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Florentino Pérez, que se cree una reencarnación mejorada de Santiago Bernabéu, ha vuelto a fracasar por enésima vez. Porque no nos engañemos, Florentino vive para y por su megalomanía: el único objetivo que le satisface es la consecución de la Champions. Por ahora, Santiago Bernabéu, 6; Lorenzo Sanz, 2; y él sólo 1. Esta clasificación le mortifica. Al menos, necesita tener en su casillero tres Champions. Él se ve como el gran presidente del Real Madrid que lo introdujo en la modernidad manteniendo su excelencia deportiva, y quiere que así se lo reconozca la historia. Sin embargo, le faltan títulos para lo segundo.

Cierto es que su gestión económica parece impecable, que ha dotado al club de una dimensión empresarial acorde a los tiempos y que ha situado la "marca" (¡qué poco me gusta esta palabra eminentemente mercantil!) Real Madrid en lo más alto. Por eso volverá a ganar las elecciones (si hay, que parece que no) a la presidencia del club. Y yo me alegraré, puesto que después de haber vivido a un presidente señorito (Mendoza), a uno casposo (Sanz) y a otro sinvergüenza (Calderón), Florentino me merece un respeto y me ofrece cierta tranquilidad.

Pero un club de fútbol, y más todo un mito como el Real Madrid, no es sólo una empresa, sino un depositario de sentimientos e ilusiones de millones de aficionados que se desviven por su equipo, que disfrutan y padecen con su devenir deportivo, independientemente de cómo vayan las finanzas. Y esos sentimientos e ilusiones deben ser defendidos y honrados por su presidente.

Florentino no puede convertir al club a su imagen y semejanza, no puede estar cambiando constantemente de política deportiva. Jamás debió abdicar y ceder todo el poder a un entrenador incendiario, mercenario y ególatra como Mourinho (¿alguna vez hizo eso con un alto ejecutivo de su empresa, ACS?); y ahora volver a contratar a uno manejable y facilón como Ancelotti. Resulta imperdonable que no haya salido a la palestra a defender a un mito de la historia del club como Iker Casillas, a la sazón capitán de la primera plantilla de la cual él es el máximo mandatario.

Sus logros en forma de títulos son muy mediocres, exceptuando la etapa de Vicente del Bosque que arbitrariamente finiquitó por tratarse de un señor poco glamouroso. A partir de entonces ha dado tantos bandazos que ya no sabe qué inventar: Zidanes y Pavones, Galácticos, clase media, españolización impostada de la plantilla...Sinceramente, creo que con la única con la que se encontró cómodo fue con la de los Galácticos, porque a él la cantera, aunque de cara a la galería dice lo contrario, nunca le ha puesto. Cosas de los megalómanos: se sienten poco interesados por el trabajo sordo y diario; prefieren los fogonazos repentinos, acaparar los medios con fichajes imposibles, aunque su rendimiento pueda no ser el adecuado. 

Y en estas estamos, ante un nuevo desafío y, lo más inquietante, ante la necesidad que siente Florentino Pérez de reinventarse de nuevo tras el más sonado fracaso de todos: el bluff de la tercera temporada de Mourinho sin ningún título importante y dando la sensación de histeria colectiva. 

No obstante, tengo la certeza de que, si consigue que la sensatez se imponga por una vez en sus decisiones deportivas, tiene un futuro a corto y medio plazo extraordinario. Renovando a Cristiano Ronaldo, jugador franquicia y de un impacto impresionante en el juego y resultados del equipo; contratando a un entrenador serio y educado; cambiando de delanteros (el depredador Falcao y el exquisito Agüero por Benzema e Higuaín); fichando a un lateral derecho de garantías (basta la apuesta de la casa de Carvajal) y convenciendo a Xabi Alonso de que aún le quedan un par de temporadas siendo el faro del centro del campo del Madrid, habría una plantilla extraordinaria sobre la que construir un ilusionante proyecto para la temporada que viene. Y si de guinda quiere regalarnos a Isco, bienvenido sea. Ahora bien, como se empeñe en fichajes carísimos y de dudoso rendimiento como Bale y Neymar, volveremos a las andadas. 

Florentino Pérez tiene el juguete más increíble del mundo en sus manos. Lo ha roto infinidad de veces, pero los Reyes Magos siguen regalándoselo año tras año. Haría bien en tratarlo como se merece, ya que somos millones y millones los niños que nos morimos por jugar con su juguete y, lo que es si cabe aún más importante, parte de nuestra felicidad e ilusiones dependen de cómo juegue el afortunado y caprichoso presidente del Real Madrid.

Por favor, no inventes. Sigue y honra la historia del club y los resultados llegarán más pronto que tarde. Así conseguirás tus ansiadas Copas de Europa y nosotros, los devotos seguidores madridistas, recuperaremos nuestro orgullo ganador.