Ayer noche, en la Biennale de Venecia, se estrenó fuera de concurso la última película del cineasta iraní Reza Nekounam, "Las semillas del cambio", ataque frontal contra el régimen iraní, que le ha costado el exilio y el anatema de las autoridades de su país.

A pesar de no llegar a la treintena, el guionista y director ha alcanzado la madurez con esta obra, en la que destaca su tensión narrativa y el lirismo de todos sus personajes. La historia transcurre en una aldea aislada del norte del país, cercana al mar Caspio, donde una niña lucha por comprender el mundo que le rodea con la mirada tierna y el alma pura de la infancia. 

Excepcional trabajo de Shirin Ahmed, la actriz que encarna a la niña de cinco años protagonista del film, confirmando que la actuación es en muchas ocasiones un don innato, un estado de ánimo, una forma de comunicación que emerge de las profundidades del actor o actriz en oleadas de sentimientos que la cámara capta en su esencia para luego ser reinterpretados por la maestría del director que, a través de una sobrecogedora fotografía y una iluminación arriesgada y exquisita, confiere al personaje un halo de divinidad epatante. 

Mención aparte merece la música de la película, que acompaña a la historia armónicamente, hasta hacerse inseparables, transmitiendo una sensibilidad onírica al entusiasmado espectador, que recibe cualquier nuevo plano con los ojos tan abiertos como encharcados de emoción, entregado desde el inicio a la deliciosa historia que vivirá en los siguientes 140 minutos.

La sutileza de los diálogos, el juego continuo de hipérboles, las indisimuladas metáforas con la realidad política actual, la delicadeza del movimiento de la cámara, pausado pero decidido, la belleza descarnada del mensaje subyacente; todo ello y otros muchos pequeños detalles hacen de "Las semillas del cambio" una obra maestra, que permanecerá indeleble en las retinas de los afortunados espectadores que la vean y, sin duda, en las listas de las mejores películas de la historia.

Poder verla ha sido un regalo; perdérsela un pecado. Reza Nekounam ya figura entre los grandes, sin lugar a dudas.