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Sanción FIFA, buena para el Real Madrid

La FIFA ha sancionado al Real Madrid con un año sin poder fichar. Lo que aparentemente supone la guinda a la crónica de sucesos recientes del club, es en realidad la mejor noticia posible para todos sus aficionados. Por fin habrá algo de estabilidad en el primer equipo. Hasta ahora hemos sufrido la vorágine de fichajes que el presidente ha promovido negligentemente. En el próximo año ya no podrá regar su vanidad y tapar su incompetencia con adquisiciones rutilantes. Deberá vivir con lo que tiene, que es mucho y bueno, por cierto.
Así pues, un horizonte de estabilidad se abre para el Real Madrid, algo de lo que ha carecido en los últimos tiempos. Agradezcamos, pues, a la FIFA su involuntaria ayuda.
No obstante, siento escalofríos ante lo que pueda pasar en los próximos diecisiete días, periodo en el que Florentino Pérez aún podrá fichar antes de permanecer un año entero con la billetera del club en barbecho. Cerraré los ojos hasta entonces y disfrutaré del siguiente año y pico esperando que los jugadores, tan mimados algunos, y el nuevo entrenador encuentren el sosiego y el orgullo suficientes para poder dar la imagen que el Real Madrid exige.

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La Décima

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La consecución de la Décima conlleva dos efectos enormemente positivos a corto y medio plazo para el Real Madrid, más allá del evidente éxito del triunfo en sí: la obsesión que el club vivía desde hace doce años, muy especialmente en la figura de su presidente plenipotenciario, desaparece de un plumazo, lo que debería conllevar un cierto sosiego institucional que permita trabajar tranquilamente en un proyecto deportivo tan ilusionante como el de la actual plantilla; el número, la Décima Copa de Europa, es tan simbólico e icónico que esta victoria hace trascender al club, ya que ningún otro ha conseguido, ni es previsible que a medio plazo ningún otro lo consiga, semejante cantidad de títulos en la competición de clubes más importante del mundo. El Real Madrid es otra cosa. Reafirma su pátina de leyenda que, independientemente de las filias y fobias que despierta un deporte tan apasionado como el fútbol, lo hace excepcional, envidiable, admirable. El famoso cántico, recientemente renovado gracias a la victoria ante el Atlético, “¿Cómo no te voy a querer si ganaste la Copa de Europa por décima vez?” es extrapolable a cualquier aficionado al fútbol. Los seguidores del Madrid entonamos orgullosos el verbo “querer”, mientras los desafectos o incluso los más enconados rivales usarán en su lugar los verbos “admirar” u “odiar”, pero siempre con el evidente hecho de las diez Copas de Europa que dan brillo a su palmarés.

Además, la forma en la que se consiguió fue digna de toda la mitología que rodea al Real Madrid. No se trató de un ejercicio funcionarial de cómoda victoria, sino de una épica remontada iniciada in extremis con ese soberbio cabezazo de Sergio Ramos, el jugador que mejor encarna el espíritu ganador y la resistencia ante la derrota del madridismo. Hasta su punto de chulería es inherente a los valores del club.

Ganar diez finales de trece no es casualidad. Es un porcentaje demasiado elevado como para remitirse únicamente a la suerte, aunque ésta siempre juegue un caprichoso papel. Rematar un córner en el minuto 93 alzándose desde el punto de penalti y conectar un certero cabezazo a la base del poste de la portería contraria no es en ningún caso una cuestión de suerte. Es no querer perder, es voluntad de seguir adelante hasta el último instante, es fortaleza física, es calidad técnica, es entrenamiento incansable, es…un sumatorio de causas que buscan un objetivo: ganar. Ganar diez de trece finales disputadas de la Copa de Europa. Una barbaridad sólo reservada a un equipo mítico, a una camiseta que insufla ánimos a los que se la enfundan del mismo modo que intimida a los que se enfrenta en los momentos cumbre de este deporte. Por eso Sergio Ramos busca el centro de Modric con esa determinación. Por eso el aguerrido Godín pierde la marca en el momento más inoportuno ante la involuntaria pantalla de Morata y Tiago llega tarde a cubrir a su compañero. Por eso Di María, cumplido el minuto 110 de partido, inicia un imparable eslalon en el centro del campo que remata con el alma y el rechace es ejecutado con la cabeza por el hasta entonces errático Bale. Porque el Madrid es otra cosa, algo muy cercano a un mito, un equipo que juega con el viento de su historia a favor.


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El fracaso de Florentino

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Florentino Pérez, que se cree una reencarnación mejorada de Santiago Bernabéu, ha vuelto a fracasar por enésima vez. Porque no nos engañemos, Florentino vive para y por su megalomanía: el único objetivo que le satisface es la consecución de la Champions. Por ahora, Santiago Bernabéu, 6; Lorenzo Sanz, 2; y él sólo 1. Esta clasificación le mortifica. Al menos, necesita tener en su casillero tres Champions. Él se ve como el gran presidente del Real Madrid que lo introdujo en la modernidad manteniendo su excelencia deportiva, y quiere que así se lo reconozca la historia. Sin embargo, le faltan títulos para lo segundo.

Cierto es que su gestión económica parece impecable, que ha dotado al club de una dimensión empresarial acorde a los tiempos y que ha situado la "marca" (¡qué poco me gusta esta palabra eminentemente mercantil!) Real Madrid en lo más alto. Por eso volverá a ganar las elecciones (si hay, que parece que no) a la presidencia del club. Y yo me alegraré, puesto que después de haber vivido a un presidente señorito (Mendoza), a uno casposo (Sanz) y a otro sinvergüenza (Calderón), Florentino me merece un respeto y me ofrece cierta tranquilidad.

Pero un club de fútbol, y más todo un mito como el Real Madrid, no es sólo una empresa, sino un depositario de sentimientos e ilusiones de millones de aficionados que se desviven por su equipo, que disfrutan y padecen con su devenir deportivo, independientemente de cómo vayan las finanzas. Y esos sentimientos e ilusiones deben ser defendidos y honrados por su presidente.

Florentino no puede convertir al club a su imagen y semejanza, no puede estar cambiando constantemente de política deportiva. Jamás debió abdicar y ceder todo el poder a un entrenador incendiario, mercenario y ególatra como Mourinho (¿alguna vez hizo eso con un alto ejecutivo de su empresa, ACS?); y ahora volver a contratar a uno manejable y facilón como Ancelotti. Resulta imperdonable que no haya salido a la palestra a defender a un mito de la historia del club como Iker Casillas, a la sazón capitán de la primera plantilla de la cual él es el máximo mandatario.

Sus logros en forma de títulos son muy mediocres, exceptuando la etapa de Vicente del Bosque que arbitrariamente finiquitó por tratarse de un señor poco glamouroso. A partir de entonces ha dado tantos bandazos que ya no sabe qué inventar: Zidanes y Pavones, Galácticos, clase media, españolización impostada de la plantilla...Sinceramente, creo que con la única con la que se encontró cómodo fue con la de los Galácticos, porque a él la cantera, aunque de cara a la galería dice lo contrario, nunca le ha puesto. Cosas de los megalómanos: se sienten poco interesados por el trabajo sordo y diario; prefieren los fogonazos repentinos, acaparar los medios con fichajes imposibles, aunque su rendimiento pueda no ser el adecuado. 

Y en estas estamos, ante un nuevo desafío y, lo más inquietante, ante la necesidad que siente Florentino Pérez de reinventarse de nuevo tras el más sonado fracaso de todos: el bluff de la tercera temporada de Mourinho sin ningún título importante y dando la sensación de histeria colectiva. 

No obstante, tengo la certeza de que, si consigue que la sensatez se imponga por una vez en sus decisiones deportivas, tiene un futuro a corto y medio plazo extraordinario. Renovando a Cristiano Ronaldo, jugador franquicia y de un impacto impresionante en el juego y resultados del equipo; contratando a un entrenador serio y educado; cambiando de delanteros (el depredador Falcao y el exquisito Agüero por Benzema e Higuaín); fichando a un lateral derecho de garantías (basta la apuesta de la casa de Carvajal) y convenciendo a Xabi Alonso de que aún le quedan un par de temporadas siendo el faro del centro del campo del Madrid, habría una plantilla extraordinaria sobre la que construir un ilusionante proyecto para la temporada que viene. Y si de guinda quiere regalarnos a Isco, bienvenido sea. Ahora bien, como se empeñe en fichajes carísimos y de dudoso rendimiento como Bale y Neymar, volveremos a las andadas. 

Florentino Pérez tiene el juguete más increíble del mundo en sus manos. Lo ha roto infinidad de veces, pero los Reyes Magos siguen regalándoselo año tras año. Haría bien en tratarlo como se merece, ya que somos millones y millones los niños que nos morimos por jugar con su juguete y, lo que es si cabe aún más importante, parte de nuestra felicidad e ilusiones dependen de cómo juegue el afortunado y caprichoso presidente del Real Madrid.

Por favor, no inventes. Sigue y honra la historia del club y los resultados llegarán más pronto que tarde. Así conseguirás tus ansiadas Copas de Europa y nosotros, los devotos seguidores madridistas, recuperaremos nuestro orgullo ganador. 

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El fracaso de Mourinho

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El entrenador top que fichó Florentino como Mesías ha resultado ser un fracaso estrepitoso. El adalid del currículum, el obsceno exhibidor de títulos personales, el autoproclamado ganador eterno muestra una hoja de servicios, tras tres años en el mejor club de fútbol del mundo, escasamente brillante: apenas una Liga y una Copa. Patético, frustrante, decepcionante, ridículo. Porque, evidentemente, la vara de medir para valorar su trayectoria debe ser la que él mismo ha usado hasta la saciedad siempre: la de los títulos. Nada más y nada menos que aquello por lo que él se vanagloriaba rueda de prensa sí, rueda de prensa también.

Pues bien, a pesar de disponer de una de las dos mejores plantillas del mundo, de poder gastar sin medida en fichajes de reservas, de disfrutar de poderes plenipotenciarios concedidos por su apocado presidente y, sobre todo, de poseer los conocimientos futbolísticos jamás atesorados por gurú alguno del fútbol, su rendimiento ha sido tan mediocre como el de cualquier entrenador del montón. Siempre, claro está, bajo el prisma de su propia forma de juzgar: ventajista hasta que se ha vuelto en su contra.

Ni siquiera juzgo su política de tierra quemada, sus continuos desplantes a prensa y aficionados, su intolerable trato a Iker Casillas, su revanchismo macarra con los disidentes de la plantilla, sus ataques al pobre Toril, su comportamiento chulesco y provocador en la sala de prensa, su incompetencia en los partidos importantes de semifinales de Champions o en esta última y lamentable final de Copa. Todo esto y mucho más lo dejo a un lado. Corro un tupido velo. Así pues, lo valoro por lo que él siempre se ha hartado de cacarear a los cuatro vientos como sus extraordinarias virtudes:

- los títulos: queda dicho, muy pobre. No ha conseguido su ansiada "tercera" (jamás habló de la "décima" del Madrid), de modo que esta herida quedará siempre en su currículum y le sangrará de por vida. Al menos, nos queda el consuelo a los madridistas de que ese rencor que nos guardará de por vida por no haber caído genuflexos a sus veleidades megalómanas avivará el dolor de esa llaga que jamás se le cerrará. 

- la defensa del vestuario: prácticamente ningún jugador le habla. Incluso los más fieles le han abandonado en público como el caso de Pepe. Así que esa fama de gran gestor de grupos humanos, de saber llevar a las estrellas con guantes de seda y hierro a la vez, de extraer lo mejor de cada uno de sus jugadores es una gran mentira revelada de forma tan cruda como evidente en el actual clima volcánico del vestuario del Madrid.

- el gran motivador: en efecto, el mayor motivador de todos los tiempos. Un entrenador que no es capaz de que sus jugadores salgan al partido de ida de unas semifinales de Champions (ante el Borussia esta temporada) con el cuchillo entre los dientes. Eso sí, acabado el partido y ante la prensa les señala groseramente.

- el entrenador top: pues tampoco. En el verdadero club top por historia, títulos y seguidores es incapaz de estar a la altura de su grandeza obteniendo resultados mediocres y comportándose como un niño mimado pirómano.

- la honestidad y la franqueza: dos virtudes verdaderamente top en una persona, si realmente las posee. Jamás ha ido de frente, ni con el club que le paga cantidades astronómicas de dinero, ni con los capitanes del vestuario que se han comportado de forma impecable puertas hacia afuera. Siempre ha jugado con dos o tres barajas, usando a la prensa y al entorno según su conveniencia, y actuando de forma ventajista e hipócrita permanentemente. Además, se comporta como un pelota con los jefes (presidente y director general) y como un tirano con el resto de iguales o subordinados, propio de una persona deleznable y mezquina. 

Mourinho - el ganador, la gran mentira, se ha desenmascarado él mismo de forma patética durante los últimos meses dejando bien a las claras qué es lo que en realidad están contratando aquellos clubes que aún muestran interés en sus servicios. A partir de ahora ya no podrán sorprenderse presidentes y directivos si constatan que en realidad han contratado a un simple buen entrenador con infinidad de contraindicaciones, que causa infinidad de daños colaterales. 

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Real Madrid - Barcelona. 2-1 (Santiago Bernabéu, 2 de marzo)

En el derbi más soporífero de los últimos años, en el que ninguno de los dos equipos quería jugar, se impuso el menos indolente. El Barça debe acudir urgentemente al diván, porque perder ante un Madrid sin Xabi Alonso y con apenas 30 minutos de Cristiano Ronaldo sólo está al alcance de los equipos de primera ronda de la Copa del Rey.

El Madrid se presentó con un equipo poderoso atrás e intrascendente de mediocampo hacia adelante. Modric volvió a demostrar que no es digno de un equipo grande, Benzema quiso mostrar a la DGT su insoportable lentitud a pesar del gol servido por el meritorio Morata, y Callejón correteó su escasa calidad como siempre. ¿Kaká? Bueno, se debió quedar rezando en el vestuario. 

Y el Barça, ¿qué? Pues lamentable. Únicamente generó una ocasión de gol. Sorprende el patético desempeño de este equipo en los dos partidos de esta semana. Sobre todo, teniendo en cuenta su papel dominante en el fútbol europeo durante los últimos cuatro años. La baja (y la baja forma el martes) de Xavi se nota demasiado en el conjunto culé. Thiago perdió balones imperdonables: el primer gol madridista es de él, no del rápido (en la M-40) delantero francés. ¿Messi? Es un gran chico: en la semana en la que Maradona dice que él ha sido mejor que Messi, éste último no quiso contradecirlo. 

La primera parte transcurrió entre la insoportable levedad del tiqui-taca inocuo barcelonista y los dos goles anotados en acciones aisladas. Ni siquiera hubo faltas alevosas por parte de Pepe ni fingimientos ridículos de Pedro o Jordi Alba. El árbitro nos hizo un enorme favor a todos no prolongando el pestiño de esta extraña sobremesa.

La segunda mitad amaneció igual de gris hasta que Cristiano Ronaldo entró en el campo y desperezó a su equipo. Es tal la influencia del delantero portugués que el Madrid tomó la iniciativa por puro contagio de su jugador franquicia y por la insospechada hasta hace un par de semanas apostasía culé. CR7 martilleó la portería de Víctor Valdés desde el lanzamiento de falta y Morata pudo obtener su primera portada grande si llega a embocar un excelente pase de Pepe. Así las cosas, cuando los dos hubiesen firmado gustosamente el empate a nada, Sergio Ramos se elevó por encima de Piqué (otra vez, como Varane el martes) y consiguió el gol de la victoria en un extraordinario remate de cabeza en un córner lanzado con tibieza por el tibio pie del tibio y carísimo croata.

Victoria clara, suficiente y reveladora del estado de ánimo de ambos equipos. Ahora toca el redoble de tambores en Manchester, donde la temporada se asoma al desfiladero de la eliminación sin que lo ocurrido en estos dos partidos ante el Barcelona pueda servir de enjuague si no se concreta con la clasificación a cuartos de la Champions.

 

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Real Madrid - Borussia de Dortmund. 2-2 (Santiago Bernabéu, 6 de noviembre)

Sin duda Mourinho estuvo ayer preparando el partido contra el Borussia. No pudo acudir al acto en la Ciudad Deportiva del Real Madrid porque estaba estudiando cómo conceder ¡2 goles! al Borussia tras un cabezazo en prolongación de Levandowsky al más puro estilo inglés. Una jugada inventada allá por 1890. ¡Alucinante! Se les debería caer la cara de vergüenza al entrenador del Madrid y a la defensa en pleno por su patética interpretación del a-b-c futbolístico.

Para colmo de males la actuación del acorazado blanco en la primera parte fue deplorable. Fue dominado por el dinámico equipo alemán de cabo a rabo. El gol de Pepe fue fruto de la más injusta casualidad, tan habitual en el fútbol como en la vida. El candidato a ganar la Champions año tras año no ofreció respuesta alguna. Modric firmó su sentencia de muerte ante millones de espectadores. ¿De verdad jugaba en la Premier League este cursi? ¿Por qué se desenvuelve a tres velocidades menos de lo que requiere el partido? ¿Qué aporta? ¿Qué roba? ¿Qué defiende? ¿Qué combina?Vale, sí, es elegante. También lo es Nati Abascal y no juega en el centro del campo del Real Madrid. En fin, Coentrao + Modric = 60 millones de euros. Falcao, vente "pa'cá" y líbranos del torpe y del cursi. Total, no hace falta media, te mandamos un melón y ya lo meterás en la portería. 

Afortunadamente, el segundo tiempo redimió en parte (lo justo, no más) al Madrid. Al menos la actitud fue mejor. Callejón, que entró por el lesionado Higuaín, se puso las pilas y generó buenas ocasiones, incluso un gol mal anulado. Cristiano Ronaldo, no obstante, no cambió en nada. Continuó con su esperpéntica actuación, la peor de cuantas le haya visto: ni un buen control, ni un regate, ni un remate aceptable, ni un pase con sentido, ni una decisión acertada...únicamente permitir a Özil lanzar la falta que supuso el empate. Un gol importantísimo en el devenir de la liguilla y delicioso en la ejecución: sutil, delicado, poético. Sin Özil habría fútbol, pero sería mucho más aburrido. El alemán ilumina las noches más oscuras con su clase, de una fragilidad etérea, inasible, maravillosa...

Eduardo Galeano hablaba del 0-0 como el peor de los resultados posibles: dos bocas abiertas, dos bostezos. Pues bien, los dos goleadores del empate final, Özil y Götze, llevan ese empate ignominioso en sus apellidos, aunque con la diéresis a modo de pimienta, que no es otra cosa que la alegría del gol en el fútbol. Por eso, Ö-Ö no es lo mismo que 0-0, sino todo lo contrario: asombro, sorpresa, deleite. Viva el fútbol con diéresis, con imperfecciones, sin entrenadores estreñidos. Viva el camaleón turco-alemán, que dormita durante 89 minutos y emerge salvífico al final para endulzar una tarta de hiel. 

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Rayo Vallecano - Real Madrid. 0-2 (Vallecas, 24 de septiembre)

"¡Qué pereza! Ir a Vallecas ¡y por dos veces! Si es que es normal lo del apagón. En una barriada obrera no se puede esperar más. En "La Finca" o en "La Moraleja" esto no hubiese pasado". Probablemente, éste fuera el pensamiento de gran parte de la plantilla del Madrid y de la directiva en pleno. Pero la vida es así. Se ha de bajar al fango de vez en cuando. A las cinco de la tarde te ves tumbado en la piscina al lado de Irina Shayk y a las nueve y media estás esperando a que se enciendan los focos en el vestuario de un equipo de barrio.

El caso es que a la segunda fue la vencida. Y esta vez sí que el Madrid entendió la importancia del partido, el escenario y el equipo rival. Nada de relajación, nada de brillantez. Un simple ejercicio de profesionalidad. Concentración atrás y balones en largo, que el campo invitaba a ello. 

Bien pronto se adelantó el equipo pijo. Buena internada de Di María, pase preciso y gol a placer de Benzema. El equipo pobre respondió con su única ocasión (doble) del partido, pero Iker y, sobre todo, Xabi Alonso desbarataron el sueño obrero vallecano. La banca siempre gana. Es lo que hay. Más en estos tiempos.

A partir de entonces, poco que explicar. Contra tras contra del BBVA hasta que el BCE (mediante su árbitro) decretó cobrar el primer plazo de la deuda: penalti y golito para calmar a los mercados, que en el caso del fútbol es la suma de los megacracks del momento y sus especuladores representantes. 

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Real Madrid - Manchester City. 3-2 (Santiago Bernabéu, 18 de septiembre)

Pues físicamente no hay ningún problema, todo lo contrario. ¿Y lo de la actitud de los siete con la cabeza en otro sitio? Nada que objetar al despliegue ofrecido en este partido. Lucharon hasta la extenuación del primer al último minuto. Lo de Di María ha sido alucinante. El único ausente ha sido Sergio Ramos, sentado en el banquillo por su taciturno entrenador; pero es que se rumorea que está con Pilar Rubio...como para tener la cabeza en defender a Tévez, ¡no te jode!

Y entonces, ¿qué pasa en la Liga? Una respuesta bien sencilla: falta de motivación y suficiencia. Nada que no se resuelva con un partido de suplente y una indecorosa desventaja con el Barcelona. 

¿El partido de esta noche? Porque...¿se ha jugado esta noche o en una brumosa noche de 1985? ¡Illa, illa, illa, Juanito, maravilla! ¿Se lo cantaban in memoriam o estaba jugando el 7 del Madrid? ¡Ah, no! Que con el 7 jugaba ese jugador del Cristiano United. ¿Pero no ha sido el héroe al anotar el gol que culminaba la remontada en el descuento? ¡Qué va! Ese gol lo ha marcado Juanito. 

Me froto los ojos. Vuelta al pasado. Pero no es 1985, sino mediada la segunda parte en la primera jornada de la lustrosa Champions de 2012. Hasta entonces monólogo del Madrid: ocasión tras ocasión, porcentaje de posesión elevadísimo, intensidad en todas las facetas del juego, exceso de músculo en el centro del campo, Higuaín en versión 2008 fallando todo lo que remataba, Varane despuntando celoso del éxito con las mujeres de Sergio Ramos, Arbeloa sorprendentemente omnipresente...En definitiva, el Madrid industrioso que tanto gusta a Mourinho. Pero, de repente, una contra más que anunciada de Yaya Touré, que habilita a Dzeko (un pestiño de delantero de fama inmerecida) al borde del área. Se detiene el tiempo: la jugada mil veces vista, un atacante solo ante el ángel Casillas, que se agranda inconmensurable y para por enésima vez lo imparable. Pero ¡no! El tiempo continúa, el ángel se desvanace, se vence lastimosamente ante el remate melifluo del delantero bosnio. ¿Dónde está el ángel? ¿Por qué no aparece? Se fue dejando una preocupante languidez en Iker, otrora orgulloso capitán.

Toca echar veinte años atrás. ¿Quién mejor que un maestro del desorden táctico? Marcelo lo intenta por dos veces con dos duros diparos desde fuera del área. A la tercera va la vencida. La menos bella, la más afortunada, pero gol al fin y al cabo. La historia se repite: el Bernabéu de las grandes ocasiones, el Madrid de las remontadas mágicas europeas. Chorreo de ocasiones. Cinco minutos infernales para el City, que apenas sale de su área. Sin embargo, una sucesión ininterrumpida de errores defensivos durante dos largos minutos acaba en el 1-2 a falta de cuatro para el final. ¿Se puede ser tan contumaz durante 120 segundos y seguir considerándose un gran equipo? Cinco minutos después nadie se hará esta pregunta. Ventajas de vivir en el pasado, en 1985. Nadie se acuerda de los detalles embarazosos.

1985: Minuto ochenta y pico, Benzema recibe al borde del área, se gira y ajusta un disparo al palo consiguiendo la igualdad en el marcador. Empate y a Dios gracias. ¡Eh, tíos, que es 1985! ¡Vamos, vamos! Tiempo de descuento: el 7 del Madrid (Juanito esta noche, el chico del Cristiano United en la actualidad) engancha un balón en el pico del área, amaga hacia afuera, chuta defectuosamente y logra el tanto de la victoria. No ha sido él, ha sido el 7 del Madrid: Juanito. Éxtasis, tres puntos y vuelta a 2012. El 7 no es Juanito. El entrenador no es Molowny. El Madrid es el Madrid. 

 

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Real Madrid - Levante. 4-2 (Santiago Bernabéu, 12 de febrero)

Espléndido partido para poner tierra de por medio con el Barcelona. Juego rápido, combinatorio, infinidad de ocasiones...velocidad y clase aunadas a la perfección para conseguir una victoria inapelable.

El Levante, no obstante, puso de su parte para complicarle la vida al Madrid. Marcó en una falta mal defendida (la enésima en lo que va de año) nada más comenzar. Tocaba remontar otra vez. No hubo ningún problema. Los blancos se pusieron a tocar y tocar. Özil es el faro que ilumina el ataque madridista. Si además le unes los dos centrocampistas creativos de la plantilla, Xabi Alonso y Granero, el caudal de juego aumenta exponencialmente. Las ocasiones se sucedían una tras otra. Higuaín, Cristiano, Coentrao y Benzema dispusieron de varias opciones de gol. Los cambios de juego de Xabi y el juego en corto de Granero favorecían las llegadas al área rival. El Levante se defendía con bastante rigor, aunque apenas disponía del recurso de Kone en punta para desahogar su juego. Los locales acogotaron al equipo granota hasta que Iborra se hizo el harakiri con un penalti evidente y la consiguiente expulsión. Cristiano Ronaldo marcó sin contemplaciones.

Reanudado el juego en la segunda parte, pronto se decantó el partido gracias a un magnífico centro del Pipita que cabeceó a placer el delantero portugués. Al poco tiempo, el voraz hacedor de hat tricks logró otro de un extraoridnario disparo, que no sé si calificar de misil borracho o de churro intencionado. Da igual, fue la sentencia y el tanto veintisiete en Liga de Ronaldo. 

Los levantinistas todavía hicieron honor a su cuarta posición con un segundo gol conseguido en un magnífico contraataque. Es curioso que el Madrid encajara los dos goles con dos de sus grandes armas: el balón parado y el contraataque. Poco importó, en seguida Benzema se encargó de cerrar definitivamente el partido con una rosquita con la derecha, paradigma de la clase que atesora el francés.

A partir de entonces, un sinfín de ocasiones clarísimas de los locales y una delicatessen de Özil en forma de túnel al armario Ballesteros y remate al palo, que impidió que el estadio se entregase genuflexo al turcoalemán. Es absolutamente maravilloso este chico. En el juego arrollador y bravo del Madrid es una delicia disfrutar de su sutileza. Es el contrapunto necesario y elegante a la desmelenada velocidad e intensidad del Madrid.

Diez puntos por encima a falta de 16 jornadas por disputar. Mucho por delante todavía, pero muchísima ventaja para un equipo tan fiable como el Madrid. Sorprendentemente, a principios de febrero la Liga parece más fácil que nunca. 

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F.C. Barcelona - Real Madrid. 2-2 (Camp Nou, 25 de enero)

El mundo al revés: el Madrid quitando la pelota al Barcelona en muchas fases del partido, presionándolo arriba y acogotándolo tras el empate en el mismísimo Camp Nou. Inexplicable. Absolutamente inexplicable después de presenciar el pestiño del partido de ida por parte del Madrid. Pero como el fútbol es tan extraño como inesperado, los dos equipos brindaron un espectáculo soberbio. Cada uno con sus armas, cada uno tratando de imponer su estilo. Al final ambos quedaron contentos. El Barcelona por haber obtenido la clasificación y el Madrid por haber limpiado su lamentable imagen de la ida.

El partido comenzó al galope desde los primeros instantes. Piqué, todavía saboreando el beso de despedida de Shakira, falla estrepetisomente dejando un balón franco a Higuaín, que como no tiene a nadie que le bese o eso parece, manda el balón a Murcia para no tener que celebrar el gol solito. La presión madridista desactiva al Barça y gotean las ocasiones: un disparo de Cristiano Ronaldo que para sin querer Pinto, un nuevo robo de balón de Higuaín que saca Pinto con el pie y un disparo desde Estambul de Özil que da en el larguero y en la línea de gol. El dominio es absoluto durante los primeros treinta minutos. Sin embargo, transcurrida la primera media hora, el Barça empieza a triangular y a tener más el balón. En los últimos minutos de la primera parte llegan los dos goles del Barcelona. El primero tras la típica internada de Messi por el centro que causa el pánico en la defensa blanca, perdiendo Arbeloa la posición para que Pedro reciba la asistencia del genial Messi y marque a placer desde dentro del área. El segundo tras un rechace de una falta lanzada en el minuto chorrocientos del descuento, que Alves engancha con una violencia y precisión increíbles. Dos a cero y al vestuario con cara de gilipollas. Por cierto, Lass mereció ser expulsado por imbécil al cometer una falta innecesaria y evidente al borde del descanso. 

El Madrid volvió a comparecer en la segunda mitad con vigor y ganas de intentarlo. El Barça respondió con las mismas ganas al envite blanco. En ocasiones con la verticalidad de Messi y Pedro, y en otras con su fútbol narcotizante de pases y más pases en corto al primer toque. El histriónico delantero portugués consiguió el primer gol gracias a una buena asistencia de Özil (gran partido del alemán) y a un buen regate al portero con rápido remate posterior. A los pocos minutos Benzema puso pimienta al partido y, por consiguiente, a la eliminatoria con un gol lleno de clase: sombrero a Puyol y volea a la red. El Barça, por fin, sentía miedo ante el Madrid. El mundo al revés. Los blancos siguieron intentándolo, pero sin crear ocasiones claras de gol; y los azulgranas intentaron cerrar la eliminatoria con algún contraataque más o menos claro.

El Madrid ofreció una muy buena imagen y casi todos los jugadores su mejor versión. En lo futbolístico debemos excluir a Xabi Alonso, lento e impreciso gran parte de la noche. Es una pena, porque su importancia en el juego es fundamental. Además, lleva varios partidos a un nivel muy bajo desde la vuelta de Navidades. En lo extradeportivo debemos exceptuar, una vez más, a Pepe. Aunque no fue el asesino en serie de otros encuentros, sí que fingió y exageró las faltas que cometieron sobre él y largó un manotazo evitable a Cesc. Deberían echarlo del Madrid. Es un impresentable incorregible. 

Esta vez sí que el Madrid fue superior al Barça. Pudo confrontar sus armas a las de su excelso rival en el campo de éste último, por lo que imagino que jugadores y cuerpo técnico saldrán satisfechos del Camp Nou. A ver si de una vez por todas empezamos a ver sonrisas en los jugadores y, sobre todo, en el entrenador del Madrid. 

Y ahora a centrarse en mantener la ventaja en la Liga y a pasar eliminatorias de Champions hasta encontrase de nuevo con el Barcelona, del que por lo menos este partido ha servido para quitar de encima el sangrante complejo de inferioridad que atenazaba al equipo madridista en los últimos enfrentamientos entre ambos. 

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Inter de Madrid - Barcelona. 1-2 (Santiago Bernabéu, 18 de enero)

Ver crónica del partido de Liga del pasado 10 de diciembre.

Y añádanle unas gotas más de racanería, toneladas de miedo y la bochornosa actuación de Pepe (en lo deportivo y en lo criminal).

Cancelen el partido de vuelta. No hace falta. Ya lo hemos visto. 

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Sevilla - Real Madrid. 2-6 (Sánchez Pizjuán, 17 de diciembre)

Vuelta a la normalidad. Con la derrota del Barça aún reciente y ante uno de los rivales más fuertes de la Liga, la respuesta del Madrid ha sido contundente: ahí seguimos, líderes con cincuenta y seis goles en dieciséis partidos.

Aunque el resultado es abultado para los merecimientos de uno y otro, el Madrid jugó un encuentro muy completo, con varios registros y todos ellos a un nivel excelente.

El partido empezó movido, como todos los Sevilla - Madrid, con juego rápido y fuerte. Benzema estuvo a punto de inaugurar el marcador muy pronto. Sin embargo, fue Cristiano Ronaldo quien lo abrió tras una jugada vertical de tres toques que inició Xabi Alonso desde campo propio, prolongó Di María con el exterior entre los dos centrales y culminó el criticado delantero portugués al primer toque. Extraordinario gol, por su sencillez, por su rapidez y por su precisión.

El Sevilla pasó al ataque y dispuso de varias ocasiones. Especialmente clara fue una de Manu del Moral que sacó Iker de forma milagrosa, ayudado por el poste. Recordó mucho a una parada (probablemente la mejor que he visto en mi vida) del propio Iker a Perotti hace un par de años en el mismo estadio. La actuación del portero madridista, cuando se le necesitó, vovlió a ser soberbia, manteniendo su portería imbatida durante los minutos de asedio sevillista. 

La contundencia blanca volvió a mostrarse al final del primer tiempo. Primero con un gol de Callejón (¡qué bien aprovecha los minutos este chico!) gracias a la enésima asistencia de Di María en este campeonato. Y después con un zambombazo por la escuadra desde fuera del área de Cristiano Ronaldo. Con 0 a 3, Pepe decidió darle emoción al partido facilitando la expulsión al árbitro.

La segunda parte empezó con el Sevilla volcado creando ocasiones y facilitando el contraataque al Madrid, que en una contra espectacular sacada por Xabi Alonso, prolongada con el pecho por Cristiano Ronaldo y tocada al primer toque en profundidad por Benzema, Di María anotó con ese toque tan suyo con el exterior del pie izquierdo. El partido estaba finiquitado, aunque aún se pudieron ver cuatro goles más, dos por cada lado. El que permitió alcanzar un nuevo hat trick al delantero portugués, que le servirá para calmarse después de su deficiente clásico, el primero de Altintop con la camiseta blanca; y los de Jesús Navas y Negredo por el Sevilla.

Lo dicho, el Madrid jugó varios partidos en uno y en todos ellos salió airoso: de cara con campo por delante, defendiendo con firmeza, sufriendo y apretando los dientes con uno menos, tocando a placer y a la contra. Una excelente forma de acabar el año y resarcirse del mal sabor de boca del fin de semana pasado.

Benzema volvió a estar extraordinario a pesar de no marcar. Cristiano Ronaldo retomó su senda espectacular de registros goleadores. Arbeloa dio una lección de cómo defender. Xabi hizo lo que quiso con el balón en los pies. Di María demostró que está en un momento dulce. Marcelo ofreció su peor cara en defensa otra vez más. E Iker estuvo sublime en los momentos decisivos. Lástima que todo esto no aflorase contra el Barcelona.

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Real Madrid - Barcelona. 1-3 (Santiago Bernabéu, 10 de diciembre)

Otra vez...Otra vez se truncan todas las expectativas previas. Otra vez el Barça le da un baño de realidad al Madrid, al que deja acomplejado y con la sensación de que es inferior a su rival. Ni su racha imponente de quince victorias consecutivas, ni su lujosa y extensa plantilla, ni afrontando un partido cuesta abajo en casa y con uno a cero nada más empezar consiguió el Madrid vencer al equipo culé. Además, la derrota fue inapelable. El Barça fue imponiéndose poco a poco. Primero sufriendo, después igualando el juego y el marcador y, desde el minuto treinta, siendo superior en casi todos los aspectos del juego.

El Madrid sale muy mal parado de este choque, pero tiene partidos por delante para olvidar. Incluso si gana o empata en Sevilla podrá lamerse las heridas desde lo alto de la tabla clasificatoria. Sin embargo, Cristiano Ronaldo tardará mucho más en purgar la derrota. Volvió a fracasar con estrépito en un gran partido, uno de esos en los que todo el mundo fija su atención. Dos ocasiones marradas, una de ellas clarísima; faltas estrelladas contra la barrera; ni una jugada personal digna de mención; escasa influencia en el juego. Da la impresión de que la ansiedad le puede en este tipo de partidos y nunca sabe leerlos. Sus registros goleadores son colosales, sus condiciones futbolísticas son extraordinarias, pero los grandes jugadores lo son porque aparecen en los grandes partidos. Ronaldo aún debe comparecer con asiduidad en este tipo de partidos. Por ahora es decepcionante y, lo peor, alarmantemente recurrente.

El partido se abrió en seguida gracias a un error de Valdés que aprovechó Benzema antes de cumplirse el primer minuto de juego. En esos momentos se presentía un cambio de ciclo. La vida podía ser maravillosa. Pero fue un espejismo. Al poco tiempo Messi obligó a Casillas a realizar una magnífica intervención. El Madrid seguía presionando arriba, aunque sin disponer apenas de ocasiones claras. Faltaba un punto de precisión en las transiciones rápidas, que no llegaban a concretarse. 

El Barça fue igualando el juego hasta materializarlo con el gol del empate. Un gol mil veces visto en los Madrid-Barça de los últimos tiempos: Messi en modo puñal atrayendo jugadores blancos en su avance desde medio campo y filtrando un pase en profundidad a un compañero, en este caso a Alexis. Parece mentira que la defensa blanca no cerrase bien. Pepe, tan atento y rápido siempre a las protestas y tanganas, no estuvo igual de atento al desmarque de Alexis. Los pequeños detalles marcan la diferencia entre un buen jugador y un gran jugador. En el caso de los defensas esos pequeños detalles son décimas de segundo, asociadas íntimamente con la inteligencia. Y, claro, Pepe es uno de esos jugadores lobotomizados de los que no se puede esperar más.

A partir del empate el Barça fue el amo absoluto del partido. El Madrid dispuso de alguna ocasión clara: el citado remate de cabeza a placer del delantero portugués, un remate de Kaká que saca con muchos apuros Valdés y otro de Benzema que está a punto de embocar Higuaín. No obstante, no agobió en ningún momento al Barça, que se benefició de un churrigol de Xavi y de la extraordinaria segunda parte de Iniesta.

El Barça acudió al partido como si a una cafetería se tratase. Pidió su café, echó el azucarillo blanco y espero a que éste se disolviese para tomárselo tranquilamente. Empequeñeció a su archirrival y lo bajó de las altaneras nubes a las que se había encumbrado. La realidad dice que el Barça es todavía bastante mejor que el Madrid. Una triste realidad que debe motivar a todos (jugadores, técnicos, directivos y afición) a rebelarse ante ella y darle la vuelta esta misma temporada. Tiempo hay por delante, aunque la tarea sea de una dificultad extrema. 

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Real Madrid - Atlético. 4-1 (Santiago Bernabéu, 26 de noviembre)

De nuevo, el derbi de la marmota: otra victoria fácil madridista. Da igual cómo llegue uno y otro equipo al partido. Da igual lo que suceda durante el partido. Siempre acaba imponiéndose el Madrid. El complejo de inferioridad atlético es tal que salen derrotados de antemano.

Aunque el arranque atlético sembró dudas en los locales. Se posicionaron bien los pupilos de Manzano. Taparon a Xabi Alonso y evitaron la presión blanca. Al cuarto de hora se adelantó el Atlético gracias a una buena jugada de Adrián, que combinó con Diego y resolvió picando por encima de Casillas. En ese instante, la marmota parecía presagiar borrasca en el Bernabéu, pero en seguida se despejaron los nubarrones anunciados. Cristiano Ronaldo, muy activo durante la primera parte, filtró un pase al hueco a Benzema que fue claramente derribado por Courtois. Penalti, expulsión, gol y final del derbi. 

A partir de entonces el Atlético se dedicó a pegar más de la cuenta y a encomendarse a la virgen del cronómetro deseando el pitido final como único objetivo. El Madrid manejó perfectamente el encuentro. Fue aumentando poco a poco la tensión competitiva hasta que el equipo colchonero cayó de maduro. Xabi Alonso, tras el discutible cambio de Diego, se vio liberado y empezó a alumbrar el juego blanco con el consiguiente aumento de posesión. Durante la primera mitad aguantó el Atlético razonablemente bien. Apenas un disparo ajustado de Cristiano Ronaldo y otro a bocajarro de Benzema que salvó un defensa cruzándose providencialmente.

Sin embargo, en la segunda mitad el Atlético se deshizo como un azucarillo. Antes del minuto cinco, la velocidad del delantero portugués dejó en evidencia a Godín, que estuvo particularmente horrible en defensa, y asistió sin querer a Di María, que fusiló con violencia la portería rival. Curiosamente el Fideo volvió al equipo como un cañón después de su lesión muscular. Lástima que sea tan mal deportista y se pase el partido entero fingiendo o exagerando. Es exasperante su actitud llorona. A ver si consiguen educarlo y nos evita ese lamentable espectáculo "buyesco". 

El partido estaba finiquitado y el Madrid con el dominio absoluto. Salió Higuaín y anotó uno de sus goles de porfía: Godín dispuso de tres días y mil opciones para despejar un balón, pero ahí estaba Higuaín para aprovechar su indecisión. Fue un error patético, con resbalón incluido de Domínguez, que sentenció el derbi.

Con todo decidido, el Madrid se dedicó a contemporizar. El Atlético, completamente abatido, no volvió a inquietar la portería rival desde su tempranero gol. La afición se dedicó a disfrutar e, incluso, estuvo caliente gran parte del encuentro. Y así llegó el último de la noche, gracias a un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, tras una increíble pared trazada entre éste e Higuaín, que Godín decidió afear abalanzándose sobre el Pipita. 

Con todos los madridistas celebrando la victoria, el Getafe nos regaló la segunda alegría de la noche derrotando al Barça y alejándolo a seis puntos del liderato. Noche redonda. 

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Real Madrid - Dinamo de Zagreb. 6-2 (Santiago Bernabéu, 22 de noviembre)

Un partido cortísimo, de sólo nueve minutos, los que tardó el Madrid en adelantarse 3 a 0. La primera media hora fue de dominio absoluto blanco. Presionando y robando muy arriba y generando ocasión tras ocasión. El primer gol llegó en una jugada entre Özil y Benzema que culminó éste último con delicadeza. El segundo en un pase largo que cabecea Benzema y aprovecha Callejón para anotar ajustado desde el borde del área. El tercero fue obra de Higuaín, precioso. Desmarque en el pico del área del delantero argentino, balón corrido hacia la línea de fondo, recorte sobre el defensa y picadita con la izquierda sobre el poco ángulo que dejó el portero. Una delicia de gol. Cada día que pasa muestra un mayor abanico de recursos técnicos el Pipita. 

El maestro de operaciones, como siempre, fue Xabi Alonso. Su jerarquía en el campo es absoluta. Es el mariscal de este equipo. Pone a sus compañeros a remar al mismo tiempo. Se encara con el rival y discute al árbitro, siempre con el tono justo. Da pases en largo, baja a recoger la pelota, se incrusta entre los centrales, ordena sin parar al equipo. Es el verdadero referente del Madrid. Sin él, la segunda parte fue mucho más desordenada. 

El compañero del tolosarra fue el esperado Sahin, que estuvo en modo trotón intrascendente, como si de una rubia se tratase: "¿pa qué? ¿pa cagarla?" Pues eso, se limitó a dar pases fáciles en zonas no comprometidas y a ofrecerse de apoyo a sus compañeros en el centro del campo. Tuvo un par de detalles de calidad, con sendos taconazos, y mostró oficio cortando algunas jugadas con faltas tácticas cuando el físico empezó a flaquearle. No obstante, no deslumbró. Habrá que esperar para ver su verdadero nivel. 

El cuarto gol fue de Özil, ese exquisito jugador del "arranco-paro, arranco-paro" que siempre juega con esa cadencia especial de bailarín clásico. Le asistió Coentrao, que hizo una buena primera parte entrando por su banda izquierda en infinidad de ocasiones. Lass también realizó un buen papel en el lateral derecho.

La segunda parte bajó en intensidad, como cabía esperar. Aún así se consiguieron un par de goles por cada lado. El quinto de Callejón, que dispuso de tres horas para rematar blandito pero ajustado al palo del portero en un pase largo de Varane. El ex-españolista cerró una buena actuación. Incluso pudo marcar un par de goles más. Su caso anima a los chavales que practican este deporte, ya que sin ser un jugador para el Real Madrid dispone de cierta predilección del técnico y disfruta de minutos en esta extraordinaria plantilla. Y, además, lo agradece con goles y trabajo a destajo. Es el ejemplo claro de que se puede llegar lejos sin ser un crack.

El último fue obra de Benzema, tras un taconazo precioso de Higuaín, que el francés culminó de nuevo con precisión. Estuvo a punto de conseguir el hat-trick con una espectacular chilena que golpeó en el larguero. Por cierto, Benzema e Higuaín mezclaron muy bien. 

Con el 6 a 0 se esperaba un arreón final para conseguir una goleada de escándalo. Sin embargo, llegaron los dos goles del Dinamo, que no hablan muy bien de la pareja de centrales de la segunda parte. Varane tiene buena pinta. Es alto, bastante técnico, sosegado, elegante; pero le falta contundencia atrás. Albiol estuvo desafortunado: fallón en el pase, lento al corte, fuera de sitio, falto de partidos. La verdad es que esta pareja está a años luz de la formada por Pepe y Sergio Ramos o, incluso, de Carvalho.

Así pues, en este concurso de meritorios en el que salió hasta Altintop, unos lo aprovecharon más que otros, si bien todos pusieron buena actitud de su parte. El Madrid encadena una racha de doce partidos consecutivos con victoria que debe reforzar su moral ante el derbi del sábado contra el Atlético y, sobre todo, para el partido contra el Barça de aquí a quince días. 

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Real Madrid - Osasuna. 7-1 (Santiago Bernabéu, 6 de noviembre)

Atracón de goles a la extraña hora del almuerzo. Celebrar un gol a mediodía es tan inhabitual que te sientes algo ridículo, aunque viendo el aspecto del estadio parece que el fútbol a mediodía es todo un acierto.

El Madrid no empezó tan fogoso como en otras ocasiones. En los primeros diez minutos apenas hubo un remate de cabeza de Cristiano Ronaldo. No obstante, el control era absoluto. Los rojillos no dispusieron del balón en ningún momento. La superioridad madridista fue aplastante de inicio a fin.

Los goles gotearon generosamente por pura y simple lógica. Ronaldo volvió a anotar un hat-trick; Higuaín y Benzema prolongaron su fructífero duelo goleador y hasta Pepe se apuntó a la fiesta en un córner. El que también hizo un hat-trick fue Di María, aunque en su caso de asistencias, las correspondientes a los tres primeros goles del Madrid. Está especialmente iluminado en esta suerte el argentino esta temporada. Lástima que se lesionase al inicio de la segunda mitad. 

El Osasuna únicamente inquietó con un gol de pillos, si bien apenas les duró un minuto la alegría. Poco después, Higuaín consiguió el tercero con un certero remate a la escuadra desde dentro del área. Antes, Özil había hecho una de sus elegantes jugadas en la banda izquierda y Di María había asistido con picardía a su compatriota. Fue el mejor gol del partido, que aunó clase, precisión, rapidez y elegancia. 

En la segunda mitad, el Madrid jugó a placer, sobre todo, tras la expulsión de Satrústegui. Consiguió marcar en otras cuatro ocasiones de todos los colores posibles: internada por banda izquierda, robo y centro desde la derecha, contraataque fulgurante que acaba en penalti y de remate por el centro de Benzema, que acomodó su cuerpo al balón que llegaba de espaldas y disparó con la izquierda con una facilidad y potencia insultantes. Si el Madrid hubiese necesitado meter diez goles, lo habría conseguido con holgura. 

Un par de apuntes para acabar: el primero sobre el esperado debut de Sahin, que se mostró participativo y con mando en el centro del campo ordenando a sus compañeros; el segundo relativo al gran trabajo de Khedira en la recuperación, que cada vez está más asentado en el equipo y ofrece un despliegue impagable a la hora de presionar arriba al equipo rival. 

 

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Málaga - Real Madrid. 0 - 4 (La Rosaleda, 22 de octubre de 2011)

Partido resuelto en 45 minutos. Primorosa primera parte del Madrid que demuestra que es mucho más que un equipo preparado para el contraataque. La presión desplegada en campo rival fue asfixiante, la coordinación de todos los jugadores casi perfecta. Recuperaban el balón a 30 metros de la portería contraria una y otra vez. Sin duda, los mejores cuarenta y cinco minutos de la temporada. Porque, además, la defensa estuvo igualmente concentrada, ordenada y rápida. Sergio Ramos aumenta sus prestaciones en el centro de la zaga. Forma una muy buena pareja de centrales con Pepe.

El equipo blanco movió la pelota con criterio y rapidez, desplazando de lado a lado a la defensa malacitana. Los cambios de juego de Xabi Alonso y Pepe en menor medida; el juego entre líneas de Kaká, Cristiano Ronaldo, Di María e Higuaín; y las incorporaciones de Marcelo y Khedira desarbolaron al Málaga continuamente. El papel de Xabi Alonso y Khedira en la presión y la consiguiente recuperación de la posesión fue clave. 

El primer gol llegó gracias a un inteligente pase de Di María, que vio la ruptura de Higuaín, el cual definió a lo Ronaldo (el otro, el gordito) para proseguir con su romance con el gol. Cuando un delantero está dulce lo emboca todo. El segundo nació también de las botas del Fideo, que trazó una comba perfecta eludiendo a toda la defensa blanquiazul, que Cristiano Ronaldo (éste, el guapo, rico y gran jugador) definió al primer toque. En seguida consiguió el delantero portugués el tercer gol en una jugada personal: un par de quiebros y disparo ajustado desde la frontal del área. La guinda nos la regaló también CR7 tras un lanzamiento de corner que Sergio Ramos consiguió golpear de cabeza dejando el balón a media altura en el área pequeña. Sorprendentemente la defensa malacitana dejó nada menos que a la estrella del equipo rival sin marca en tres metros a la redonda. El guapo, rico y talentoso jugador agradeció el regalo con un acrobático escorzo y un remate con la suela de su bota.

La segunda parte tuvo historia porque el Málaga decidió no bajar los brazos y plantar batalla, pero ya estaba todo decidido. Al menos sirvió para que Casillas se apuntase a la fiesta de sus compañeros de campo deteniendo los remates del Málaga. Encima los palos estaban de su lado, ya que en dos ocasiones repelieron los buenos disparos rivales. Pero cuando los astros están alineados de tu lado todo sale a la perfección. Esa perfección que se rozó en la primera parte y que habla muy bien del fútbol del Madrid. Y esos astros que ayudaron a que Messi fallara el penalti a última hora permitiendo al equipo merengue adelantar en la clasificación al Barça. 

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Real Madrid - Betis. 4-1 (Santiago Bernabéu, 15 de octubre)

Victoria fácil tras el parón de selecciones sin efectos secundarios en forma de lesión o sanción. Tarde plácida para el equipo y para la afición. Acudir al Bernabéu un agradable sábado otoñal a las seis ha de ser una auténtica gozada. Las televisiones no dan muchas oportunidades a los sufridos aficionados que acuden al estadio, así que ayer pudieron disfrutar de la excepción.

En cuanto al enfrentamiento poco hay que decir, ya que duró apenas quince minutos, los que tardó el debutante Vadillo en lesionarse. La desafortunada acción del chaval pareció deprimir al resto de sus compañeros y el Betis no volvió a aparecer más que para defenderse con más o menos orden. Hasta entonces el equipo recién ascendido había disputado el balón y el dominio al Madrid, adelantando la línea defensiva con orden y presionando muy arriba. Los locales estaban incómodos y cayeron en fuera de juego con demasiada facilidad. 

Sin embargo, a partir del minuto veinte, el Madrid engrasó la máquina y se adueñó del balón, surgiendo numerosas oportunidades desperdiciadas por Cristiano Ronaldo, Kaká e Higuaín. El gol había de llegar como consecuencia lógica del dominio y de la entidad de los atacantes blancos, pero no llegó en esta primera parte.

A la vuelta del descanso, los madridistas no tardaron ni un minuto en inaugurar el marcador gracias a un excelente pase de treinta metros de Xabi Alonso, una buena carrera y asistencia de Ronaldo y al oportunismo de Higuaín. Poco después lograron el segundo gol con un excelente remate de Kaká muy típico suyo (una precisa comba al palo largo del portero desde una esquina del área). El partido estaba finiquitado, evitando así el runrún del Bernabéu si el empate a cero se alargaba durante la segunda parte.

El Betis marcó el gol del honor tras el enésimo rebote de la zaga merengue, que últimamente parece abonada a este tipo de regalos que denotan falta de tensión y contundencia en el despeje. No duró ni un instante la incertidumbre en el marcador. El Pipita se encargó de despejarla después de un pase al hueco medido de Di María, que el delantero argentino culminó con sencillez y precisión. El último de la tarde, el cuarto, también lo anotó Higuaín, a pase de Di María, con clase y con la tranquilidad del delantero que se sabe en racha.

Pudo haber más goles. Marcelo se desató en ataque. Mourinho aprovechó para reservar jugadores clave ante el aluvión de partidos que se vienen encima. Y Xabi Alonso volvió a demostrar por enésima vez que sabe leer este deporte como pocos. Su sabiduría en el centro del campo es una garantía para el equipo. Sahin está cerca de debutar. Esperemos que no se demore mucho y que pueda ser una alternativa para Xabi, porque la Alonsodependencia en el Madrid actual es total. Se podrá ganar sin él, sin duda; pero el fútbol pasa irremediablemente por sus botas y por su cabeza.

Dos lecturas postreras: Cristiano Ronaldo está en plan asistente. Dos en este partido, a las que sumar otras dos en la anterior jornada contra el Español. Es curioso que ahora se muestre tan generoso. ¿Será porque Messi es alabado recientemente también por su vertiente como asistente? A mí me da que sí. Cristiano Ronaldo vive tan pendiente de Messi como su entrenador de Guardiola. Y, por último, aplaudir a Higuaín una vez más. Su voracidad goleadora aumenta día a día. Su crecimiento nunca se estanca, siempre va a más. Es espectacular el despliegue de este chico. No es ningún virtuoso con el balón. No tiene maneras de estrella del fútbol. Su perfil es discreto, trabajador, serio; pero sus números son demoledores. Su cabeza y su gen competitivo son sus grandes aliados. Desde la humildad, trabaja y trabaja, mejora y mejora, golea y golea. Es un ejemplo de lo que tiene que ser un jugador del Real Madrid. Me extraña que no sea adorado por la afición, porque representa uno a uno todos los valores históricos de este centenario club. 

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Real Madrid - Ajax. 3-0 (Santiago Bernabéu, 27 de septiembre)

Poco fútbol para tan buen resultado. A pesar de merecer la victoria, el Madrid volvió a dar sensaciones parecidas a las de los últimos encuentros: poca posesión de balón, juego a ráfagas, fragilidad defensiva y poca intensidad.

El Ajax entró al partido presionando arriba y antes del primer minuto dispuso de una buena ocasión, que Casillas, inspirado toda la noche, desbarató con acierto. Otra vez, y por segundo encuentro consecutivo, el Madrid salió poco tensionado. El sábado, ante el Rayo, le costó un gol. Esta noche tuvo más suerte. Esa suerte que en el caso del equipo blanco suele estar muy relacionada con las actuaciones de su portero.

En ningún momento impuso su condición de local. Si bien no fue demasiado exigido, el equipo funcionó a rachas, sin disponer de un dominio continuo. Resulta sorprendente que el partido finalizase con una posesión de balón ligeramente superior del Ajax jugando en su estadio y en Copa de Europa. La baja forma de Özil se acusa demasiado, de forma que el juego de centro del campo no tiene continuidad y queda a expensas de los pases en largo de Xabi Alonso y lo poco que pueda ayudar Kaká, que parece más entonado últimamente.

Aún así, después de media hora de ocasiones por ambos bandos, llegó un contraataque blanco que fue una auténtica obra de arte en cuanto a precisión, movilidad, rapidez y ejecución. Una jugada preciosa, nacida de un robo de balón en el centro del campo, que transcurió al primer toque de inicio a fin: pared entre Cristiano Ronaldo y Kaká, continuación hacia Özil, apertura a banda hacia Benzema, que mete el balón al borde del área pequeña para que Ronaldo fusile al portero. Lo dicho, un portento de belleza y precisión. Una demostración más del demoledor contraataque de este equipo, que con espacios es letal.

Poco después Kaká anotó el segundo finalizando con un disparo desde el borde del área una jugada iniciada por Xabi Alonso con uno de sus certeros pases de cuarenta metros. Y aquí acabó el partido.

La seguda parte empezó con una larga jugada finalizada por Benzema en el tercer gol. Un tanto diametralmente opuesto al primero, fruto de una larga y paciente combinación de todo el equipo, que movió a su rival hasta encontrar el hueco por el que Arbeloa filtrar el pase en ruptura a Kaká, que generosamente asistió al delantero francés, brindándole la oportunidad de despertar de su retomada languidez.

A partir de entonces nada más reseñable salvo una excelente mano de Iker en una falta y el debut testimonial de Altintop.

¿Dónde está el juego del Madrid? Sólo aparece a fogonazos, recordando la etapa de Pellegrini en el banquillo. ¿Dónde está la solidez del equipo? En algún lugar perdido entre los follones recientes de su entrenador y el entorno mediático. Probablemente si todos se serenan, el entrenador el primero, puedan recobrar la tranquilidad suficiente para desarrollar lo que apuntaron en pretemporada y principios de septiembre. Y, sobre todo, que vuelva Özil de donde quiera que esté. ¡Mesut, por favor, muéstrate y volveré a creer! 

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Levante - Real Madrid. 1-0 (Ciudad de Valencia, 18 de septiembre)

Tres puntos a la basura. Benzema, Di María, el árbitro y el otro fútbol condenan al Madrid. Imperdonable derrota ante uno de los peores equipos de la Liga. Y eso que estaban avisados del partido del año pasado en este estadio.

El encuentro tuvo un inicio cómodo, como los últimos jugados. Dominio del balón, juego en campo rival, ocasiones goteando cada pocos minutos. Vamos, que se aventuraba otra cómoda victoria blanca. Incluso Kaká parecía más entonado y no se echaban de menos a los titularísimos Ronaldo y Özil. 

Benzema estuvo especialmente desafortunado durante el primer tiempo. Tal cual empezó el partido se vio que no sería su tarde. Cualquier control se le escapaba, erraba pases sencillos y, finalmente, marró lastimosamente dos claras ocasiones casi a puerta vacía.

Poco después Di María enloqueció y provocó una tangana en la que el árbitro expulsó a Khedira de forma más que rigurosa. A partir de ahí el Levante entendió que hoy sí que iba a servir el otro fútbol y se aplicó diligentemente a ello. Por el contrario, el Madrid no ofreció respuesta a esta situación.

Con uno menos durante toda la segunda parte, el Levante supo cerrase y aguardar alguna oportunidad, que llegó con el gol de Koné a falta de veinte minutos. Ni antes ni después el Madrid supo encontrar soluciones a la cerrada defensa granota. No se profundizó por banda, no circuló el balón con rapidez y apenas se crearon ocasiones. Especialmente desafortunado se mostró Higuaín: lento, fallón y sobrepasado en todo momento.

El propio Madrid se metió en este lío. Cayó en la trampa del Levante y perdió tres puntos que seguro se echarán de menos. Y pensar que escogí ver este partido en lugar de la victoria de España en la final del Eurobasket...

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Real Madrid - Getafe. 4-2 (Santiago Bernabéu, 10 de septiembre)

Extraño partido que no deja buenas sensaciones al Madrid. Empezó muy enchufado, espoleado por el tropiezo del Barça en Anoeta. En los primeros diez minutos dispuso de cuatro ocasiones, alguna bastante clara como un extraordinario remate de Cristiano Ronaldo con la cabeza. Poco después marcó Benzema en una preciosa jugada iniciada en el centro del campo por Özil, que abrió hacia el costado izquierdo de Marcelo, el cual introdujo el balón con peligro en el área, lo recogió de nuevo Özil para convertir el balón en una bomba asisitiendo a Benzema, que no tuvo más que detonarla con la puntería y potencia justas.

Continuó presionando arriba al Getafe y goteando ocasiones. Una de ellas muy clara de Coentrao en otra muestra de la exquisitez del turco-alemán filtrando balones venenosos a sus compañeros. 

A la media hora el equipo blanco pareció tomarse un respiro, que aprovechó el Getafe para inquietar al Madrid por su lado derecho: un disparo lejano bien atajado por Casillas y un centro con rebote que casi acaba dentro de la portería madridista. En seguida llegaría el gol del empate, obra de Miku, que tras un rebote en Pepe y gracias a la posición retrasada de Coentrao, ajustó al palo de Casillas con precisión.

Se llegó al descanso con la sensación de que el Getafe había empatado por la relajación del equipo local, pero que el Madrid merecía irse a la caseta con ventaja en el marcador.

La segunda mitad empezó con el Getafe creyendo en sus posibilidades contra todo pronóstico. El Madrid jugó partido y, en algunos minutos, a merced del rival. Aún así dispuso de una doble ocasión clarísima para adelantarse: una espectacular chilena de Cristiano Ronaldo que golpeó el palo y el posterior remate a placer de Coentrao que incomprensiblemente envió fuera. Lo que el nuevo fichaje portugués echó fuera, lo metió dentro el árbitro Clos Gómez señalando una falta fuera del área como penalti. El delantero luso agradeció el regalo acudiendo a su cita con el gol. A los pocos minutos Cristiano Ronaldo metió un pase perfecto a Benzema en un fulgurante contragolpe que el francés no tuvo más que empujar tras la salida mal medida del portero Moià. 

Cuando parecía que todo estaba controlado de nuevo, Miku acortó distancias con frialdad, constatando que en la segunda mitad el Madrid había perdido el control del partido. Fue algo sorprendente o, quizás, no tanto. Xabi Alonso apenas participaba en el juego. Su compañero en el centro, Coentrao, no cohesiona al equipo. Aunque es voluntarioso, ayuda en el corte y llega al área rival, con muy poco acierto, no obstante, no mezcla bien con Xabi o ésa no es su posición. Tiene recorrido y dinamismo, pero en la posición de medio centro no ayuda a equilibrar al equipo. Recuerda al bullicioso Marcelo, que revoluciona los partidos pero, a veces, al precio de romper el orden táctico de su equipo. 

Casi al final, Higuaín marcó su gol demostrando el delantero que lleva dentro: pase al hueco, pugna con el defensa rival, cuerpo protegiendo el cuero, quiebro para buscar una buena posición de disparo y remate engañando al portero. Gol y tranquilidad para los últimos minutos.

Aunque el resultado es bueno, todavía mejor teniendo en cuenta el empate del Barcelona, el juego en la segunda parte no fue bueno. Además, el Madrid ofreció cierta sensación de vulnerabilidad que parecía olvidada. Sin embargo, volvió a disfrutar de un montón de ocasiones de gol. Aún jugando mal, crean peligro con asiduidad. Buena señal, al menos se puede acudir a la pegada arriba cuando el juego no aparece. 

Dos jornadas disputadas y dos puntos por encima del archirrival. Buen comienzo.

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Zaragoza - Real Madrid. 0-6 (La Romareda, 28 de agosto)

Monólogo, aluvión, exhibición...y otros muchos elogios superlativos se llevará el Madrid tras su incontestable victoria ante el Zaragoza. Una paliza así debiera ser un caramelo para el cronista madridista. Sin embargo, pasada la euforia de los noventa minutos, resulta poco apasionante escribir sobre el partido: es demasiado sencillo y autocomplaciente.

Así pues, intentaré desviar un poco el foco y situarlo en aspectos menos evidentes. Lo que está claro es que el Madrid actuó con una determinación evidente desde el minuto uno hasta el noventa. No decayó su intensidad ni su voracidad. Con esta actitud y con este tipo de rivales será imposible que pierda puntos, ni siquiera jugando como visitante. 

La importancia de Xabi Alonso y Özil sigue siendo crucial en el buen juego del equipo blanco. Si están enchufados, las luces del juego combinativo se encienden y alumbran espacios por doquier que sus compañeros aprovechan encantados. 

El equipo que salió de inicio únicamente presentó como novedad con respecto al año pasado la presencia de Coentrao en el mediocentro, posición en la que fracasó estrepitosamente. Mourinho insiste en alabar sus condiciones como comodín; no obstante, centrado se diluye, no mezcla con Xabi y parece perdido. Sólo cuando cae a banda, la izquierda, su aportación es considerable. Por ahora está lejos de justificar su elevado precio de compra.

La eficacia ante puerta no fue el punto fuerte del Madrid esta noche. Dispuso de cerca de veinte ocasiones claras de gol, únicamente materializó seis. Ya adoleció de pegada ante el Barcelona en la Supercopa. Esperemos que corrijan la puntería. Cristiano abusa demasiado del disparo desde cualquier posición, pero claro, quién le dice algo después de un hat-trick. Benzema está mucho más participativo y su influencia en el juego de ataque es fundamental, pero sigue sin ser un killer. Higuaín, aunque con pocos minutos, parece un pelín fuera de forma. Al igual que Di María, bastante desafortunado durante todo el partido.

Los goles fueron de todos los colores: contraataques (el primero de la noche), aperturas en banda con centro medido y remate a placer (los dos últimos de Ronaldo) o de gran disparo (los anotados por Marcelo y Kaká), o tras un rechace después de una larga jugada en el área rival (disparo de Xabi Alonso desde fuera del área).

En definitiva, una versión muy parecida a la del año pasado, pero mejorada. Deja muy buenas sensaciones y un saco de goles. Ahora parón por las dichosas selecciones y vuelta al tajo esperemos que más calmados. Esperemos que estas dos semanas sirvan para serenar los ánimos definitivamente tras la tormenta de la Supercopa y, poco a poco, recuperar a los lesionados (qué ganas de ver al inédito Sahin en juego) y progresar futbolísticamente, porque el Barça parece igualmente fuerte.

PD ventajista; El ManU machaca al Arsenal 8 a 2. La mayor paliza del equipo londinense en su historia. Otra humillación más para el sobrevalodarísimo Arsene Wenger, el mayor bluff de los banquillos europeos de los últimos años. Me alegro inmensamente. Es un soberbio engreído con demasiada buena fama. Siento escalofríos al pensar que Florentino lo quería para el banquillo del Real Madrid.

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Messi - Real Madrid. 3-2 (Camp Nou, 17 de agosto)

Fue Messi el que noqueó al Madrid, como en el partido de ida. Una lástima, porque el Madrid mereció más en ambos partidos, pero la figura estelar del argentino emergió sobre el excelente planteamiento de los blancos. Autor de tres goles y asistente de los otros dos de su equipo, esta Súpercopa es de Messi. Viéndolo jugar e imponerse partido tras partido en su club, sorprende aún más su currículo de fracasos en la selección. Pero esto es harina de otro costal. En la Súpercopa fue el mejor con varios cuerpos de ventaja sobre el resto, como en la anterior temporada.

El partido empezó como el del domingo pasado, con el Madrid presionando muy arriba, disfrutando de su primera ocasión clara de gol a los treinta segundos con un fuerte disparo de Cristiano Ronaldo, que despejó Valdés, el otro héroe azulgrana del torneo. El Barça no conseguía zafarse de la presión rival y perdía balones en zonas peligrosas. Únicamente la maestría de Messi rompió la asfixiante presión con un pase al hueco que Iniesta aprovechó con su clase y elegancia habituales.

Otra vez el Madrid se veía obligado a remar contracorriente. Como Sísifo, sus esfuerzos eran echados por tierra una y otra vez casi en la cumbre por Messi, que con una de sus genialidades destrozaba el buen trabajo de los madridistas. El gran mérito del Madrid fue no descomponerse y volver a subir a la ladera de la montaña con orden, presión y ambición. Empató Cristiano Ronaldo al poco tiempo en una segunda jugada de un córner mal defendido por el Barça, como casi todos. 

No obstante, el Barcelona entró al trapo y dispuso de buenas ocasiones de Pedro y Messi, que supieron aprovechar los espacios dejados a la espalda de la defensa merengue. El Madrid respondió con un misil del delantero portugués que a duras penas despejaron entre Valdés y el larguero y un remate ajustado de Özil desviado por la manopla del entonado portero culé. Fue una primera parte excelente de ambos equipos: vigorosa, con ocasiones, disputada y limpia. El epílogo fue otra genialidad de Messi que adelantó a su equipo en un barullo en el área que definió con sutileza y clase, para desesperación de Casillas. 

La segunda parte perteneció absolutamente al Madrid, que desactivó el juego de toque del Barça por completo. Más allá del resultado, el Madrid puede sentirse muy satisfecho, ya que desarboló al Barcelona durante gran parte de la eliminatoria y, en líneas generales, fue superior a su rival. Sólo Messi malogró los enormes méritos contraídos por el equipo blanco en este Súpercopa. No hubo noticias del famoso tiqui taca en este doble enfrentamiento.

Tras alguna que otra ocasión, llegó el gol de Benzema en otro córner, también en segunda jugada y tras varios rechaces. Parecía que el partido estaba abocado a la prórroga, por el resultado y por justicia, pero apareció de nuevo Messi para llevarse todos los focos y culminar una jugada iniciada al borde del área por él y culminada con una volea espectacular. 

El partido estaba prácticamente finiquitado. Sin embargo, nos aguardaba lo peor: la expulsión de Marcelo por un entradón sin sentido a Cesc y el posterior tumulto entre los jugadores de ambos equipos, que Mourinho aprovechó para agredir de forma barriobajera al segundo entrenador del Barça.

Lo de Marcelo es reprochable: su última acción y una coz anterior a Messi. También Pepe se empleó con excesiva dureza en alguna acción. No obstante, todo ello habría quedado como un pequeño lunar. Incluso la tangana posterior se habría olvidado, ya que ni unos ni otros estuvieron a la altura. Pero la actitud de Mourinho durante el barullo final y, sobre todo, en la rueda de prensa hará que adquiera una dimensión mayor que eclipse el extraordinario partido jugado. Se equivoca gravemente el entrenador portugués haciéndose el sueco sobre los pecados propios y menospreciando a Tito Vilanova. Lo único que conseguirá es empequeñecer los dos partidazos que jugó su equipo - reconocido por el propio Guardiola - y engrandecer su imagen y, por consiguiente, la de su club de equipo macarra.

Desgraciadamente, ahora el Madrid será sometido a un juicio sumarísimo en el que se criticará por igual a justos y pecadores, orillando el hecho de haber conseguido dominar al todopoderoso Barça durante muchas fases de este y el anterior encuentro. Es lo que ofrece Mourinho: en lo deportivo, un fútbol extraordinario; en lo extradeportivo, macarrismo barato. 

Por cierto, gracias a Dios ha vuelto el fútbol. Estos tres meses han sido una travesía del desierto trufada de partidos de pretemporada de pandereta y de una Copa América de un nivel paupérrimo. El Madrid y el Barça han vuelto ¡y cómo han vuelto! Dispuestos a dominar el fútbol europeo esta temporada. ¡Por fin! Y qué inoportuna la huelga de marras. Con esta erección y sin primera jornada de Liga. 

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Real Madrid - Almería. 8-1 (Santiago Bernabéu, 21 de mayo)

Epílogo perfecto a la temporada: goleada en casa, superada la barrera de los 100 goles en Liga, 40 tantos (41 según Marca) anotados por Cristiano Ronaldo, hat trick de Adebayor, cariñoso homenaje a Dudek y gol del debutante Joselu. Inmejorable modo de echar el cierre a una buena temporada.

El partido empezó con el gol de Cristiano Ronaldo que le daba el ansiado récord en solitario, lo que parecía tranquilizar a todos. Como el partido transcurría sin presión, hubo más ocasiones, aunque el ritmo no era desaforado como en recientes choques. A la media hora Özil se inventó un precioso y preciso pase a pie cambiado a Adebayor, que le dejó solo delante de Esteban, al que batió con solvencia. Poco después acortó distancias el Almería. El amistoso oficial continuó hasta el descanso sin más sobresaltos.

Nada más reanudarse el encuentro se comprobó que Mourinho había exigido a sus jugadores lograr la astronómica cifra de cien goles en Liga. Y a ello se pusieron todos con entusiasmo. En apenas cinco minutos Benzema y Adebayor habían logrado dos tantos más tras algunos rechaces dentro del área. Ya sólo quedaban dos goles.

El quinto fue una obra de arte, el contraataque perfecto: Sergio Ramos recupera el balón en la línea de fondo de su área; hace un quiebro sobre el delantero y lanza un pase medido hacia Cristiano Ronaldo, que prolonga de tacón hacia Adebayor; el cual se gira inmediatamente y asiste al hueco al portugués, lanzado como una centella; Ronaldo asiste al primer toque a Benzema, que también de primeras y rompiendo por el centro remata por debajo de las piernas del portero. Un gol excepcional, sublime, probablemente el más bello de la temporada. 

El sexto, el que hacía el número 100, lo consiguió el delantero togolés rematando un balón mal despejado en un córner. La hazaña se había conseguido. Sin los premios gordos - Liga y Champions - el Madrid ha ido al menos a por otros títulos simbólicos mucho menores, pero que dejan un buen sabor de boca y la sensación de que la temporada que viene podemos esperar grandes cosas. Por cierto, Adebayor quiso despedirse de la temporada reivindicándose. No creo que sirva de mucho. En todo caso, si finalmente se queda será porque el primer plato (Kun u otra estrella de relumbrón) no se ha conseguido fichar. 

La voracidad de Cristiano Ronaldo logró el séptimo de la noche con un disparo marca de la casa: potente, seco y ajustado al palo. El último lo imaginó la coronilla del fenomenal Özil, lo dibujó el sorprendentemente generoso hoy Pichichi y lo culminó el recién salido Joselu, que jamás olvidará esta noche.

Lo dicho: una tormenta perfecta en la que absolutamente todo lo soñado se hizo realidad. Un buen presagio y una muestra del buen fútbol que ha practicado el Madrid a lo largo de esta temporada, a pesar de las justificadas criticas en determinados encuentros. 

Y ahora el silencio durante tres largos meses...


Real Madrid - Getafe. 4-0 (Santiago Bernabéu, 10 de mayo)

Plácida y chispeante victoria del Madrid, que sirve para retrasar un día el alirón del Barça y para engordar las tremendas estadísticas de Cristiano Ronaldo.

Fue un entrenamiento de principio a fin. El Getafe no ofreció la más mínima resistencia. Apenas un par de remates de Colunga en la primera mitad. Los blancos se dedicaron a gustarse y a trufar de lujos y arabescos todas sus jugadas. Hicieron del juego algo divertido y barroco: túneles, pases al primer toque, rabonas, taconazos...Acciones impensables en un partido oficial.

El gran beneficiado del partido fue el delantero portugués al que sus compañeros buscaron sin cesar para ayudarle a conseguir el pichichi y la bota de oro. El primer gol llegó después de un cambio a banda de Xabi Alonso hacia Özil, que con el exterior de su delicado pie izquierdo puso en la cabeza el balón a Ronaldo. Después del descanso, los mismos actores: gentileza del alemán y remate a placer del portugués. El tercero fue obra del recién salido Benzema, que aprovechando un pase en ruptura de Xabi Alonso se coló entre la defensa azulona y con un control y un remate sutiles se apuntó a la fiesta. El último llegó gracias a un riguroso penalti, que marcó con clase y tranquilidad CR7.

El Madrid ha acabado la temporada pletórico físicamente. Es una verdadera lástima que tuviera tanto miedo al Barça en su eliminatoria de Champions, porque de haberle enfrentado cara a cara a lo mejor hubiese tenido muchas más posibilidades de las que todos creíamos antes de la semifinal. 

Quedan dos partidos para cerrar la temporada, que únicamente servirán para comprobar si Cristiano Ronaldo supera el record de Zarra y Hugo Sánchez. Tal y como se está mostrando y el apoyo que le brindan sus compañeros parece perfectamente factible. 

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Barcelona - Real Madrid. 1-1 (Camp Nou, 3 de mayo)

El Madrid lavó su cara y el Barça pasó a la final. ¿Todos contentos? ¡En absoluto! El Madrid perdió la eliminatoria sobrevalorando el potencial de su rival en el partido de ida con ese miedoso e indigno planteamiento defensivo. En la vuelta fue demasiado tarde. Además, el árbitro dio su empujoncito anulando un gol legal a Higuaín con 0 a 0. Una pena porque hubiese estado bien comprobar cómo reaccionaba el Barça siendo exigido, situación en la que no ha estado en ninguno de los 180 minutos. El Madrid se creyó, especialmente su entrenador, que el Barça era mucho más equipo del que es actualmente, lastrado por las lesiones y su corta plantilla.

El Madrid presentó a un equipo adelantado, presionando bastante arriba. Amagando, pero sin dar. El Barça no arriesgó y se limitó a intentar conservar la posesión durante los primeros treinta minutos. Kaká no estaba para atacar ni para defender. Higuaín aislado y fuera de forma. Di María espumoso y fallón. Y Cristiano Ronaldo intrascendente, lo peor que se puede decir de una megaestrella. Estas semifinales no le dejan en muy buen lugar. No se ha echado el equipo a la espalda, como sí ha sucedido con Messi en el Barça, ni ha resultado determinante en ningún momento. Los que sostenían al equipo eran Xabi Alonso y Lass.

Los últimos quince minutos de la primera parte fueron claramente del Barça, en los que dispuso de varias claras ocasiones que salvó Casillas y la mala puntería de los delanteros culés. El equipo blanco llegó a la silla del descanso aturdido, pero con el combate empatado a puntos.

Tras la reanudación el Madrid presionó con todo y recuperó balones en el campo del Barça. Desgraciadamente, el árbitro se inventó una falta de Cristiano Ronaldo para anular un gol de Higuaín. A continuación, llegó el gol de Pedro gracias a un buen pase al hueco de Iniesta. Al poco tiempo empató el Madrid mediante Marcelo, después de una excelente recuperación de Xabi Alonso y un remate al palo de Di María, que recogió el rechace y asistió con precisión al lateral brasileño.

El milagro se vislumbraba en el horizonte, aunque era un espejismo. Había que remar mucho para dar la vuelta al marcador. Salieron Özil y Adebayor, que apenas aportaron nada más que patadas y precipitación. El Barça durmió el partido y el Madrid cayó de pie. Fin de la historia y final de la temporada para los madridistas.

¿Cuál es el balance de estos cuatro clásicos? Una victoria para cada uno y dos empates. Tres goles a favor del Madrid y cuatro a favor del Barça. Los números parecen haber acercado al Madrid a su eterno rival. Sin embargo, las sensaciones son equívocas. Parece que hay más distancia entre ambos que lo que dicen los resultados por el juego desplegado a lo largo de los cuatro partidos. No obstante, creo que el Madrid ha tenido demasiado respeto al Barça y no se ha querido medir cara a cara con ellos, negándose la posibilidad de salir vencedor en la semifinal - si bien, ganaron el título de Copa - y hurtándonos a los aficionados dos grandes duelos, que han sido muy decepcionantes ante las tremendas expectativas creadas. Mi sensación, más allá de planteamientos temerosos, quejas arbitrales, fingimientos lamentables, etc. es que Messi ha marcado la diferencia. El Barça está en la final gracias a él. Y sí, es mejor que Cristiano Ronaldo. Su novia no, pero él sí. 


Real Madrid - Barcelona. 0-2 (Santiago Bernabéu, 27 de abril)

Messi ganó un partido que el Madrid no quiso ganar y que el árbitro sirvió en bandeja al Barcelona. El Madrid hizo poco o nada con 11 y con 10. El Barça hizo poco más. Sin Messi el partido hubiese acabado 0 - 0 (dos bocas abiertas, dos bostezos, como describe socarronamente Eduardo Galeano).

El Madrid salió medroso, echado atrás, esperando coger una contra que nunca llegó. Al contrario de lo que pontificó el entrenador barcelonista en la víspera, sin la agresividad exageradamente denunciada de los dos enfrentamientos anteriores. No creó una sola ocasión clara durante los noventa minutos, a pesar de jugar en casa. Demasiado poco para un equipo con una plantilla lujosa y carísima. En la segunda parte presionó más arriba, pero el árbitro se encargó de apuntillar la pobre apuesta blanca. 

El Barcelona apenas jugó exigido. Se dedicó a manosear el balón sin profundidad y sin complejos, manteniendo su estilo. La ausencia de Iniesta se notó. La circulación de balón culé no era lo fluida, rápida y peligrosa que nos tiene acostumbrados. Su propuesta, aunque excusada en su papel de visitante, no deslumbró. Se hablará de la victoria del estilo de toque barcelonista, pero en realidad quien ganó el partido y casi la eliminatoria fue Messi, primero buscando el hueco justo para rematar con astucia un buen centro de Affelay y después sentenciar con una jugada personal en la que desnudó a la defensa blanca con su descomunal clase. Aparte de la elevada posesión habitual y del genio de Messi, el Barça se dedicó a fingir faltas y agresiones de forma lamentable: Busquets, Pedro y Dani Alves adolecieron de una falta de deportividad irritante. O todos moros o todos cristianos, Pep. No se puede ir de virgencita y a la vez follarse a todo cristo. O una cosa o la otra.

¿Y ahora qué? Pues a esperar un improbable milagro en la vuelta con las importantes bajas de Sergio Ramos (merecida) y Pepe (inmerecida). Pero, sobre todo, a reflexionar Mourinho y sus ayudantes sobre su planteamiento futbolístico, más allá de patalear a la UEFA por el arbitraje. El Madrid hizo un partido paupérrimo basado en el mismo plan temeroso y ruin usado en Liga, pero esta vez el resultado no sirve de coartada. Ni siquiera el arbitraje, por mucho que se hable de ello con razón. 

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Real Madrid - Barcelona. 1-0 (Mestalla, 20 de abril)

Más que merecido título de Copa para el Madrid. Por su trayectoria en la competición y por su buen trabajo en la final. A pesar de tratarse de una final igualada, el triunfo final fue para el que más méritos hizo. Una trabajada victoria a los puntos.

La alineación inicial blanca apenas sorprendió, aunque no había un delantero centro. En el medio campo los mismos tres que en el partido de Liga. Y en defensa Sergio Ramos en el centro, donde mejor desarrolla sus cualidades.

El partido empezó intenso, con los jugadores acelerados protestando todas las acciones. El árbitro mantuvo los nervios y no se cargó la final. El Madrid jugó mucho más adelantado de lo esperado, presionando arriba e incomodando el juego del Barça. Su primera parte fue extraordinaria al conseguir que el Barcelona no creará ni una sola ocasión. Ninguna llegada con el más mínimo peligro del equipo culé. Increíble trabajo defensivo del Madrid. Pepe estuvo otra vez excepcional en el medio centro. Carvalho adelantándose a todos los balones. Sergio Ramos sobrio y seguro por alto. Arbeloa con la seriedad acostumbrada. Todos presionando y cerrando espacios. Una demostración de equipo sólido y trabajado. Sin duda, gran parte del mérito es del entrenador. Con otro técnico esta final no se hubiese ganado. Chapeau para Mourinho.

En ataque el Madrid dispuso de dos contras de Cristiano Ronaldo, un disparo de Özil y un remate al palo de Pepe. No fue un aluvión atacante, ya que la posesión fue mayoritariamente para el Barça, pero el peligro llegó de parte madridista. Al descanso mereció llegar por delante.

La segunda parte cambió radicalmente. El Barça impuso su ritmo y el Madrid se echó atrás. Por momentos pareció estar desarbolado y que el gol barcelonista podría llegar en cualquier momento. Messi con un disparo desde fuera del área, Pedro con un balón picado y, sobre todo, Iniesta con un remate ajustado estuvieron a punto de abrir el marcador y acercar la Copa a Barcelona, pero en las tres ocasiones estuvo Iker excepcional. El Madrid sólo respondió al final de los noventa minutos reglamentarios con un disparo de Di María al que respondió Pinto con agilidad, y que anunció lo que sucedería en la prórroga.

El equipo merengue siguió concentrado y compacto durante el tiempo extra en el que volvió a no conceder ni una sola ocasión a su rival, lo cual tiene un mérito extraordinario dada la talla de éste.

El gol llegó tras una pared por la izquierda entre Marcelo y Di María, que centró con precisión a Cristiano Ronaldo para que rematase de forma inapelable con la cabeza logrando el tanto de la victoria. Un gol que vale un título. Un gol que, además, quita un complejo reciente absolutamente necesario para los jugadores, los aficionados y el club. A partir de entonces un Madrid súper ordenado y un Barça sin respuesta. El delantero portugués tuvo otra ocasión en una contra en la que demostró su impresionante potencia. Se le fichó para ganar títulos y ha sido decisivo en éste. Del mismo modo se contrató a Mourinho y ha cumplido al lograr la Copa. Esperemos que sea el primero de una serie de títulos, ya que hay equipo y jugadores para ello.

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Real Madrid - Barcelona. 1-1 (Santiago Bernabéu, 16 de abril)

El partido que no valía para nada finalmente no valió para nada. La Liga estaba sentenciada. ¿Qué quedaba por ver? Como mucho la tendencia que seguirá la sucesión de enfrentamientos inminente.

El Barcelona podrá decir que jugó un partido relativamente cómodo, en el que dispuso mayoritariamente de la posesión del balón y en el que daba la sensación que si apretaba podía hacer daño a su rival. Por su parte, el Madrid se acogerá a la tan manida épica que le caracteriza, ya que consiguió empatar con un jugador menos y, sobre todo, no salió derrotado de un enfrentamiento con el Barça tras una serie desastrosa en los últimos años. En definitiva, aunque el Barcelona sale ligeramente beneficiado moralmente del choque, no ha asestado un primer golpe de knock out. El Madrid lo sabe y se mantiene de pie en la lona a la espera de la final de Copa.

En cuanto a polémica arbitral, también hubo ración por cada bando: penalti no señalado a Villa y expulsión perdonada a Dani Alves. Y sin apenas jugarse nada. En los próximos tres partidos los árbitros deberán hilar muy fino. Aún así se escribirán ríos de tinta sobre quién salió beneficiado y quién perjudicado, y nunca nos pondremos de acuerdo. Vamos, lo de siempre.

El Madrid salió con un trivote en el centro del campo para cubrirse, muy echado hacia atrás y sólo a la espera de poder salir en un contraataque para sorprender al Barça. Pepe jugó de mediocentro. Incomprensiblemente salió indemne en cuanto a tarjetas, pero hizo un muy buen partido en esa posición. Consiguió barrer muchos balones y cortar el juego de entrelíneas del contrincante, sobre todo en la primera parte.

El Barcelona quedó desconectado durante esos primeros 45 minutos. Tenía la pelota, pero no hacía ningún peligro, ni daba la sensación de poder crearlo. Su juego era bastante insulso. Únicamente Messi dispuso de dos ocasiones que salvó Casillas con solvencia. Por su parte, el Madrid no se avergonzó de salir a cerrarse en su propio estadio y tuvo sus pocas ocasiones en algún corner y en alguna recuperación en campo rival. No obstante, las tablas al descanso eran un resultado justo.

La reanudación cambió el ritmo cansino del partido. El Madrid salió más enchufado. Un lanzamiento directo de falta de Cristiano Ronaldo se estrelló en el palo. Los corners volvían a llevar peligro sobre el área barcelonista. Sin embargo, en seguida se adelantó el Barça de penalti - transformado por Messi - tras un grave error de Albiol, que además fue justamente expulsado. Parecía todo perdido con casi toda la segunda parte por delante. Los cambios de Mourinho olían a la final de Copa más que a intentar remontar el partido, puesto que retiró a Xabi Alonso. El Barça empezó a hacer su habitual rondo esperando desgastar a su rival y se encomendó a algún pase al hueco de Xavi y a las arrancadas de Messi. Tampoco se exigió mucho el Barça, se limitó a esperar. Y en esas empato el Madrid, también de penalti, anotado por el delantero portugués. Los últimos minutos fueron un poco más abiertos y el partido adquirió pinta de clásico. Ambos dispusieron de alguna otra ocasión: Xavi y Villa por el Barça, Khedira por el Madrid. Pero no se desmelenaron. Se guardaron lo mejor para lo que nos viene encima, que es muchísimo.

Mourinho usó este partido de banco de pruebas para la apasionante final de Copa. No le importó lo más mínimo salir a defender y conceder la posesión al Barça, confiando en aburrir a su rival y sorprenderlo a la contra. Estoy seguro de que el entrenador portugués piensa que si consigue adelantarse en el marcador ganará la final. Para ello las líneas han de estar muy juntas y la defensa cerca de la portería para evitar los pases al hueco del Barça. Así jugó y así jugará el miércoles en Mestalla, protegiéndose en defensa y confiando en algún fulgurante ataque cuando el Barça pueda descuidarse o cometer un error en campo propio. El duelo de Copa enfrentará al Ali-Barça contra el Foreman-Madrid. Mantenerse fuerte sobre la lona, cubriéndose de los sutiles golpes a la espera de ver bajar la guardia al aburrido rival y asestarle un gancho al mentón que lo tumbe pata levantar el cinturón de campeón en forma de Copa. ¡Menudo partidazo! 

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Real Madrid - Tottenham. 4-0 (Santiago Bernabéu, 5 de abril)

Partido soñado con excelente resultado. Eliminatoria casi sentenciada sin apenas coste para el Madrid. Más fácil imposible. Sin embargo, no tengo la sensación de que fuese un gran partido. 

El inicio fue fulgurante: dos disparos de Cristiano Ronaldo, uno de Di María y el gol de Adebayor en un remate de cabeza tras un lanzamiento de corner. Todo en cinco minutos. Además, antes del cuarto de hora, Crouch enloqueció y el árbitro le expulsó por cometer dos faltas a destiempo. ¿Riguroso? Quizás. Sobre todo, en un arbitraje europeo. En cualquier caso, el larguilucho inglés fue bobo.

A partir de entonces el partido cambió. Todo parecía ponerse de cara para el equipo blanco, pero no supo jugar contra diez durante la primera parte. Dispuso de alguna otra ocasión, pero su juego se atascó convirtiéndose en previsible y obcecándose todos en penetrar por el centro. 

Özil estaba desaparecido, Khedira sobraba, Di María y Cristiano se enredaban en jugadas individuales, así que el único que mostraba algo de claridad era Marcelo entrando por su banda. El resto fue un previsible y anodino juego sin ritmo.

El Tottenham se limitó a defender. Únicamente dispuso de dos salidas de Bale, la gran esperanza de los Spurs, ambas por gentileza del contumaz y tontísimo Sergio Ramos, que calculó mal en la primera concediendo la única ocasión del equipo visitante durante el partido, y fue a presionar alocadamente en el área rival en la segunda provocando la tarjeta de Pepe - tan bobo y descontrolado como el lateral - que no podrá jugar el partido de vuelta.

Afortunadamente la segunda mitad ofreció otro panorama con el Madrid volcado y la circulación de balón más rápida. La presión era cada vez más agobiante y más adelantada, por lo que la recuperación de pelota se lograba a 30 - 40 metros de la portería de Gomes. En esta labor resultó fundamental por enésima vez Xabi Alonso. Virgencita, virgencita, que no se lesione Xabi. 

Los goles fueron goteando por pura lógica, no cabía esperar otro desenlace. El segundo gracias a otro cabezazo de Adebayor a buen centro de Marcelo. Cuando todos empezábamos a sospechar del rendimiento del togolés, éste ha respondido con dos goles. Bien, gracias; pero ha de hacer más. El tercero se lo inventó Di María con un chutazo a la escuadra desde el pico del área: recorte y misil colocado, un bello tanto. Y el cuarto fue obra de Cristiano Ronaldo de buena volea a pase de Kaká, el sorprendente invitado de la noche. ¿Por qué juega este prejubilado? 

Necesitaba el Madrid una victoria como ésta en un partido de esta importancia. La semana que viene deberá sentenciar en Londres y minimizar los posibles daños colaterales que puedan surgir ante la previsible semifinal ante el Barcelona.

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Real Madrid - Sporting de Gijón. 0-1 (Santiago Bernabéu, 2 de abril)

Sorprendente derrota y Liga a la basura. Cuando menos se esperaba, a pesar de las numerosas bajas, aconteció el tropiezo indeseado. No mereció perder, ya que el Sporting sólo dispuso de dos remates en todo el partido, pero tampoco mereció ganar claramente, como venía siendo habitual en casa esta temporada.

El partido fue espeso, de los peores jugados esta Liga como local. El juego no fluyó en ningún momento. La ausencia de Xabi Alonso se notó en demasía. Özil no estuvo especialmente afortunado y Granero no consiguió activar al equipo desde el centro del campo. De Lass y Khedira poco se podía esperar en cuanto a creación. 

El partido empezó encomendado a las acciones individuales de Di María, que se prodigó sin acierto abusando de los piscinazos. En seguida el partido se adormeció, hasta hacerse soporífero durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Un remate de André Castro en jugada ensayada por parte del Sporting y un cabezazo de Khedira desviado por parte del Madrid. Pobrísima primera parte.

La segunda mitad pareció arrancar con más ímpetu, mayor posesión de balón del Madrid y el Sporting encerrado atrás. No obstante, las ocasiones no llegaban con claridad. Salió Higuaín, después de cuatro meses de baja, y tuvo una muy buena ocasión que estrelló en el meta rival. 

No se combinaba con claridad, Özil seguía desafortunado y Adebayor no aportaba ninguna solución. Seguía el Madrid embrollado en su juego cuando llegó el gol de De las Cuevas. Fue un mazazo, el partido se inclinaba hacia la portería del Sporting y éste se adelantaba de forma inesperada.

A partir del gol, ni una solución futbolística, sólo balones por arriba a Adebayor que no aprovechaban sus compañeros en segundas jugadas. Era un islote al que lanzar balones demasiado alejado del resto de atacantes madridistas. Aún así, el togolés dispuso de una ocasión inmejorable que marró lamentablemente. También hubo alguna otra bastante clara, fruto de la presión de los últimos minutos más que de jugadas elaboradas.

Una derrota de consecuencias desastrosas, que aleja definitivamente al Barça y obliga al Madrid a confiarlo todo en la Champions, que llega el martes con más urgencias que nunca. 

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Atlético - Real Madrid. 1-2 (Vicente Calderón, 19 de febrero)

Demasiado Madrid para tan poco Atlético. El equipo local sólo apretó durante quince minutos de la primera parte con varios claros remates de Agüero, Reyes y Godín a los que respondió magníficamente Iker Casillas. Hacía mucho tiempo que el portero madridista no ganaba puntos para su equipo. Lleva una Liga bastante plácida, extrañamente tranquila para lo que había sido su participación durante los últimos años en los que sus milagros salvaron al Madrid una y mil veces.

El Atlético es hoy y casi siempre un equipo ciclotímico, sumido en convulsiones internas y con una plantilla muy por debajo de su nombre. Prácticamente es sostenido por el Kun Agüero, una estrella de primer nivel que merece otro equipo por su extraordinaria calidad. ¿El Madrid, quizás? El duelo que mantuvo con Casillas avivó el partido en la primera mitad y le concedió algo de emoción a los últimos minutos, tras su gol postrero. Hasta entonces Iker le había amargado la noche.

El partido empezó con el Madrid enchufado, llegando con facilidad y creando ocasiones. En una de ellas, Benzema acudió a su cita con el gol puntual y con clase, picando con la derecha fuera del alcance del imberbe De Gea, después de una asistencia de Khedira, que era el miembro del trivote que más se descolgaba en ataque.

Mediada la primera mitad, el Atleti tuvo sus quince minutos de gloria en los que mereció algún gol, pero el inconmensurable Casillas lo impidió. A partir de ahí y hasta el final el partido transcurrió de color blanco. Consiguió el segundo gol gracias al estado de gracia de Marcelo y Özil, que se juntaron para centrar desde la línea de fondo el primero y rematar con precisión el segundo. El peso de ambos en el equipo aumenta con el paso de las jornadas. Marcelo es un arma letal en ataque y Özil la solución para todo: juega entre líneas, hace paredes, encuentra pequeñas rendijas en las defensas rivales, lanza contraataques, desborda con facilidad, remata a gol, asiste a sus compañeros...sólo le falta parar los penaltis. Y cuando falla, cosa excepcional, lo hace con tal elegancia que se le perdona rápidamente.

A partir del segundo gol madridista, el Atleti se ausentó del partido con una lamentable actitud y una falta de fútbol absoluta. El Madrid lo agradeció y estuvo cerca de marcar el tercero. Sin embargo, llegó el gol colchonero por obra del único jugador local que no había apostatado del partido, si bien no sirvió de nada, ya que hasta el final no volvió a inquietar la portería del Madrid.

Ahora hay un parón de dos semanas que le irá de maravilla al Madrid para recuperar jugadores y algo de aliento - si las selecciones no lo impiden en forma de inoportuna lesión - antes del tramo final de temporada en el que está todo por decidir entre Madrid y Barça. Van a ser unos meses de abril y mayo apasionantes. Hace muchos años que los dos grandes rivales no están tan bien. Promete ser un espectáculo formidable.

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Real Madrid - O. Lyon. 3-0 (Santiago Bernabéu, 16 de febrero)

Partido escrito y dirigido por José Mourinho. El guión del partido fue tal cual lo imaginado por el entrenador portugués: serio en defensa, sin apenas sobresaltos, con pocos alardes ofensivos, ninguna épica; vamos, uno de esos encuentros espesos y aburridos que describen los entrenadores de "típicos partidos de Champions".

El inicio fue bastante frío. El Madrid, a pesar de actuar como local y de sus últimos fracasos europeos, no salió desbocado a por el partido. Se limitó a esperar su oportunidad y cedió bastante, demasiada posesión al equipo francés. Lo cierto es que las oportunidades llegaron con cuentagotas antes del gol, un par de remates de Marcelo y Cristiano Ronaldo y poco más. No obstante, el Lyon no aprovechó la pasividad del Madrid, sólo remató una vez mediante un disparo del Chelo Delgado durante la primera mitad. 

El primer gol fue responsabilidad casi exclusiva de Marcelo, que inició la jugada, combinó con Cristiano Ronaldo, regateó a Cris, recortó a otro defensa y marcó gracias a la mano flácida de Lloris. Es cada vez más asombrosa la participación en ataque del lateral brasileño. No sólo por sus incursiones hasta la línea de fondo, sino por su tendencia a penetrar en diagonal. Es más que conocida esta querencia suya a actuar de repentino interior, pero parece que no se dan por enterados los rivales, porque Marcelo transita por esa zona con frecuencia y crea mucho peligro. 

La segunda parte fue diferente, aunque siguiendo el guión trazado por Mourinho. El Madrid salió enchufado, intenso, recuperando balones en campo rival y creando ocasiones una tras otra mediante un activo Benzema, el siempre venenoso Özil, el empuje de Cristiano y los remates de córner, que fueron pésimamente defendidos por el Lyon.

El segundo gol llegó tras una buena recuperación de Marcelo en campo propio que buscó en largo a Benzema, el cual aprovechó la torrija de los centrales y sonrojó al portero francés por debajo de las piernas con precisión. El triste Lloris debió jugar con sotana hoy y el partido de ida. Al poco tiempo, Di Maria sentenció en un contraataque que culminó picando con astucia sobre la salida del portero.

Todo ello sucedió sin sustos, sin necesidad de grandes actuaciones individuales ni ataques en tromba apoyados en un público enardecido. Todo lo contrario, fue extrañamente tranquilo todo. Hasta se permitió el lujo el equipo local de realizar cambios para dosificar y premiar a jugadores. 

En definitiva, una victoria comodísima más propia de un choque liguero que de un partido de vuelta de eliminatoria de Champions. Quizá después de tantos años de decepciones se esperaba una clasificación espectacular que sumiera al madridismo en un éxtasis de ocasiones, goles y celebraciones. O quizá ésta fuera la mejor manera de superar la eliminatoria que se había atragantado los últimos seis años.

Hubo, desgraciadamente, un protagonista negativo en el Madrid de esta feliz noche de Champions: el imbécil de Pepe. Debió ser expulsado en dos ocasiones por dos de sus astracanadas habituales: dos patadas traicioneras y a destiempo para agredir al rival que quedaron impunes. Este impresentable no debería jugar ni un minuto más en el Madrid si el tan cacaraedo señorío del club se impusiera de una vez.

Y ahora, por fin, a disfrutar del sorteo final de la competición en el que habrá cuatro rivales fuertes, sobre todo el Barça, y tres más asequibles. A ver qué emparejamientos nos regala el bombo y a disfrutar.  

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Real Madrid - Hércules. 2-0 (Santiago Bernabéu, 12 de febrero)

Otro trámite funcionarial del Madrid: victoria con el mínimo esfuerzo. El Hércules apenas opuso resistencia - un par de remates en la primera parte - aunque mostró una actitud diferente a la de otros visitantes recientes como el Málaga y el Levante.

El ritmo del partido se mantuvo constante los noventa minutos: el Madrid controlando el balón con suficiencia y el Hércules esperando más o menos ordenado. Los goles cayeron porque tenían que caer, porque la lógica se impuso como no podía ser de otra forma. 

Ambos fueron conseguidos por Benzema. El de la primera parte después de un pase al hueco de Özil a Arbeloa, que asistió con tranquilidad al francés. El segundo en una buena jugada por el costado izquierdo con recorte hacia dentro y remate ajustado al palo evitando al portero. Cada día está mejor Benzema, liberado del encorsetamiento de la posición de delantero centro. Ahora es Adebayor quien se come el marrón. Por cierto, el togolés, pasado el efecto gaseosa del principio, está espesito y con poca chispa. 

¿Algo más a destacar? Poco, la verdad. Jugadores reservados para el choque ante el Lyon; cambios para repartir minutos, excepto el inexplicable de Granero por Xabi Alonso, y tres puntos más que sirven para presionar al Barcelona en su difícil choque contra el Sevilla.

Y el miércoles redoble de tambores, máxima expectación, el partido del año. Desde ya, todos los jugadores deben concentrarse en este vital choque, olvidarse del recuerdo de los últimos años y afrontar el partido con una intensidad total. ¡Que llegue ya! 

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Racing Santander - Real Madrid. 1-3 (El Sardinero, 6 de marzo)

Extraordinaria victoria del Real Madrid con una primera parte sublime en la que salió disfrazado de FC Barcelona, aprovechando la época del Carnaval. El juego combinativo, fluido, rápido y preciso de los primeros 45 minutos recordó mucho al del equipo culé. 

Fue una actuación primorosa de todos los jugadores, que jugaron con un dibujo nuevo debido a las numerosas ausencias: un único mediocentro, Xabi Alonso, tres centrocampistas por delante del tolosorra y dos delanteros, Benzema y Adebayor.

La presencia de Granero y la ausencia de Cristiano Ronaldo ayudó a que el habitual juego directo del Madrid cambiase por otro más pausado y de toque. En cualquier caso, la intensidad en la presión y la calidad de los jugadores de ataque permitieron la formidable actuación de la primera parte.

Hubo ocasiones de todos los colores antes del primer gol: dos disparos al palo, del que últimamente están enamorados los jugadores blancos, un remate a bocajarro de Benzema a las nubes, otro a puerta vacía marrado por Marcelo, disparos desde fuera del área de Di María y Marcelo. En definitiva, un vendaval incontenible por el Racing.

Por encima de todos, surgió la figura de Özil, el maestro de ceremonias perfecto para este juego rápido y preciso. Su elegancia acompaña todas sus acciones sin penalizar su efectividad. No en vano fue el autor de las dos asistencias de los dos primeros goles. El primer tanto lo anotó Adebayor tras una doble pared del genio alemán con Benzema y el delantero togolés, que culmina a placer una preciosa jugada de tiralíneas imaginada y ejecutada a la perfección por los tres. El segundo después de un pase con el exterior de la zurda en profundidad a Benzema, que bate por bajo a Toño en su desesperada salida.

Al acabar la primera parte, finalizó una de las actuaciones más bellas del Real Madrid en los últimos años. Un verdadero regalo que, además, llegó por sorpresa, cuando menos se esperaba por tratarse de una difícil visita y por las bajas con las que llegaba a El Sardinero.

La segunda mitad empezó con el Madrid sin disfraz, vestido de sí mismo, intentando controlar el partido con solvencia y lanzando zarpazos a la contra. Únicamente se vio inquietado tras un penalti lanzado de forma lamentable por Pinillos, que Casillas atajó, que provino de una pérdida de balón de Marcelo en una de sus habituales frivolidades; y después del gol del Racing conseguido por Kennedy en una buena combinación con Rosenberg. Apenas duró unos minutos la inquietud, ya que en una contra comandada por Di María, Benzema anotó su segundo gol de la noche disparando ajustado al palo largo de un vendido Toño. Al final, Adebayor marró un penalti, lanzado de forma tan deficiente como el anterior del Racing.

En resumen, victoria convincente y demostración de que hay un plan B en forma de otro sistema de juego. Y lo más importante, parece que hay vida sin Cristiano Ronaldo. De todos modos, que vuelva cuanto antes. Con el portugués en el campo la primera parte habría acabado con un resultado escandaloso.

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Deportivo - Real Madrid. 0-0 (Riazor, 26 de febrero)

Asedio infructuoso. Dominio absoluto del equipo blanco: balón, juego y oportunidades, sin la merecida recompensa. De diez partidos como éste se ganan nueve. 

Utilicemos la teoría del vaso medio lleno o el vaso medio vacío para analizar el partido.

Vaso medio lleno: el Madrid tuvo un sinfín de oportunidades de todos los colores, sobre todo, en la segunda mitad. Disparos desde fuera del área, dos balones a los postes, remates sacados en última instancia por Aranzubía, que se convirtió en el héroe local, ocasiones de cabeza tras corners lanzados en pleno asedio madridista...

El primer lanzamiento al palo fue de Adebayor en un mal centro al primer toque que se convirtió en un envenenado remate que golpeó dos veces en el poste. El segundo tras una buena jugada de Cristiano Ronaldo que se va de dos rivales en velocidad gracias a su extraordinario cambio de ritmo y remata ajustado al palo. El posterior rechace lo caza Di María y lo envía de nuevo ajustado al palo, obligando al portero deportivista a hacer la mejor intervención de la noche.

Benzema también dispuso de una clarísima ocasión que remató y rechazó al mismo tiempo, rematando con un pie sobre el otro, cuando lo más sencillo era conseguir el gol. Esta ocasión llegó gracias a la clarividencia de Xabi Alonso, que habilitó a Sergio Ramos entre una madeja de defensas.

El control del juego perteneció por completo al equipo visitante, sostenido en otro buen partido del tolosarra y el aluvión ofensivo del segundo tiempo. El entrenador fue sin duda a por el partido, como no podía ser de otro modo, y sus jugadores así lo entendieron, cercando al Deportivo en su área y empujando hasta el último suspiro. No se puede reprochar nada con respecto a la actitud de este equipo: quieren ganar y lo intentan por todos los medios posibles.

Marcelo volvió a demostrar, mientras estuvo en el campo, que es una alternativa para el ataque blanco. Se descuelga con frecuencia y pisa área con facilidad. Contra equipos menores jugará el brasileño y en partidos de mayor enjundia (eliminatorias de Champions, por ejemplo) jugará Arbeloa. Sergio Ramos no aporta ni una décima parte en la banda derecha. Su peligro es sólo aparente.

El Madrid no concedió ni una sola oportunidad al Deportivo. Su solvencia defensiva parece consolidada. Por cierto, nunca se valorará lo suficiente el impresionante trabajo defensivo de Xabi Alonso: llega a todo, corta balones en el área propia y los lanza con rapidez y precisión sobre el área rival. Su temporada está siendo extraordinaria. Que no se lesione.

Vaso medio vacío: tardó en entrar en el partido. La primera parte transcurrió con cierta tranquilidad para el Deportivo, que no se vio excesivamente exigido. Lo mismo ocurrió en Lyon. 

El Madrid está peleado con el gol. Le cuesta finalizar con éxito a pesar de disponer de numerosas ocasiones. Es cuestión de rachas, pero vista la velocidad de crucero del Barcelona, no se puede permitir aludir a la mala suerte, a los postes o a María Santísima. Se ha de ganar siempre y punto. Hay equipo para ello, incluyendo buenas alternativas en el banquillo, por lo que no caben excusas.

Benzema está mucho más activo desde la llegada de competencia, pero sigue sin ser un depredador del área. Haría bien el club en buscar alguna muestra de sangre de Raúl y hacerle una transfusión al francés, a ver si así le entraba la voracidad anotadora.

Pepe es tonto, pero tonto, retonto. O sea, corto de entendimiento. Es tan exuberante físicamente como débil mentalmente. Casi nunca toma la decisión adecuada. Juega al filo de la navaja y comete estupideces, como el absurdo empujón a Juan Rodríguez para arañar una décima de segundo a falta de veinte minutos para el final del partido. Es preocupante su actitud de macarra. Además, se le ve siempre. No es de esos defensas barriobajeros que saben cómo hacer daño sin que les vean. Éste es bobo, siempre le pillan, porque siempre lo hace exageradamente y a plena luz. Prefiero mil veces la discreta sobriedad de Albiol que la exasperante teatralidad de Pepe. 

Kaká..bueno, Kaká está para jugar con los veteranos. Es una molestia en el centro del campo con sus continuas e intrascendentes bajadas a pedir balón. Retrasa el juego una y otra vez y no ofrece nada a cambio. Por siempre jamás: Özil.

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O. Lyon - Real Madrid. 1-1 (Gerland, 22 de febrero)

Empate que sabe a poco. En un partido típico de ida de Champions, en el que los dos equipos salen concentrados, intensos, sin permitirse alegrías defensivas, el Madrid pudo dejar la eliminatoria sentenciada sin merecerlo claramente y, al final, acabó empatando un partido que tampoco mereció empatar. En todo caso, el resultado más justo hubiera sido 0,5 a 1.

La primera parte fue un tostón insoportable lleno de interrupciones, ausencia de juego de ataque y permisividad del árbitro en la reiteración de faltas cometidas por le equipo local. Apenas un par de remates desde fuera del área de Di María y Cristiano Ronaldo de falta sin casi peligro. Por parte del Lyon, un remate con más peligro de Gomis tras una mala salida de Casillas. Nada más, aburrimiento total.

El Madrid entró algo más enchufado en la segunta mitad rematando dos veces al palo en jugadas a balón parado: una extraordinaria falta lanzada por CR7 y un remate de cabeza en un córner de Sergio Ramos. El Lyon tuvo suerte en ambas ocasiones, así como en el clarísimo penalti no señalado por el lamentable árbitro. Ojalá el Madrid tenga un arbitraje made in UEFA, así de casero, en el partido de vuelta.

Al poco tiempo salió Benzema y al minuto de estar en el terreno de juego consiguió el gol de su equipo, después de una buena jugada de Özil, extraordinario en la recuperación y el regate, y el delantero francés, que culminó con un pelín de suerte con un disparo mordido que se coló por entre las piernas de LLoris.

A partir del gol la eliminatoria se puso franca para el Madrid, sólo a la espera de finiquitarla a la contra, su gran arma. Sin embargo, en esta ocasión no le funcionó el contraataque. En las tres ocasiones que tuvieron lo montaron mal, sin coordinación entre sus puntas y con evidente ansiedad. Visto lo visto, quizá sí que pesó más de lo debido los seis años cayendo en octavos, porque no estuvo muy fino el Madrid. Sólido sí, pero brillante no.

Casi al final, tras un rebote y un despiste defensivo, Gomis se encontró solo en el área y consiguió un empate que parecía imposible tal y como se estaba desarrollando el juego. Una pena, porque el Lyon tampoco dispuso de más ocasiones que ésta. Aunque el Madrid tampoco puede quejarse mucho de su suerte, ya que además del gol y los dos palos a balón parado no creó más ocasiones.

La eliminatoria se pone a favor, pero se ha perdido una buena oportunidad de dar un golpe de autoridad y mostrar a toda Europa que este año sí se puede contar con el Madrid como uno de los favoritos ganando claramente al Lyon. La alineación del principio, sin el trivote que se había rumoreado, invitaba al optimismo, aunque al final el equipo blanco no mostró la superioridad que se le presuponía. Ahora toca resolver en el Bernabéu. ¡Que llegue el partido de vuelta ya! 

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Real Madrid - Levante. 2-0 (Santiago Bernabéu, 19 de febrero)

Comodísima victoria del Madrid que se enfrentó al equipo más patético que ha pasado por su estadio esta temporada. El Levante, imagino que acobardado por el 8 a 0 que le endosaron en Copa, se presentó en el Bernabéu a no perder por goleada. Nada más. Acabó encantado con el resultado final, que hubiese firmado antes del inicio. Su falta de ambición fue tal que no llegó a chutar a puerta, ni un solo remate hizo en todo el choque. ¡Lamentable! Ojalá descienda a Segunda. Unos deportistas así no merecen jugar en Primera ante equipos como el Madrid.

Así pues, el análisis del partido resulta absurdo. Sólo uno de los dos quiso competir y tampoco mucho, ya que el equipo blanco aprovechó la debilidad y la apatía de su rival para sestear antes del importantísimo enfrentamiento contra el Lyon en Champions. Ni en sus sueños más húmedos, Mourinho pudo esperar un partido tan plácido.

El único que jugó al 100%, como siempre, fue Cristiano Ronaldo. Remató de todas las formas imaginables: a bocajarro, desde fuera del área, de falta, de cabeza...Un recital de ocasiones que la ansiedad del portugués una veces y la buena actuación de Munúa en otras impidieron que el impetuoso delantero se marchase a casa con un saco de goles. Parece evidente que este chico no sabe jugar de otra forma. Su ambición a veces le traiciona. Aunque benditas sean sus ganas. Los jugadores granotas deberían aprender de sus ganas de competir y ganar.

Fue un partido para disfrutar de los secundarios. Raúl Albiol estuvo impresionante en defensa, cosa que viene siendo habitual en las pocas ocasiones en las que juega. Está rápido, bien colocado, inexpugnable por alto, con ganas de demostrar que merece un lugar en el equipo titular. Khedira cada vez participa más y se suelta de vez en cuando en ataque. Es un trotón lento y con escasa capacidad de organizar al equipo, pero lo compensa y ayuda mucho a juntarlo en el centro del campo, además de hacer buenas coberturas a los laterales. 

Los goles llegaron en el primer tiempo. El primero al comienzo del partido en una habilidosa jugada de Di María, que dribló a tres contrarios en una baldosa del área y asistió a Benzema para que marcase a placer. Por cierto, al delantero francés le ha venido bien la competencia de Adebayor, parece más enchufado y participativo que nunca. El segundo, poco antes del descanso fue obra de Carvalho, en un remate a bocajarro - una especie de acto reflejo - remachando un obús de falta de Cristiano Ronaldo.

La segunda mitad continuó con el monólogo del Madrid, la resignada impotencia del Levante, la obsesión por golear del 7 blanco y el regalo en forma de sustitución de Özil por Kaká en los últimos 15 minutos. El fino estilista alemán dio una asistencia magistral y realizó una jugada antológica que acabó en gol anulado, que de no ser por los rápidos reflejos de Munúa se habría convertido en una obra de arte preciosa. Este chico es maravilloso. Desde Zidane ningún jugador del Madrid me hacía disfrutar tanto. Es un artista de una elegancia sublime. Sin duda, mi jugador favorito de esta plantilla. Sé que no es el más decisivo (Ronaldo) ni el más experimentado (Iker y Xabi), pero sí el que me regala los ojos una y otra vez con su delicioso fútbol.

Y el martes los octavos de la Champions. ¡Por fin llega la gran cita de la temporada! El Madrid debe obtener un resultado convincente en el partido de ida en Lyon que disipe las dudas y miedos que puedan existir en el club y, de paso, sentenciar el pase a cuartos de final de la competición.

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Español - Real Madrid. 0-1 (Cornellá - El Prat, 13 de febrero)

Otro partido muy serio y solvente del Real Madrid. A pesar de quedarse con 10 desde el minuto uno de partido, lo controló absolutamente y no pasó apuros. La expulsión de Casillas permitió ver a un equipo solidario, bien armado y con oficio.

Xabi Alonso volvió a estar espectacular en las ayudas defensivas, especialmente en la banda izquierda cubriendo las subidas de Marcelo. Pepe volvió al equipo titular y, aunque Callejón le ganó la partida en la jugada de la expulsión, estuvo rápido al corte e insuperable por alto. Además, no cometió ninguno de sus puntuales errores garrafales que tanto afean su habitual solvencia defensiva. 

Marcelo logró el gol del partido tras un buen pase de Cristiano Ronaldo y la amable participación de Kameni, que descuidó su palo. El gol reflejó el impacto que tiene Marcelo en ataque, pues penetra las defensas rivales como si de un cuchillo se tratase. Lástima que en defensa se complique más de la cuenta con arabescos innecesarios. 

El Español empezó empujando y teniendo más el balón, pero estuvo impreciso y casi no dispuso de ninguna oportunidad. Conforme avanzaba el partido se le iban nublando más y más las ideas.

El equipo blanco pudo sentenciar a la contra en varias ocasiones, sobre todo, de Adebayor, que dispuso de tres clarísimas. Es un buen delantero: rápido, aguanta muy bien el balón de espaldas a la portería y presiona la salida del equipo rival. No había en la plantilla blanca este perfil de jugador, por lo que supone una interesante alternativa para lo que resta de temporada.

Cristiano Ronaldo fue un peligro constante con sus arrancadas en los contraataques. Asistió a Marcelo en el gol y a Adebayor en varias ocasiones. En carrera y con espacios es imparable. Si entendiese mejor el juego...

El debate sobre el bajón físico del Madrid quedó zanjado en la jornada de hoy. Aguantó perfectamente jugando todo el partido con uno menos y pareció llegar fresco al minuto noventa. 

Ahora la distancia es de cinco puntos, gracias al pinchazo del Barça en Gijón. Son únicamente dos partidos en lugar de tres. Sigue siendo una distancia considerable, pero el Barcelona parece mortal. Llega un mes de Champions con partidos intensos y duros. A ver qué sucede en Liga con Barça y Madrid. 

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Real Madrid - Real Sociedad. 4-1 (Santiago Bernabéu, 6 de febrero)

Plácido entrenamiento del Madrid. La Real parecía un equipo de juveniles al que le creaban ocasiones sin cesar y sin apenas esfuerzo. Cayeron cuatro como podían haber sido diez. Sin duda, el Bernabéu agradeció asistir a un partido cómodo después de los últimos encuentros de la cuesta de enero.

La historia del partido se resume en la infinidad de remates del equipo local ante la pasmosa pasividad del equipo donostiarra. Kaká encontró pronto el gol con un remate dentro del área a placer, como casi todos los que se produjeron a continuación. Cristiano Ronaldo se reencontró con el gol por partida doble. El segundo con una de sus mejores suertes: el poderoso remate de cabeza. Y Adebayor cerró la cuenta con un remate bien dirigido. Incluso el gol de la Real fue anotado por un defensa merengue.

¿Qué historias hay detrás del partido, pues? Pues algunas interesantes. La primera de ellas es la aparición de Adebayor en el equipo titular en detrimento de Benzema. Se le ha visto rápido el gusto a Mourinho. Parece que estaba deseando quitarse de en medio al francés. Además, el delantero togolés ha llegado con estrella, ya que ha anotado en dos ocasiones en apenas una semana en el conjunto blanco. Tiene una forma curiosa de moverse el reciente fichaje. Da la sensación de indolencia y de lentitud; sin embargo, es sólo una percepción, cada una de sus zancadas vale por tres de la del defensa rival. Es un delantero diferente, hasta original diría yo. Tengo ganas de observarlo en más partidos y, sobre todo, en los decisivos de Champions. Ojalá concrete las esperanzas que me ha despertado, ya que a priori no me hizo especial tilín su contratación.

Y una mención especial merece Özil. ¡Qué jugadorazo! Es extraordinario, elegante, rápido, venenoso, estético, sutil, inteligente...se me acaban los adjetivos. Cada vez adquiere mayor peso en el juego del equipo. Siempre ofrece la mejor de las soluciones de la forma más vistosa posible; pero sin absurdos barroquismos como las rabonas de Di María. Simplemente escoge la mejor opción con absoluta naturalidad y deja brotar su inconmensurable clase para asistir a sus compañeros e incluso golear. Sus números ya son de súper clase: 9 goles y 12 asistencias en lo que va de temporada. Además, mezcla muy bien con el estilo de juego vertiginoso del resto de sus compañeros de ataque. Él es capaz de pararse donde el resto escuchan trompetas de guerra y pensar en décimas de segundos la mejor de las opciones para su equipo, acertando casi siempre. Tiene muchas de las cosas buenas de Guti, ninguna de las malas y otras muchas cosas buenas de las que carecía el 14. Sin duda, el mejor jugador que ha fichado el Madrid en términos de calidad-precio en los últimos años. Si el equipo sabe entender a Özil y éste asume los galones, el Madrid crecerá mucho. Y es imprescindible que así suceda si se quiere competir con este megaBarça.

 

 

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Real Madrid - Sevilla. 2-0 (Santiago Bernabéu, 2 de febrero)

Costó, costó demasiado, a pesar del aparente claro resultado. Salió bastante enchufado el Real Madrid, presionando arriba y teniendo una clara ocasión de Benzema tras un disparo al palo del últimamente desaparecido Di María. Sin embargo, el Sevilla en seguida inquietó la portería blanca, gracias a la insistencia de Negredo, la participación de Rakitic y el talento de Kanouté para bajar melones y convertirlos en balones jugados.

Fue una primera parte entretenida que mostró a un Cristiano Ronaldo muy desafortunado en todo: disparos, regates, pases y ocasiones clarísimas falladas. Esperemos que se trate de un bache, porque el portugués es más de medio Madrid. Otro ausente en esta primera parte fue Xabi Alonso, gracias al buen trabajo defensivo de Kanouté. Y si Xabi no aparece, su equipo se resiente. 

Durante gran parte de la segunda mitad el conjunto local pareció jugar con fuego, cediendo el juego al Sevilla. Tampoco se vio excesivamente inquietado por los atacantes sevillistas, que apenas dispusieron de ocasiones, pero el runrún en el estadio no hacía presagiar nada bueno.

Afortunadamente, el mejor jugador del Madrid esta noche fue el cronómetro, que obligó al Sevilla a abrirse. Ya con espacios, el Madrid machacó a la contra en los últimos diez minutos. Primero con un mano a mano bien resuelto por Özil después de un pase de Khedira disfrazado de Xabi Alonso, y el segundo con un buen control y un remate inapelable a quemarropa del debutante Adebayor. Curiosamente los dos asistentes esta noche han sido los dos mediocentros de contención: Khedira y Lass.

En resumen, una victoria merecida, pero sin excesos. Un Madrid demasiado espeso y algo más contenido de lo esperado tras el batacazo de Pamplona. Probablemente el resultado maquille las carencias mostradas hoy en el partido de vuelta de las semifinales de Copa.

El premio: la final del 20 de abril contra el Barcelona. No se me ocurre mejor partido para una final de Copa del Rey. Parece mentira que hayan pasado más de 20 años desde la última. Una oportunidad pintiparada para vengarse del Barça tras las últimas sonrojantes derrotas infligidas por los culés. 

 

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Osasuna - Real Madrid. 1-0. (Reino de Navarra, 30 de enero)

Llegó la segunda derrota del Madrid en Liga en un partido pestoso, de pierna dura y equipo local sobreexcitado. El Real Madrid no hizo nada especialmente mal, ni tampoco especialmente bien.

La alineación de inicio sin Xabi Alonso y con el doble pivote Lass - Khedira anunciaba que hoy tocaba poco fútbol. Y así fue. Cuando el entrenador quiso poner remedio ya era demasiado tarde.

Durante la primera parte el equipo merengue llegó en dos o tres ocasiones con rápidas internadas de Cristiano Ronaldo. Por su parte, el Osasuna sólo inquietó con un remate de cabeza de Pandiani. Del resto poco a explicar: presión asfixiante de unos y otros, escaso fútbol combinativo y algunas gotas de Özil, el único centrocampista iluminado de los visitantes.

Los madridistas entraron mejor en la segunda parte, pero recibieron el gol de Osasuna y, a partir de entonces, tocó remar cuesta arriba. Hubo triple cambio con estreno de Adebayor (apenas aportó nada), entrada de Xabi en el centro (sin él es un páramo el centro del campo blanco) y Kaká, que hace mucho que perdió la tilde de su nombre y lo arrastra jornada a jornada. 

El Osasuna se dedicó a cerrarse en defensa, a perder descaradamente el tiempo y a mandar balones a Aranda, que los aguantó con oficio y calidad. El árbitro cosió a tarjetas el equipo local con muy buen criterio. ¡Por fin un árbitro que castiga a los tramposos!

A las 9 de la noche el Madrid se distancia a 7 puntos del Barça. ¿Distancia insalvable? Con 51 puntos todavía en juego no sería sensato tirar la toalla, pero tal como está el líder, ya no se puede perder ningún punto más. Un nuevo traspié y adiós Liga.

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Sevilla - Real Madrid. 0-1. (Sánchez Pizjuán, 26 de enero)

Partido serio, serio del Madrid. Soportó la presión ambiental, se mantuvo ordenado durante todo el partido y obtuvo una merecida y trabajada victoria en el partido de ida de la eliminatoria de Copa.

El papel de Arbeloa, Albiol y Xabi Alonso en defensa fue excepcional. El lateral se comió a Jesús Navas, que había destrozado al Madrid en los últimos enfrentamientos; el central salvó la gran ocasión del Sevilla; y el centrocampista cortó balones, ayudó en defensa, se incrustó entre los centrales, compensó al equipo, dio extraordinarios pases en largo y estuvo a punto de marcar un gol antológico. Sublime el tolosarra.

Özil también aportó lo suyo con su profundo conocimiento de las necesidades del equipo en cada momento. Además, interpreta el fútbol con una sutileza y delicadeza que hacen de sus movimientos elegantes interpretaciones de las diferentes suertes del fútbol. 

Benzema contestó a la noticia de la contratación del delantero que demandaba Mourinho, Adebayor, con un buen gol y un partido solidario y de entrega. A ver si la competencia activa al francés y se desata de una vez. Pocas más oportunidades va a tener en el equipo blanco.

El partido transcurrió en la misma frecuencia durante los noventa minutos. El Sevilla impotente, sin enlazar apenas tres pases seguidos. El Madrid ordenado, sus líneas compactas, la presión incansable. El gol llegó muy pronto, a los 17 minutos, en una buena jugada de Benzema, que combinó carrera, regate, engaño y remate: un gol de manual. 

La mejor noticia para el Madrid fue que únicamente concedió dos ocasiones a su rival: el remate que salvó con polémica en la línea de gol Albiol y un postrero remate de Negredo en un corner. El resto fue un mar de tranquilidad sin sobresaltos y con absoluto control de la situación en todo momento. Este fue el gran mérito del Madrid esta noche.

Y ahora toca ver la adaptación de Adebayor al equipo y, sobre todo, su aportación. Mourinho ha apostado fuerte y ha ganado por el momento su pulso a Jorge Valdano, el indigno director general del Real Madrid, pero tiene toda la pinta de que se trata sólo de la primera de las batallas entre ambos. Veremos quién gana la guerra.

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Real Madrid - Mallorca. 1-0. (Santiago Bernabéu, 23 de enero)

Partido de 45 minutos. La primera parte no existió, nadie jugó. Un solitario disparo al palo de N'Sue en una contra del Mallorca y el páramo más absoluto. El césped parecía un erial sobre el que era imposible crear nada. Aunque viendo al agricultor jefe que presentó el Madrid en el centro del campo, Gago, era de esperar. Este jovencito argentino parece más dotado para el tango que para el fútbol. Ese aire nostálgico que transmite haría de él una primera figura en los locales bonaerenses. Porque si hablamos de fútbol, el chico anda algo corto.

Otro que da pena es Kaká, al que se sigue esperando incomprensiblemente. Nunca llegará, se le pasó el arroz, está acabado. Goteará algún gol, nos iluminará fugazmente con alguna de sus elegantes arrancadas, se asociará de vez en cuando con otro atacante en paredes cortas y precisas, pero nada más. El gran Kaká sólo será el del Milan. El del Madrid será un prejubilado de lujo con sonrisa fetén y meteduras de pata como la crítica a su compañero Benzema.

El fútbol apareció en la segunda parte. Tampoco a borbotones, pero algo se pudo ver. Se supo desde antes de empezar este segundo tiempo con los cambios de Gago y Kaká por Xabi Alonso y Özil. La distancia futbolística entre estos dos últimos y los dos a los que sustituyeron es enorme. Xabi, a pesar de su lentitud, da salida al equipo y ensancha el campo con sus pases largos. Özil es un iluminado que baila entre líneas sin pisar a nadie, ofreciéndose a sus compañeros y habilitándolos con sutiles y bellos pases. Mourinho intentó reservarlos para futuras batallas, pero debió recurrir a ellos. En cualquier caso, el técnico portugués sigue demostrando que lee bien los partidos y conoce a sus jugadores.

El gol llegó mediante ese juego de pases cortos entre líneas. En esta ocasión, una asistencia de Granero a Benzema, que se acomoda el balón con un rápido juego de pies y dispara con la izquierda sorprendiendo al portero mallorquinista. A partir de ahí más ocasiones del Madrid, dominio del equipo local y partido sosote, sólo alterado por una última ocasión del Mallorca que salvó un seguro Casillas.

Parece que este Madrid está empezando a sopesar los esfuerzos que le quedan por delante. Ya no va a tumba abierta, con ese ritmo desenfrenado de hace unas jornadas y la enorme intensidad desde el primer hasta el último minuto. ¿Bajón físico, cálculo premeditado, mera suficiencia? Lo veremos en breve. El calendario y la importancia de los partidos va subiendo de temperatura.

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Almería - Real Madrid. 1 - 1 (Estadio de los Juegos Mediterráneos, 16 de enero)

Sorpresa...pero no tanto. Desde luego, a priori nadie podía esperar un tropiezo del Real Madrid ante el hoy por la mañana colista. Después de ver el partido, quizás no es tanta la sorpresa.

Al Madrid le costó meter intensidad al partido. Parecía tener claro que tarde o temprano llegaría su gol y teniendo en cuenta los esfuerzos realizados y, sobre todo, por realizar en este mes de enero con Liga y Copa cada tres días, decidió tomarse un ligero descanso. Sorprendentemente lo pagó caro con la pérdida de dos puntos que jamás debió dejarse en Almería. 

La primera parte fue sosa y con pocas ocasiones. Un poco de empuje del de siempre (Cristiano Ronaldo), unas gotas de Özil, otras de Marcelo y poco más. Del equipo local tampoco se tuvo noticias más que del bullicioso Piatti, un astuto pigmeo.

El equipo blanco dejó de sestear al entrar en el segundo tiempo. Le metió una marcha más al partido y empezó a llegar con más presencia al área rival. Sin embargo, cuando menos lo esperaba recibió un extraño gol, más por falta de tensión defensiva que por mérito del rival.

Mourinho reestructuró al equipo, que pasó a jugar con tres defensas, y tras unos minutos de dudas encerró al equipo local. Granero obtuvo el gol del empate en un buen contraataque bien interpretado por Benzema, que salió en sustitución de Kaká y lo mejoró ostensiblemente. 

A partir de entonces algunas llegadas más del Madrid, pero no excesivamente claras. Las continuas interrupciones que el árbitro permitió a los almerienses rebajaron la tensión del choque. El Madrid se empantanó y no consiguió inquietar a Diego Alves más que con algún cabezazo de Sergio Ramos y algún disparo desde fuera del área de Xabi Alonso, hoy desaparecido, y Cristiano Ronaldo.

Únicamente dos libres directos de CR7 inquietaron al Almería en el descuento: el primero parado con la mano dentro de área por M'Bomi, que el árbitro sacó fuera, y el posterior zambombazo que se estrelló en el larguero reflejando la suerte esquiva que tuvo el Madrid esta jornada, pero que en cierto modo también se buscó por no acometer el partido con la determinación y ambición de los últimos choques.

Muy probablemente el Barça quede a cuatro puntos de distancia en lo alto de la clasificación en el ecuador de la Liga. Tocará remar contracorriente, así que veremos qué remeros toman la responsabilidad de revertir la situación y cuáles deberán ser enviados a galeras a la conclusión de la temporada.

Nota post partido: se rumorea que Van Nistelrooy podría ser el '9' deseado por el Madrid para cubrir la baja de Higuaín. Nada me haría más feliz. Es un excelente profesional, un delantero voraz, una pesadilla para la defensa contraria y un tipo al que admiré en su anterior etapa en el Madrid. Ojalá venga y ponga un broche de oro a su extraordinaria carrera futbolística en el equipo de Chamartín.

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Real Madrid - Atlético. 3-1 (Santiago Bernabéu, 13 de enero)

Resultado final justo, resultados parciales injustos. El enésimo ejemplo de los inescrutables caminos del fútbol. La primera parte acabó con empate a un gol, a pesar del vertiginoso juego del equipo blanco. Practicó un fútbol supersónico, increíblemente veloz. Dispuso de infinidad de ocasiones. Sin embargo, consiguió su gol en un lanzamiento de córner con un remate de cabeza de Sergio Ramos. Por cierto, ya iba siendo hora de que el vigoroso y sobrevalorado defensa de Camas anotase un gol de cabeza. Jugar de central no sólo beneficia a su equipo, hasta le da suerte.

El árbitro, a pesar de conceder el gol atlético de Forlán tras un fuera de juego del Kun, permitió el rápido e intenso ritmo de juego al no pitar chorradas y faltitas varias. Deberían proliferar en España estos arbitrajes a la inglesa. Sin duda alguna, benefician el espectáculo.

Cristiano Ronaldo se hinchó a disparar sobre la portería contraria. Con cada partido su figura se agranda. De forma inversamente proporcional, la de Benzema se empequeñece. Ni está ni se le espera. Mourinho tiene razón al pedir otro delantero centro. Probablemente le bastaría con cualquiera con un pelín de ganas. Incluso un crash test dummy aportaría más al equipo que el lánguido francés.

La segunda parte bajó en intensidad. El Atlético se replegó a la espera de su oportunidad, que casi llegó con un disparo del Kun y un remate al palo de Forlán. Los colchoneros perdían el balón demasiado rápido y otorgaban mucha posesión al Madrid. 

Salió Kaká sin aportar apenas nada más que su lentitud y su cara de niño bueno. El que no tiene cara bonita, pero sí un talento inmenso es Özil. Realizó una magnífica jugada con desborde, rápido y dulce recorte sobre el defensa y suave centro, que remató en boca de gol CR7 consiguiendo el segundo para su equipo. El tercero fue obra del propio Özil tras un regalo de la defensa atlética a punto de cumplirse el tiempo reglamentario.

Victoria fácil y buena renta del Real Madrid para el partido de vuelta, que podrá plantear a la contra en el Vicente Calderón, con espacios y equipo rival volcado, como tanto le gusta y tan buenos resultados obtiene.

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Real Madrid - Villarreal. 4-2 (Santiago Bernabéu, 9 de enero)

Trepidante partido con dos partes diametralmente opuestas. Durante el primer periodo el Villarreal bailó al equipo blanco, que naufragó lastimosamente en defensa con un Marcelo muy solo y un Albiol muy lento y desubicado. Cani, Cazorla y especialmente Rossi - un exquisito y extraordinario jugador - menearon al Madrid a su antojo con pases entre líneas y a la espalda de la defensa. Fruto de ese juego combinativo llegaron sus dos goles, obra de Cani y Marco Rubén. 

Lo único positivo del Madrid en la primera parte fue el marcador, que llegó igualado a dos tantos gracias a Cristiano Ronaldo, autor de ambos goles. La voracidad del portugués no se aprecia únicamente en sus veloces arrancadas desde cualquiera de las dos bandas, sino en las frías estadísticas: ha jugado 62 partidos oficiales con el Real Madrid marcando 63 goles. ¡Alucinante! Nunca vi nada igual. 

La segunda parte fue un monólogo del Madrid, con presión constante y numerosas llegadas al área rival. El entrenador puso de su parte cambiando de posición a Sergio Ramos por Raúl Albiol. El equipo también puso lo suyo entrando al campo con otra actitud. Di María volvió a ser la guindilla que acostumbra, Xabi movió a sus compañeros con cambios de juego y pases en profundidad, Marcelo adelantó su posición y llegó al área rival con asiduidad, y Cristiano Ronaldo percutió una y otra vez hasta conseguir adelantar a su equipo en el marcador a falta de diez minutos para el final.

El gol define perfectamente lo que es este infatigable competidor: primer remate fallido, recuperación inmediata de la verticalidad, porfía de la posición ante la defensa rival, dominio de los espacios, giro endiabladamente rápido de 180 grados y remate con su pierna izquierda ajustado al palo. Todo ello gracias a su gen competitivo y a un físico privilegiado que le permite hacer casi cualquier cosa.

La guinda se la ofreció en bandeja de plata CR7 a Kaká para que se congraciase con la afición y recuperase el ánimo tras su larga baja por lesión.

El Madrid consiguió derrotar al mejor equipo que ha pasado este año por su estadio de largo con algo de fútbol, mucho del portugués y toda la pasión y la casta que tanto gusta a su afición.

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Real Madrid - Sevilla. 1-0. (Santiago Bernabéu, 19 de diciembre)

La ausencia de Xabi Alonso y la lamentable actuación arbitral abocan al Madrid a la heroica, donde tan bien se mueve en ausencia de fútbol.

El centro del campo blanco naufragó sin el tolosarra, algo sospechado desde tiempo atrás. Ya el año pasado cayeron eliminados en octavos de la Champions con el Lyon sin poder contar con la participación de Xabi Alonso en el partido de vuelta. En definitiva, no hay sustituto en la plantilla para él. Sin el concurso de Xabi, el Madrid no carbura y funciona a fogonazos.

El Sevilla tampoco ofreció mucho, sobre todo, en ataque. Aún así dispuso de dos ocasiones con 0 – 0 en el marcador, un cabezazo de Escudé que se escapó por poco y un mano a mano con el portero desperdiciado por Negredo.

La primera parte fue espesa y sosa por ambas partes. La segunda se fue encabronando poco a poco, por obra y gracia de un inútil con silbato, que desquició al equipo local con decisiones erróneas (expulsión a Carvalho y penalti no señalado sobre Granero) y un resorte tarjetero inusual que se ensañó con el Madrid.

En esa vorágine de poco fútbol, muchos nervios y más protestas, emergen los jugadores con carácter. Di María no se escondió y porfió hasta conseguir un bonito gol: un remate sin ángulo tras engañar al portero sevillista. De aquí hasta el final, más tensión, más tarjetas…nada de fútbol.

¿A quién apuntó Mourinho en la rueda de prensa con ese dardo envenenado lanzado al club? Parece evidente que a la dirección deportiva. Jorge Valdano nunca debió formar parte del segundo proyecto de Florentino Pérez, que nació con ese pecado original. Cuanto antes se quite ese lastre engominado y cursi de encima, mejor le irá al club de Concha Espina.

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Zaragoza - Real Madrid. 1 - 3. (La Romareda, 12 de diciembre)

Otro entrenamiento más. Apuntaba a partido duro contra un equipo desesperado por salir del pozo de la clasificación, pero apenas duró diez minutos su vigor. Lo que siguió fue un monólogo del Madrid.

El dinamismo de Lass bastó para dominar el centro del campo y, por consiguiente, el partido. Ni siquiera se requirió de un buen partido de Cristiano Ronaldo, aunque sí anotó un golazo de falta directa para engrosar su impresionante estadística. Ya lleva 18 en Liga. 

El primer gol, no obstante, lo marcó Özil finalizando un buen contraataque conducido por Marcelo, que jugó un buen partido. Es sintomático que Lass y Marcelo sean los destacados del equipo blanco. Revela lo poco que el Zaragoza exigió al contrario.

El partido acabó al inicio de la segunda parte con el tercer gol del Madrid conseguido por Di María tras un excelente pase a la espalda de la defensa de Xabi Alonso. El equipo local acortó distancias de penalti y se dio por satisfecho. No inquietó nada más.

Este partido se está repitiendo en demasiadas ocasiones. El Madrid vence con una facilidad pasmosa, apenas encuentra equipos que le hagan sombra. Gana porque son infinitamente mejores que sus rivales. Le sucede lo mismo que al Barça. Lo malo es que su enemigo íntimo le pasó por encima y ahora parece imposible que puedan perder puntos ninguno de los dos equipos. La Liga se está empobreciendo peligrosamente. La diferencia entre los dos grandes y el resto es abismal. Las jornadas transcurren como meros trámites a la espera del partido de vuelta en el Bernabéu. Lástima que debamos esperar hasta abril para ello. 

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Real Madrid - Valencia. 2-0. (Santiago Bernabéu, 4 de diciembre)

Pues sí, hubo resaca de lo sucedido el pasado lunes. El Madrid salió cauteloso. Mourinho quitó a un delantero y puso a Lass(tre) en el centro del campo incrustado entre Xabi Alonso y Khedira. Y el Madrid lo notó en la primera parte. No carburó, estuvo espeso y expectante ante lo que pudiera contraponer el Valencia. Xabi Alonso juega incómodo entre dos mediocentros, le quitan el sitio.

Únicamente una ruptura por el centro que dejó a Khedira solo ante Guaita (un portero de apellido tan sospechoso como sus dotes para el oficio), que marró lastimosamente, y un taconazo de Cristiano Ronaldo en las postrimerías del primer tiempo que lamió el poste.

La alineación inicial dejó en muy mal lugar a Benzema, que con Higuaín lesionado era el único 9 puro de la plantilla a disposición del entrenador. Su ausencia revela la desconfianza del entrenador en el ariete francés. Sus razones tiene: a veces parece invisible en el campo, aún no ha firmado un partido redondo que acredite su condición de estrella y su indolencia es exasperante.

La segunda parte fue totalmente distinta. El Madrid empujó y empujó hasta que llegó el primer gol de la noche de Ronaldo tras un buen pase en contragolpe de Özil. ¿Cuántas veces hemos visto esta letal combinación en lo que va de temporada? 

El Valencia se quejará de una más que discutida expulsión de Albelda, uno de esos jugadores que no sabe jugar a fútbol pero que a base de testosterona, una prensa amable y ciertas dosis de violencia y carácter se ha granjeado una notable carrera futbolística, a todas luces inmerecida. En todo caso, el Madrid ya había tenido oportunidades clarísimas para haberse adelantado en el marcador antes de la expulsión. Sobre todo, una de Di María, que incomprensiblemente tira a la basura con un intento absurdo de lucimiento excesivo; y otra del voraz atacante portugués, que tropieza de casualidad en el pie del portero. Además de un penalti no señalado por el árbitro, uno de esos inútiles que devalúan la competición con su incompetencia y altanería.

El segundo gol lo consigue el equipo blanco también al contraataque, después de una buena recuperación de Lass(tre) y una eléctrica culminación de CR7. Victoria sin brillo, merecida y a otra cosa.

¿Qué sucederá a partir de ahora? El partido contra el Valencia no da pistas. El Madrid había entrado grogui en la UVI con la estrepitosa derrota ante el Barcelona tras un notable inicio de temporada. Ayer el médico le suministró antibióticos y lo mantuvo estable, pero aún debemos esperar a las pruebas de las analíticas del próximo partido de Champions (un mero trámite, pero que se juega en casa con la obligación de recuperar la buena imagen ofrecida hasta el partido del Barça) y, mucho más importante y revelador, el siguiente partido de Liga en La Romareda ante un Zaragoza con el agua al cuello. En estos duelos podremos ver de qué madera está hecho este equipo. 

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FC Barcelona - Real Madrid. 5-0 (Camp Nou, 29 de noviembre)

Baño de realidad. El desconocimiento de su oficio de los laterales del Madrid y el juego de toque y preciso del Barça funden al equipo blanco.

Partido cuesta abajo del equipo local. Todo lo que les pudo salir bien les salió de maravilla y aquello que pudo salirles mal les salió igualmente bien.

Los dos primeros goles son responsabilidad de Marcelo, que no cierra como es debido y le inhabilita para jugar en el Madrid. Nada que no se supiese, pero que últimamente había quedado disimulado por sus espumosas actuaciones, más efectistas que efectivas.

El tercer y cuarto goles son obra de la extraordinaria calidad de Messi y de la defensa adelantada del Madrid. 

El quinto resume la patética defensa del Madrid: pérdida de balón en campo contrario, fuera de juego mal tirado, centrales que no muerden y Sergio Ramos que se deja robar la cartera.

Los errores de Ramos en los Barça - Madrid son recurrentes. No hay clásico en el que no se desnude su fragilidad defensiva en el lateral derecho, se nula lectura de los partidos debido a un C.I. cercano al de un mandril, la intrascendencia en el ataque de su equipo y sus malas formas con la autoexpulsión. Un jugador sobrevalorado que jamás debió durar más de una temporada en el Madrid. 

¿Qué ocurrió entre tanto? Mucho juego preciosista y demagógico del Barcelona, que será vendido como una exhibición del mejor equipo de la actualidad al mando de un magistral Xavi Hernández (¡Por favor, que le otorguen el Balón de Oro!) y un equipo, el visitante, que no compareció.

El termómetro del Madrid es sin lugar a dudas Xabi Alonso. Si aparece es buena señal: si está iluminado el Madrid carbura, si no se atasca. Si no aparece, el Madrid sufre y pierde. No miren al marcador, fíjense en Xabi Alonso, éste les dirá cuál ha sido el resultado.

¿Y ahora qué? Ahora una semana de sufrimiento. El 5-0 es muy, muy doloroso. Hay una diferencia sideral entre el 4-0 y el 5-0. El fútbol tiene estas cosas, estos pequeños matices que lo hacen tan curioso como apasionante. Aunque el resultado haya sido demasiado abultado, puesto que la eficacia del Barça en este partido ha sido elevadísima, el 5-0 es un símbolo, uno de esos resultados que no se olvidan. Por eso es aún más imperdonable el fallo de Sergio Ramos en el minuto 90 dejando a Jeffren marcar a placer. Esperemos que le sancionen duramente por su estúpido manotazo a Puyol, el Madrid vivirá más tranquilo sin su presuntuosa e inoperante presencia.

Sólo queda esperar el partido de vuelta y vengarse con una goleada igual o mayor. A pesar de la imagen ofrecida esta noche, el Madrid puede endosarle una goleada al Barcelona. Es un equipo fuerte, joven y ambicioso, que hoy ha sido superado claramente, pero que se recuperará rápidamente y afilará los dientes en el partido de vuelta esperando oler la sangre del rival. ¡Lástima que queden tantas jornadas para esa revancha!

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Real Madrid - Athletic de Bilbao. 5 - 1 (Santiago Bernabéu, 20 de noviembre)

Castigo excesivo a un equipo que planteó un buen partido, sobre todo, en la primera mitad. Al minuto de juego el Athletic ya avisó de lo que iba a suceder mediante una bonita jugada de Fernando Llorente, que se exhibió durante los primeros cuarenta y cinco minutos de partido, ridiculizando a la pareja de centrales blancos (Pepe y Carvalho). Si a alguien le quedaban dudas, el riojano está para ser fichado por el Madrid. Lo tiene todo: corpulencia que le permite bajar melones y jugarlos con delicadeza, técnica que le permite deshacerse de rivales con facilidad y, sobre todo, gol, muchas variedades de gol. El del honor de su equipo lo anotó él.

El Madrid no salió arrollador como estaba acostumbrado los últimos partidos. Parecía pensar más en el siguiente partido ante el Barcelona que en el que estaban jugando. Funcionó a fogonazos, rápidos y letales contraataques que desarbolaron la frágil defensa bilbaína. Sus delanteros son tan peligrosos con espacios, que organizan la de San Quintín a la más mínima oportunidad gracias a su velocidad. El segundo gol, tras un corner lanzado por el Athletic, habla tan bien del equipo merengue como mal del bilbaíno. Tres flechas - Higuaín, Ronaldo y Di María - propulsadas por el certero lanzero Özil. ¡Qué bien mezcla la pausa del turco-alemán con la voracidad de los tres delanteros blancos!

Entre el primer gol de Higuaín, conseguido con oficio de delantero, y el segundo, Casillas realizó dos paradones a lanzamientos de Susaeta y Llorente, que ayudaron a que la noche fluyera con placidez.

El Madrid se siente a gusto cuando se toca a rebato y todos sus hombres entran en combustión. A veces juegan mejor al sprint, con la arrebatadora voracidad atacante en el entrecejo, que elaborando el juego en el medio campo. Se presenta muy interesante la batalla del Camp Nou la próxima jornada. Dos estilos de juego radicalmente distintos en su mejor versión. A ver qué apuesta futbolística sale ganadora.

El equipo visitante entró en la segunda mitad con las mismas intenciones que la primera, pero pronto se desactivó por culpa de un inocente penalti cometido por Susaeta, que transformó un inesperado lanzador: Sergio Ramos.

A partir del tercer gol, partido cuesta abajo y dos muescas más en el revólver de Cristiano Ronaldo: la primera de un obús a lanzamiento directo de falta que se traga de forma lamentable Iraizoz y la segunda de penalti. Y van quince goles del arrogante luso. ¿A quién le importa su chulería?

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S. de Gijón - Real Madrid. 0 - 1 (El Molinón, 14 de noviembre)

Partido tostón, sin apenas oportunidades. Demasiado tenso desde el principio por culpa del equipo local, que estuvo toda la semana calentándolo. El Madrid fue madurándolo poco a poco, obteniendo el gol del triunfo casi al final gracias al oportunismo de Higuaín después de un buen remate de cabeza de Benzema.

El Sporting estuvo demasiado preocupado de mantener un ambiente sobreexcitado durante todo el partido, sin groserías, pero bronco, pesado, de pierna dura. El equipo visitante no rehuyó el choque. Se está endureciendo el equipo de Mourinho conforme pasan los partidos. Gana partidos fáciles de forma exuberante, y también los duros de resultado corto con oficio y entrega.

La aparición de Benzema en la segunda mitad aportó mordiente en el ataque blanco, aunque debe aportar más, mucho más. Costó un dineral, ya ha transcurrido un año desde su fichaje y apenas se le han visto cuatro detalles. Su último tren está pasando por delante. Parece que está corriendo para evitar perderlo, pero ha de apretar más y saltar sobre el tren si no quiere que se le escape definitivamente.

Una mención especial merece Iker Casillas. Ese tipo que ha levantado una Eurocopa y un Mundial como capitán de la selección española. Realizó un paradón impresionante que evitó el empate del Sporting. Una intervención de reflejos, de concentración máxima tras haber estado todo el partido vegetando. Una parada reservada al mejor portero del mundo.

 

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Real Madrid - Atlético. 2-0 (Santiago Bernabéu, 7 de noviembre)

Duelo resuelto demasiado pronto. El Madrid apenas ha necesitado los primeros 20 minutos, en los que ha arrollado a su rival, para sentenciar el partido con dos goles. El primero tras aprovechar la buena presión en campo contrario del equipo, anotado por Ricardo Carvalho. Sintomático que un defensa central se adentre en el área rival a los trece minutos de partido. El Madrid es un equipo ambicioso. Sin duda el mérito es de su entrenador. El segundo tanto llega de falta: lanzamiento desde un costado del área de Ozil que se cuela manso con la aquiescencia del portero atlético. 

Reacción notable del Atlético que se adueña del balón y genera peligro en la portería blanca. Un penalti no señalado a favor del Atlético después de una clara ocasión marca el cambio de tendencia en el partido.

La segunda parte muestra a un Atlético con ganas, pero sin plan; y a un Madrid convencido de su superioridad a la espera de cazar el tercero en un contraataque. Demasiado funcionarial la actuación del equipo merengue. Contenido, seguro de sí mismo, aunque sin la pasión desatada del inicio del partido. Adormece el juego a su antojo, lo controla, lo mece hasta consumirlo por completo, pero pierde interés, se torna aburrido, tranquilo, predecible. Una pena. Se adivinaba un partido intenso, que ha acabado sin más historia que la irrefutable estadística reciente, que desnuda el complejo de inferioridad del equipo colchonero y la suficiencia del equipo blanco.

Lo más destacable de este periodo las dos voleas que se estrellan en sendos palos dibujadas por Higuaín y Forlán. Precioso gesto técnico, ejecutado con precisión y violencia que se estampa contra los límites de la portería.

 

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AC Milan - Real Madrid. 2-2 (San Siro, 3 de noviembre)

Imperdonable descuido del Real Madrid. Oportunidad desperdiciada de machacar al equipo italiano, un grande venido a menos, y mostrar a toda Europa que este año va por fin en serio, que es un firme candidato a ganar la Champions.

Dominio absoluto del equipo blanco en la primera mitad con un aluvión de oportunidades - 13 disparos en 45 minutos - y apenas un par de ocasiones de Ibrahimovic, un proyecto de gran jugador que nunca lo ha sido ni lo será.

En el último minuto del primer tiempo, buena recuperación de Sergio Ramos y sutil asistencia de Di Maria a Higuaín, que ajusta al palo su remate consiguiendo el primer gol. Descanso y partido encarrilado.

Durante los primeros quince minutos de la segunda parte más de lo mismo: dominio absoluto del Madrid ante un Milan que deambula por el campo caminando cansinamente.

Entra Inzaghi en el campo y revoluciona el partido. Preocupante para el Madrid que una rata del fútbol con 37 tacos de almanaque le dé la vuelta al marcador. El primero tras un penoso y grosero fallo de Pepe, un habitual de los fallos graves. Es tan exuberante el defensa portugués del Madrid, que sus fallos también lo son. El segundo tras un clamoroso fuera de juego no señalado y un buen remate de pillo, anticipado la salida de Iker por bajo.

El equipo blanco no puede desaparecer de este modo en un partido de esta importancia, a pesar de la suerte y las marrullerías del rival. Se ha de aniquilar al contrario cuando se puede, destrozarlo, no dejar que asome la cabeza y si lo hace patearla. 

Afortunadamente, en el descuento un buen pase interior de Benzema lo aprovecha Pedro León para marcar el empate definitivo, un resultado más justo, pero totalmente insuficiente para los méritos globales del Madrid, aunque un buen toque de atención para su apagón de la segunda parte.

Vaso medio vacío: la pérdida de control de un partido completamente dominado. El propio Madrid resucita al Milan con sus fallos individuales y su displicencia contagiada.

Vaso medio lleno: sigue invicto esta temporada, está clasificado para octavos y tiene el primer puesto del grupo casi asegurado.



Real Madrid - Racing. 6 -1 (Santiago Bernabéu, 23 de octubre)

Victoria aplastante. Un único equipo sobre el campo: dinámico, intenso, afilado, demoledor. 

El Racing de Santander colaboró desde el principio adelantando la línea defensiva, dejando espacio suficiente detrás de ella para los pases al hueco a los veloces delanteros del Madrid. El primero de ellos, un largo desplazamiento de Di María a Higuaín, lo aprovechó éste último para materializar el primero con solvencia.

El segundo llegó en un robo resuelto con rapidez entre Higuaín y Cristiano Ronaldo. El tercero más de lo mismo: transición rápida y culminación perfecta del 7 madridista. A los 30 minutos estaba resuelto el partido de forma aplastante.

Se sucedían las jugadas rápidas y verticales de la línea de ataque blanca. El arsenal atacante de este equipo es descomunal. Juegan con mucha intensidad, presionando continuamente al contrario y parecen no saciarse nunca. Huelen sangre y te matan. A la más mínima señal de debilidad, abusan del contrario y lo machacan.

Al minuto de la reanudación, internada de Di María y asistencia a Ronaldo, que marca con tranquilidad. Poco después llega el quinto, cuarto del delantero portugués, al transformar a la izquierda del portero un claro penalti. Cierra la fiesta Ozil con un bonito quiebro y disparo desde el borde del área.

Aún quedaba media hora más en la que el Racing consiguió el gol del honor gracias a un rebote y el Madrid pudo oxigenar a alguno de sus jugadores dando entrada al segundo batallón: Canales, Pedro León y Benzema, los cambios habituales.

Capítulo aparte merece la actuación de Cristiano Ronaldo. Este jugador no juega al fútbol, boxea. Boxea en un ring enorme de hierba en el que jamás se sienta en ninguno de los rincones. Lo recorre de arriba a abajo, pisando la lona verde con la fuerza y la determinación de Rocky Marciano y la agilidad y el carisma de Muhammad Ali. Encara al contrario de frente, ocultando su cuerpo con astucia y soltando de vez en cuando el puño en forma de disparo demoledor que se estrella en las redes de la portería contraria como si de las costillas de su rival se tratase. Busca el KO en cada combate, no le vale ganar a los puntos. Quiere destruir al rival, aniquilarlo, humillarlo. Jamás contemporiza, siempre busca un golpe más, el golpe definitivo. Es un púgil de los pesos pesados metido a futbolista.

 

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Málaga - Real Madrid. 1 - 4 (La Rosaleda, 16 de octubre de 2010)

Victoria fácil e inevitable del Real Madrid. El Málaga, con ese presidente parvenu llegado de los emiratos árabes, no es suficiente equipo para inquietar al conjunto de Mourinho.

Inicio chispeante del equipo local, motivado por el empuje del público y las dudas de Pepe al sacar el balón desde la defensa cometiendo errores impropios de un jugador de su categoría. A los 5 minutos el Madrid toma el mando del partido. De forma gradual, como si de una marea se tratase, va llegando a la orilla del Málaga: por dos veces estrella la pelota en la madera. La primera en una rápida maniobra de Higuaín con regate y disparo desde el borde del área, que besa la comisura del poste, y la segunda con un zambombazo de Khedira desde treinta metros, cuando la luz se le había apagado y no tenía más remedio. 

A la media hora llega el primer gol de la noche de Higuaín, que empalma ajustado al palo y de primeras un centro bombeado de Cristiano Ronaldo. El Málaga reacciona y crea tímidamente algo de peligro a través de Rondón, jugador más enérgico que trascendente.

A punto de llegar al descanso Welligton marra lamentablemente en el centro del campo ante Ozil, que conduce la pelota hasta el pico del área y recorta con la zurda a un defensa para asistir a Ronaldo, que viene en carrera y remata sin apenas oposición. 0 a 2 y partido finiquitado. La marea de juego compacto y sin fisuras emerge poco a poco, pero quien rompe la monotonía provocando oleaje intenso en la defensa rival son los dos protagonistas del segundo gol. La espuma blanca del mar de juego del equipo que hoy viste de negro la forman CR7 y Ozil.

Empieza la segunda parte con un penalty absurdo regalado por el Málaga, que transforma con seriedad Cristiano Ronaldo. El Málaga obtiene el tanto del honor, a través del central Kris, en un saque de esquina mal defendido en el segundo palo por Khedira. Es curioso el papel que juega el alemán de origen tunecino en el equipo. Es un secundario industrioso que acompaña a Xabi Alonso en la medular y que aporta más bien poco. Si mantiene la pelota más de dos o tres segundos se le ven sus enormes carencias en el juego.

Sin tiempo para muchas celebraciones llega el cuarto del Madrid en una buena combinación entre Ronaldo e Higuaín, que culmina éste último cruzando al palo largo del portero. Gran partido de Cristiano Ronaldo: dos goles y dos asistencias. Parece que en las dos últimas semanas ha salido del estado de ansiedad que le atormentaba desde principios de temporada después de su paupérrimo Mundial. Es un jugador extraordinario que aún debe mejorar en su conocimiento del juego. Es un magnífico solista, pero no sabe dirigir todavía al equipo. No posee las dotes de director de orquesta que sí tenía Zidane, que en su cabeza escuchaba una armoniosa melodía que sabía transmitir a sus compañeros de equipo como el mejor Von Karajan. Ronaldo, sin embargo, parece escuchar continuamente a Linkin Park tocando a rebato. Se acomoda el violín en el hombro y empieza a deleitar con muestras de su virtuosismo individual, pero no intenta combinar con la cuerda de Ozil, la percusión de Xabi Alonso o los vientos de Higuaín y Di María. Cuando aprenda a dirigir la orquesta en lugar de ser el hombre orquesta será el mejor jugador del mundo.

Hasta el final poco más: los brazos caídos del Málaga, la languidez de Benzema, las ganas de Pedro León y la vuelta del imberbe Canales.

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