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lasnochesdeMcNulty

Dedos y edades

Hay un dedo para cada edad. Recién nacidos nos chupamos el pulgar a modo de pezón fake. Tan pequeños tenemos pocos vicios, y éste es uno de los pocos que nos podemos permitir. Además, el pulgar extendido muestra el ok del bebé, el asentimiento a todo lo que rodea su vida de no pegar un palo al agua.

De niños usamos el índice más que ningún otro dedo: para chivarnos de nuestros hermanos o compañeros de juegos con el dedo acusador extendido, o al levantarlo erguido hacia el techo del aula para responder a alguna pregunta del profesor. Ese dedo índice tiene la precisión de un puntero láser y la determinación de una flecha. 

En la juventud es el dedo corazón el más empleado. Ya sea para hacer el "fuck you" rebelde e impulsivo de joven sabelotodo o para solaz de los placeres eróticos recién descubiertos. Es el dedo más largo de todos, como no podía ser de otro modo. El que se usa con mayor ímpetu para lo bueno y para lo malo.

El dedo anular es el de la madurez, discreto y sobrio, apenas usado para sostener la alianza. No destaca absolutamente en nada; sin embargo, resulta difícil imaginar cualquier acción que pueda realizar la mano sin su melancólica presencia. 

Por último, tenemos el meñique, la metáfora perfecta de la vejez. Un dedo pequeño y encogido que apenas sirve para nada. Nos reímos de él cuando lo vemos orgulloso y erguido al levantar una taza; sin embargo, lo que nos está mostrando con esa vigorosa erección es nuestra propia dignidad. La dignidad que únicamente es posible adquirir tras largos y azarosos años de vida.

Así pues, los dedos de la mano contienen nuestra propia vida de forma sucesiva, como si de un contandor de edades se tratase. No son las líneas de la palma de la mano las que contienen el indescifrable códice de nuestra vida, sino los cinco dedos, que inexorablemente se van levantando uno a uno hasta tener los cinco dedos completamente extendidos dando el alto a la dama de negro, que se acerca menesterosa a darte su traicionera mano de despedida. 

Real Madrid - Atlético. 4-1 (Santiago Bernabéu, 26 de noviembre)

De nuevo, el derbi de la marmota: otra victoria fácil madridista. Da igual cómo llegue uno y otro equipo al partido. Da igual lo que suceda durante el partido. Siempre acaba imponiéndose el Madrid. El complejo de inferioridad atlético es tal que salen derrotados de antemano.

Aunque el arranque atlético sembró dudas en los locales. Se posicionaron bien los pupilos de Manzano. Taparon a Xabi Alonso y evitaron la presión blanca. Al cuarto de hora se adelantó el Atlético gracias a una buena jugada de Adrián, que combinó con Diego y resolvió picando por encima de Casillas. En ese instante, la marmota parecía presagiar borrasca en el Bernabéu, pero en seguida se despejaron los nubarrones anunciados. Cristiano Ronaldo, muy activo durante la primera parte, filtró un pase al hueco a Benzema que fue claramente derribado por Courtois. Penalti, expulsión, gol y final del derbi. 

A partir de entonces el Atlético se dedicó a pegar más de la cuenta y a encomendarse a la virgen del cronómetro deseando el pitido final como único objetivo. El Madrid manejó perfectamente el encuentro. Fue aumentando poco a poco la tensión competitiva hasta que el equipo colchonero cayó de maduro. Xabi Alonso, tras el discutible cambio de Diego, se vio liberado y empezó a alumbrar el juego blanco con el consiguiente aumento de posesión. Durante la primera mitad aguantó el Atlético razonablemente bien. Apenas un disparo ajustado de Cristiano Ronaldo y otro a bocajarro de Benzema que salvó un defensa cruzándose providencialmente.

Sin embargo, en la segunda mitad el Atlético se deshizo como un azucarillo. Antes del minuto cinco, la velocidad del delantero portugués dejó en evidencia a Godín, que estuvo particularmente horrible en defensa, y asistió sin querer a Di María, que fusiló con violencia la portería rival. Curiosamente el Fideo volvió al equipo como un cañón después de su lesión muscular. Lástima que sea tan mal deportista y se pase el partido entero fingiendo o exagerando. Es exasperante su actitud llorona. A ver si consiguen educarlo y nos evita ese lamentable espectáculo "buyesco". 

El partido estaba finiquitado y el Madrid con el dominio absoluto. Salió Higuaín y anotó uno de sus goles de porfía: Godín dispuso de tres días y mil opciones para despejar un balón, pero ahí estaba Higuaín para aprovechar su indecisión. Fue un error patético, con resbalón incluido de Domínguez, que sentenció el derbi.

Con todo decidido, el Madrid se dedicó a contemporizar. El Atlético, completamente abatido, no volvió a inquietar la portería rival desde su tempranero gol. La afición se dedicó a disfrutar e, incluso, estuvo caliente gran parte del encuentro. Y así llegó el último de la noche, gracias a un penalti transformado por Cristiano Ronaldo, tras una increíble pared trazada entre éste e Higuaín, que Godín decidió afear abalanzándose sobre el Pipita. 

Con todos los madridistas celebrando la victoria, el Getafe nos regaló la segunda alegría de la noche derrotando al Barça y alejándolo a seis puntos del liderato. Noche redonda. 

urna

caja de cristal, paradójicamente transparente, donde ilusos ciudadanos depositan sus votos, ocultos en sobres, que permitirán a una u otra casta de políticos gobernar con opacidad y desfachatez otros cuatro años más, durante los cuales la urna permanecerá arrinconada y llena de polvo, exactamente igual que los votos marchitos de esos desesperanzados ciudadanos.

voto

carta a los Reyes Magos en la que regalo y persona a regalar coinciden, ya que muchos de esos nombres que aparecen en cada papeleta recibirán todo tipo de dádivas y prebendas gracias a esa carta a los Reyes Magos, que con la candidez de un niño introduces en la urna lleno de esperanzas para que esos afortunados nombres de la papeleta se aprovechen de tu inocencia y te dejen a cambio c.a.r.b.ó.n. (corrupción, amiguismo, recesión, bancarrota, oprobio y nepotismo). 

Real Madrid - Dinamo de Zagreb. 6-2 (Santiago Bernabéu, 22 de noviembre)

Un partido cortísimo, de sólo nueve minutos, los que tardó el Madrid en adelantarse 3 a 0. La primera media hora fue de dominio absoluto blanco. Presionando y robando muy arriba y generando ocasión tras ocasión. El primer gol llegó en una jugada entre Özil y Benzema que culminó éste último con delicadeza. El segundo en un pase largo que cabecea Benzema y aprovecha Callejón para anotar ajustado desde el borde del área. El tercero fue obra de Higuaín, precioso. Desmarque en el pico del área del delantero argentino, balón corrido hacia la línea de fondo, recorte sobre el defensa y picadita con la izquierda sobre el poco ángulo que dejó el portero. Una delicia de gol. Cada día que pasa muestra un mayor abanico de recursos técnicos el Pipita. 

El maestro de operaciones, como siempre, fue Xabi Alonso. Su jerarquía en el campo es absoluta. Es el mariscal de este equipo. Pone a sus compañeros a remar al mismo tiempo. Se encara con el rival y discute al árbitro, siempre con el tono justo. Da pases en largo, baja a recoger la pelota, se incrusta entre los centrales, ordena sin parar al equipo. Es el verdadero referente del Madrid. Sin él, la segunda parte fue mucho más desordenada. 

El compañero del tolosarra fue el esperado Sahin, que estuvo en modo trotón intrascendente, como si de una rubia se tratase: "¿pa qué? ¿pa cagarla?" Pues eso, se limitó a dar pases fáciles en zonas no comprometidas y a ofrecerse de apoyo a sus compañeros en el centro del campo. Tuvo un par de detalles de calidad, con sendos taconazos, y mostró oficio cortando algunas jugadas con faltas tácticas cuando el físico empezó a flaquearle. No obstante, no deslumbró. Habrá que esperar para ver su verdadero nivel. 

El cuarto gol fue de Özil, ese exquisito jugador del "arranco-paro, arranco-paro" que siempre juega con esa cadencia especial de bailarín clásico. Le asistió Coentrao, que hizo una buena primera parte entrando por su banda izquierda en infinidad de ocasiones. Lass también realizó un buen papel en el lateral derecho.

La segunda parte bajó en intensidad, como cabía esperar. Aún así se consiguieron un par de goles por cada lado. El quinto de Callejón, que dispuso de tres horas para rematar blandito pero ajustado al palo del portero en un pase largo de Varane. El ex-españolista cerró una buena actuación. Incluso pudo marcar un par de goles más. Su caso anima a los chavales que practican este deporte, ya que sin ser un jugador para el Real Madrid dispone de cierta predilección del técnico y disfruta de minutos en esta extraordinaria plantilla. Y, además, lo agradece con goles y trabajo a destajo. Es el ejemplo claro de que se puede llegar lejos sin ser un crack.

El último fue obra de Benzema, tras un taconazo precioso de Higuaín, que el francés culminó de nuevo con precisión. Estuvo a punto de conseguir el hat-trick con una espectacular chilena que golpeó en el larguero. Por cierto, Benzema e Higuaín mezclaron muy bien. 

Con el 6 a 0 se esperaba un arreón final para conseguir una goleada de escándalo. Sin embargo, llegaron los dos goles del Dinamo, que no hablan muy bien de la pareja de centrales de la segunda parte. Varane tiene buena pinta. Es alto, bastante técnico, sosegado, elegante; pero le falta contundencia atrás. Albiol estuvo desafortunado: fallón en el pase, lento al corte, fuera de sitio, falto de partidos. La verdad es que esta pareja está a años luz de la formada por Pepe y Sergio Ramos o, incluso, de Carvalho.

Así pues, en este concurso de meritorios en el que salió hasta Altintop, unos lo aprovecharon más que otros, si bien todos pusieron buena actitud de su parte. El Madrid encadena una racha de doce partidos consecutivos con victoria que debe reforzar su moral ante el derbi del sábado contra el Atlético y, sobre todo, para el partido contra el Barça de aquí a quince días. 

¿Cómo preparar el gintonic perfecto?

¿Cómo preparar el gintonic perfecto?

Una premisa básica para poder disfrutar de un gran gintonic es la copa de balón. Vamos, un buen copón que permita disfrutar de todos sus matices y, además, lo muestre en toda su grandeza.

Lo primero es el hielo: cuatro o cinco grandes piedras de gélido rencor inveterado, imposible de deshacer. A continuación, vertir ginebra The Hated Nº1 hasta cubrir tres cuartas partes de los cubitos de rencor, permitiendo que éste se mezcle con la ginebra y rompa los pequeños cristales de resentimiento congelados durante largo tiempo. Vaciar un botellín de tónica Rage Tree (que en lugar de quinina contiene inquina) en la copa y mezclar ligeramente. Veremos cómo las burbujas de rabia ascienden vertiginosamente removiendo las piedras de rencor helado entre el oleaje de odio. Por último, coronaremos el delicioso cóctel con dos o tres lágrimas de limón, pero no las primeras que brotan casi sin razón, sino aquellas que se amotinan en los ojos llenánsose de dolor poco a poco hasta que emergen abundantes y tatúan un surco de tristeza en la cara. Proporcionarán el punto de acidez necesaria al gintonic y lo completarán magistralmente. 

Ahora ya sólo nos queda bebérnoslo. Para ello nos recostaremos plácidamente sobre el sofá y sostendremos la copa en la mano. Daremos largos sorbos disfrutando de todo su sabor, mientras miramos el evocador gintonic absortos en nuestros pensamientos. Tras unos veinte minutos, dejaremos la copa vacía sobre la mesa e iremos en busca de la persona a la que queremos dedicárselo: "Hola, hijo de la gran puta..."

El puente de Millau

El puente de Millau

El puente de Millau, construido en el sur de Francia, es una impresionante obra de ingeniería que deja bien patente el excelso nivel técnico que ha alcanzado el hombre. Es el puente más alto del mundo con casi 350 metros. Su longitud es de 2,5 kilómetros. Sus siete enormes pilares sostienen el tablero que une las dos mesetas sobre el ancho valle surcado por el río Tarn.

Me apena no tener conocimiento alguno sobre ingeniería para poder valorar aún más la dificultad de esta obra. Escuchar o leer sobre el cálculo de estructuras, el deslizamiento hidráulico del tablero sobre apeos provisionales o la construcción de los pilares por secciones me deja completamente aturdido, ya que no alcanzo a comprender absolutamente nada para mi desgracia.

No obstante, no he traído a colación el puente de Millau para hablar sobre algo de lo que no tengo ni la más mínima idea como la ingeniería, sino para hablar de belleza. La majestuosidad del puente es tan asombrosa, la perfección de sus líneas es tan increíble y su dimensión es tan gigantescamente abrumadora, que es, sin duda alguna, una de las obras más bellas que he visto jamás. Y cuando digo “obra” no me refiero a obra civil, sino a obra de arte.

Todo lo bello resulta admirable, desde una mujer hasta un cuadro. Y también un puente puede ser algo extraordinariamente admirable y bello, desde luego. Esa admiración que provoca la belleza es en ocasiones paralizante. De repente, algo te estremece, te deja entre embobado y extático, pero a la vez sientes una extraña sensación de armoniosa felicidad. Entras en una especie de trance, la relajación te invade por completo, aunque al mismo tiempo sientes una intensa excitación. En esos breves instantes, las aparentemente antitéticas relajación y excitación conviven juntas, y hasta se abrazan. Es un placer deliciosamente sutil, que trasciende la sensibilidad o, a lo mejor, la sacude violentamente hasta narcotizarla gracias a esa admirable belleza. Pues eso mismo sentí al ver el puente de Milllau. 

Real Madrid - Osasuna. 7-1 (Santiago Bernabéu, 6 de noviembre)

Atracón de goles a la extraña hora del almuerzo. Celebrar un gol a mediodía es tan inhabitual que te sientes algo ridículo, aunque viendo el aspecto del estadio parece que el fútbol a mediodía es todo un acierto.

El Madrid no empezó tan fogoso como en otras ocasiones. En los primeros diez minutos apenas hubo un remate de cabeza de Cristiano Ronaldo. No obstante, el control era absoluto. Los rojillos no dispusieron del balón en ningún momento. La superioridad madridista fue aplastante de inicio a fin.

Los goles gotearon generosamente por pura y simple lógica. Ronaldo volvió a anotar un hat-trick; Higuaín y Benzema prolongaron su fructífero duelo goleador y hasta Pepe se apuntó a la fiesta en un córner. El que también hizo un hat-trick fue Di María, aunque en su caso de asistencias, las correspondientes a los tres primeros goles del Madrid. Está especialmente iluminado en esta suerte el argentino esta temporada. Lástima que se lesionase al inicio de la segunda mitad. 

El Osasuna únicamente inquietó con un gol de pillos, si bien apenas les duró un minuto la alegría. Poco después, Higuaín consiguió el tercero con un certero remate a la escuadra desde dentro del área. Antes, Özil había hecho una de sus elegantes jugadas en la banda izquierda y Di María había asistido con picardía a su compatriota. Fue el mejor gol del partido, que aunó clase, precisión, rapidez y elegancia. 

En la segunda mitad, el Madrid jugó a placer, sobre todo, tras la expulsión de Satrústegui. Consiguió marcar en otras cuatro ocasiones de todos los colores posibles: internada por banda izquierda, robo y centro desde la derecha, contraataque fulgurante que acaba en penalti y de remate por el centro de Benzema, que acomodó su cuerpo al balón que llegaba de espaldas y disparó con la izquierda con una facilidad y potencia insultantes. Si el Madrid hubiese necesitado meter diez goles, lo habría conseguido con holgura. 

Un par de apuntes para acabar: el primero sobre el esperado debut de Sahin, que se mostró participativo y con mando en el centro del campo ordenando a sus compañeros; el segundo relativo al gran trabajo de Khedira en la recuperación, que cada vez está más asentado en el equipo y ofrece un despliegue impagable a la hora de presionar arriba al equipo rival. 

 

Barbarela...el bar

Barbarela...el bar

El pasado miércoles salí de la oficina hasta los cojones del trabajo y loco por ver el partido del Madrid contra el Lyon. Como la lucha entre las diferentes plataformas televisivas ha dado lugar a una dispersión de emisiones sin igual, no podía verlo en casa. Así que tuve que acudir a un bar. Los cercanos a casa no tenían Gol TV, por lo que recurrí a un viejo bar conocido donde seguí toda la Liga de Capello y sus increíbles remontadas: el Barbarela. 

Llegué con el partido ya empezado y sed de cerveza de bar, que sabe mucho mejor que la de casa. Le pedí al camarero-dueño-encargado (no sé lo que es Emilio, pero probablemente sea todo eso a la vez) una Heineken. Su respuesta fue sencillamente magistral: "¡No! Estrella". Pensé avergonzado: "¡Qué gilipollas eres, Guille!" Aparentemente, había sido una respuesta de adusto camarero, pero nada más lejos de la realidad. Es la forma de responder de Emilio: contenida e impasible. El caso es que fue la mejor bienvenida posible. Mucho mejor que si me hubiese dado un abrazo. Me senté en una silla y me sentí, de repente, absolutamente feliz. 

Es un bar sin aspiraciones (me niego a calificarlo de cutre, aunque muchos podrían describirlo así), poblado de señores mayores y personas castigadas. Me reconfortó encontrar a muchos de los personajes que lo habitaban hace cuatro años. Únicamente eché en falta al señor que llevaba pañal. El del párpado cosido para disimular su ausencia de ojo, el solterón ex-cajero de La Caixa, el argentino pesado y borrachín...estaban allí, como otros muchos sábados y domigos de Liga.

Es increíblemente curioso lo a gusto que me encontré entre todos ellos de nuevo, tras casi cuatro años sin haber pisado el Barbarela. Le tenía un enorme cariño a ese bar. Por su ambiente, por su camarero-dueño-encargado y porque aún no he visto perder al Madrid un solo partido en este santo lugar.

Como antaño, insulté al árbitro, aplaudí las jugadas del Madrid y celebré sus goles a mis anchas, rodeado de bastantes merengones igual de entusiasmados que yo. Los culés no son mayoría en este bar. Al menos, cuando juega el Madrid. 

Me tomé unas cervecitas (Estrella, por supuesto) y un bocadillo de lomo con queso que me supo a gloria. Emilio, con su distante amabilidad, me acercó una silla para que apoyase el plato del bocadillo, ya que las mesas estaban ocupadas. Me honró esa distinción. Se lo agradecí con fingida contención también. En un bar como éste los hombres nos mostramos el respeto de este modo. 

El partido acabó con victoria del Madrid, como siempre en el Barbarela. Saldé la cuenta poco antes del final y me despedí con un simple ¡hasta luego! Salí del bar con el ánimo renovado y con unas ganas tremendas de volver a ver un partido del Madrid en el Barbarela, un bar cojonudo en el que hasta el nombre me parece genial.

(El Bar Barbarela está situado en Travesera de Gracia, 150. Barcelona)

farmacia

comercio que está (o puede estar) abierto las 24 horas para comprar caramelos, productos de belleza, pulseras varias, alimentos para bebés, cepillos de dientes inverosímiles e, incluso, medicamentos. Antes había farmacias de guardia, ahora están en guardia permanente, lo cual te da una tranquilidad absoluta. Saber que a cualquier hora del día, cualquier día de la semana, cualquier semana del año vas a poder comprar un caramelo Ricola sabor “flores de saúco” es lo más de lo más.

calcetín

profiláctico de pies que impide coger enfermedades extinguidas al calzar un zapato comprado en un chino. De otra parte, es la prenda que determina cuándo una pareja formaliza su relación: al follar con ellos puestos. 

Algunos refranes sin sentido

A quien madruga, Dios le ayuda. Ya, claro, por eso Dios te recibe de noche, con el transporte público aún sin funcionar y sin un puto taxi que coger.

Es más puta que las gallinas. Nunca me han parecido muy golfas las gallinas, la verdad. Ni visten como putas, ni se comportan como putas. De hecho, sigo sin entender que los gallos se las zumben, pudiéndose calzar a las ocas que están mucho más ricas.

No hay dos sin tres. Bueno, yo tengo sólo dos piernas, y dos pulmones, y dos cojones. No digo que me fuese mal un tercero. Huevo, digo. Pero es que no hay más. Son dos y punto.

Quien bien te quiere te hará llorar. Pues te querrá mucho, pero es un pedazo de hijo de puta.

Amor con amor se paga. Claro, claro…Por eso las putas cobran en mimos.

A caballo regalado no le mires el dentado. O sea, si te regalan un caballo, lo primero que haces es mirarle los pìños. ¡No me jodas! Mi primera reacción sería “No, no, gracias. Es que no tengo plaza de caballo.” O cualquier absurda excusa del tipo “padezco peste equina” o “me dan mal fario desde que un poni me embruteció en el zoo”. ¿Pero aceptar y mirarle la dentadura? ¡Por favor!

El que la sigue la consigue. Ya, ya...y por eso Charlize Theron tiene mil millones de novios y el Madrid juega con cien millones de jugadores.

No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Se ha de ser gilipollas para hacer algo hoy si se puede dejar para mañana. ¿Y si mañana ya no hace falta hacerlo? ¿Y si no hay mañana? Pues eso, curro en balde.

A buen entendedor pocas palabras bastan. Sería al revés, ¿no? Si tan listo es, le puedes meter un rollaco larguísimo, que el tío lo entenderá sin problemas. En cambio, si es bobo, dos o tres palabras, no más.

Mientras hay vida, hay esperanza. Que lo pregunten en Darfur, Haití o Somalia. ¿Esperanza de qué? ¿De seguir viviendo? ¿o de seguir sufriendo?

La vida es una tómbola llena de luz y de color. (No es un refrán. Es parte de la letra de una canción de Marisol que no sé porqué cojones tengo grabada en la memoria y me tortura recurrentemente) Ni siquiera adivino qué quería decir la cursi de Marisol ni se me ocurre ninguna interpretación. Simplemente me atormenta.

 

Málaga - Real Madrid. 0 - 4 (La Rosaleda, 22 de octubre de 2011)

Partido resuelto en 45 minutos. Primorosa primera parte del Madrid que demuestra que es mucho más que un equipo preparado para el contraataque. La presión desplegada en campo rival fue asfixiante, la coordinación de todos los jugadores casi perfecta. Recuperaban el balón a 30 metros de la portería contraria una y otra vez. Sin duda, los mejores cuarenta y cinco minutos de la temporada. Porque, además, la defensa estuvo igualmente concentrada, ordenada y rápida. Sergio Ramos aumenta sus prestaciones en el centro de la zaga. Forma una muy buena pareja de centrales con Pepe.

El equipo blanco movió la pelota con criterio y rapidez, desplazando de lado a lado a la defensa malacitana. Los cambios de juego de Xabi Alonso y Pepe en menor medida; el juego entre líneas de Kaká, Cristiano Ronaldo, Di María e Higuaín; y las incorporaciones de Marcelo y Khedira desarbolaron al Málaga continuamente. El papel de Xabi Alonso y Khedira en la presión y la consiguiente recuperación de la posesión fue clave. 

El primer gol llegó gracias a un inteligente pase de Di María, que vio la ruptura de Higuaín, el cual definió a lo Ronaldo (el otro, el gordito) para proseguir con su romance con el gol. Cuando un delantero está dulce lo emboca todo. El segundo nació también de las botas del Fideo, que trazó una comba perfecta eludiendo a toda la defensa blanquiazul, que Cristiano Ronaldo (éste, el guapo, rico y gran jugador) definió al primer toque. En seguida consiguió el delantero portugués el tercer gol en una jugada personal: un par de quiebros y disparo ajustado desde la frontal del área. La guinda nos la regaló también CR7 tras un lanzamiento de corner que Sergio Ramos consiguió golpear de cabeza dejando el balón a media altura en el área pequeña. Sorprendentemente la defensa malacitana dejó nada menos que a la estrella del equipo rival sin marca en tres metros a la redonda. El guapo, rico y talentoso jugador agradeció el regalo con un acrobático escorzo y un remate con la suela de su bota.

La segunda parte tuvo historia porque el Málaga decidió no bajar los brazos y plantar batalla, pero ya estaba todo decidido. Al menos sirvió para que Casillas se apuntase a la fiesta de sus compañeros de campo deteniendo los remates del Málaga. Encima los palos estaban de su lado, ya que en dos ocasiones repelieron los buenos disparos rivales. Pero cuando los astros están alineados de tu lado todo sale a la perfección. Esa perfección que se rozó en la primera parte y que habla muy bien del fútbol del Madrid. Y esos astros que ayudaron a que Messi fallara el penalti a última hora permitiendo al equipo merengue adelantar en la clasificación al Barça. 

impotencia

cuando no puedes levantar la polla para matar a pollazos al causante de una injusticia o a quien te ofende o a un imbécil o a tu jefe, que viene a contener a los tres anteriores. 

caos

situación de absoluto descontrol en la que el principal causante suele ahuecar el ala o buscar culpables en los demás. Por cierto, es un anagrama de asco, que es precisamente lo que sienten esos falsos culpables por el verdadero causante del caos.

Real Madrid - Betis. 4-1 (Santiago Bernabéu, 15 de octubre)

Victoria fácil tras el parón de selecciones sin efectos secundarios en forma de lesión o sanción. Tarde plácida para el equipo y para la afición. Acudir al Bernabéu un agradable sábado otoñal a las seis ha de ser una auténtica gozada. Las televisiones no dan muchas oportunidades a los sufridos aficionados que acuden al estadio, así que ayer pudieron disfrutar de la excepción.

En cuanto al enfrentamiento poco hay que decir, ya que duró apenas quince minutos, los que tardó el debutante Vadillo en lesionarse. La desafortunada acción del chaval pareció deprimir al resto de sus compañeros y el Betis no volvió a aparecer más que para defenderse con más o menos orden. Hasta entonces el equipo recién ascendido había disputado el balón y el dominio al Madrid, adelantando la línea defensiva con orden y presionando muy arriba. Los locales estaban incómodos y cayeron en fuera de juego con demasiada facilidad. 

Sin embargo, a partir del minuto veinte, el Madrid engrasó la máquina y se adueñó del balón, surgiendo numerosas oportunidades desperdiciadas por Cristiano Ronaldo, Kaká e Higuaín. El gol había de llegar como consecuencia lógica del dominio y de la entidad de los atacantes blancos, pero no llegó en esta primera parte.

A la vuelta del descanso, los madridistas no tardaron ni un minuto en inaugurar el marcador gracias a un excelente pase de treinta metros de Xabi Alonso, una buena carrera y asistencia de Ronaldo y al oportunismo de Higuaín. Poco después lograron el segundo gol con un excelente remate de Kaká muy típico suyo (una precisa comba al palo largo del portero desde una esquina del área). El partido estaba finiquitado, evitando así el runrún del Bernabéu si el empate a cero se alargaba durante la segunda parte.

El Betis marcó el gol del honor tras el enésimo rebote de la zaga merengue, que últimamente parece abonada a este tipo de regalos que denotan falta de tensión y contundencia en el despeje. No duró ni un instante la incertidumbre en el marcador. El Pipita se encargó de despejarla después de un pase al hueco medido de Di María, que el delantero argentino culminó con sencillez y precisión. El último de la tarde, el cuarto, también lo anotó Higuaín, a pase de Di María, con clase y con la tranquilidad del delantero que se sabe en racha.

Pudo haber más goles. Marcelo se desató en ataque. Mourinho aprovechó para reservar jugadores clave ante el aluvión de partidos que se vienen encima. Y Xabi Alonso volvió a demostrar por enésima vez que sabe leer este deporte como pocos. Su sabiduría en el centro del campo es una garantía para el equipo. Sahin está cerca de debutar. Esperemos que no se demore mucho y que pueda ser una alternativa para Xabi, porque la Alonsodependencia en el Madrid actual es total. Se podrá ganar sin él, sin duda; pero el fútbol pasa irremediablemente por sus botas y por su cabeza.

Dos lecturas postreras: Cristiano Ronaldo está en plan asistente. Dos en este partido, a las que sumar otras dos en la anterior jornada contra el Español. Es curioso que ahora se muestre tan generoso. ¿Será porque Messi es alabado recientemente también por su vertiente como asistente? A mí me da que sí. Cristiano Ronaldo vive tan pendiente de Messi como su entrenador de Guardiola. Y, por último, aplaudir a Higuaín una vez más. Su voracidad goleadora aumenta día a día. Su crecimiento nunca se estanca, siempre va a más. Es espectacular el despliegue de este chico. No es ningún virtuoso con el balón. No tiene maneras de estrella del fútbol. Su perfil es discreto, trabajador, serio; pero sus números son demoledores. Su cabeza y su gen competitivo son sus grandes aliados. Desde la humildad, trabaja y trabaja, mejora y mejora, golea y golea. Es un ejemplo de lo que tiene que ser un jugador del Real Madrid. Me extraña que no sea adorado por la afición, porque representa uno a uno todos los valores históricos de este centenario club. 

cumpleaños

fecha concreta en la que, de repente, eres un año mayor. Lo mejor de todo no son las felicitaciones ni los regalos, aunque también chanan, claro está. Lo mejor es que tienes todo un año por delante para adaptarte a tu nueva edad. Al principio te sientes extraño, pero con el paso de las semanas acabas acostumbrándote y encariñándote con esa nueva cifra hasta tal punto que, en el siguiente cumpleaños, sientes nostalgia al abandonarla.

espermatozoide

único velocista blanco de la historia que consigue llegar a la meta el primero. No dispone de salidas nulas. Únicamente tiene una oportunidad, que llega tras un sonoro "ready, set, ¡aaahhh!" En ocasiones no corre la final, sino un solitario entrenamiento. En otras la corre, pero el plástico de la meta lo han puesto en la misma salida. Y sólo a veces puede disfrutar de una buena corrida, perdón, carrera.

cojín

almohada emancipada que abandona la cama materna para conocer mundo en salones, vestíbulos y terrazas. 

Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia (Emil Ludwig, 1939)

Tres dictadores: Hitler, Mussolini y Stalin. Y un cuarto: Prusia (Emil Ludwig, 1939)

¿Por qué puede resultar interesante un libro que ofrece breves relatos sobre tres personajes tan extensamente analizados y sobre los que hay una voluminosa bibliografía? Porque está escrito entre septiembre y noviembre de 1939, justo después de estallar la Segunda Guerra Mundial. Y, además, porque el análisis del cuarto "dictador", Prusia, es tan brillante como revelador.

Antes de entrar en el contenido del libro, unas pinceladas sobre el autor: nacido en 1881, escritor y periodista alemán de origen judío exiliado a Suiza en 1932, que obtuvo fama internacional en la década de los veinte gracias a sus biografías de personajes históricos. 

El capítulo sobre Hitler es el más acertado de todos y el escrito con mayor bilis. Lo tacha de loco histérico, mediocre, cobarde y mentiroso. No obstante, la crítica furibunda no se centra únicamente en el tirano, sino en la responsabilidad del pueblo alemán que lo encumbró y siguió entusiasmado en su mayoría. Aquí usa una cita de Goethe que resume perfectamente su opinión: "Pensando en el pueblo alemán he encontrado frecuentemente con la mayor amargura que en su conjunto es tan mísero como es respetable en lo individual". 

Tras desnudar las miserias del líder nazi, recrea el juicio al que sería sometido Hitler en el Tribunal de La Haya un día de 194..., una vez derrotada Alemania. Primero imagina los argumentos falaces usados por el abogado defensor y, después, desgrana las acusaciones del fiscal con precisión y claridad, detallando todos los crímenes morales cometidos por el régimen nazi. Posteriormente, se atreve también con unos pronósticos sobre el devenir de los acontecimientos, que son en su mayoría bastante cercanos a lo que sucedió después. Ludwig demuestra ser un certero analista, ya que en noviembre de 1939 predijo la derrota de Hitler, la permanencia de Stalin en el poder tras la guerra, la determinación en la victoria de los ingleses, la posición norteamericana y el alumbramiento de un paneuropeísmo al finalizar la contienda mundial. Únicamente erró en la neutralidad de Mussolini.

La descripción de Mussolini es la más dulce de todas. A éste lo conoció personalmente en una serie de entrevistas celebradas en 1928. Alaba su capacidad de seducción, su interés por la historia y su naturalidad. En sus líneas transmite cierto respeto hacia el hombre y demasiada indulgencia hacia el dictador. Sorprende y decepciona que un experto biógrafo caiga en los encantos personales de su personaje. Aunque mirado con perspectiva, y comparado con los otros dos tiranos, es hasta lógico que la figura del fascista italiano salga mucho mejor parada.

El capítulo sobre Stalin no aporta nada nuevo. También lo conoció personalmente, en una entrevista en Moscú en 1931. (Así pues, fue a Hitler al único al que no trató en persona.) La descripción del sátrapa georgiano como un déspota taimado y cruel es arquetípica. Es, sin duda, el capítulo más frío y aburrido. 

Por último, está la guinda del libro: la acusación clara y rotunda a Prusia como origen de todos los males acontecidos en Europa y Alemania desde mitades del siglo XIX hasta la fecha (1939). Señala a Prusia como una nación medieval, dominada por una clase de terratenientes semianalfabetos y reaccionarios (los Junkers) que somete a la casi esclavitud al campesinado, desprovista de espíritu creativo y sensibiidad cultural, fuertemente militarizada y entregada a los designios del emperador, orgullosa y desdeñosa con el resto de Alemania, prepotente y codiciosa. Realmente, es una diatriba espectacular, aunque perfectamente argumentada históricamente. Basta citar los grandes hombres que ha ofrecido Alemania al mundo en las más diversas disciplinas (arte, filosofía, música, ciencia...). De ellos ninguno, salvo Kant, era prusiano. Ludwig explica el motivo: Prusia era un páramo intelectual en el que nadie poseía la sensibilidad o educación mínimas para que floreciera el saber y el progreso. Es una crítica bestial, como pocas veces he leído. Incluso llega a proponer como única solución posible para el futuro de Alemania que, acabada la guerra, Prusia sea un país independiente del resto de Alemania para evitar que contamine y pudra desde dentro al resto de buenos alemanes del sur, del Rin, del industrioso valle del Ruhr o a los hanseáticos del norte occidental. El autor es absolutamente demoledor con Prusia y la identifica como una de las causas del triunfo del nazismo. 

Lo cierto es que este último capítulo me ha traído a la memoria la película "La cinta blanca" de Michael Haneke, que retrata el ambiente lóbrego, miserable, cruel y postrado de un pueblo alemán en vísperas de la Gran Guerra en 1913. Una aldea prusiana cualquiera en la que, años después, fue fácil y lógico que germinase el nazismo con absoluta naturalidad. Es curioso (y gratificante) unir un libro escrito en 1939 con una película rodada setenta años después, en 2009.