Se trata de una formación para directivos de empresa, especialmente enfocada para los mandos medios.

El formador es el gurú de la organización empresarial, consejero de numerosas empresas públicas y privadas, Raimundo Hijopútez. 

Centra su clase magistral en el discurso monolítico y alineado cien por cien con la empresa que debe mantener en cualquier situación un directivo. Retrata al subordinado como a un boicoteador de la paz laboral y da algunas pistas sobre cómo neutralizarlo con un discurso asertivo:

“Bien, hablemos…A-ha, de acuerdo, éste es tu punto de vista, pero seguro que lo cambiarías si dispusieses de toda la información que poseo yo. Perfecto, busquemos una solución consensuada…A ver, por ahora vamos a hacer lo que la empresa nos pide y transcurrido un tiempo me comentas qué tal te va. Entonces, una vez identificados claramente los problemas, podré ayudarte. Piensa que ahora es pronto para hacer lo que tú dices…Sí, bien, agradezco tu comprensión…Perfecto, es justo lo que necesitamos. Valoro mucho tu punto de vista, ha resultado muy interesante. Deberíamos mantener este intercambio de impresiones más a menudo, es extraordinariamente enriquecedor. Gracias”. 

Raimundo remarca la importancia de no dejar hablar al subordinado. El discurso del directivo debe imponerse, si bien su tono ha de ser pausado y cordial. Cuanto menos se lo crea el directivo, más sencillo le resultará adoptar el tono adecuado. Un subordinado que recibe un no rotundo por respuesta puede quedar descontento o, aún peor, acudir al responsable superior puenteando la cadena de mando. Y esto es lo peor que le puede ocurrir a un directivo: jamás puede llegar a los oídos de su jefe el más mínimo problema de alguno de sus subordinados. Es lo último que quiere oír y, por consiguiente, ya puede olvidarse de su promoción y/o aumento de sueldo.

Por último, Raimundo Hijopútez enuncia las 4 reglas básicas de un directivo exitoso:

  1. Jamás compartas información.
  2. Nunca digas no a tu jefe, aprieta a tus subordinados para conseguirlo.
  3. Boicotea el trabajo del resto de mandos que están a tu mismo nivel.
  4. Impide que tus subordinados sean visibles a tus jefes. Podrían decidir sustituirte por uno de ellos.

Raimundo acaba su formación pidiendo la participación de los asistentes con una reveladora arenga jaculatoria:

Raimundo: ¿Qué son los subordinados? ¡Im, im..!

Asistentes al unísono: ¡¡¡Béciles!!!