradecer en una de las mejores plumas del panorama literario español actual es su escasa presunción. Sirva como ejemplo la respuesta que dio a la pregunta de cuáles eran sus ídolos en una entrevista: entre otros, citó a Clint Eastwood y a Marilyn Monroe, en lugar de mencionar a Russell o Faulkner, por ejemplo.


palmera

árbol de inmerecida fama, debajo del cual todo el mundo sueña estar incomprensiblemente. Si te recuestas sobre su tronco, ya no es que te exfolie la espalda, sino que te la desolla. Sus altas y espinosas ramas, además de feas, apenas proyectan sombra. Y el peligro de que uno de sus espantosos y peludos frutos caiga sobre tu cabeza impide la más mínima relajación.

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duermevela

delicioso estado de irrealidad en el que difícilmente se distingue el sueño de la vigilia.

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ética

conjunto de valores morales presentados en forma de carpaccio cuyas finas rodajas se muestran más o menos transparentes o más o menos opacas según la laxitud de la persona.

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Berbie, la zamburiña con claustrofobia

Nacer molusco ya es de por sí una putada, ya que estás abocado a morir cocido en una olla rodeado de congéneres desesperados repiqueteando histéricamente las valvas. Pero el colmo de un molusco es padecer claustrofobia desde el nacimiento.

Berbie nació de madre berberecho y padre mejillón. Su concha era estriada y de color negro con motas grises, que le proporcionaba un aspecto atigrado muy atractivo para hembras y depredadores.

Desde pequeño se mostró extrovertido y juguetón. Sus padres sufrían por él, ya que debían vigilarle constantemente al estar siempre con las dos conchas abiertas de par en par.  Conforme fue creciendo y percibiendo los peligros de su forma de vida, dejó de mostrarse tan exuberante y abierto. No obstante, su carácter se agrió, su alegría desapareció por completo.

Cuando el caballito de mar avisaba de la presencia de depredadores y se ponían todos a cubierto cerrando sus valvas, Berbie sufría lo indecible encerrado en sí mismo. Su defensa se convirtió en su yugo. Mientras permanecía cerrado, completamente a oscuras, padecía temblores y angustia. Sentía miedo a abrirse y morir devorado, pero también le atormentaba permanecer encerrado, atrapado dentro de sus propias conchas.

Intentó buscar cobijo entre los tentáculos de un calamar, pero la pretendida simbiosis no funcionó. Los continuos movimientos de los tentáculos hacían cosquillas a Berbie, que se cerraba brusca y repentinamente como acto reflejo, sumergiéndole de nuevo en su patológica claustrofobia.

Forró la parte interior de sus valvas con algas que producían irisaciones azules que simulaban el entorno marino, provocando una aparente sensación de profundidad. Pero no era suficiente. Necesitaba abrirse, salir de la prisión de su dermatoesqueleto.

Un afortunado día de fuertes corrientes marinas, Berbie estornudó y se vio liberado de repente de sus dos conchas. Al principio se asustó, pero en seguida comenzó a nadar tan rápido que pronto se alejó por completo de cualquier lugar anteriormente explorado. Siguió y siguió nadando hasta desaparecer.

¿Qué fue de Berbie? Probablemente no duró mucho y acabó en la panza de alguna ballena junto a una tonelada de pequeños bichitos. O a lo mejor sigue nadando y nadando feliz, despojado de su fobia y disfrutando de su extraña desnudez.

 

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chantaje

petición vinculante que acorta plazos y acerca objetivos. Hijo de la extorsión y padre de la corrupción.

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prejuicio

pecado original del pensamiento, que generalmente lo empobrece y pervierte. Refugio para zotes y estímulo para mentes abiertas.

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Rimbombante y Sosete van de compras

Rimbombante es una ardilla hetero, pero adicto a la moda, cuyo mayor sueño es conocer personalmente a Karl Lagerfeld. Sosete es un topo seminarista, lleno de misticismo y descuidado hasta la náusea con su aspecto. Ambos trabaron amistad en su infancia al compartir juegos en el mismo jardín. Rimbombante enterraba sus nueces y bellotas bajo tierra y obturaba los túneles construidos por Sosete. Lo que en principio empezó como un conflicto acabó convirtiéndose en una bonita y curiosa amistad.

Rimbombante adora pasear por los bulevares más exclusivos y entrar en las tiendas de las firmas más caras. Sosete odia este plan, pero acepta con resignación cristiana los gustos de su coqueto amigo.

El trajín de probaturas, modelitos, bolsas y prendas empieza en Armani. Rimbombante escoge un terno azul marino aterciopelado. La levita abre sus faldones entre su cardada cola, el pantalón le va tan grande que parece Charlot y el chaleco está acabado con unos enormes botones dorados impropios de su atractiva prestancia. Sosete tuerce el gesto y, aún sin ver un carajo, desaprueba la elección de su amigo agitando sus bigotes. Rimbombante insiste y hace que le doblen el pantalón y le traigan otro chaleco más discreto. Poco después, se lleva las tres piezas con una enorme sonrisa en la boca. Sosete acarrea con las bolsas, su amigo necesita tener las zarpas libres para poder curiosear a gusto.

La siguiente parada es Hermès, donde se prueba no menos de veinte corbatas. Todas le gustan, todas las compraría, todas las combina con alguna camisa o chaqueta comprada o por comprar.  Sus ojos brillan como los marcos dorados de los espejos de la tienda. Sosete le advierte que las corbatas le hacen ridículo y que le incomodarán cuando roa frutos secos. Rimbombante le manda callar: “¡No digas eso! ¿Qué van a pensar de mí?”. Sosete le responde: “Nada malo. Únicamente que eres la ardilla más cursi desde Banner y Flappy”.

Tras visitar otras muchas tiendas y comprar un sinfín de ropa, toda para Rimbombante, finalmente entran en Louis Vuitton.  De repente, Sosete exclama un “¡oooh!” casi orgásmico. Se ha enamorado de una maleta. Su color terroso, el tacto veteado de su piel, la oscuridad que esconde en su interior despiertan en el tímido topo un deseo irrefrenable de tenerla. Sin apenas pensar, la coge y la lleva al mostrador de caja, donde pregunta el precio. Al informarle del precio el dependiente, con fingida naturalidad, su cara de topo adquiere una expresividad tan poco habitual, que provoca risitas entre clientes y empleados. Rimbombante salta rápidamente sobre el mostrador y saca su visa platino desafiante, mientras exige al dependiente impertinente: “Nos llevamos esta maleta y todas las del conjunto, además de sus respectivos neceseres y bolsos de mano. Incluso si hubiera riñoneras y hasta alforjas del mismo diseño nos las querríamos llevar también. Y rápido, que tenemos subasta de joyas en Sotheby’s”.

Moraleja: No vayas de compras sin un amigo rico; o no vayas de compras sin una ardilla; o no vayas de compras a Louis Vuitton; o no pongas cara de topo asombrado si eres un topo asombrado cuando un empleado de Louis Vuitton te informe del precio de uno de sus lujosos artículos.

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Reyes Magos

umbral de la inocencia. Hasta conocer su decepcionante verdad se es enteramente feliz. Tras descubrirla todo va a peor. Únicamente se recupera el ánimo cuando actúas en su papel. (Igualmente válido para Papa Noel)

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Navidad

prolongada celebración que conmemora el nacimiento de Brian con grandes ágapes y gastos desmesurados; donde los gallos celebran misas; los judíos se hacen los suecos, los ateos y agnósticos se hacen los cristianos; y, lo que es peor, no hay Liga de fútbol.

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