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lasnochesdeMcNulty

resentimiento

sedimento que permanece tras la ofensa. Apoyado en la memoria configura el rencor, ese gran enemigo de cualquier tipo de relación. 

conciencia

vocecilla interior repelente y chillona que te impide actuar según te sale de los cojones. Absolutamente castrante en lo individual, pero imprescindible en lo colectivo. 

Papa

CEO de Catholic Industries Inc. Viste de blanco para disimular sus pensamientos oscuros. Su consejo de administración cardenalicio viste, no obstante, más acorde a la filosofía de la empresa: púrpura y negro. 

Bocados de felicidad

                    I

La tormenta perfecta en un libro:

un agitado mar de ideas ordenado en olas de frases,

que impactan cortantes en la cara refrescando el pensamiento

y salando la conciencia, esa estricta gobernanta de la moral. 

Gotas de lluvia y de mar entremezcladas, travestidas:

lectura y reflexión unidos, autor y lector fundidos. 

Éxtasis.

                   II

Orgullo paternal percibido en frecuencia única:

gesto reconocido en el espejo filial, semilla que prendió mejorada;

sonrisa franca, abrazo verdadero, caricia inesperada, beso porque sí;

ojos encharcados, nudo en el alma, orgullo inconmensurable.

Admiración. 

                    III

La santísima trinidad: paisaje, soledad y silencio.

Horizonte lejano difuminado por la luz brumosa del atardecer;

quietud acunada por el estruendoso silencio de la intimidad

bajo cuadros sin enmarcar de inmensas arboledas sibilantes.

Sosiego. 

                    IV

Pellizcos inesperados de sensibilidad:

arrebatos súbitos de embriagadora e incontenible euforia,

recuerdos melancólicos convertidos en fugaces instantes de alegría,

olores evocadores que buscan en algún lugar de la memoria aquella otra vez,

hallazgos inesperados de la memoria más profunda y lejana,

estado dulce e irreal de duermevela que sumerge a la imaginación dentro del sueño.

Emoción. 

 

JJOO

el mayor acontecimiento universal en el que se exhiben extraordinarios deportistas, orgullos nacionales, vanidades empresariales y algunos tramposos de mierda. Nos regala momentos inolvidables, por épicos o por crueles, pero de una emocionante belleza. Durante 16 días se libran batallas incruentas de las que salen héroes victoriosos, honrosos segundones y villanos derrotados. Aunque hasta que no se incluya al rugby, el deporte que mejor simboliza el espíritu olímpico, la fiesta no será completa. 

crisis

cuando tu modosita prima, de la que estás secretamente enamorado desde los catorce años, se desboca y se regala a todo guiri que quiera beneficiársela; mientras tú, dolido y apesadumbrado, empiezas a recibir curiosas ofertas de sodomía por parte de caballeros teutones, que prometen pagarte a través de un banco en el que ni siquiera tienes cuenta abierta, al tiempo que el patriarca de la familia te obliga a apretarte el cinturón para que tu indignada erección permanezca encerrada y sumisa. 

bisutería

joyas fake a usar hasta los 6 años y a partir de los 65. Toda aquella que las luzca fuera de edad correrá el peligro de arder en el infierno del mal gusto durante toda la eternidad junto a Norma Duval, Madeleine Albright y Paco Clavel.

peca

confeti cutáneo que motea los cuerpos de discretos tatuajes naturales, cada uno de los cuales esconde un secreto o un pecado. Por eso nadie confía en los dermatólogos, doctores de la moral, que esconden en sus fichas médicas la verdadera historia universal. 

Amistad

Amistad

Árbol centenario de tronco recio,
raíces profundas y corteza dura,
ramas requebradas y follaje exuberante,
que protege de la intemperie.

Zarandeado por el viento de los tiempos,
pero inamovible en su lealtad.
Atacado por fuegos intencionados
y lluvias de críticas ácidas.

Paciente con los pájaros ajenos,
a los que cobija con mimo
e, incluso, alienta a volar
agitando sus hojas de ánimo.

Ofrece sus innumerables ramas
como seguros asideros,
llenas de frutos y silencios,
flores y consejos.

Aferrándose a la tierra compartida
con orgullosas raíces alimentadas de recuerdos;
devolviendo esa gratitud sincera
con emocionadas gotas de rocío al alba.

Restañando ofensas pasajeras
gracias a la resina de la comprensión,
despojándose de absurdos rencores caducos
adelantando el otoño del olvido.

Circunspecto roble en el atribulado bosque cotidiano
y frondosa palmera en el páramo de la soledad.
Hierático olivo en la melancolía del invierno
y extravertido cerezo en la voluptuosidad del verano.

Árbol que guarece y da sombra.
Árbol que florece.
Árbol que cobija y abraza.
Árbol que perdura.

moda

tendencia fugaz que tan pronto está muy en boga como pasa a estar absolutamente desfasada. Todos somos víctimas de ella, desde la pijaza más esnob para la que la revista Vogue es la Biblia y llama a su perrito Galliano, hasta el perroflauta más guarro cuyas rastas imitan fielmente en aspecto y hedor a las del cantante progre del momento. 

tapón

de cera, defensa natural contra las palabras necias. De botella, segurata de plástico que impide escapar a las burbujas. De baloncesto, humillación máxima al rival. De mujer, la chupa de pie. 

persuasión

arte de la diplomacia no violenta. Vamos, lo que hay justo antes de la amenaza. 

trashumancia

largo viaje de un rebaño (generalmente de ovejas) entre las diferentes dehesas de pasto estacionales guiado por un pastor rijoso que al único que respeta es al perro. Tres de cada cuatro ovejas confiesan haber sido mancilladas durante estos viajes; sin embargo, se sigue considerando esta actividad patrimonio cultural. Después nacen “corderos-niño” y “bebés-cabra” y la comunidad científica se sorprende. Por eso el nacimiento de la oveja Dolly fue tan celebrado. Por fin nacía una oveja con aspecto de oveja.

Misantropía y funciones matemáticas

No hay mejor manera de representar la misantropía que mediante una función matemática: en el eje de abscisas el tiempo, en el eje de ordenadas el interés que despierta una persona.

Por lo general, la función resultante coincide con el eje de abscisas; esto es, interés cero desde el minuto cero. La mayor parte de gente pertenece al grupo de los de “divertigrama” plano: personas anodinas, sin absolutamente nada que contar, tullidos intelectuales. Gente, en definitiva, prescindible. Muertos vivientes.

Un pequeño grupo, los chisposos, muestran un aparente interés en un principio, pero pronto decaen hasta hundirse en el tedio de la mayoría. Estos trazan una parábola cóncava: inicialmente crecen de forma rápida hasta llegar en seguida a su punto álgido para, entonces, languidecer inexorablemente. Cada una de estas burbujas refresca momentáneamente, pero no quita la sed.

Sólo aquellas funciones que presentan una línea creciente constante esconden a personas de verdadero valor. Gente que poco a poco revela todo su encanto e interés. Pero, claro, son benditas excepciones en el páramo imperante. Son gráficas de trazo grueso, que avanzan entre los fulgores de sus colores brillantes de forma arrolladora, quemando papel o pantalla a su paso.

Resulta significativo comparar unas gráficas con otras para identificar el tipo de misantropía. La gráfica del misántropo común vive aislada del resto de gráficas. Apenas se producen cortes entre ellas y, mientras el resto de funciones aparecen abigarradas superponiéndose unas a otras, la del misántropo común navega en soledad, ya que sus intereses difieren por completo de los del resto.

Todo lo contrario sucede con la función del misántropo hedonista. La gráfica de éste no está sola, sino acompañada de unas cuantas más que definen prácticamente la misma trayectoria. Son las de sus epígonos, una legión de aduladores ridículos, igual de misántropos que su adorado maestro, pero sin su talento.

La situación ideal se produce cuando dos gráficas trazan sendas funciones crecientes y se entrelazan en innumerables ocasiones, serpenteando hacia el infinito, tejiendo una trenza de intereses comunes en la que unas veces uno y otras veces el otro lleva la voz cantante. Esta relación perfecta retroalimenta a ambas funciones, provocando una sinergia exponencial que no desemboca en una indeterminación (infinito dividido por infinito) por la condición finita del tiempo. Son las llamadas “funciones simbióticas”, amigas inseparables. 

ginecológico

cocktail que combina dos elementos de moda: la ginebra y lo ecológico. ¿Quién no ha probado ya veinte marcas distintas de ginebra sin saber distinguir ni una sola? ¿Quién no vive estúpidamente obsesionado por los productos ecológicos, la defensa del medio ambiente y el dichoso calentamiento global? Pues éste es nuestro modus vivendi actual: el ginecológico, donde la naturaleza, de resaca por nuestras borracheras, se nos abre de piernas para que la ayudemos a cumplir con su misión de madre. 


¿Cuándo llegará el diseño a las antenas?

¿Cuándo llegará el diseño a las antenas?

¿Por qué son tan feas las antenas de televisión que infestan las azoteas y los terrados de las ciudades? ¿Ningún diseñador ha sido capaz de dotar de algo de belleza a esos escuálidos rayotes metálicos? Hoy día, en que todo está impregnado de la funcionalidad o del esnobismo del diseño, cuando el más mínimo molde de repostería es objeto del ingenio de algún estupendo diseñador. ¿Cómo es posible que estos dispositivos electromagnéticos sean igual de horribles que hace cincuenta años? Representan casi el último testimonio fatuo de la modernidad arrebatada de la segunda mitad del siglo pasado. 

Me tumbo en la terraza al atardecer, tras haber dejado atrás al autómata laboral y escuchando cómo vuelven a crepitar las brasas del espíritu, alzo la vista al cielo buscando su reconfortante tranquilidad, y me encuentro con esos intrusos mirándome fíjamente, captando mis pensamientos y transmitiéndolos no se sabe dónde. Hasta las golondrinas, que revolotean circularmente con sus vuelos desacompasados y ágiles, huyen de las antenas. Jamás se acercan a ellas. No sé si por miedo o por un acusado sentido de la estética. 

En esa mágica hora en la que la tarde negocia con la noche el cambio de turno, mientras ambas discuten los pormenores, el cielo muestra su cara más bella: del azul jaspeado de tintes cobrizos al hierático azul cobalto, primero, y, después, al violeta pálido hasta, casi sin poder despedirse de las irisaciones lilas, el negro resplandeciente de la noche. En todo ese extático tránsito, las antenas permanecen inmóviles afeando el increíble espectáculo. Incluso desafían a la luna reflejando altivas sus fulgores luminiscentes. 

Ruego, por favor, a quien pueda arreglar esta tragedia estética que ponga remedio lo antes posible. Cada mirada al cielo, cada búsqueda desaforada de algo de inmensidad, cada beso a la luna quedan embrutecidos por la ignominiosa presencia de esas espantosas antenas. Diseñadores del mundo, pensad en una solución ¡y pronto! Actualmente, cada una de ellas representa para mí un "fuck you, urbanita". 

PD: Por cierto, para los avezados diseñadores recool del mundo, que mantengan su utilidad, que ver la tele chana un montón. 

perfumería

sueño húmedo mixto de Jean Baptiste de Grenouille y un alergólogo, donde las fragancias más exquisitas se entremezclan con los aromas más insoportablemente intensos. Muchas viejas se adentran en la oscuridad de la noche en estos comercios para dormir y embadurnarse con sus perfumes. Y durante el día las sufrimos el resto de mortales y sus pobres chuchos. 

cremallera

curioso mecanismo de cierre de apariencia tan segura como caminar sobre un alambre. Sin embargo, funciona. Casi siempre. Personalmente, echo de menos las de antes. Las de ahora me desconciertan con sus cierres dobles, inversos o circunflexos. Años ha se cerraban de abajo hacia arriba. Costaba un huevo encajarlas, pero una vez subidas, ni Dios las bajaba. Actualmente, no tienes ni puta idea de si se ha estropeado o eres tú que no sabes cómo cojones funciona. 

Sexo en la estación MIR

Sexo en la estación MIR

El psiquiatra británico experto en conducta sexual Philip Seymour Hoffman (nada que ver con el actor homónimo) fue enviado a la estación orbital MIR para estudiar la sexualidad en estado de ingravidez. Los astronautas participantes en este experimento fueron el estadounidense John Smith y la rusa Svetlana Popov.

Las primeras notas de Hoffman muestran la incomodidad que le causaba a John la independencia de sus testículos, siempre montados sobre la base de su pene, lo que le confería al conjunto un aire de sonajero que le causaba risitas nerviosas a Svetlana y cierto rubor a John. Algo similar le sucedía a Svetlana con sus pechos, cada uno flotando a su aire, sin sincronización alguna. Sin embargo, en este caso a John no se le dibujaba una sonrisilla nerviosa, sino una lasciva.

Hoffman se centra en la penetración tras relatar con desgana los preliminares: “Después de algunas caricias y abrazos circenses, con sus cuerpos adoptando posiciones nada sexuales, John intenta penetrar a Svetlana, pero su pene no atina. A pesar de lo imperial de su erección, ésta no presenta la rigidez necesaria y existe un balanceo arriba-abajo constante del pene que dificulta su acción. Svetlana debe ayudar con su mano para conseguir la penetración. Ahora John se mueve con dificultad. Sus empellones son desacompasados. Carece de tracción, sus piernas patalean de forma ridícula. Sus brazos se aferran al cuerpo de Svetlana, pero el sexo de la rusa parece expulsar hacia afuera el sexo del americano. La primera prueba resulta decepcionante.”

A la mañana del segundo día prosiguió el experimento. Se inició con una felación que curiosamente aumentó de forma considerable el tamaño del glande de John. Así pues, el Sr. Hoffman ya tenía una primera conclusión extravagante sobre su estudio del sexo en ingravidez: chuparla en el espacio aumentaba notablemente el glande. Esta circunstancia tenía que ver con el “efecto vacío” producido por la succión de Svetlana, que provocaba una dilatación exagerada de los vasos sanguíneos del glande. Este experimento alumbró una nueva tendencia dentro de la hemoterapia que supuso avances nunca antes obtenidos en esta disciplina.

Cuando John ya estaba a punto de derramar sus soldaditos espaciales, colocó a Svetlana a horcajadas sobre él y, esta vez sí, logró penetrarla a la primera. Aunque giraban sobre sí mismos una y otra vez, ambos permanecían unidos gozando en perfecta armonía.

De lo que sucedió en adelante sólo John y Svetlana conocen la verdad. Nunca han querido contarlo, pero los dos solicitaron a sus gobiernos continuar en la estación MIR seis meses más. No hay testimonio escrito del Dr. Hoffman porque, al acabar la segunda jornada del experimento, John y Svetlana acudieron a la cabina de observación y encontraron a Philip Seymour Hoffman muerto. Como buen británico de familia aristócrata, mientras presenciaba el experimento de sexualidad en ingravidez, decidió solazarse individualmente vestido con ropa interior de mujer y unas medias malva anudadas fuertemente al cuello para potenciar el orgasmo y se le fue la mano, la de las medias, no la otra, que indignamente quedó prendida a su miembro como testimonio póstumo del más rocambolesco experimento jamás promovido por la agencia espacial internacional. 

periscopio

pene voyeur del submarino que al divisar una voluptuosa corbeta enemiga descarga sus explosivos torpedos amatorios hasta convertirla en puro fuego.