Hallábase un pedo en comisaría siendo interrogado por cometer delito de mancha. Había sido detenido por haber dejado rastro en un calzón. 

El circunspecto policía le leía los cargos por los que iba a ser encarcelado con otros pedos de su misma indiscreción:

- Señor pedo 8.113.562, deberá usted permanecer en el calabozo hasta que se fije vista para el juicio oral. ¿Posee abogado propio o quiere que le asignemos uno de oficio?

- ¡Yo no necesito ningún abogado. No he hecho nada! - contestó airado el pedo.

- Usted ha manchado la ropa interior de un honesto ciudadano, por lo que le pueden caer de 2 a 5 años de prisión, dependiendo de lo que determine el peritaje del calzoncillo según el tamaño de la mancha.

- ¡Es increíble! Son todos ustedes unos cínicos. Siempre reniegan de nosotros cuando un incontrolado ruido o un desagradable olor les delata. "Yo no he sido, yo no he sido", llevan clamando durante siglos la mayoría de papás y mamás de pedos. Tratan de disimular, de eludir su pestosa responsabilidad, de acusar falsamente a otros o incluso de atribuir la autoría a niños que no se pueden defender. Es una vergüenza esa actitud cobarde y renegada. Les avergüenza que los demás puedan llegar a oler sus asquerosas interioridades o su pestilente alimentación; pero lo que realmente hiede son sus hipócritas conciencias. 

- Pero es que usted en lugar de volatilizarse ha dejado una desagradable e irrefutable prueba de su delito.

- Ya entiendo, ya. Si no hay prueba evidente de nuestra existencia, todo el mundo mira hacia otro lado, incluso la ley; pero si tenemos la desgracia de dejar un rastro, se nos acusa y encarcela por ello. ¡Menuda injusticia!

- Mire, yo me limito a leerle la acusación. La ley es la ley.

- ¡Puagh! ¿Y ese olor? - inquiere el pedo al policía.

- Eeeesto...¿Qué olor? - responde nerviosamente el policía.

- ¿Lo ve? Ha notado el mal olor y, aunque no ha sido usted, ha dudado y se ha puesto nervioso.

- Bueeeeno, pero es que realmente huele mal.

- ¿No ve que está interrogando a un pedo?