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lasnochesdeMcNulty

El pijikumba del Himalaya

En los últimos años se ha puesto muy de moda un tipo de viaje impostado: larga estancia, de unos pocos meses, en algún país o zona del planeta que no pertenece al Primer Mundo. El paradigma en un principio fue la India, ahora lo es el Himalaya.

El pijikumba adora este tipo de viajes, que califica con pomposa petulancia de iniciáticos o, incluso, catárticos, en los que ha conseguido descubrirse a sí mismo. Como si no bastase con un simple espejo de reflexión para descubrirse a uno mismo. Habla de experiencia personal más que de viaje. En lugar de narrar con entusiasmo los lugares visitados, las anécdotas acontecidas o la peculiar gastronomía de la zona, como hace el viajero aventurero, se centra en una especie de misticismo interior que ha aflorado en ese mágico lugar y que, sin duda, es lo mejor que le ha sucedido en la vida. No habla del viaje, sino de sí mismo. Como mucho hace referencia a esas gentes de las que tanto ha aprendido por la paz interior que transmiten, la sabiduría que emanan y la forma de vida tan diferente que llevan. Evidentemente, con esa gente no ha hablado, ya que no se han podido entender, hablan idiomas completamente diferentes. Pero el pijikumba deduce de sus gestos y los breves instantes que ha compartido con ellos esas conclusiones autocomplacientes que le hacen sentir tan bien. De hecho, el pijikumba ya tenía ese cliché antes del viaje, así que no hace más que aplicarlo. Está tan lleno de prejuicios y giliflauteces que es incapaz de ofrecer una visión personal.

Otra característica habitual es la soledad. Viajar solo es importantísimo, únicamente de este modo puede vivirse y sentirse esa experiencia de forma plena y verdadera. En realidad, no es más que otro síntoma del superlativo ego del pijikumba, que se basta solo para viajar, vivir y sentir. Es esa misma superioridad con la que después contará su increíble experiencia a los demás, trufando sus explicaciones de lugares comunes y manidos aforismos que hieden a moho intelectual.

El pijikumba camina por las laderas del Himalaya con una chiruca en un pie y una zapatilla Nike de trekking súper cara en el otro. Camina sobre sus propias contradicciones. Quiere mostrarse a los demás en su aspecto exterior como un kumba para así intentar disimular al pijo que lleva dentro, pero le delata cualquier pequeño detalle, puesto que adora las comodidades como el que más. Su camiseta puede estar raída y con la vela de Amnistía Internacional parcialmente borrada de tanto uso, pero dentro de la mochila lleva su ipad 2 y su iphone 4. El pijikumba es una ilusión, un personaje que dura unos años y desaparece dejando tras de sí un montón de chorradas impostadas y fotografías con pelo sucio y barba de dos semanas.

Me fascina la gente que viaja, los aventureros que te cuentan sus viajes con la pasión revelada en sus ojos y la boca seca de tantos detalles y curiosidades interesantes, que te embriagan hasta desear tú partir ese mismo día para vivir esas mismas historias y visitar esos mismos lugares. De otra parte, abomino de los pijikumbas que te cuentan sus viajes de diseño con tono aburrido y monocorde de sermón dominical y empalagoso aire de superioridad que, en realidad, no es más que ridícula fatuidad. 

portátil

moderno bivalvo que en ocasiones contiene perlas en forma de vídeo de Youtube o curiosidad googleiana.

tarjeta de crédito

monedero extraplano codicioso e indulgente. Diablo vestido de visa o mastercard que te compra el alma a cambio de compras y más compras. Comodín del consumista, ardid de la banca, yugo del endeudado.

frailecillo

ave fruto de una noche loca entre gaviotas, pingüinos y tucanes.

Jean Améry

Jean Améry

Jean Améry, nacido Hans Mayer en 1912, fue un escritor al que le llegó tarde la celebridad, gracias fundamentalmente a su labor ensayística basada en sus demonios personales y en una acusada militancia del resentimiento. 

El hecho que marcó su vida fue la detención, tortura y posterior internamiento en el campo de concentración de Auschwitz por parte de los nazis. Hasta entonces había vivido una adolescencia idílica en los Alpes austríacos y una juventud relacionada con el mundo literario en la Viena de los 30.

Tras su liberación en 1945, volvió a Bélgica, adonde se había exiliado en el 38 para evitar caer en las zarpas de la Gestapo.  Vivió modestamente los siguientes veinte años gracias a sus colaboraciones periodísticas, siempre esporádicas, nunca suficientes. Su vocación de escritor no se vio reconocida hasta la publicación del libro “Más allá de la culpa y la expiación” en 1966, su testimonio sobre el lager. Es un ensayo sobre la tortura y un alegato contra los alemanes que organizaron y/o permitieron el genocidio judío. Está escrito desde un resentimiento inveterado y desgarrador. No en vano él lo había titulado originalmente “Resentimientos”, pero a la editorial le pareció demasiado agresivo. Se trata de un ajuste de cuentas. Admiro la descarnada subjetividad de Améry, su rabia hacia la actitud nada revisionista de Alemania y su sentimiento apátrida al renegar de una Austria en la que no se reconoce.

Es mi libro favorito sobre el lager, por encima del archifamoso “Si esto es un hombre” de Primo Levi y de “El hombre en busca de sentido” de Viktor L. Frankl. Es el más objetivo de todos. Con los otros dos es mucho más sencillo conocer qué sucedió en esos campos de la muerte, pero con el de Améry se comprende perfectamente no sólo lo que allí sucedió, prolijamente narrado ya, sino lo que trascendió, lo que marcó a sus supervivientes y lo que desencadenó en sus vidas post-lager.

La publicación de este libro le supuso una fama repentina. Demasiado tarde, tenía más de cincuenta años por entonces. Probablemente su libro no habría tenido ningún impacto escrito cinco, diez o veinte años antes. Su publicación llegó después de los procesos de Frankfurt sobre Auschwitz en los que se puso a la sociedad alemana de frente a lo que había sucedido en ese campo de exterminio y la imposibilidad de que la sociedad silente (la abyecta masa gris) no supiese nada al respecto. Améry buscaba influir en los jóvenes alemanes. Tenía la aspiración de que hubiese una revisión y una asunción de culpabilidad general e individual, señalando a los que habían participado en toda esa maquinaria del mal absoluto y habían sido readmitidos socialmente como si nada hubiese pasado en empresas, universidades y partidos políticos.

Nada de eso consiguió, obviamente, aunque al menos se convirtió en un referente del tema, que su brillante dialéctica y original visión permitió explotar al máximo, casi hasta quedar preso de lo que él llamaba “ser un clown de Auschwitz”. Se le requería en multitud de foros culturales, universitarios y hasta en medios de comunicación. Tuvo largas y hondas discusiones públicas con Primo Levi, con el que coincidió en el campo de concentración e incluso como trabajador-esclavo de la empresa química IG Farben, sobre sus diferentes puntos de vista acerca de la condición de intelectual en el campo. También rebatió con dureza a Hannah Arendt con respecto a lo que ella llamaba “banalidad del mal” a raíz de su libro “Eichmann en Jerusalén”. Y hasta con el filósofo Adorno tuvo sus desavenencias, en este caso por una cuestión más de vanidad que de fondo. No obstante, resulta curioso ver cómo mantuvo polémicas con Levi, Arendt y Adorno, todos judíos laicos como él. 

Por fin había conseguido su sueño de vivir de sus trabajos como escritor, más concretamente como ensayista. Posteriormente, escribió un ensayo sobre el envejecimiento genial: “Acerca del envejecer. Revuelta y resignación”, donde abomina de la decadencia física e intelectual del envejecimiento, del ataque que supone para el individuo la degradación física y la pérdida de capacidades intelectuales. Una original visión en la que ataca frontalmente a aquellos que se resignan ante ello. Él lo padecía más que nadie, ya que el internamiento le había dañado la salud brutalmente: problemas cardíacos, estomacales, depresiones constantes y hasta una especie de epilepsia, que él asociaba a la de Dostoievski.

Tras su éxito como ensayista, intentó desarrollar su faceta de novelista, de escritor con mayúsculas. Sin embargo, sus novelas no tuvieron la misma acogida, lo cual le deprimió profundamente. Después de varios intentos fallidos de suicidio, por fin lo consiguió a los 66 años. No sé si fue ese factor, el hecho de considerarse un “clown de Auschwitz” fuera de tiempo y lugar, su complicada vida sentimental, el rechazo a envejecer o una mezcla de todo, pero finalmente decidió abandonar, curiosamente en Austria, su aparentemente poco querida patria.

De Améry es admirable su brillantez como ensayista, aunque sea desde la subjetividad extrema de su experiencia, su permanente estado de resentimiento y rabia, su tenacidad para conseguir el sueño de vivir como escritor y su indisimulada vanidad, cualidades o defectos que lo hacen entrañablemente real. En el fondo, lo admiro por sus debilidades, puesto que posee dos de mis favoritas: el resentimiento y la vanidad. 

Barcelona - Real Madrid. 1-1 (Camp Nou, 3 de mayo)

El Madrid lavó su cara y el Barça pasó a la final. ¿Todos contentos? ¡En absoluto! El Madrid perdió la eliminatoria sobrevalorando el potencial de su rival en el partido de ida con ese miedoso e indigno planteamiento defensivo. En la vuelta fue demasiado tarde. Además, el árbitro dio su empujoncito anulando un gol legal a Higuaín con 0 a 0. Una pena porque hubiese estado bien comprobar cómo reaccionaba el Barça siendo exigido, situación en la que no ha estado en ninguno de los 180 minutos. El Madrid se creyó, especialmente su entrenador, que el Barça era mucho más equipo del que es actualmente, lastrado por las lesiones y su corta plantilla.

El Madrid presentó a un equipo adelantado, presionando bastante arriba. Amagando, pero sin dar. El Barça no arriesgó y se limitó a intentar conservar la posesión durante los primeros treinta minutos. Kaká no estaba para atacar ni para defender. Higuaín aislado y fuera de forma. Di María espumoso y fallón. Y Cristiano Ronaldo intrascendente, lo peor que se puede decir de una megaestrella. Estas semifinales no le dejan en muy buen lugar. No se ha echado el equipo a la espalda, como sí ha sucedido con Messi en el Barça, ni ha resultado determinante en ningún momento. Los que sostenían al equipo eran Xabi Alonso y Lass.

Los últimos quince minutos de la primera parte fueron claramente del Barça, en los que dispuso de varias claras ocasiones que salvó Casillas y la mala puntería de los delanteros culés. El equipo blanco llegó a la silla del descanso aturdido, pero con el combate empatado a puntos.

Tras la reanudación el Madrid presionó con todo y recuperó balones en el campo del Barça. Desgraciadamente, el árbitro se inventó una falta de Cristiano Ronaldo para anular un gol de Higuaín. A continuación, llegó el gol de Pedro gracias a un buen pase al hueco de Iniesta. Al poco tiempo empató el Madrid mediante Marcelo, después de una excelente recuperación de Xabi Alonso y un remate al palo de Di María, que recogió el rechace y asistió con precisión al lateral brasileño.

El milagro se vislumbraba en el horizonte, aunque era un espejismo. Había que remar mucho para dar la vuelta al marcador. Salieron Özil y Adebayor, que apenas aportaron nada más que patadas y precipitación. El Barça durmió el partido y el Madrid cayó de pie. Fin de la historia y final de la temporada para los madridistas.

¿Cuál es el balance de estos cuatro clásicos? Una victoria para cada uno y dos empates. Tres goles a favor del Madrid y cuatro a favor del Barça. Los números parecen haber acercado al Madrid a su eterno rival. Sin embargo, las sensaciones son equívocas. Parece que hay más distancia entre ambos que lo que dicen los resultados por el juego desplegado a lo largo de los cuatro partidos. No obstante, creo que el Madrid ha tenido demasiado respeto al Barça y no se ha querido medir cara a cara con ellos, negándose la posibilidad de salir vencedor en la semifinal - si bien, ganaron el título de Copa - y hurtándonos a los aficionados dos grandes duelos, que han sido muy decepcionantes ante las tremendas expectativas creadas. Mi sensación, más allá de planteamientos temerosos, quejas arbitrales, fingimientos lamentables, etc. es que Messi ha marcado la diferencia. El Barça está en la final gracias a él. Y sí, es mejor que Cristiano Ronaldo. Su novia no, pero él sí. 

La leyenda de San Jorge (versión gay)

Hallábase San Jorge en una monta de yeguas cuando fue alertado que la siguiente ofrenda al insaciable dragón no sería una de las jóvenes doncellas campesinas, sino un caballero de tan reconocida hidalguía como amaneramiento: su chulazo Adolfo.

San Jorge empezó a gritar histérico "¡Mi Ado no, mi Ado no!" Presa de un ataque de nervios, golpeó a sus siervos y al resto de caballeros que le acompañaban en la monta. Hubo de ser maniatado y calmado con viejos remedios de brujas. Al tercer día despertó y consiguió deshacerse de sus ataduras. Montó su caballo y partió de vuelta a casa. 

Al llegar a los confines de su condado, centenares de personas huían despavoridas hacia las cuevas abandonadas del valle. Les preguntó qué sucedía y todos respondían lo mismo: ¡la bestia ha vuelto! ¡Ha vuelto más fiera y hambrienta que nunca!

Cerca de las murallas gritó: ¡abrid, el señor del castillo ha llegado! Entró y en el patio de armas encontró decenas de cuerpos ensangrentados y abrasados. El olor a carne quemada y los gritos de pánico embriagaban los sentidos. Allí, frente al temible dragón lanzando llamaradas por su enorme boca, se encontraba Adolfo envuelto en sedas y perfumado, con su aspecto frágil y afeminado acentuado por el miedo a la bestia.

San Jorge frenó su espectacular corcel roano, que levantó las patas delanteras desafiante, y se dispuso a hacer frente al dragón. Su armadura brillaba llena de ornamentos labrados por los mejores orfebres y su yelmo estaba coronado por un morrión con un enorme plumaje color esmeralda. Miró a Adolfo, le guiñó un ojo y cabalgó hacia la muerte con su lanza fuertemente prendida. Segundos después el dragón yacía inerte sobre la arena y San Jorge permanecía erguido y orgulloso sobre un enorme charco de sangre. Adolfo se abalanzó sobre él y San Jorge lo cogió en volandas. El caballero y la reinona se abrazaron largamente. 

Dicen que del charco de sangre brotaron rosas. En realidad, fue Adolfo quien siendo un gran aficionado a la jardinería plantó unos rosales en el patio. Y así, entre rosas y montas, vivieron felices y comieron...bueno, lo que (se) comieron es cosa de ellos, pero seguramente no se trataba de perdices.

Real Madrid - Barcelona. 0-2 (Santiago Bernabéu, 27 de abril)

Messi ganó un partido que el Madrid no quiso ganar y que el árbitro sirvió en bandeja al Barcelona. El Madrid hizo poco o nada con 11 y con 10. El Barça hizo poco más. Sin Messi el partido hubiese acabado 0 - 0 (dos bocas abiertas, dos bostezos, como describe socarronamente Eduardo Galeano).

El Madrid salió medroso, echado atrás, esperando coger una contra que nunca llegó. Al contrario de lo que pontificó el entrenador barcelonista en la víspera, sin la agresividad exageradamente denunciada de los dos enfrentamientos anteriores. No creó una sola ocasión clara durante los noventa minutos, a pesar de jugar en casa. Demasiado poco para un equipo con una plantilla lujosa y carísima. En la segunda parte presionó más arriba, pero el árbitro se encargó de apuntillar la pobre apuesta blanca. 

El Barcelona apenas jugó exigido. Se dedicó a manosear el balón sin profundidad y sin complejos, manteniendo su estilo. La ausencia de Iniesta se notó. La circulación de balón culé no era lo fluida, rápida y peligrosa que nos tiene acostumbrados. Su propuesta, aunque excusada en su papel de visitante, no deslumbró. Se hablará de la victoria del estilo de toque barcelonista, pero en realidad quien ganó el partido y casi la eliminatoria fue Messi, primero buscando el hueco justo para rematar con astucia un buen centro de Affelay y después sentenciar con una jugada personal en la que desnudó a la defensa blanca con su descomunal clase. Aparte de la elevada posesión habitual y del genio de Messi, el Barça se dedicó a fingir faltas y agresiones de forma lamentable: Busquets, Pedro y Dani Alves adolecieron de una falta de deportividad irritante. O todos moros o todos cristianos, Pep. No se puede ir de virgencita y a la vez follarse a todo cristo. O una cosa o la otra.

¿Y ahora qué? Pues a esperar un improbable milagro en la vuelta con las importantes bajas de Sergio Ramos (merecida) y Pepe (inmerecida). Pero, sobre todo, a reflexionar Mourinho y sus ayudantes sobre su planteamiento futbolístico, más allá de patalear a la UEFA por el arbitraje. El Madrid hizo un partido paupérrimo basado en el mismo plan temeroso y ruin usado en Liga, pero esta vez el resultado no sirve de coartada. Ni siquiera el arbitraje, por mucho que se hable de ello con razón. 

alma

si existe, que no lo creo, su peso es de 21 gramos. Ciertamente, muy poco peso para tan magna e inmortal sustancia. Cualquiera de mis sueños pesa más de 21 gramos. El cerebro, lo más parecido al alma, pesa casi un kilo y medio. ¿Por qué pesa tan poco el alma, pues? Porque lo que no existe es tan liviano que su peso es no más una exhalación. 

huevos estrellados

inversión espacio-temporal de los huevos fritos con chistorra y patatas de toda la vida, en el que se muestra en el plato lo que supuestamente ya debiera estar en ese momento y con ese aspecto en el estómago. En definitiva, la versión culinaria y cañí de la película "Regreso al futuro". 

discusión

contraposición más o menos apasionada de diferentes opiniones sobre un determinado asunto entre dos o más interlocutores. Una buena oportunidad de aprender, si los discutidores son inteligentes, o una enorme pérdida de tiempo si son estúpidos. Ingredientes para una discusión exitosa: cultura, ingenio e interés. 

La rebelión de las sombras (IX)

No sabemos si por la desaparición voluntaria de las sombras o por algún otro motivo, pero los focos se han centrado últimamente en los cuerpos sin sombra. Se han identificado casos de cuerpos sin sombra que sobreviven mucho más allá de los treinta días que como máximo se había establecido por las autoridades médicas.

Tras analizar algunos de estos casos y en las entrevistas que se han mantenido con ellos, se ha averiguado que estos casos no son tan excepcionales como se creía en un primer momento. Independientemente del tiempo que lleven sobreviviendo sin sombra, si están internados en un campo o malviven escondidos en libertad, todos ellos, absolutamente todos ellos tienen un denominador común: sus sombras no se escaparon, fueron ellos los que las liberaron. Incluso se desprendieron voluntariamente de ellas, echándolas de su lado.

Cuesta comprender los motivos que tuvieron para deshacerse de ellas. Más aún teniendo en cuenta que a priori suponía una pena de muerte inminente, además de un internamiento casi seguro. La primera respuesta que se conjeturó fue la obvia: se trata de infelices suicidas. Sin embargo, al cuestionarles al respecto la gran mayoría negaron dicha intención. Sencillamente, "trataban de ser libres", dijeron con aplomo y convencimiento.

Realmente, estos cuerpos sin sombra por voluntad propia son un misterio asombroso. ¿Qué quieren decir con eso de ser libres? ¿Libres de su sombra? ¿Por qué? No se ha obtenido respuesta alguna, únicamente un lacónico y enigmático "no lo entendéis..."

¿Serán seres superiores estos cuerpos sin sombra? ¿O simples orates? En cualquier caso, se está haciendo un seguimiento exhaustivo de todos ellos en los campos de internamiento. Su comportamiento es muy diferente al del resto de cuerpos sin sombra. Los primeros no actúan como condenados resignados y solitarios, sino que viven felices y en comunidad. Tratan de hacer su vida en el campo lo más provechosa y lúdica posible. Además, respetan las normas con escrupulosidad, sin causar el más mínimo problema. Eso sí, no se relacionan con el resto de cuerpos sin sombra ensimismados que deambulan a su alrededor con el terror en la cara día y noche.

¿Y las sombras? Las sombras siguen en la sombra, ese lugar oscuro e inabarcable al que cuesta mirar de frente y que tan pronto nos desvela por la noche como nos estremece durante la vigilia: el miedo, el pavoroso miedo a lo desconocido. Un miedo físico, un miedo real, un miedo inconmensurable y helador.

IKEA

laberinto de muebles disfrazado de supermercado que vende productos desmembrados en forma de pasatiempo. Dicen que es barato, ¡no te jode! ¿Cuál es el coste de oportunidad del montaje?

postal

carta de bolsillo que suple la ausencia de texto con una foto del lugar aburridamente típica o escandalosamente hortera. Su contenido es tan poco personal que se envía desnuda.

armario

jaula de ropa, cosas y demás objetos almacenables, que muestra la verdadera naturaleza de su dueño: ordenado, hortera, guarro, loco…

Real Madrid - Barcelona. 1-0 (Mestalla, 20 de abril)

Más que merecido título de Copa para el Madrid. Por su trayectoria en la competición y por su buen trabajo en la final. A pesar de tratarse de una final igualada, el triunfo final fue para el que más méritos hizo. Una trabajada victoria a los puntos.

La alineación inicial blanca apenas sorprendió, aunque no había un delantero centro. En el medio campo los mismos tres que en el partido de Liga. Y en defensa Sergio Ramos en el centro, donde mejor desarrolla sus cualidades.

El partido empezó intenso, con los jugadores acelerados protestando todas las acciones. El árbitro mantuvo los nervios y no se cargó la final. El Madrid jugó mucho más adelantado de lo esperado, presionando arriba e incomodando el juego del Barça. Su primera parte fue extraordinaria al conseguir que el Barcelona no creará ni una sola ocasión. Ninguna llegada con el más mínimo peligro del equipo culé. Increíble trabajo defensivo del Madrid. Pepe estuvo otra vez excepcional en el medio centro. Carvalho adelantándose a todos los balones. Sergio Ramos sobrio y seguro por alto. Arbeloa con la seriedad acostumbrada. Todos presionando y cerrando espacios. Una demostración de equipo sólido y trabajado. Sin duda, gran parte del mérito es del entrenador. Con otro técnico esta final no se hubiese ganado. Chapeau para Mourinho.

En ataque el Madrid dispuso de dos contras de Cristiano Ronaldo, un disparo de Özil y un remate al palo de Pepe. No fue un aluvión atacante, ya que la posesión fue mayoritariamente para el Barça, pero el peligro llegó de parte madridista. Al descanso mereció llegar por delante.

La segunda parte cambió radicalmente. El Barça impuso su ritmo y el Madrid se echó atrás. Por momentos pareció estar desarbolado y que el gol barcelonista podría llegar en cualquier momento. Messi con un disparo desde fuera del área, Pedro con un balón picado y, sobre todo, Iniesta con un remate ajustado estuvieron a punto de abrir el marcador y acercar la Copa a Barcelona, pero en las tres ocasiones estuvo Iker excepcional. El Madrid sólo respondió al final de los noventa minutos reglamentarios con un disparo de Di María al que respondió Pinto con agilidad, y que anunció lo que sucedería en la prórroga.

El equipo merengue siguió concentrado y compacto durante el tiempo extra en el que volvió a no conceder ni una sola ocasión a su rival, lo cual tiene un mérito extraordinario dada la talla de éste.

El gol llegó tras una pared por la izquierda entre Marcelo y Di María, que centró con precisión a Cristiano Ronaldo para que rematase de forma inapelable con la cabeza logrando el tanto de la victoria. Un gol que vale un título. Un gol que, además, quita un complejo reciente absolutamente necesario para los jugadores, los aficionados y el club. A partir de entonces un Madrid súper ordenado y un Barça sin respuesta. El delantero portugués tuvo otra ocasión en una contra en la que demostró su impresionante potencia. Se le fichó para ganar títulos y ha sido decisivo en éste. Del mismo modo se contrató a Mourinho y ha cumplido al lograr la Copa. Esperemos que sea el primero de una serie de títulos, ya que hay equipo y jugadores para ello.

La rebelión de las sombras (VIII)

Han transcurrido tres días desde que Moonlight se mostrase. Desde entonces no se ha vuelto a ver a ninguna sombra. La impaciencia se está tornando en temor poco a poco. Hace muchas semanas que comenzó la rebelión de las sombras y, más allá de los secuestros de cuerpos sin sombra y algunos mensajes equívocos, las sombras no han realizado ninguna otra acción hostil contra los cuerpos. Han sido estos últimos los que han cometido las peores fechorías: creación de campos de internamiento y pogromos indiscriminados contra los cuerpos sin sombra.

Todos nos preguntamos cuál será el siguiente acto. Qué escenario nos espera cuando vuelvan a mostrarse las sombras. Hay un convencimiento generalizado de que algo nuevo ocurrirá. La incertidumbre es terrible. No hay peor temor que el sufrido ante lo desconocido. ¿Qué harán las sombras a su vuelta? Y lo que es aún más inquietante: ¿qué serán capaces de hacer?

Realmente, se desconocen las capacidades de las sombras. Más allá de su voluntad, que también resulta una incógnita, lo que realmente desasosiega es no tener la más mínima idea del alcance de sus "poderes", no saber ante qué nos estamos enfrentando, si podremos oponerles resistencia o, por el contrario, quedaremos inermes a sus designios. 

Los cuerpos, que han estado años y años ensimismados viviendo en la más absoluta inopia de conocimientos y saberes, de repente quieren respuestas. Sólo cuando han visto su futuro peligrar han despertado. Únicamente cuando su rutina adocenada de color de rosa puede llegar a su fin han levantado la cabeza y han preguntado qué sucede a su alrededor. Al menos, hemos de agradecer a las sombras que hayan despertado la conciencia de los cuerpos. 

En este contexto ¡cómo no! están proliferando los agoreros, que aprovechan la debilidad de la mayoría para explotar los temores acuciantes y las supersticiones inveteradas en provecho propio. Estos predicadores del miedo se ofrecen por doquier a quien quiera escucharlos. Cada vez tienen más estúpidos seguidores. Del mismo modo, los centros de culto vuelven a estar llenos. La gente quiere asegurarse un fatuo consuelo con el placebo religioso.

De todos modos, nada de esto servirá a todos estos buscadores de edulcoradas respuestas. Las sombras volverán y seguirán su propia voluntad. Sólo cabe esperar que esta voluntad pueda ser conjugable con la de los cuerpos, porque de otro modo estamos abocados a un enfrentamiento de consecuencias imprevistas. 

Real Madrid - Barcelona. 1-1 (Santiago Bernabéu, 16 de abril)

El partido que no valía para nada finalmente no valió para nada. La Liga estaba sentenciada. ¿Qué quedaba por ver? Como mucho la tendencia que seguirá la sucesión de enfrentamientos inminente.

El Barcelona podrá decir que jugó un partido relativamente cómodo, en el que dispuso mayoritariamente de la posesión del balón y en el que daba la sensación que si apretaba podía hacer daño a su rival. Por su parte, el Madrid se acogerá a la tan manida épica que le caracteriza, ya que consiguió empatar con un jugador menos y, sobre todo, no salió derrotado de un enfrentamiento con el Barça tras una serie desastrosa en los últimos años. En definitiva, aunque el Barcelona sale ligeramente beneficiado moralmente del choque, no ha asestado un primer golpe de knock out. El Madrid lo sabe y se mantiene de pie en la lona a la espera de la final de Copa.

En cuanto a polémica arbitral, también hubo ración por cada bando: penalti no señalado a Villa y expulsión perdonada a Dani Alves. Y sin apenas jugarse nada. En los próximos tres partidos los árbitros deberán hilar muy fino. Aún así se escribirán ríos de tinta sobre quién salió beneficiado y quién perjudicado, y nunca nos pondremos de acuerdo. Vamos, lo de siempre.

El Madrid salió con un trivote en el centro del campo para cubrirse, muy echado hacia atrás y sólo a la espera de poder salir en un contraataque para sorprender al Barça. Pepe jugó de mediocentro. Incomprensiblemente salió indemne en cuanto a tarjetas, pero hizo un muy buen partido en esa posición. Consiguió barrer muchos balones y cortar el juego de entrelíneas del contrincante, sobre todo en la primera parte.

El Barcelona quedó desconectado durante esos primeros 45 minutos. Tenía la pelota, pero no hacía ningún peligro, ni daba la sensación de poder crearlo. Su juego era bastante insulso. Únicamente Messi dispuso de dos ocasiones que salvó Casillas con solvencia. Por su parte, el Madrid no se avergonzó de salir a cerrarse en su propio estadio y tuvo sus pocas ocasiones en algún corner y en alguna recuperación en campo rival. No obstante, las tablas al descanso eran un resultado justo.

La reanudación cambió el ritmo cansino del partido. El Madrid salió más enchufado. Un lanzamiento directo de falta de Cristiano Ronaldo se estrelló en el palo. Los corners volvían a llevar peligro sobre el área barcelonista. Sin embargo, en seguida se adelantó el Barça de penalti - transformado por Messi - tras un grave error de Albiol, que además fue justamente expulsado. Parecía todo perdido con casi toda la segunda parte por delante. Los cambios de Mourinho olían a la final de Copa más que a intentar remontar el partido, puesto que retiró a Xabi Alonso. El Barça empezó a hacer su habitual rondo esperando desgastar a su rival y se encomendó a algún pase al hueco de Xavi y a las arrancadas de Messi. Tampoco se exigió mucho el Barça, se limitó a esperar. Y en esas empato el Madrid, también de penalti, anotado por el delantero portugués. Los últimos minutos fueron un poco más abiertos y el partido adquirió pinta de clásico. Ambos dispusieron de alguna otra ocasión: Xavi y Villa por el Barça, Khedira por el Madrid. Pero no se desmelenaron. Se guardaron lo mejor para lo que nos viene encima, que es muchísimo.

Mourinho usó este partido de banco de pruebas para la apasionante final de Copa. No le importó lo más mínimo salir a defender y conceder la posesión al Barça, confiando en aburrir a su rival y sorprenderlo a la contra. Estoy seguro de que el entrenador portugués piensa que si consigue adelantarse en el marcador ganará la final. Para ello las líneas han de estar muy juntas y la defensa cerca de la portería para evitar los pases al hueco del Barça. Así jugó y así jugará el miércoles en Mestalla, protegiéndose en defensa y confiando en algún fulgurante ataque cuando el Barça pueda descuidarse o cometer un error en campo propio. El duelo de Copa enfrentará al Ali-Barça contra el Foreman-Madrid. Mantenerse fuerte sobre la lona, cubriéndose de los sutiles golpes a la espera de ver bajar la guardia al aburrido rival y asestarle un gancho al mentón que lo tumbe pata levantar el cinturón de campeón en forma de Copa. ¡Menudo partidazo! 

aeropuerto

fascinante intercambiador de ciudades del que sales de una de ellas por uno de sus fingers para entrar al poco tiempo en otra ciudad diferente por otro de esos asombrosos fingers.

urólogo

minero recto-genital que además de guantes debería llevar protección en los ojos y en la nariz. Si hay alguno de vocación, mejor sería encerrarlo. Si alguna es mujer, tampoco nos precipitemos encerrándola, valoremos primero todas sus cualidades.