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El título del cuadro debería ser más específico: el triunfo definitivo de la muerte, ya que es el Apocalipsis lo que muestra, el fin del mundo. Realmente sobrecoge la obra de Brueghel. Mires donde mires aparecen escenas desoladoras. La muerte está presente por doquier, consumada o a punto de consumarse. También está representada de forma evidente por las hordas de esqueletos que acechan pertrechadas detrás de ataúdes empleados como escudos. No hay respiro, la obra rezuma muerte por los cuatro costados.

La muerte se presenta como una orgía de barbarie en la que nadie queda a salvo. Los asesinatos se cometen de formas variadas y atroces. La destrucción inunda el cuadro desde el fondo del mar, donde los barcos arden y se hunden, y va revelándose evidente en todos los lugares.

La luminosidad de la pintura es lóbrega, tenebrosa. Podría tratarse de cualquier hora del día, ya que el cielo está cubierto de humo y fuego. Da la sensación de que la devastación comenzó hace horas, incluso días, y que se va a prolongar aún durante un tiempo, lo cual estremece más si cabe.

Este cuadro me gusta por su crudeza y por su realismo surrealista. En comparación con "El jardín de las delicias" de El Bosco, que sí que es enteramente surrealista e incluso moderno, "El triunfo de la muerte" es asombrosamente real.

Me hubiese encantado estar al lado del pintor durante todo el proceso de creación, del mismo modo que hizo Víctor Erice hace unos años con Antonio López en la sorprendente película "El sol del membrillo".