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El entrenador top que fichó Florentino como Mesías ha resultado ser un fracaso estrepitoso. El adalid del currículum, el obsceno exhibidor de títulos personales, el autoproclamado ganador eterno muestra una hoja de servicios, tras tres años en el mejor club de fútbol del mundo, escasamente brillante: apenas una Liga y una Copa. Patético, frustrante, decepcionante, ridículo. Porque, evidentemente, la vara de medir para valorar su trayectoria debe ser la que él mismo ha usado hasta la saciedad siempre: la de los títulos. Nada más y nada menos que aquello por lo que él se vanagloriaba rueda de prensa sí, rueda de prensa también.

Pues bien, a pesar de disponer de una de las dos mejores plantillas del mundo, de poder gastar sin medida en fichajes de reservas, de disfrutar de poderes plenipotenciarios concedidos por su apocado presidente y, sobre todo, de poseer los conocimientos futbolísticos jamás atesorados por gurú alguno del fútbol, su rendimiento ha sido tan mediocre como el de cualquier entrenador del montón. Siempre, claro está, bajo el prisma de su propia forma de juzgar: ventajista hasta que se ha vuelto en su contra.

Ni siquiera juzgo su política de tierra quemada, sus continuos desplantes a prensa y aficionados, su intolerable trato a Iker Casillas, su revanchismo macarra con los disidentes de la plantilla, sus ataques al pobre Toril, su comportamiento chulesco y provocador en la sala de prensa, su incompetencia en los partidos importantes de semifinales de Champions o en esta última y lamentable final de Copa. Todo esto y mucho más lo dejo a un lado. Corro un tupido velo. Así pues, lo valoro por lo que él siempre se ha hartado de cacarear a los cuatro vientos como sus extraordinarias virtudes:

- los títulos: queda dicho, muy pobre. No ha conseguido su ansiada "tercera" (jamás habló de la "décima" del Madrid), de modo que esta herida quedará siempre en su currículum y le sangrará de por vida. Al menos, nos queda el consuelo a los madridistas de que ese rencor que nos guardará de por vida por no haber caído genuflexos a sus veleidades megalómanas avivará el dolor de esa llaga que jamás se le cerrará. 

- la defensa del vestuario: prácticamente ningún jugador le habla. Incluso los más fieles le han abandonado en público como el caso de Pepe. Así que esa fama de gran gestor de grupos humanos, de saber llevar a las estrellas con guantes de seda y hierro a la vez, de extraer lo mejor de cada uno de sus jugadores es una gran mentira revelada de forma tan cruda como evidente en el actual clima volcánico del vestuario del Madrid.

- el gran motivador: en efecto, el mayor motivador de todos los tiempos. Un entrenador que no es capaz de que sus jugadores salgan al partido de ida de unas semifinales de Champions (ante el Borussia esta temporada) con el cuchillo entre los dientes. Eso sí, acabado el partido y ante la prensa les señala groseramente.

- el entrenador top: pues tampoco. En el verdadero club top por historia, títulos y seguidores es incapaz de estar a la altura de su grandeza obteniendo resultados mediocres y comportándose como un niño mimado pirómano.

- la honestidad y la franqueza: dos virtudes verdaderamente top en una persona, si realmente las posee. Jamás ha ido de frente, ni con el club que le paga cantidades astronómicas de dinero, ni con los capitanes del vestuario que se han comportado de forma impecable puertas hacia afuera. Siempre ha jugado con dos o tres barajas, usando a la prensa y al entorno según su conveniencia, y actuando de forma ventajista e hipócrita permanentemente. Además, se comporta como un pelota con los jefes (presidente y director general) y como un tirano con el resto de iguales o subordinados, propio de una persona deleznable y mezquina. 

Mourinho - el ganador, la gran mentira, se ha desenmascarado él mismo de forma patética durante los últimos meses dejando bien a las claras qué es lo que en realidad están contratando aquellos clubes que aún muestran interés en sus servicios. A partir de ahora ya no podrán sorprenderse presidentes y directivos si constatan que en realidad han contratado a un simple buen entrenador con infinidad de contraindicaciones, que causa infinidad de daños colaterales.