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Las obras de Richard Estes muestran paisajes urbanos que más bien parecen fotografías que pinturas. Siempre me ha asombrado la capacidad de los pintores hiperrealistas para aprehender la realidad que pintan con esa perfección. Es como si en su paleta en lugar de pinturas hubiese pedazos de realidad que ellos situasen sobre el cuadro como si de un puzzle se tratase. 

Admiro esta capacidad de reflejar la realidad tal cual es. En cierto modo supone alcanzar la perfección de este bello arte. Podría pensarse que los hiperrealistas carecen de talento para dar una interpretación de esa realidad a sus obras, que simplemente la muestran tal cual la ven. Pero eso no es cierto. Hay infinidad de detalles que confieren a sus obras estilo propio. Un claro ejemplo es Richard Estes, que trabaja con la luz, su reflejo sobre escaparates, capós de coches o cristales de autobús, mostrando la realidad deformada por la concavidad de esos cristales, la superposición de los objetos sobre los que se refleja y la propia iluminación de la hora del día en que está representada la obra. La complejidad de esta técnica, siendo un absoluto profano en pintura, me parece extraordinaria. 

Otro aspecto que me resulta atractivo de las obras de Estes es su contemporaneidad. Observar sus cuadros te resulta familiar, cercano, moderno. Crees haber estado en todos esos lugares. Y no sólo de obras de Nueva York o de otras ciudades norteamericanas, sino también de paisajes urbanos de Barcelona y Madrid, que también ha representado magistralmente con su destreza de máximo exponente del fotorrealismo pictórico.