¿Dónde se han dejado el culo las japonesas? ¿Cómo puede ser que tengan el culo tan pequeño, recto y chato? ¡Es que ni las mamás han conseguido ensanchar las caderas con el embarazo! Yo creo que los japoneses son así de sosos por el culo de las japonesas. ¿Doggy style? ¡Ni de coña! Pensarán que se están zumbando a un amigo.

Sinceramente, creo que los culos de las japonesas están en peligro de extinción. Mucho más que el atún rojo. Por consiguiente, el mundo debería reaccionar y evitar su completa desaparición. Los japoneses lo agradecerán y seguro que nos recompensarán con gadgets electrónicos más pequeños, más modernos y más chanantes. Vale la pena intentarlo. 

Por todo ello me atrevo a ofrecer una solución súper sencilla: enviar a Japón a muchas de nuestras señoras culonas españolas, que tenemos a miles. Ellas son muy zalameras y ellos, los japoneses, muy educados; así que cuando la culona se siente a horcajadas sobre el asustado japonés, éste, por una curiosa mezcla de ancestral timidez y amable hospitalidad, derramará sus nerviosos soldaditos dentro de la fértil culona engendrando una nueva generación de japonesas con culo. 

En unos pocos años podemos recuperar para siempre el culo de las japonesas. Eso sí, las culonas deben ser devueltas a casa tras su misión repobladora. Su insoportable locuacidad y mala educación no serían bien recibidas en el país del sol naciente y el culo menguante.