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lasnochesdeMcNulty

verborrea

enfermedad venérea súper contagiosa. A la que alguien empieza a hablar sin control, se te hinchan el tamaño de las pelotas hasta límites insospechados y se te ponen de un intenso color rojo ira. Remedio: sellar la locuaz bocaza con uno de esos huevacos hermosos a punto de estallar. 

" "

istmo de carne entre la huevada y el ojal. Lugar fronterizo, de difícil acceso y sin nombre o, al menos, yo lo desconozco. Creo que nunca he visto esa parte de mi cuerpo y, por eso, me gusta llamarla "mi huerto de Getsemaní", donde florecen las más bellas, sabrosas y aromáticas frutas entre pelangajos y demás huéspedes inguinales. No obstante, lanzo aquí la propuesta para dar un bonito nombre a esa parte tan íntima como sacrosanta. 

zapping

epilepsia del mando a distancia que siempre nos tienta con la esperanza de un programa mejor que, no obstante, casi nunca se cumple. Antes, cuando tenías que levantarte para poner la UHF, no había este problema. Veías lo que había y punto. En muchas ocasiones envidio esos tiempos. Tiempos de siesta. Tiempos de Serengueti, de cocodrilaco hambriento y ladino que espera sumergido, de ñu sediento y gilipollasss. Tiempos en los que todo iba más despacio. 

Intento de explicación de una pasión

Intento de explicación de una pasión

Explicar los orígenes de mi pasión por el Real Madrid, aun teniendo sentido, comportaría retrotraerme a una edad y a unos recuerdos que siendo ciertos podrían ser, del mismo modo, inexactos. Por eso voy a centrarme en detallar la forma de vivirla. 

Antes de nada debe quedar muy claro que no estoy hablando de forofismo, el cual, no obstante, también practico sin disimulo. Cuando hablo de mi pasión por el Real Madrid, me refiero también a la pasión por un deporte, el fútbol, que me encanta y me hace disfrutar como un enano; pero, sobre todo, hablo de un sentimiento irracional de plenitud, de felicidad, de ilusión...de puro éxtasis. El componente irracional lo convierte, sin duda, en algo muy excitante. Sin embargo, mi sentimiento va mucho más allá. Porque estoy plenamente convencido de que mi forma de vivirlo trasciende la del forofo arquetípico, a pesar de compartir con éste innumerables aspectos comunes al aficionado futbolero. ¿Y por qué este sentimiento "especial", propio de un tarado mesiánico? La respuesta es bien sencilla: el forofo común vive su pasión de forma compartida. Dispone de un montón de forofos de su equipo alrededor con los que comparte esa pasión. Yo, en cambio, he vivido esa pasión por el Real Madrid en soledad. No me voy a poner dramático diciendo que ha sido en la más absoluta soledad, pero sí en una soledad circunstacial sobrevenida. Ninguno de mis amigos o familiares cercanos son forofos futboleros. Así que he tenido que vivir esa pasión a solas. De tal modo que la he ido conformando poco a poco a mi gusto hasta convertirla en algo extraordinariamente personal y, precisamente por ello, inveterada y extravagante. Resultaría imposible entenderme sin considerar mi apasionada afición por el Real Madrid. Por extraño que resulte, pocas cosas me emocionan más que un partido importante de mi equipo. Porque, además, esa emoción trasciende los noventa minutos del partido. Surge muchos días antes y se prolonga otros muchos después. Esa soledad a la que aludía anteriormente ha desarrollado una curiosa sensibilidad cincelada temporada tras temporada, partido a partido, victoria tras victoria, gol a gol. Siento esa pasión en una frecuencia muy específica, que nadie más consigue sintonizar. Y lo cierto es que es desasosegante no hallar a nadie más en esa sintonía. Precisamente por ello, me encantaría que el pequeño Guille sintiese la misma pasión que yo por el Real Madrid. Utilizando una metáfora sexual de fácil entendimiento: llevo toda la vida masturbándome con el Real Madrid. Follar, por fin, sería la leche. Así que estoy intentando encauzar al enano por el recto camino, o sea, el blanco, a pesar de las dudas que le surgen en el colegio rodeado de infieles azulgranas. Compartir esa pasión con mi hijo sería cojonudo. Transmitirle mis recuerdos, mis filias y mis fobias al respecto recompensaría tantos años de soledad.

Esa forma tan personal de madridismo se revela claramente en mi imaginario santuario de ídolos. Exceptuando a Corbalán y a Zidane, el resto no han sido grandes jugadores del Madrid. Fernando Redondo fue un extraordinario centrocampista, pero no está entre los veinte mejores jugadores de la historia del club. Eso sí, nunca vi mayor cacique en un campo de fútbol. Dominaba el juego y a sus compañeros como un general de campo. Era Dios en el terreno de juego. Cuando Florentino, al ganar sus primeras elecciones, lo vendió al Milan me cagué en la reputa mil veces. Otro ejemplo es Fernando Morientes, un manual de delantero centro dentro del área. Otra víctima de Florentino, en este caso por traer al displicente Ronaldo. Por Santiago Hernán Solari siempre sentí devoción (le he dedicado un artículo en este mismo blog en "Dioses"), pero nunca desplegó unas cualidades futbolísticas fuera de lo común. Sencillamente lo adoraba por su forma de ser y su forma de honrar al Real Madrid. Hurgando aún más en el pasado, recuerdo cómo admiraba a Jankovic, un yugoslavo que jugó con la Quinta del Buitre y que, sorprendentemente, me encantaba. Lo siento, no sé explicar este caso. Me remito a lo irracional del sentimiento. Y el caso más rocambolesco: Gustavo Poyet. Un jugador que jamás jugó en el Madrid (militó varios años en el Zaragoza y, después, en el Chelsea), pero que siempre soñé con que fichásemos porque encarnaba a la perfección lo que representa para mí el Real Madrid: carácter, tesón, competitividad, llegada, gol, juego arrebatado, dos cojones como los del caballo de Espartero...pasión por el fútbol y la camiseta que defiende. 

Y, por último, están los noventa minutos y la forma de vivirlos. Con el paso de los años y la llegada de algunos títulos largamente esperados (la Séptima fue una verdadera liberación) he calmado mis nervios y, ahora, los reservo para partidos importantes. Eso sí, durante esos partidos cruciales por un campeonato o por la importancia del rival (solamente el Barça, no nos engañemos) sufro como un condenado. Cada acercamiento del rival es recibido con una enorme congoja, con los dientes apretados y todos mis músculos tensados, permaneciendo prácticamente inmóvil hasta que pasa el peligro y puedo resoplar tranquilo. Cuando la ocasión es del Madrid, ocurre algo parecido, aunque en este caso al menos a veces hay premio: el gol. Y, claro, entonces se produce el clímax. No es que grite gol de pura ilusión, que también, sino que yo mismo me convierto en un trasunto de ese jugador que acaba de conseguir el gol y alza sus brazos para celebrarlo. Realmente me siento muy cerca de ese jugador, plenamente identificado con él y con el equipo. Escucho el eco de mi grito y me produce una enorme satisfacción, aunque esté solo. De hecho, puedo estar rodeado de mucha gente, ya que es habitual ver los partidos importantes en compañía, pero me da igual. Me abstraigo totalmente y los vivo a solas, como en un extraño limbo interior en el que oigo voces y veo caras que escucho y reconozco, pero que no forman parte de mi particular mundo en esos momentos. En definitiva, entro en una especie de trance onírico al que nadie más acude ni del que nadie puede sacarme hasta que finaliza el encuentro. 

Con todo esto que acabo de explicar intento dar una perspectiva de cómo siento esta pasión madridista y cuán importante y especial es para mí. No son las confesiones de un fanático del fútbol. Son los sentimientos de un apasionado de la pasión que desata el fútbol y, en particular, mi equipo. 

vil

del inglés evil...o no. Apenas se usa, cuando se trata de un calificativo genial: corto y contundente. Como mucho, leo en alguna parte el verbo, envilecer, pero poco más. Cuando el garrote vil dejó de emplearse, la palabra desapareció del lenguaje cotidiano. Una pena. Yo quiero reivindicarla. Prometo usarla al menos una vez por día. Y será sumamente sencillo: hay tantas personas a las que calificar de este modo. 

supositorio

pastilla con prurito sodomita que se administra, extrañamente, por la vía que pone "exit" en lugar de por vía oral. ¿Alguien come por el culo? Pues eso, ¿a quién coño se le ocurrió medicar por el culo?

cirujano

entusiasta del juego "Operación" que estudia duramente un montón de años para conseguir jugar sin sirenas cuando la pifia.

Clase de spinning

Clase de spinning

Hace unos días hice mi primera y última clase de spinning arrastrado por unos amigos que intentan llevarme por la aburrida senda de la salud. Para que quede claro desde el principio: fue tan irritante como rocambolesca.

Me sorprendió la cantidad de personas apuntadas a la clase, así como el tamaño de la sala. Había, al menos, cien bicicletas estáticas. El primer "¡huy, esto va a ser una mierda!" fue cuando vi al monitor: un mozalbete estupendo enfundado en una ajustada camiseta naranja sin mangas y un coulotte negro no menos apretado. Si su vestimenta era grimosa, su peinado lo era aún más, ridículo hasta la náusea. Tenía 56 pelos, ni uno más, los conté. Todos perfectamente distribuidos para conseguir cubrir su cabeza. A primera vista pensé que se trataba de sudor, instantes después de gomina, pero a los pocos segundos caí en la cuenta de que en realidad le había lamido una vaca su cabellera rala. No se le movió uno solo de los 56 pelos durante toda la clase. Había esculpido una raya perfecta a uno de los lados y, a pesar de la escasez de materia prima, había conseguido hacerse un caracolillo de pelos a modo de flequillo. Realmente el chico tiene mérito, con poca cosa consigue un peinado. No quiero imaginar de lo que sería capaz si dispusiera de la pelambrera del Puma. Debajo de su peinado, desafiaban sus dos cejas arqueadas, finas y rabiosamente gays. Sin embargo, lo más destacable de todo el personaje era su nariz. Una nariz fuera de sitio, gruesa y exageradamente respingona, dos días por delante del resto del cuerpo. Probablemente hubo un incidente en la nursery cuando era un bebé y le adjudicaron por error la nariz de una cría de oso hormiguero. 

Escogí una bicicleta que en seguida una de esas chicas que se creen que el spinning les va a dotar del culo prieto de JL me arrebató con un numerito de reserva obtenido en la charcutería. Me fui a por otra y acomodé malamente mis posaderas en esa máquina infernal. La tortura fue tal que, al finalizar la clase, la habitual suavidad de mi escroto se había convertido en puro cuero curtido, como si hubiesen estado encendiendo cerillas en mis huevos durante los interminables 45 minutos que duró la clase. Vamos, no es que acabase hasta los huevos de la clase de spinning, sino que los huevos acabaron hasta los ídem de la dichosa actividad dirigida.

El monitor, alzado sobre una tarima, inició su verborrea aludiendo a una pretendida sesión suave con la que alcanzaríamos el 75%. ¿El 75% de qué? - pensé. Porque yo ya estaba al 100% de rabia hacia él y mis cojones estaban llenos, al 100% también. Afortunadamente, mi avezado amigo me informó de que se trataba de alcanzar un tope del 75% de tu frecuencia cardíaca máxima. O sea, que no sólo tenía que pedalear, sino que además debía estar pendiente de cómo cabalgaba mi corazón. ¡Menuda estupidez! ¿Alguien se mide las pulsaciones follando? Pues para qué coño vas a controlarlas encima de una puta bicicleta estática. En fin, mi nivel de indignación era absoluto.

Si nada más empezar ya estaba alucinado, cuando el monitor comenzó a dar indicaciones, la risa fue total. "¡Tresss, dosss, unooo! ¡Vamosss! ¡Dale, dale, dale! ¡Y un incremento másss!" No me lo podía creer. Un súper gilipollas dando órdenes a decenas de jóvenes aspirantes a cuerpo Hacendado (porque Danone imposible), y todos siguiéndole entusiasmados. ¡Flipante! Aunque el súmmum estaba por llegar...

De repente, se apagaron las luces. Yo, entre acojonado y asombrado, abrí los ojos como platos y lo que en principio parecía la sala de un gimnasio se convirtió en la pista de una discoteca de extrarradio: música cañera a tope, luces estroboscópicas y gente moviéndose histéricamente. Por un momento pensé en buscar la barra y pedirme una copichuela, pero el estupendo súper gilipollasss rompió la magia del momento al farfullar "¡Bebe agua!" con su impostada voz. ¿Bebe agua? ¡Vete a tomar por el culo! De ahí hasta el final todo fue un completo aburrimiento. Una sucesión monótona de lo vivido durante los primeros diez minutos. 

Lo dicho: la clase de spinning fue una puta mierda. El deporte...por la tele. 

estrés

globo que se hincha, se hincha, se hincha...La mayoría no consigue evitar que les reviente en la cara. Los más listos consiguen, al menos, dirigir la explosión hacia afuera, como Michael Douglas en "Un día de furia".

propiedad conmutativa

oye, da igual, haz lo que te salga de los cojones. Al final el resultado va a ser el mismo, así que...Sin duda, la mayor aportación de las matemáticas a la humanidad.

incompetente

persona con dispepsia cerebral incapaz de tomar una sola decisión acertada, ni siquiera de puta casualidad. Cuando más elevada es su posición, más dañino resulta para la organización. Y lo peor es que los incompetentes acostumbran a vivir sin espejos, por lo que raramente son conscientes de su ineptitud.

Don Draper

Don Draper

El personaje interpretado por John Hamm en la magnífica serie de televisión Mad Men merece entrar en este particular Olimpo de Dioses reales o de ficción. Aunque el mérito no es solo de él, sino también de la serie que protagoniza de forma indiscutible. Mad Men completa, junto a Los Soprano (oro) y The Wire (plata), el podio de las mejores series de televisión que he visto. 

Volviendo al personaje de Don, ¿o sería mejor llamarle Dick?, no entraré en las obviedades sobre su atractivo, tanto profesional como personal. Sí me centraré, no obstante, en sus debilidades y dobleces, que se van manifestando poco a poco: desde un pasado nada glorioso a un presente siempre a punto de desmoronarse. Conforme avanza la serie, Don va lidiando con todo ello y, poco a poco, superándolo. Su imagen de triunfador absoluto de cara afuera contrasta con sus miserias interiores. Esa dualidad lo hace todavía más atractivo. ¿A quién no le gustaría disfrutar de la fama de Don Draper? El mejor publicista, el hombre más deseado por todas las mujeres, el que se lo juega todo a una carta y siempre gana...Pero, además, ¿quién no se identifica con Don Draper? Ese hombre que reniega de su pasado, que intenta ocultar sus miserias y horrores anteriores reinventándose, alumbrando una nueva persona. Tengo la absoluta certeza de que esta vertiente vergonzante del personaje seduce tanto o más que la del triunfador irresistible. El mensaje que nos trasmite Donald Draper es en última instancia el viejo tópico del cine y la moral norteamericanas: el hombre hecho a sí mismo, el "tú también puedes triunfar, si quieres". Un adagio muy difícil de rechazar, incluso para el mayor de los pesimistas. 

Las cuatro temporadas exhibidas hasta la fecha (el próximo 25 de marzo se estrena la quinta temporada en EEUU) nos muestran la evolución de Don y del resto de personajes que le rodean de forma pausada y sin estridencias. Los giros que se van sucediendo están bien trabajados, no son inverosímiles. Aunque se producen acontecimientos inesperados, son perfectamente creíbles (excepto un rocambolesco hecho en el último capítulo de la cuarta temporada) en función de cómo van cambiando los roles y las relaciones entre los diferentes personajes. 

Un aspecto que me sorprende del extraordinario éxito de Mad Men es lo machista que resulta la serie. Me refiero a que me sorprende que no haya tenido que pagar un precio por mostrar a las mujeres como meros objetos sexuales cuyo único deseo es cazar a un buen partido para pasarse el resto de la vida como aburguesadas amas de casa. Evidentemente, el planteamiento no es tan simplista como acabo de describir, pero el trasfondo sí que es claramente machista. 

Otro ingrediente genial es el alcohol. Se pasan el día entero bebiendo. En casa, en bares y, sobre todo, en el trabajo. Siempre he creído que deberían dejar beber en las oficinas, incluso incentivarlo. Si para nuestras relaciones sociales, en las que necesitamos de todas nuestras cualidades para conquistar a un amigo o a una mujer, acostumbramos a emplear la bebida como arma desinhibidora y potenciadora de muchas de esas cualidades, ¿por qué no usar el alcohol también en el trabajo, en donde apenas precisamos de tres o cuatro de esas cualidades para desarrollarlo diligentemente? Ahí lo dejo, por si algún lúcido empresario o directivo quiere apropiarse de mi idea y motivar a sus empleados con el fin de obtener lo mejor de ellos. Como escuché una vez de boca de Fernando Fernán Gómez: "siempre que bebo whisky me encuentro mejor, más feliz, que cuando no lo bebo".

Y un último apunte sobre la serie: el papel de Joanne Holloway, encarnado por la actriz Christina Hendricks, es maravilloso. No solo representa la voluptuosidad y carnalidad de las famosas pin-ups de la época, sino que lleva la tensión sexual hasta el límite justo, sin llegar a cruzar nunca la frontera de la vulgaridad. Quien haya visto a Christina Hendricks en Drive, la sobrevalorada película de Nicolas Winding, difícilmente podrá imaginarse el personaje de Joannie, porque sale espantosa, pero quien haya visto Mad Men sabrá de lo que hablo.

bisiesto

año con día gratis de trabajo. Maldita la gracia. Ni su prefijo, que engaña al anunciar una frecuencia mayor; ni su lexema, que invita al descanso, nos advierten de su llegada. ¿Celebrarán con la misma ilusión los que nacieron un 29 de febrero su cumpleaños el 1 de marzo? Tanta heterodoxia de inicio me superaría. 

periódico

publicación diaria multifunción: las páginas de política sirven para encabronar al lector; las aburridísimas hojas de economía para limpiarse el culo y darle un tonito salmón los domingos; la partidista sección de deportes para excitar al forofo; las pringosas páginas de sociedad para envolver bocadillos; y el editorial para pagar favores a anunciantes, políticos y demás poderes fácticos.

El elevado precio de los cereales

El elevado precio de los cereales

En los últimos años, el precio de los cereales ha sufrido tensiones al alza prolijamente analizadas por expertos económicos en el sector agrícola. El aumento demográfico en países emergentes, la creciente demanda de piensos para el ganado y la propia demanda de cereales para el consumo humano han provocado fuertes subidas de precio en la gran mayoría de cereales. 

Sin embargo, hay una causa oculta, apenas estudiada, pero sin duda fundamental, en este aumento exagerado de precio: su vanidad. Sí, sí, han leído bien: la vanidad de los cereales es la verdadera causa del aumento de su precio.

Los cereales son el alimento básico de los seres humanos (el pan y la cerveza son dos ejemplos irrebatibles) y de la gran mayoría de animales que nos comemos los humanos. Los cereales son, pues, la base de nuestra comida. Como lo es el agua de nuestra bebida. También bebemos ginebra y leche, aunque en menor medida, porque la primera nos provoca resaca y la segunda cada vez sabe menos a leche y más a agua.

Así pues, figurando el agua y los cereales en igualdad de importancia, estos envidian la vida de aquella. El ciclo de vida del agua es idílico, digno de una fábula campestre centroeuropea, con todo ese rollo del agua evaporada que forma esponjosas nubes que lloran gotas de agua que, posteriormente, se filtran por exuberantes valles hasta caudalosos ríos por los que viajan entre excitantes vaivenes para acabar en la boca de una sedienta rubia, que sudará esa gota acariciando su suave piel y vuelta a la nube para iniciar otro fascinante viaje una y otra vez.

Sin embargo, los cereales tienen una vida mucho menos glamourosa. Nacen bajo tierra, enterrados en la húmeda y hedionda oscuridad de tierras abonadas y sulfatadas. Brotan y maduran en el mismo lugar, bajo la misma canícula o el mismo frío helador. Cuando llegan a la madurez ni se mueven para follar, más allá de lo que les agite el viento, y encima disponen de muy poco tiempo. En seguida, terroríficas máquinas con centenares de cuchillas cercenan su plenitud para triturarlos y tratarlos hasta darles forma comestible. A continuación, llega lo más humillante: después de la digestión son cagados. Si son comidos por humanos, serán lanzados al laberinto de desagües, cloacas y depuradoras donde compartirán destino y asco con otros muchos restos igualmente repugnantes. Si son comidos por animales, serán cagados en medio de una enorme plasta y permanecerán al raso largo tiempo en ese sarcófago de mierda hasta que ésta se seque por completo y el cereal pueda volver a empezar el ciclo, para más escarnio en el mismo lugar donde fueron cagados. 

Por consiguiente, la autoestima de los cereales está por los suelos. Su ego hiede y sus complejos aumentan por doquier transgénico. Así pues, han decidido sindicarse y elevar su autoestima, que no es otra cosa que el precio que pagamos por ellos. Ese precio en el que una pequeña parte corresponde a la producción, otra más cuantiosa a la cadena interminable de intermediarios y la mayor a la vanidad de estos pequeños pero orgullosos cereales. 

incomprensión

distancia entre dos personas o dos ideas, o bien entre las instrucciones de IKEA y yo. De otra parte, nunca entendí el motivo por el cual a algunos genios se les llama "genios incomprendidos", cuando se trata de "genios inadaptados". 

Real Madrid - Levante. 4-2 (Santiago Bernabéu, 12 de febrero)

Espléndido partido para poner tierra de por medio con el Barcelona. Juego rápido, combinatorio, infinidad de ocasiones...velocidad y clase aunadas a la perfección para conseguir una victoria inapelable.

El Levante, no obstante, puso de su parte para complicarle la vida al Madrid. Marcó en una falta mal defendida (la enésima en lo que va de año) nada más comenzar. Tocaba remontar otra vez. No hubo ningún problema. Los blancos se pusieron a tocar y tocar. Özil es el faro que ilumina el ataque madridista. Si además le unes los dos centrocampistas creativos de la plantilla, Xabi Alonso y Granero, el caudal de juego aumenta exponencialmente. Las ocasiones se sucedían una tras otra. Higuaín, Cristiano, Coentrao y Benzema dispusieron de varias opciones de gol. Los cambios de juego de Xabi y el juego en corto de Granero favorecían las llegadas al área rival. El Levante se defendía con bastante rigor, aunque apenas disponía del recurso de Kone en punta para desahogar su juego. Los locales acogotaron al equipo granota hasta que Iborra se hizo el harakiri con un penalti evidente y la consiguiente expulsión. Cristiano Ronaldo marcó sin contemplaciones.

Reanudado el juego en la segunda parte, pronto se decantó el partido gracias a un magnífico centro del Pipita que cabeceó a placer el delantero portugués. Al poco tiempo, el voraz hacedor de hat tricks logró otro de un extraoridnario disparo, que no sé si calificar de misil borracho o de churro intencionado. Da igual, fue la sentencia y el tanto veintisiete en Liga de Ronaldo. 

Los levantinistas todavía hicieron honor a su cuarta posición con un segundo gol conseguido en un magnífico contraataque. Es curioso que el Madrid encajara los dos goles con dos de sus grandes armas: el balón parado y el contraataque. Poco importó, en seguida Benzema se encargó de cerrar definitivamente el partido con una rosquita con la derecha, paradigma de la clase que atesora el francés.

A partir de entonces, un sinfín de ocasiones clarísimas de los locales y una delicatessen de Özil en forma de túnel al armario Ballesteros y remate al palo, que impidió que el estadio se entregase genuflexo al turcoalemán. Es absolutamente maravilloso este chico. En el juego arrollador y bravo del Madrid es una delicia disfrutar de su sutileza. Es el contrapunto necesario y elegante a la desmelenada velocidad e intensidad del Madrid.

Diez puntos por encima a falta de 16 jornadas por disputar. Mucho por delante todavía, pero muchísima ventaja para un equipo tan fiable como el Madrid. Sorprendentemente, a principios de febrero la Liga parece más fácil que nunca. 

cortado

el cocktail más consumido del mundo. Sin el glamour del bloody mary, pero con la dignidad que le confiere su humeante aspecto. Sin alcohol, pero con cafeína. Sin pomposa ornamentación en forma de guinda o aceituna, pero servido bajo palio. En definiiva, una bebida que no hace honor a su nombre de timorata condición, sino que se muestra orgullosa y pródiga.

bula

comodín de "no pasa nada", antiguamente otorgado por el Papa, que actualmente sólo disfrutan políticos y corruptos; vamos, todos aquellos que mangonean el dinero público.

Los pijamas de Lord Kinsey

Edward Joseph Kinsey III vive en el castillo familiar, construido en el siglo XVII, en la ventosa costa escocesa. A sus 83 años todavía se vale perfectamente por sí mismo. La presencia de un mayordomo, una asistenta y una cocinera se debe únicamente a sus necesidades de servicio, de las que ha disfrutado desde que era un niño.

Su abuelo, Edward Joseph Kinsey, se benefició de los favores de la reina Victoria, que agradeció sus servicios de intermediación con la casa de Hannover con numerosos títulos, nobiliarios y de la propiedad. Así que Edward Joseph Kinsey III jamás ha precisado trabajar, como tampoco hizo jamás su padre, Edward Joseph Kinsey II. De hecho, Lord Kinsey siempre ha considerado una ordinariez eso de trabajar.

Es un soltero empedernido. Siempre prefirió frecuentar a las mujeres cuando deseó y sin perder el tiempo en grandes cortejos. Ocasionalmente, solicitó las caricias de alguna profesional, más por pereza que por vicio. Por consiguiente, jamás tuvo una relación estable ni duradera.

Tampoco se ha prodigado socialmente. Solamente cuando el título lo ha requerido, y a regañadientes. La mayor parte de su vida ha transcurrido en el castillo escocés, cazando y pescando en sus dominios, rodeado de libros y entregado en cuerpo y alma a su gran pasión: su colección de pijamas.

Lord Kinsey es el mayor coleccionista de pijamas del mundo. Posee una colección con más de 20.000 piezas. Cada noche, después de la apresurada cena, entra en el Salón de los Pijamas, decorado a imagen y semejanza del Salón de los Espejos del Palacio de Versalles, pero con armarios detrás de los espejos, y elige el pijama con el que dormirá esa noche.

Esta elección la medita detenidamente durante todo el día. Según su estado de ánimo o los acontecimientos recientes escoge uno u otro. Una vez se ha puesto el pijama, se dirige a sus aposentos, pide que le traigan un vaso con dos dedos de ginebra Monkey 47 sin hielo ni acompañamiento, se lo bebe de un trago y se dispone a dormir. A partir de ese momento comienza su fascinante sueño. Porque Lord Kinsey sueña en función del pijama escogido.

Todos sus pijamas han pertenecido a hombres y mujeres de verdad. Algunos célebres y otros anónimos. Pero todos ellos pertenecieron algún día a una persona. Y Lord Kinsey tiene la suerte de poder soñar sus vidas. Cada sueño es una aventura increíble, llena de evidencias deseadas y sorpresas inesperadas. Lord Kinsey lleva años recreando otras vidas en sus sueños, disfrutando de lo que otros gozaron y sufriendo lo que otros padecieron. Sabe más de las personas y sus vidas que cualquier historiador o investigador social. Es un loco afortunado que duerme doce horas al día para vivir lo que otros vivieron.

Su maravillosa afición tiene un inconveniente, no obstante. Únicamente puede usar el pijama de una persona una vez. Si lo usa en otra ocasión, ya no sueña nada acerca de ella. Así pues, cada elección es una excitante experiencia, pero también una despedida, ya que sólo dispone de una oportunidad por pijama. Además, en ocasiones, y a pesar de su extraordinaria sagacidad a la hora de adquirir nuevos pijamas, algunos desaprensivos tratantes de pijamas consiguen engañarle y venderle el pijama de una persona que en realidad no corresponde a la que ellos aseguran solemnemente. De tal modo, que ha habido noches en las que se ha acostado entusiasmado por dormirse con el pijama de Juana de Arco o con el de Calígula y se ha despertado con una enorme decepción. 

Esa unicidad del pijama y del correspondiente sueño hace que tenga pijamas desde hace años con los que aún no ha dormido, bien por el miedo a que sean falsos o bien por el hecho de usarlos y no poder volver a vivir el extraordinario sueño. En esta categoría de pijamas “pendientes” están los de Jesucristo, Platón, Alejandro Magno o Napoleón, por ejemplo. Recientemente, uno de estos pijamas, el de Churchill, fue usado por Lord Kinsey. Afortunadamente, no se trataba de una falsificación y disfrutó de un sueño tan interesante como revelador.

¿Qué hará Lord Kinsey con su increíble colección de pijamas cuando muera? ¿A quién los legará? Porque muchos ya no podrán volver a ser soñados, pero otros muchos estarán sin estrenar.