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lasnochesdeMcNulty

recuerdo

recreación de la memoria deshuesada de detalles inoportunos y aderezada con fabulaciones autocomplacientes.

Real Madrid - Racing. 6 -1 (Santiago Bernabéu, 23 de octubre)

Victoria aplastante. Un único equipo sobre el campo: dinámico, intenso, afilado, demoledor. 

El Racing de Santander colaboró desde el principio adelantando la línea defensiva, dejando espacio suficiente detrás de ella para los pases al hueco a los veloces delanteros del Madrid. El primero de ellos, un largo desplazamiento de Di María a Higuaín, lo aprovechó éste último para materializar el primero con solvencia.

El segundo llegó en un robo resuelto con rapidez entre Higuaín y Cristiano Ronaldo. El tercero más de lo mismo: transición rápida y culminación perfecta del 7 madridista. A los 30 minutos estaba resuelto el partido de forma aplastante.

Se sucedían las jugadas rápidas y verticales de la línea de ataque blanca. El arsenal atacante de este equipo es descomunal. Juegan con mucha intensidad, presionando continuamente al contrario y parecen no saciarse nunca. Huelen sangre y te matan. A la más mínima señal de debilidad, abusan del contrario y lo machacan.

Al minuto de la reanudación, internada de Di María y asistencia a Ronaldo, que marca con tranquilidad. Poco después llega el quinto, cuarto del delantero portugués, al transformar a la izquierda del portero un claro penalti. Cierra la fiesta Ozil con un bonito quiebro y disparo desde el borde del área.

Aún quedaba media hora más en la que el Racing consiguió el gol del honor gracias a un rebote y el Madrid pudo oxigenar a alguno de sus jugadores dando entrada al segundo batallón: Canales, Pedro León y Benzema, los cambios habituales.

Capítulo aparte merece la actuación de Cristiano Ronaldo. Este jugador no juega al fútbol, boxea. Boxea en un ring enorme de hierba en el que jamás se sienta en ninguno de los rincones. Lo recorre de arriba a abajo, pisando la lona verde con la fuerza y la determinación de Rocky Marciano y la agilidad y el carisma de Muhammad Ali. Encara al contrario de frente, ocultando su cuerpo con astucia y soltando de vez en cuando el puño en forma de disparo demoledor que se estrella en las redes de la portería contraria como si de las costillas de su rival se tratase. Busca el KO en cada combate, no le vale ganar a los puntos. Quiere destruir al rival, aniquilarlo, humillarlo. Jamás contemporiza, siempre busca un golpe más, el golpe definitivo. Es un púgil de los pesos pesados metido a futbolista.

 

Anthony Blunt: la erudición del traidor

Anthony Blunt: la erudición del traidor

Anthony Blunt fue un historiador del arte, crítico y catalogador de obras pictóricas de una excelencia y erudición supremas.

Su rigor era tal, que más allá del minucioso conocimiento de las obras que catalogaba como experto profesor universitario, era su honestidad intelectual la que causaba admiración. Gracias a todo ello fue nombrado miembro de la Orden de la Reina Victoria y, sobre todo, conservador (curator) de la colección de pinturas de la Reina Isabel.

Sin embargo, Anthony Blunt será recordado como un traidor. Traidor a la patria, ya que espió durante años para los soviéticos.

Cumple el patrón de otros espías británicos que trabajaron para el régimen comunista: estudió en el Trinity College de Cambridge, fue miembro de los Apóstoles (esa sociedad semisecreta que tantos intelectuales, Bertrand Russell entre ellos, y políticos británicos ha visto florecer), entró en el MI5 durante la Segunda Guerra Mundial y actuó como agente doble durante décadas.

No se sabe exactamente qué cantidad de información pudo pasar a los rusos, pero sí se sabe a qué información tuvo acceso, por lo que su responsabilidad casi seguro fue enorme en el destino de muchas personas y, más concretamente, de espías compañeros suyos. Pudo facilitar información a los rusos al final de la Segunda Guerra Mundial que se usó para perseguir y reprimir a personas de los países liberados del este de Europa, además de valiosa información de otros agentes británicos durante la Guerra Fría. En definitiva, fue un traidor con mayúsculas.

Pasaron años desde que se descubrió su traición en el seno de los servicios secretos británicos hasta que Margaret Thatcher lo hizo público en 1979.

Lo fascinante de este caso no es la traición. Ha habido muchos traidores a lo largo de la historia. La vida está llena de pequeñas y grandes traiciones. Lo paradójico es esa honestidad intelectual inquebrantable para con su trabajo artístico confrontada a años de mentiras y traiciones a su país, a sus compatriotas, a sus compañeros y hasta a sus amigos.

¿Qué bulliría en la cabeza de Anthony Blunt en el final de sus días? Me atrevo a asegurar que ni una pizca de remordimiento, si acaso una cierta amargura por la vergüenza de ser descubierto.

En todo caso, es maravilloso comprobar que la comprensión de la naturaleza humana es tan inasible como inquietante en muchos casos. La belleza de esta historia radica en lo absoluto de los dos extremos: el bien puro de la erudición intelectual que sublima la verdad del arte por encima de cualquier otra consideración o flaqueza y el mal más absoluto representado por la traición más aviesa. 

Michael Palin

Michael Palin

Cómico inglés polifacético: guionista, actor, presentador de televisión y, sobre todo, miembro del mejor grupo de cómicos de la historia, los Monty Python.

Las películas del grupo, especialmente La vida de Brian y Los caballeros de la mesa cuadrada, hay alguna otra mediocre, son monumentos al humor surrealista

También ha participado en otras películas como Brazil, infumable “modernez” del americano del grupo, Terry Gilliam; y Un pez llamado Wanda, junto al otro grande del grupo, John Cleese.

Ha participado en innumerables shows televisivos, ha escrito libros y ha recibido infinidad de premios y reconocimientos a su carrera.

Pero por encima de todo ello, que es una barbaridad, envidio su faceta como presentador de documentales de viajes producidos por la BBC, en los que él es la absoluta figura como protagonista de los viajes, narrador y animador.

No sé cómo lo consiguió en realidad, aunque me imagino una escena parecida a la siguiente:

-          Hola señor productor de la BBC.

-          ¡Hola Michael! ¡Qué gran honor! ¿Qué te trae por aquí?

-          Pues mire, que he pensado que podría hacer un serie de reportajes basados en “La vuelta al mundo en 80 días”. Necesitaría un cámara, un pequeño equipo de producción y, obviamente, la tarjeta de presentación de la BBC, que sin duda abre muchas puertas. Yo pondría todo lo demás: talento, guión, presentación y post-producción. ¿Qué le parece? Requiere una inversión muy baja y le garantizo una calidad e interés excelentes.

-          Vaya, Michael. ¡Qué buena idea! Toma esta tarjeta de crédito con un saldo de 10.000 libras para los gastos de preparación iniciales y llámame para cualquier otra cosa que necesites. En una semana tendrás tu equipo y el presupuesto suficiente. ¿Cuándo te pones en marcha?

-          La semana que viene, señor. Muchas gracias. No se arrepentirá.

(Al cerrar la puerta del despacho Michael Palin tras despedirse, el productor debió pensar: menudo jeta es este tío, pero ¡coño! igual funciona y a un coste my bajo)

El caso es que la cosa debió funcionar porque después vinieron otros muchos documentales: Europa y África, de polo a polo, donde sale en pelotas cubierto de barro en un baño turco haciendo coña sobre lo difícil que es limpiarse totalmente el culo del pringoso lodo; Pacífico de norte a sur, que tardó casi un año en rodar el muy cabrón, recorriendo todos los países que baña el Pacífico de América (del norte y del sur), Asia y Oceanía, y donde quedó en Tokio con una fan suya de la época de los Monty Python que era tan ridícula como graciosa; el Sahara con Michael Palin, que desafortunadamente debió interrumpir; el Himalaya con Michael Palin, donde hace noche en una cabaña de pastores a “chorromil” metros de altura en la que intenta entenderse con ellos y resulta descojonante; la nueva Europa de Michael Palin, en el que visita los países del centro y el este de Europa y llega a lugares tan curiosos como Transniestria; y alguna otra serie documental de menor entidad, pero igualmente genial.

NOTA: Este formato debe “chanar” porque Stephen Fry, otro gran cómico inglés, se ha apuntado al carro recientemente rodando una serie documental de viajes por EEUU. Mi más sincera enhorabuena, también.

 

Harvey, el depilador de las estrellas

Harvey Finocchio nació en Chicago en 1965. A los 18 años se marchó a California a estudiar. Pronto abandonó sus estudios universitarios para trabajar como ayudante de peluquería en un salón de belleza para gays en El Castro de San Francisco.

Quiso ser bailarín, cantante y actor sin éxito alguno. Frecuentó todos los ambientes gays de la costa oeste y sobrevivió a la epidemia de SIDA de los ochenta.

Desde 1999 regenta un salón de belleza en Los Ángeles, donde muchas “celebrities” acuden a hacerse diversos tratamientos y, sobre todo, a depilarse. Harvey es el gurú de la depilación en Hollywood. Ha inventado técnicas nuevas y ha revolucionado el mundo de la depilación, erigiéndose en un vanguardista dentro del negocio.

Él mismo atiende a sus clientes VIP. Sus manos han visto y han depilado los pubis, los anos y los escrotos de Madonna, John Travolta, Ben Affleck, Megan Fox, Jennifer López y también los de Tony Curtis y Kathy Bates entre otros muchos.

Las malas lenguas hablan de la existencia de un book con todas sus obras fotografiadas. Incluso se rumorea que chantajea a alguno de ellos con ese material, a los más pudorosos.

Su meticulosidad es tal que trabaja con una especie de prismáticos con luz que iluminan y aumentan la zona a depilar para dejarla limpia y perfecta.  Tras cada retoque muestra el resultado al cliente a través de un espejo para que no quede la más mínima duda de su trabajo.

Los clientes agradecen su excelencia depilando tanto como su don innato para el cotilleo y los contactos. Todo lo sabe y a todos conoce. Dicen que algunos grandes papeles han sido conseguidos en la camilla depilatoria de Harvey. Incluso corre la leyenda que más de un Oscar se ha conseguido gracias a su ayuda.

Él se depila a sí mismo regularmente. No soporta tener ni solo un pelo en el cuerpo. Las zonas de difícil acceso las salva con extraños artilugios creados por él mismo que le permiten llegar con precisión y rapidez.

Sus pubis moldeados son considerados auténticas obras de arte. El escroto recién depilado por Harvey es de una suavidad sin parangón y el ano despejado por sus expertas manos es de una limpieza y pureza sólo comparable a las de un bebé.

Su colección de pelos es la más extensa del mundo. Guarda al menos una muestra de cada cliente y zona depilada desde la apertura del  local. Recientemente ha tardado más de dos años en digitalizar todo su archivo piloso.

Algunos le consideran un mago, otros simplemente un tarado oportunista y pervertido. A Harvey poco le importa. Ha conseguido triunfar en Hollywood, que era su sueño, y le da igual cómo.

Santiago Segurola

El mejor periodista deportivo español con una diferencia abismal sobre el segundo. Probablemente tenga el mejor trabajo del mundo. Actualmente, es adjunto al director de Marca, con el que dicen que no se lleva precisamente bien. Formalmente ostenta ese cargo, pero no parece tener más cometido que presenciar y narrar lo que le apetece. Durante años fue el jefe de la sección de deportes de El País, donde regaló a sus lectores artículos extraordinarios sobre fútbol, baloncesto, atletismo y natación. 

Sus crónicas de fútbol de los partidos del Real Madrid y de la selección española son de una calidad extraordinaria, por su redacción y por su contenido crítico. Se aleja de las tertulias vociferantes de periodistas sin más criterio que el del amiguismo más burdo y servil, no se casa con nadie a pesar de mostrar sin disimulo sus filias y fobias y conoce la profesión lo suficientemente bien como para no contaminarse de sus perversos entresijos.

Su conocimiento del baloncesto es tan amplio y profundo que abarca desde el baloncesto FIBA hasta la NBA y NCAA (baloncesto universitario norteamericano). Las retransmisiones que hace años compartía con Andrés Montes en las madrugadas del Canal + de partidos NBA y NCAA son joyas que brillan aún más con el paso del tiempo. La mezcla de su sabiduría tímida y contenida con el histrionismo y sentido del espectáculo de Andrés Montes impedían cualquier posibilidad de somnolencia en el espectador entusiasmado.

Sus artículos de atletismo y natación son de una belleza extraordinaria. El lirismo que transmite describiendo la deficiente curva de Usain Bolt en la final de los 200 metros de los JJOO de Pekín '08, la plasticidad de la zancada de Michael Johnson en su asalto al record del mundo de los 400 metros lisos o las brazadas de Ian Thorpe y Michael Phelps en los diferentes estilos de natación elevan al lector a emociones sólo comparables a la poesía o a la música. 

Ni siquiera escribe de forma extraordinaria, mas relata con una precisión, conocimiento y objetividad que conmueven y emocionan. Además, posee unos conocimientos musicales asombrosos, que transmite con la misma pasión.

hormiga

animal sobrevalorado de insignificante tamaño, enlutado y culón, adocenado y servil. Su cacareada y alabada laboriosidad se presenta como una virtud a envidiar. Más bien parece un invento de la patronal que un ejemplo a seguir.

Málaga - Real Madrid. 1 - 4 (La Rosaleda, 16 de octubre de 2010)

Victoria fácil e inevitable del Real Madrid. El Málaga, con ese presidente parvenu llegado de los emiratos árabes, no es suficiente equipo para inquietar al conjunto de Mourinho.

Inicio chispeante del equipo local, motivado por el empuje del público y las dudas de Pepe al sacar el balón desde la defensa cometiendo errores impropios de un jugador de su categoría. A los 5 minutos el Madrid toma el mando del partido. De forma gradual, como si de una marea se tratase, va llegando a la orilla del Málaga: por dos veces estrella la pelota en la madera. La primera en una rápida maniobra de Higuaín con regate y disparo desde el borde del área, que besa la comisura del poste, y la segunda con un zambombazo de Khedira desde treinta metros, cuando la luz se le había apagado y no tenía más remedio. 

A la media hora llega el primer gol de la noche de Higuaín, que empalma ajustado al palo y de primeras un centro bombeado de Cristiano Ronaldo. El Málaga reacciona y crea tímidamente algo de peligro a través de Rondón, jugador más enérgico que trascendente.

A punto de llegar al descanso Welligton marra lamentablemente en el centro del campo ante Ozil, que conduce la pelota hasta el pico del área y recorta con la zurda a un defensa para asistir a Ronaldo, que viene en carrera y remata sin apenas oposición. 0 a 2 y partido finiquitado. La marea de juego compacto y sin fisuras emerge poco a poco, pero quien rompe la monotonía provocando oleaje intenso en la defensa rival son los dos protagonistas del segundo gol. La espuma blanca del mar de juego del equipo que hoy viste de negro la forman CR7 y Ozil.

Empieza la segunda parte con un penalty absurdo regalado por el Málaga, que transforma con seriedad Cristiano Ronaldo. El Málaga obtiene el tanto del honor, a través del central Kris, en un saque de esquina mal defendido en el segundo palo por Khedira. Es curioso el papel que juega el alemán de origen tunecino en el equipo. Es un secundario industrioso que acompaña a Xabi Alonso en la medular y que aporta más bien poco. Si mantiene la pelota más de dos o tres segundos se le ven sus enormes carencias en el juego.

Sin tiempo para muchas celebraciones llega el cuarto del Madrid en una buena combinación entre Ronaldo e Higuaín, que culmina éste último cruzando al palo largo del portero. Gran partido de Cristiano Ronaldo: dos goles y dos asistencias. Parece que en las dos últimas semanas ha salido del estado de ansiedad que le atormentaba desde principios de temporada después de su paupérrimo Mundial. Es un jugador extraordinario que aún debe mejorar en su conocimiento del juego. Es un magnífico solista, pero no sabe dirigir todavía al equipo. No posee las dotes de director de orquesta que sí tenía Zidane, que en su cabeza escuchaba una armoniosa melodía que sabía transmitir a sus compañeros de equipo como el mejor Von Karajan. Ronaldo, sin embargo, parece escuchar continuamente a Linkin Park tocando a rebato. Se acomoda el violín en el hombro y empieza a deleitar con muestras de su virtuosismo individual, pero no intenta combinar con la cuerda de Ozil, la percusión de Xabi Alonso o los vientos de Higuaín y Di María. Cuando aprenda a dirigir la orquesta en lugar de ser el hombre orquesta será el mejor jugador del mundo.

Hasta el final poco más: los brazos caídos del Málaga, la languidez de Benzema, las ganas de Pedro León y la vuelta del imberbe Canales.

amigos

selección natural de los que te rodean afectiva e intelectualmente, que el tiempo se encarga de purgar de imbéciles, aprovechados y mediocres.

Los bateleros del Volga (Ilia Repin, 1873)

Los bateleros del Volga (Ilia Repin, 1873)

Once hombres arrastrando una barcaza con la única ayuda de sus escasas fuerzas. Hombres tratados como bestias, despojados de dignidad y esperanza. Fatigados por el esfuerzo, pero sobre todo por el destino. Resignados a una existencia miserable, propia de animales. Miradas perdidas, cuerpos gachos, almas evaporadas. Únicamente el joven de pelo pajizo parece atisbar una salida alzando la vista al frente, desafiando el hado maldito que sepulta sus vanas ilusiones adolescentes con paladas de cruda realidad.

Al fondo, a lo lejos, surcando arrogante el Volga, la hiriente paradoja en forma de barco de vapor, que bien podría actuar de remolcador en lugar de esos once desdichados. 

NOTA: Se dice que este cuadro era el favorito de Stalin. Hasta con grandísimos hijos de puta se puede coincidir en algo.

Tensa espera

Vestíbulo lleno, calor sofocante sin refrigeración. Un único mostrador con dos adustas empleadas que llaman por el nombre y los apellidos sin atender a cualquier otra cuestión o reclamación.

La espera se hace eterna. Permaneces de pie, recostado sobre una columna. La boca se torna arenosa, reseca, sin saliva. La abres para resoplar y, de paso, refrescarla. Tensas la mano dentro de los bolsillos. La notas sudada, pringosa. La otra mano sujeta unos papeles, que están arrugados y acartonados por el sudor. Ligeros picores empiezan a sucederse con frecuencia: primero la nariz, después las orejas, el cuello y las piernas. Parece que una manada de chinches ha colonizado tu cuerpo. Te rascas compulsivamente, cada vez con mayor intensidad y rabia. El picor no remite ni da tregua. 

Tu nombre parece perdido en el abismo del largo listado de espera. Con cada sonido de micrófono abierto aparece una esperanza, que se desvanece a los pocos segundos provocando aún más ansiedad. La paciencia se quedó en la puerta esperando a que salgas. No quiere perderse a sí misma. 

Caras nuevas, otras que se han convertido en familiares tras la larga espera. Recelas de todas ellas. ¿Entrarán antes que tú? ¿Por qué? ¿Por qué yo no? Te vuelves paranoico. Empiezas a ponerte absurdos límites: si a la tercera no me llaman, les monto un guirigay. Llega el tercero, el cuarto y hasta el quinto. Permaneces callado y maldices tu suerte y tu cobardía. 

Resoplas, buscas melifluas complicidades, te quejas en voz alta, cambias de lugar. Da igual, nada cambia, sigues esperando...

 

Duelo de chaquetas: esnobismo vs. perroflautismo

Duelo de chaquetas: esnobismo vs. perroflautismo

Sábado noche. Velada de combate en el MGM de Las Vegas. En el rincón izquierdo, con calzones rojos y chaqueta de pajarería, la estatura de un pigmeo y el peso de Enjuto Mojamuto, el púgil local Brandon Flowers (The Killers). En el rincón derecho, con calzones blancos y chaqueta de segunda mano, estatura y peso normales, el púgil británico Chris Martin (Coldplay).

Suena la campana y se inicia el primer round. Brandon Flowers canta “Somebody told me” con movimientos espasmódicos que agitan el plumaje de su horrible chaqueta. Por su parte, Chris Martin canta “Clocks” aporreando el piano y mostrando sus ridículas inscripciones de “Trade Fair” en las manos, que sobresalen de su chaqueta cochambrosa.

Segundo round. Brandon, puro histrión, berrea “Mr. Brightside” entre los vítores de su público. Chris, en trance, replica con “The Scientist” entornando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. El combate está en tablas, ninguno asesta el golpe definitivo.

Tercer round. Ponen toda la carne en el asador, sacan sus éxitos más comerciales. Brandon con “Human” y Chris con “Viva la vida”. El público enloquece. Las fans extáticas están a un paso de la histeria irreversible. El snob y el perroflauta siguen en sus respectivos papeles impostados.

Cuarto round. Brandon ataca con “Spaceman”. Abre los ojos como un loco y se contonea agarrado al micro. Las plumas de la chaqueta cobran vida y describen trayectorias imposibles, aumentando la presencia del cantante. Chris contraataca con “Lovers in Japan”. Su ridícula chaqueta de soldadito de plomo se deshilacha a cada movimiento. Las cintas de colores caen una a una, los botones salen disparados fuera del ring. La gente, atónita, empieza a descojonarse de Chris. Brandon se crece y recoge mofándose los retales de la chaqueta de su rival mientras sigue cantando enfáticamente. A Chris se le quiebra la voz. Riadas de sudor recorren su cuerpo. Avergonzado, salta del cuadrilátero y alcanza el túnel de vestuarios entre los abucheos del público. Suena la campana, el combate ha finalizado. Brandon Flowers (The Killers) es el ganador. Ha retenido el título, es el campeón del mundo. El snob ha triunfado sobre el perroflauta.

Juan Antonio Corbalán

Juan Antonio Corbalán

Mi primer gran ídolo. Le debo mi gran afición al baloncesto, parte de mi amor infinito al Real Madrid y ocho divertidos años de práctica de este maravilloso deporte.

Fue "el base" en mayúsculas. Dominaba el juego y a su equipo con maestría. Poseía una gran personalidad, un buen dominio del balón y una gran visión del juego. Botaba la pelota con altanería, barbilla erguida, mirada panorámica de la cancha a la espera del zarpazo en el momento justo en forma de magistral asistencia. Camiseta y pantalón ajustados propios de la época, pelo en pecho, masculinidad indisimulada. Tenía un tiro elegante y entraba en la botella como un bailarín anotando la canasta con una plástica bandeja en la que estiraba ambos brazos, uno para encestar y otro para equilibrar el salto. 

Su palmarés es deslumbrante: ligas, copas del rey, copas de europa, intercontinentales y decenas de títulos menores con el club de sus amores, el Real Madrid; y medallas con la selección española, sobre todo, la de plata en los JJOO de Los Ángeles 84. Aquel Madrid (él, Jackson, Robinson, Fernando Martín, Iturriaga, Romay, Rullán, Del Corral...) y aquella selección española (él, siempre él, Epi, Solozábal, Margall, Iturriaga, Fernando Martín, Romay, Jiménez...) fueron dos equipos míticos, irrepetibles. El embrión de la generación de oro del baloncesto español con los Gasol, Navarro, Reyes, etc...

Además de su carrera baloncestística, estudió medicina convirtiéndose, con el paso de los años, en cardiólogo. Estudiaba entre eliminatoria y eliminatoria de la Copa de Europa. Mientras se labraba su inmenso palmarés y regaba la leyenda de la sección de baloncesto del Real Madrid, avanzaba en la carrera de medicina estudiando en hoteles y aviones.

Tras su retirada del baloncesto profesional para iniciar su carrera como médico, volvió gracias a una oferta mareante del Forum Filatélico de Valladolid. Con valentía admitió que la oferta económica era tal que le había convencido, pues lo que ganaría en un año tardaría una vida en ganarlo con su profesión. 

Hay un detalle que define a Juan Antonio Corbalán por encima de cualquier otro: con motivo del vigésimo aniversario de la muerte de Fernando Martín se hizo un reportaje recordando su figura. Entre muchos de sus compañeros entrevistaron a Juan Antonio Corbalán. En su despacho, entre lágrimas, recordaba con un cariño tan profundo como enternecedor al que fue mito del baloncesto y amigo ¡¡¡20 años!!! después de su muerte. Es de las pocas veces que me he emocionado viendo la tele. Ya sentía devoción por este dios del baloncesto y del deporte español, pero después de ver esas imágenes me quedé increíblemente feliz de que fuese mi primer e imperecedero ídolo.

Una última anécdota sobre este cardiólogo metido a estrella del baloncesto: la Universidad de Granada no hace mucho presentó un estudio que defendía la cerveza como reconstituyente ideal tras la práctica deportiva. ¿Quién fue uno de los defensores de la ponencia? JUAN ANTONIO CORBALÁN, genio y figura.

intimidad

es la única cosa para la que la gente muestra personalidad y no sigue la opinión del resto. Todo el mundo muestra un inusitado interés en ella excepto uno mismo. 

La madre del cosmonauta

En la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral la aeronave Atlantis está a unos minutos de su lanzamiento. Los familiares se despiden de los cinco cosmonautas ante centenares de cámaras de prensa y televisión.

La madre de Dan Backsdale Hernando, nacida en la provincia de Huelva y emigrada a los EEUU tras casarse con un cocinero norteamericano de la base de Morón de la Frontera, se acerca a su hijo con dos bolsas de plástico y le grita al oído:

- ¡Toma, hijo! Para que comas bien durante el viaje.

- ¡Mamá! ¿Qué es esto?

- Una tartera con pisto y dos tuppers con milanesas y "almóndigas".

- Pero mamá, ¿no ves que no podemos llevar nada ahí adentro?

- ¿Y qué vas a comer, pues? Mira que tú te me alimentas "mu" malamente, hijo mío.

- Nos han puesto de todo. No te preocupes.

- Pues coge esta rebequita, entonces, que ahí afuera debe hacer mucho frío.

- Mamá, llevamos trajes especiales. No necesito ninguna chaqueta.

- Vamos a ver, Dan, vas a un sitio donde siempre es de noche, así que haz el favor de hacer caso a tu madre y llévate esta chaqueta de punto. Ya verás qué bien te va cuando refresque.

- Que a mí no me toca salir en este viaje de la aeronave. No pasaré ningún frío.

- ¿Cómo que no vas a salir en este viaje? ¿Y para qué diablos cogéis este cohete tan moderno? 

Renegando con la cabeza y todavía contrariada por los rechazos de su hijo vuelve a la carga buscando la complicidad de las cámaras:

- Dan, cariño, cuidado con esa pelandrusca. ¿Para qué va esa mujer? ¿Quién atenderá las labores de su casa?

- ¡Mamá, por favor! Esa mujer se llama Diane y es bioquímica. Nos acompaña para realizar unos experimentos científicos.

- Pues que manden al Punset, que seguro que sabe más que ella y no os busca ni os ronronea como gata en celo. Mira que yo a esas me las conozco a todas. Y tú con lo facilón que me has salido...Y con la "ingrividés" esa, que no te habrás dado ni cuenta y ya la tendrás "enganchá" a la "mu" marrana.

- ¡Mamá, basta ya!

- Venga, venga...no te hagas el santurrón con tu madre. ¿Acaso ya has olvidado los veranos en Ayamonte y las veces que tenía que ir a rescatarte de los zarzales donde yacías con cualquiera que se te insinuase en las fiestas del pueblo? 

- ¡Por Dios, déjalo ya, mamá! Me estás avergonzando.

- ¿Avergonzarte yo? Pero si eras el más guapo. Por eso todas te buscaban. Los mismos ojazos que tu padre y esos brazos recios de tu abuelo. Las volvías locas. Lástima que te hayas afeminado con el tiempo.

- Bueno mamá, déjalo ya. Anda, dame un beso, que hemos de subir a la aeronave.

- Eso, eso, siempre ventilándome con un beso.

- Mua, mua.

- Y no corras, hijo, que vas siempre como un loco.