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Los viajes de Ósculo

Ósculo era un minúsculo chaval de apenas unos milímetros de estatura que vivía de boca en boca. Se trasladaba mediante besos, momento que aprovechaba para cambiar de boca. Así que viajaba gracias al afecto, la pasión y la lujuria. Con el tiempo había desarrollado un instinto especial para saber cuándo le interesaba cambiar de boca y cuándo no. Al acercarse otros labios y adentrarse en el interior de su húmedo hogar, enseguida valoraba las condiciones del nuevo hogar candidato: niveles de higiene, locuacidad, apetito y promiscuidad del individuo. Todos estos factores resultaban claves para tomar la decisión correcta.

La higiene bucal era el primer filtro a aplicar en la decisión. Si no cumplía los mínimos exigidos, esa boca era automáticamente descartada. No es lo mismo vivir en una boca “Listerine” limpia y fresca que en una hedionda y pringosa, llena de sarro, restos de comida y bacterias campando a sus anchas.

El resto de condiciones eran valoradas por Ósculo de uno u otro modo según su estado de ánimo. Si le apetecía una temporada de tranquilidad, buscaba bocas de personas poco habladoras, apenas comedoras y de costumbres monacales. Si, por el contrario, quería marcha, elegía bocas de personas extrovertidas, que fueran auténticos epulones y ardientes amantes.

Las personas silenciosas, con poco apetito y sin vida afectiva ni sexual le permitían tiempos largos de descanso, ya que la boca apenas se abría ni era invadida por alimentos o lenguas desconocidas. Debemos tener en cuenta que Ósculo había de estar permanentemente alerta para no precipitarse fuera de la boca o, aún peor, despeñarse por las profundidades de la garganta y morir. Era una especie de anfibio que necesitaba humedad y aire para vivir. En la boca de una persona con escasa vida social y apetito modesto el peligro era menor. Solía guarecerse en la parte inferior de la boca, entre la fila de dientes y el labio, a la altura de los primeros premolares. De este modo, un estornudo o un tosido repentinos eran menos peligrosos que en “boca abierta”. A veces, también descansaba en alguna caries, pero tras una mala experiencia en la que casi muere chafado por una espesa bola de pan prefirió no arriesgarse en pequeños lugares de difícil escapatoria.

Sus épocas activas las pasaba en bocas de gente divertida, locuaz, comilona y lujuriosa. Así conseguía viajar mucho y ver mundo, con continuos cambios de hogar. Ósculo veía el mundo a través de la mirada de la boca de otros. Más concretamente, a través del parpadeo de esas bocas, que se abrían y cerraban sin solución de continuidad en interminables tertulias de bar y en copiosas comidas que, a pesar del riesgo de morir masticado, suponían una excitante y frenética actividad por ver todo lo que sucedía afuera colgado desde lo alto de la campanilla para disfrutar de la mejor visión posible. Su habilidad era excepcional: sorteaba enormes grumos de comida, surfeaba olas de saliva y, cual trapecista, saltaba de la campanilla a la colchoneta de la lengua para volver sobre la campanilla o situarse en algún estratégico hueco entre los dientes. Cada vez que se abría la boca él estaba en la mejor posición para ver lo que acontecía allí afuera, en el luminoso y letal mundo exterior, tan sugerente y tan inaccesible para él. 

A pesar de todo lo descrito, el momento de mayor riesgo era el traslado; esto es, el cambio de una boca a otra. Encontrar el momento adecuado en medio de un apasionado beso era muy peligroso. Lidiar con dos lenguas en pleno frenesí, como si se tratase de dos monstruos de las profundidades abisales pugnando por el dominio del mar, suponía jugarse la vida en cada intento. Aún así, Ósculo siempre lo conseguía. Venciendo a los peligros y al miedo propio, saltaba a su nuevo hogar y se disponía a disfrutar de un nuevo y fascinante viaje. 

Mira en tu boca. A lo mejor se ha instalado durante un tiempo Ósculo ávido de sorpresas y nuevas experiencias. Regálale un bostezo de vez en cuando para que pueda contemplar con tranquilidad ese mundo exterior que tanto le entusiasma. 

Zaragoza - Real Madrid. 0-6 (La Romareda, 28 de agosto)

Monólogo, aluvión, exhibición...y otros muchos elogios superlativos se llevará el Madrid tras su incontestable victoria ante el Zaragoza. Una paliza así debiera ser un caramelo para el cronista madridista. Sin embargo, pasada la euforia de los noventa minutos, resulta poco apasionante escribir sobre el partido: es demasiado sencillo y autocomplaciente.

Así pues, intentaré desviar un poco el foco y situarlo en aspectos menos evidentes. Lo que está claro es que el Madrid actuó con una determinación evidente desde el minuto uno hasta el noventa. No decayó su intensidad ni su voracidad. Con esta actitud y con este tipo de rivales será imposible que pierda puntos, ni siquiera jugando como visitante. 

La importancia de Xabi Alonso y Özil sigue siendo crucial en el buen juego del equipo blanco. Si están enchufados, las luces del juego combinativo se encienden y alumbran espacios por doquier que sus compañeros aprovechan encantados. 

El equipo que salió de inicio únicamente presentó como novedad con respecto al año pasado la presencia de Coentrao en el mediocentro, posición en la que fracasó estrepitosamente. Mourinho insiste en alabar sus condiciones como comodín; no obstante, centrado se diluye, no mezcla con Xabi y parece perdido. Sólo cuando cae a banda, la izquierda, su aportación es considerable. Por ahora está lejos de justificar su elevado precio de compra.

La eficacia ante puerta no fue el punto fuerte del Madrid esta noche. Dispuso de cerca de veinte ocasiones claras de gol, únicamente materializó seis. Ya adoleció de pegada ante el Barcelona en la Supercopa. Esperemos que corrijan la puntería. Cristiano abusa demasiado del disparo desde cualquier posición, pero claro, quién le dice algo después de un hat-trick. Benzema está mucho más participativo y su influencia en el juego de ataque es fundamental, pero sigue sin ser un killer. Higuaín, aunque con pocos minutos, parece un pelín fuera de forma. Al igual que Di María, bastante desafortunado durante todo el partido.

Los goles fueron de todos los colores: contraataques (el primero de la noche), aperturas en banda con centro medido y remate a placer (los dos últimos de Ronaldo) o de gran disparo (los anotados por Marcelo y Kaká), o tras un rechace después de una larga jugada en el área rival (disparo de Xabi Alonso desde fuera del área).

En definitiva, una versión muy parecida a la del año pasado, pero mejorada. Deja muy buenas sensaciones y un saco de goles. Ahora parón por las dichosas selecciones y vuelta al tajo esperemos que más calmados. Esperemos que estas dos semanas sirvan para serenar los ánimos definitivamente tras la tormenta de la Supercopa y, poco a poco, recuperar a los lesionados (qué ganas de ver al inédito Sahin en juego) y progresar futbolísticamente, porque el Barça parece igualmente fuerte.

PD ventajista; El ManU machaca al Arsenal 8 a 2. La mayor paliza del equipo londinense en su historia. Otra humillación más para el sobrevalodarísimo Arsene Wenger, el mayor bluff de los banquillos europeos de los últimos años. Me alegro inmensamente. Es un soberbio engreído con demasiada buena fama. Siento escalofríos al pensar que Florentino lo quería para el banquillo del Real Madrid.

perdón

el rey de la hipocresía, que se muestra innecesariamente en la mayoría de ocasiones de forma afectada y, sin embargo, se oculta detrás de su cobardía cuando se le requiere en el fragor de la batalla. 

gimnasio

club social habitado por cachitas del clembuterol, adictos a la rutina, masoquistas del esfuerzo, vividoras de su cuerpo y gorditos con sentimiento de culpa. 

mojito

hielo picado bañado con abundante ron y un chorrito de soda sobre un manto de lima, menta y azúcar, rematado con una mancha de angostura. Encierra la belleza del mar ártico en un vaso con su arenoso azúcar moreno y sus algas de menta y lima en el fondo, sus pequeños icebergs rodeados del embriagador mar de ron y la espuma de las olas de soda desafiando al intrépido marino, que armado de su pajita-arpón sorbe y sorbe hasta dominar la tormenta perfecta desatada en este evocador y delicioso cocktail. 

Arthur Koestler

Arthur Koestler

Escritor de origen húngaro, nacido en Budapest en 1905, y nacionalizado inglés tras múltiples peripecias, que detallaré a continuación. Falleció en Londres en 1983. 

Me topo por primera vez con Koestler leyendo una recopilación de artículos de George Steiner para el New Yorker, en el que describe a un personaje controvertido y brillante. Vuelve a aparecer citado en un libro de Bertrand Russell, si mal no recuerdo, y en algún artículo de prensa. Fundamentalmente por su libro "El cero y el infinito" (traducción literal de la edición francesa del original título en inglés "Darkness at noon"). Al comprar este libro me llevo la grata sorpresa de que se acaban de publicar sus memorias en español, que también adquiero, más por compulsión que por haber leído referencia alguna al respecto. Leo primero "El cero y el infinito", escrito entre 1938 y 1940 después de haber abandonado el Partido Comunista. Se trata de una novela sobre un alto cargo del Komintern caído, como tantos otros, en desgracia en una de las sucesivas purgas del terror de Stalin y el proceso mediante el cual sucumbe a la dialéctica marxista para autoinculparse y firmar su sentencia de muerte. A pesar de ser una historia de ficción, describe perfectamente el oscuro y complejo acontecer de esos terribles años bajo el yugo estalinista en la Unión Soviética. Un buen libro, sin duda.

Pero la gran sorpresa llega con sus "Memorias". Es, sin lugar a dudas, el libro más interesante que he leído. No el mejor, pero sí el más fascinante y apasionante de cuantos he leído. Todavía estoy bajo los efectos embriagadores de su lectura. Lo acabé anoche a las dos y media de la madrugada. Me quedé tumbado en la hamaca de la terraza y hasta transcurrido un buen rato no noté el atronador "chumba-chumba" de las Fiestas de Gracia. En realidad, durante todo el libro suena una imperceptible banda sonora con predominio de instrumentos de percusión que te envuelven en una atmósfera de euforia y pasión.

Es un libro autobiográfico, sí. Pero también es un libro histórico, político, sociológico, psicológico...y de aventuras. La primera mitad del siglo XX está contenida en la vida de Arthur Koestler. Escribió sus memorias con apenas 47 años, entre 1952 y 1954, pero es que había vivido tanto que tenía material suficiente para las casi mil páginas que conforman este maravilloso libro. Vivió la Primera Guerra Mundial como niño de la burguesía culta centroeuropea, la Comuna húngara de 1919, el exilio a la libertina Viena de los años 20, tres años en el protectorado británico de Palestina ayudando a la causa sionista, vuelta a la República de Weimar y su caída en las fauces de Hitler, viaje de un año (1933-1934) en la Rusia soviética abrazando a la causa comunista, miembro de la propaganda del Frente Popular en el París prebélico, encarcelamiento en las cárceles de Franco por espía comunista durante la Guerra Civil española, internamiento en un campo de concentración tras la caída de Francia ante los nazis en 1940, escapada y huída a Inglaterra para vivir los incesantes bombardeos de Londres, vuelta a la Tierra Prometida cuando por fin se declara el estado de Israel (1948), viaje por EEUU y, finalmente, retiro voluntario en Inglaterra donde llevó una vida mucho más pausada desde la década de los cincuenta hasta su muerte en 1983. De hecho, se suicidó junto a su esposa. A los 78 años padecía cáncer y parkinson, por lo que sus facultades físicas e intelectuales estaban gravemente mermadas. Así pues, decidió poner fin a su vida de forma consciente y premeditada. 

Además, todo estos acontecimientos los vivió en primera persona, teniendo un papel relevante en casi todos ellos. Su formación era técnica, ya que estudió Ciencias en la Politécnica de Viena. Sin embargo, no llegó a licenciarse, ya que a un semestre de obtener su titulación lo dejó todo para partir hacia Palestina y participar en la utopía judía. Allí las pasó canutas desempeñando los trabajos más variopintos, incluido el de periodista, al que consagró muchos de sus años. Gracias a ello entrevistó al rey Faisal y a otros muchos líderes árabes. Como curiosidad, fue el primero en publicar una especie de crucigramas en un periódico de Tel Aviv. Hay que tener en cuenta el gran mérito de esta tarea, puesto que el hebreo era un idioma arcaico (hacía 2.500 años que apenas se usaba. En época de Jesucristo se hablaba arameo) despojado de vocales, por lo que plantear un crucigrama debió ser realmente peliagudo.

Su labor como periodista le permitió conocer a celebridades como Thomas Mann, Sigmund Freud y otros. Su vertiente intelectual y de militancia comunista también le abrió las puertas de la intelectualidad socialista centroueropea. Poco a poco, tras su vuelta a Europa después de sus años en Oriente Próximo, fue escalando en la profesión periodística hasta dirigir las publicaciones científicas del emporio Ullstein, la mayor empresa de comunicación centroeuropea de los años veinte y primeros treinta. Hasta que se afilió al Partido Comunista y fue echado de su prominente posición. Debemos tener en cuenta el contexto: transcurría el año 1931 y el partido nazi avanzaba en la política y, sobre todo, sociedad alemanas a pasos agigantados. Por lo que su condición de judío, primero, y la de comunista, después, le abocaban al despido o, incluso, a algo mucho peor. 

Su adhesión al Partido Comunista fue como respuesta a la escalada totalitaria que se desató en Europa en aquellos años. Según él, era la única respuesta posible a los fascismos emergentes. En su descargo, cabe decir que por entonces aún se desconocían los terrores estalinistas. De nuevo, bendecido por su condición periodística, consigue ser invitado a la Unión Soviética para conocerla y escribir sobre los grandes logros del segundo plan quinquenal. El año que emplea en viajar desde Ucrania hasta Asia Central, recorriendo Járkov, Tiflis, Bakú, Ereván, Samarcanda, Bujara y Moscú entre otras decenas de lugares, supone un primer desengaño del sistema comunista, pero aún seguiría años con la venda puesta, sin querer reconocer lo evidente. Este punto es el más sorprendente de sus memorias: tratándose de un hombre tan inteligente, ¿cómo pudo estar "ciego" tanto tiempo? La verdad es que Koestler lo explica perfectamente en el libro y desgrana el proceso, desde su entusiasta afiliación hasta su desganado abandono, con una honestidad envidiable.

Fue un hombre muy curioso: original, irónico, maníaco-compulsivo, inteligentísimo, culto, apasionado, alocado y, sobre todo, aventurero. No le importaba perder su posición o las consecuencias de sus decisiones. Si estaba convencido de algo, iba a por ello. Tal es así que se infiltró por primera vez en la España posterior al alzamiento nacional como espía comunista para recabar información sobre la participación alemana en el levantamiento franquista, gracias a embaucar a varios aristócratas y altos cargos franquistas en Lisboa, entre ellos el propio hermano de Franco. Se entrevistó con Queipo de Llano en Sevilla obteniendo valiosa información y escapó por los pelos al poco tiempo a través de Gibraltar. Volvió a entrar en territorio español, esta vez también con el disfraz de periodista extranjero, y cayó en manos de los nacionales durante la caída de Málaga. Antes vivió el asedio a Madrid, donde circulaba con el que había sido coche (y chófer) de Alejandro Lerroux, y había huido a Valencia escapando de las columnas nacionales y los controles anarquistas. Al ser capturado, estuvo a punto de ser fusilado, pero finalmente, tras tres meses encarcelado en Sevilla, fue canjeado por la esposa de un famoso aviador del bando nacional. 

En la Francia ocupada fue también internado, esta vez por extranjero y antiguo miembro del Partido Comunista. Por entonces, ya había roto dos años antes (en 1938) con el partido, lo que le valió furibundas invectivas de sus antiguos compañeros de filas y de muchos intelectuales que defendían la causa comunista. En su huida hacia Inglaterra a través de Marsella, Marruecos y Lisboa, coincidió con el escritor Walter Benjamin, que le dio la mitad de sus pastillas por si era capturado. Estando en Lisboa se enteró del suicidio de Benjamin en la frontera española y decidió emplear él también las pastillas que aquél le había proporcionado, debido a la desesperación de no haber conseguido un visado que le permitiera entrar en Inglaterra. Afortunadamente, su estómago no era tan duro como el de Benjamin y vomitó todas las pastillas nada más ingerirlas.

Sus peripecias son interminables y, en algunos casos, divertidas. Como su viaje en el zepelín Graff, el primero en dar la vuelta al círculo polar ártico; sus visitas a los burdeles parisinos haciendo tiempo entre trabajo y trabajo en la corresponsalía; su estadía en aldeas de colonos sionistas siendo apenas un adolescente.

También hay un espeso manto trágico: la cantidad de amigos y familiares muertos por la guerra, el nazismo o el estalinismo; el romance con Nadeshda en Bakú y el turbador sentimiento de culpa; sus aflicciones infantiles convertidas en complejos inveterados durante su madurez; y la sensación de que su fascinante vida tuvo un precio altísimo en cuanto a pérdidas.

Además, el libro está escrito con ironía y honestidad. Algunos pasajes embarazosos para el autor son descritos sin paños calientes, reconociendo culpas o mediocridades personales. Por otro lado, tampoco renuncia al hedonismo cuando así lo considera. Por consiguiente, parece un relato autobiográfico bastante convincente. 

Repito que es el libro más interesante que he leído. Lo he disfrutado una barbaridad. Incluso he llegado a racionarlo, frenando para evitar llegar al anticlímax: su final. Durante su lectura me invadía una "sensación oceánica" (por tomar una de las expresiones favoritas de Koestler en sus memorias, bebida de Freud) extraordinariamente agradable. Por cierto, en su última página, ya en el epílogo, hay una reproducción de un cartel en el que se ve a Goebbels quemar un libro de Koestler en 1933 bajo la atenta mirada de Hitler y, al lado, se ve a Pieck quemar un libro de Koestler en 1952 bajo la atenta mirada de Stalin. No se me ocurre mejor reconocimiento para un intelectual del siglo XX que esta doble viñeta. 

En cierto modo, todo lo que escribo en este blog alberga la esperanza de que pueda interesar a alguien. Y no me refiero a cómo escribo, sino a qué escribo; esto es, a las inquietudes que pueda despertar en el lector con respecto a las personas o temas tratados. En esta ocasión, referente al libro de memorias de Arthur Koestler, quiero explicitar mi más ferviente recomendación. Koestler escribió en su día que cambiaba una decena de sus lectores de la época por uno solo que lo leyese diez años después, y un millar de sus lectores de la época por uno único que lo leyese cien años después. Démosle ese gusto, pues. 

Messi - Real Madrid. 3-2 (Camp Nou, 17 de agosto)

Fue Messi el que noqueó al Madrid, como en el partido de ida. Una lástima, porque el Madrid mereció más en ambos partidos, pero la figura estelar del argentino emergió sobre el excelente planteamiento de los blancos. Autor de tres goles y asistente de los otros dos de su equipo, esta Súpercopa es de Messi. Viéndolo jugar e imponerse partido tras partido en su club, sorprende aún más su currículo de fracasos en la selección. Pero esto es harina de otro costal. En la Súpercopa fue el mejor con varios cuerpos de ventaja sobre el resto, como en la anterior temporada.

El partido empezó como el del domingo pasado, con el Madrid presionando muy arriba, disfrutando de su primera ocasión clara de gol a los treinta segundos con un fuerte disparo de Cristiano Ronaldo, que despejó Valdés, el otro héroe azulgrana del torneo. El Barça no conseguía zafarse de la presión rival y perdía balones en zonas peligrosas. Únicamente la maestría de Messi rompió la asfixiante presión con un pase al hueco que Iniesta aprovechó con su clase y elegancia habituales.

Otra vez el Madrid se veía obligado a remar contracorriente. Como Sísifo, sus esfuerzos eran echados por tierra una y otra vez casi en la cumbre por Messi, que con una de sus genialidades destrozaba el buen trabajo de los madridistas. El gran mérito del Madrid fue no descomponerse y volver a subir a la ladera de la montaña con orden, presión y ambición. Empató Cristiano Ronaldo al poco tiempo en una segunda jugada de un córner mal defendido por el Barça, como casi todos. 

No obstante, el Barcelona entró al trapo y dispuso de buenas ocasiones de Pedro y Messi, que supieron aprovechar los espacios dejados a la espalda de la defensa merengue. El Madrid respondió con un misil del delantero portugués que a duras penas despejaron entre Valdés y el larguero y un remate ajustado de Özil desviado por la manopla del entonado portero culé. Fue una primera parte excelente de ambos equipos: vigorosa, con ocasiones, disputada y limpia. El epílogo fue otra genialidad de Messi que adelantó a su equipo en un barullo en el área que definió con sutileza y clase, para desesperación de Casillas. 

La segunda parte perteneció absolutamente al Madrid, que desactivó el juego de toque del Barça por completo. Más allá del resultado, el Madrid puede sentirse muy satisfecho, ya que desarboló al Barcelona durante gran parte de la eliminatoria y, en líneas generales, fue superior a su rival. Sólo Messi malogró los enormes méritos contraídos por el equipo blanco en este Súpercopa. No hubo noticias del famoso tiqui taca en este doble enfrentamiento.

Tras alguna que otra ocasión, llegó el gol de Benzema en otro córner, también en segunda jugada y tras varios rechaces. Parecía que el partido estaba abocado a la prórroga, por el resultado y por justicia, pero apareció de nuevo Messi para llevarse todos los focos y culminar una jugada iniciada al borde del área por él y culminada con una volea espectacular. 

El partido estaba prácticamente finiquitado. Sin embargo, nos aguardaba lo peor: la expulsión de Marcelo por un entradón sin sentido a Cesc y el posterior tumulto entre los jugadores de ambos equipos, que Mourinho aprovechó para agredir de forma barriobajera al segundo entrenador del Barça.

Lo de Marcelo es reprochable: su última acción y una coz anterior a Messi. También Pepe se empleó con excesiva dureza en alguna acción. No obstante, todo ello habría quedado como un pequeño lunar. Incluso la tangana posterior se habría olvidado, ya que ni unos ni otros estuvieron a la altura. Pero la actitud de Mourinho durante el barullo final y, sobre todo, en la rueda de prensa hará que adquiera una dimensión mayor que eclipse el extraordinario partido jugado. Se equivoca gravemente el entrenador portugués haciéndose el sueco sobre los pecados propios y menospreciando a Tito Vilanova. Lo único que conseguirá es empequeñecer los dos partidazos que jugó su equipo - reconocido por el propio Guardiola - y engrandecer su imagen y, por consiguiente, la de su club de equipo macarra.

Desgraciadamente, ahora el Madrid será sometido a un juicio sumarísimo en el que se criticará por igual a justos y pecadores, orillando el hecho de haber conseguido dominar al todopoderoso Barça durante muchas fases de este y el anterior encuentro. Es lo que ofrece Mourinho: en lo deportivo, un fútbol extraordinario; en lo extradeportivo, macarrismo barato. 

Por cierto, gracias a Dios ha vuelto el fútbol. Estos tres meses han sido una travesía del desierto trufada de partidos de pretemporada de pandereta y de una Copa América de un nivel paupérrimo. El Madrid y el Barça han vuelto ¡y cómo han vuelto! Dispuestos a dominar el fútbol europeo esta temporada. ¡Por fin! Y qué inoportuna la huelga de marras. Con esta erección y sin primera jornada de Liga. 

verano

granizado de vacaciones sorbido con extática calma contemplando al horizonte empujar a la marea, que va y viene recordándote que tan pronto llega el verano como se va.

Man on wire

Man on wire

El título hace referencia a un documental sensacional sobre el funámbulo francés Philippe Petit. Este bendito loco tendió un alambre en el World Trade Center un día de verano de 1974 y cruzó varias veces por él entre las azoteas de las dos torres gemelas. 

El documental se centra en la increíble proeza de Petit, sus antecedentes (Notre Dame, un puente de Sidney y otras locuras) y la preparación de su gran reto en Nueva York. Recoge grabaciones de la época y entrevistas al propio Philippe Petit y sus colaboradores treinta y pico años después (el documental se grabó en 2008).

Otro elemento que añade interés a esta curiosa historia es que evidentemente fue una aventura no permitida, es decir, se las tuvieron que ingeniar para subir a escondidas todo el material y montarlo de noche evitado la vigilancia de los guardas de seguridad de ambas torres. 

Al alba, tras varias peripecias e imprevistos, el equipo lo tenía todo dispuesto para que el extraordinario equilibrista caminase sobre el vacío a una altura superior a los 400 metros. Las imágenes son sobrecogedoras, alucinantes, flipantes...Y la cara de los transeúntes que poco a poco se congregaban debajo del minúsculo punto negro en movimiento aún más. Si se les hubiese aparecido la Virgen, su sorpresa hubiese sido menor. Además, el muy "vacilillas" dio ocho paseos entre un extremo y otro del alambre jugando con los policías que esperaban a uno y otro lado para detenerle.

El tal Philippe es bastante cargante. Sus declaraciones son lo peor del documental, no así las de sus colaboradores en esa súper aventura. Sin embargo, me causó una impresión bestial. Es realmente una hazaña impensable, una locura en la que siempre sale cruz, pero que en este caso salió sorprendentemente cara. 

Después de este reto, no siguió con otros similares. Imagino que no había nada más peligroso ni extraordinario por hacer después de sus ocho paseos entre las dos torres gemelas. En cualquier caso, ¡olé sus huevazos!

 

Ennio Morricone

Ennio Morricone

Magnífico y prolífico compositor italiano autor de decenas de bandas sonoras para el cine. Repasar su filmografía es agotador. Es realmente sorprendente la increíble cantidad de bandas sonoras que ha compuesto a lo largo de su longeva carrera de más de cincuenta años. Sobre todo, teniendo en cuenta que muchas de ellas se encuentran entre las más célebres del séptimo arte. 

Sus inicios a finales de la década de los cincuenta están vinculados al cine y a la televisión italianas. A mediados de los sesenta se embarca en varios proyectos con Sergio Leone, antiguo compañero de colegio. Leone filma alguno de los spaghetti western más recordados de la historia del cine con música de Morricone: Por un puñado de dólares; El bueno, el feo y el malo; Érase una vez el Oeste y muchos otros. El insuperable y admirado Clint Eastwood participa en muchas de estas películas. Así pues, ya tenemos la Santísima Trinidad del spaghetti western: Leone, Eastwood y Morricone. 

Lejos de encasillarse en un determinado género, sirve su talento a otras muchísimas películas: El Decamerón, Novecento, Operación Ogro (sobre el atentado con el que ETA asesinó a Carrero Blanco), La Cosa y un sinfín más hasta llegar a la década de los ochenta.

En 1984 compone la banda sonora de "Érase una vez en América", mi película favorita con el permiso de El Padrino I y II. En esta ocasión vuelve a colaborar con Sergio Leone. El estreno supone un fracaso estrepitoso, ya que se exhibe en las salas sin la música compuesta por Morricone y con el montaje original alterado. Sin embargo, tras reestrenarse con el montaje original basado en diferentes flashbacks y la maravillosa banda sonora, la película cosecha un éxito de la crítica absoluto. Este avatar impide ganar el óscar a la mejor banda sonora original a Morricone, que injustamente jamás obtuvo. La Academia debió sentir el punzante remordimiento de conciencia en la nuca y, en 2006, le concedió el óscar honorífico a una carrera dedicada al cine. Lo descojonante del asunto es que al recibir el premio apenas articuló una palabra en inglés, a pesar de llevar entonces casi cincuenta años trabajando para el cine norteamericano. Para qué aprender inglés, si ya sabe italiano. Vamos, como Sergio Leone.

Para constatar lo injustamente tratado que ha sido por los diferentes jurados integrantes de la Academia de cine de Hollywood, baste citar alguna de sus obras de arte para la gran pantalla sin el reconocimiento en forma de estatuilla: La Misión; Los intocables; Cinema Paradiso

Ha sido sin ninguna duda el mejor compositor de la historia del cine. ¿Cuál será su próxima película? No lo sé. A lo mejor está trabajando en cinco a la vez, ya que su prodigalidad es igualmente envidiable. 

Por cierto, hay un disco de Dulce Pontes versionando a Morricone buenísimo: "Ennio Morricone & Dulce Pontes. Focus". 

plastidecor

gelatina de color utilizada como herramienta iniciática de la pintura por millones de canijos de ayer y de hoy. ¿Cuántos kilos de plastidecor habremos comido a lo largo de generaciones y generaciones de niños tontacos? De hecho, me atrevería a asegurar que los humanos somos el 70% agua y el 30% restante plastidecor.

gamba

crustáceo jorobado, cabezón, bigotudo y de ojos saltones que, sin embargo, vuelve loco a muchos. Decapitarlo y sorberle los sesos es un placer aparentemente culinario. Freírlo a la plancha y echarle sal sobre sus heridas es un método aparentemente culinario. ¡Qué va! Es puro sadismo. El mar es lo único que el hombre no ha conseguido dominar nunca y, miserablemente, se venga sádicamente contra los frutos que éste ofrece. 

mutatis mutandis

comodín culto que sirve para ahorrarse una farragosa explicación y, sobre todo, para quedar suuúper bien. Los que trufan su lenguaje de palabros latinos dan tanta rabia como los que hacen lo propio con palabros en inglés. Así que para aquellos capullos que les “castañuelean” los huevos de excitada pedantería usando unos y otros les propongo la fusión perfecta: “changing mutandis”.

silla

ecléctico mueble: en casa, señorial y coqueta; en el cole, amiga inevitable; en la oficina, cínico yugo que bajo su aparente moderna comodidad esconde las fauces del alienante trabajo que te atrapa y no te suelta entre sus reposabrazos; en la política y entre altos cargos directivos, ventosa que se adhiere al culo por siempre jamás. 

horno

calientabizcochos, a los que pone a mil para que luego se los coman otros hinchados de golosa excitación. 

Libros (tipos de)

Hay libros aristocráticos, con sus tapas duras y las páginas gruesas donde las palabras fluyen claras y armoniosas dictadas por grandes autores, que nos regalan novelas célebres y ensayos brillantes. Las páginas crepitan al ser pasadas dejando tras de sí un ligero aroma a bosque recién llovido. Tener uno de estos ejemplares en las manos es un placer reposado, un orgasmo anunciado, un largo sorbo de felicidad.

Otros son como viejas burguesas venidas a menos, decorados pomposamente con pan de oro y letras góticas. Huelen a rancio, a naftalina. Se hojean entre pequeñas nubes de polvo debido al tiempo que hace que nadie los acaricia con sus dedos interesados. Suelen pertenecer a colecciones antiguas de folletines rosas o historias de aventuras poco aventuradas. 

También los hay nuevos ricos: esos súper ventas de portadas coloridas que colonizan las marquesinas de las ciudades y que van envueltos con una banda de Miss en la que algún crítico a sueldo entrecomilla algún halago impostado. Tienen centenares de páginas, casi tantas como millones ha costado su promoción. Abrirlo es como abrir una caja de fuegos artificiales: muy efectista al principio, con una nube de pólvora que se desvanece poco a poco después y nada más. Apestan a golosina, a pasajera frugalidad. Sus páginas satinadas son la metáfora perfecta de su aparente brillo evanescente. 

Algunos son jóvenes y rebeldes, pequeños libros de bolsillo de pocas páginas y letra pequeña, como exhalados por algún imberbe autor que se quiere comer el mundo además de los mocos. Los hay buenos y malos, muy malos. Sin embargo, son honestos, doblan sus tapas blandas ante la adversidad y se esconden tímidos tras algún ejemplar aristocrático de la estantería como muestra de respeto y conocimiento.

Por último, existen los libros bastardos, que son hijos de autores mentirosos y tramposos. En esta categoría se engloban principalmente los libros de autoayuda y las biografías autorizadas o sin autorizar de personajes sin la más mínima condición intelectual. Sus páginas son venenosas, inoculan un veneno lento pero letal, que incapacita al lector a medio y largo plazo a poder consumir y disfrutar otro tipo de libros. 

valle

enamoramiento entre dos montañas. Mientras dura la pasión, el río fluye abundante y ruidoso en su fondo; cuando ésta desaparece, el cauce se seca y silencia, quedando el eco como único testigo de aquellos amores.

atasco

impaciencia sobre ruedas de desconocido origen y misterioso final. En las ciudades, provocado por el exceso de coches. En las carreteras, provocado por el exceso de agentes de tráfico incompetentes.

alba

inicio melancólico del día, que despide los excesos de la noche y anuncia las obligaciones diurnas.

La rebelión de las sombras (XI)

Hoy han desfilado las sombras en diferentes ciudades. Han entrado por el este en agrupaciones de 8 x 16 sombras y han salido por el oeste. Siempre con esa disposición, siempre llevando esa dirección este-oeste, caminando por grandes avenidas, en completo silencio, sin nadie a la cabeza, todas iguales, todas extáticas.

Cuando la cabeza del desfile abandonaba la ciudad, aún seguían entrando sombras por el este. Impresionante demostración de organización. Inquietante muestra de su fuerza numérica. Y helador recuerdo de la estética fascista.

Este acto vanidoso y prepotente de las sombras ha sido entendido como una advertencia, una demostración de poder y, sobre todo, como un aviso de que muy pronto pasará algo más. Más o menos hostil, más o menos sorprendente, más o menos peligroso; pero, seguro, inminente.

La facilidad con la que han desfilado, la absoluta ausencia de resistencia de los cuerpos con sombra, que se abrían entre temerosos y admirados al paso de los regimientos inacabables de sombras, y, sobre todo, la resignación y el silencio a su paso revelan claramente el grado de postración de los cuerpos con sombra. Se reconocen inferiores, asustados, a merced de la voluntad de las sombras.

El desconcierto y la desorganización es cada vez mayor debido al elevado número de huídas de sombras de sus cuerpos, que inmediatamente son internados. Puestos claves sin nadie que los ocupe, conocimientos que se pierden para siempre, desabastecimientos en muchas poblaciones, inseguridad creciente. La anarquía se impone en algunos lugares, primer paso antes del caos absoluto. La sensación de eventualidad se extiende como una mancha de aceite. Se empiezan a notar evidentes síntomas de parálisis social. ¿Qué hacemos? ¿Quién lo acomete? ¿Cuándo? ¿Cómo? Demasiadas preguntas perentorias sin respuesta o, aún peor, con respuestas divergentes.

Las grandes urbes son las que peores consecuencias están sufriendo. El caos aflora antes y, lo que es peor, se propaga con asombrosa facilidad y fiereza. ¿Cómo un determinado orden social ganado día a día a lo largo de tantos años se puede desmoronar tan fácilmente? ¿Cómo es posible que largometrajes como “Mad Max” o “Los hijos de los hombres” hayan pasado de ser películas de ciencia-ficción a películas hiperrealistas? ¿Cómo, cómo, cómo…? nos repetimos una y otra vez con la mirada perdida, los brazos caídos y la boca seca.