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Niño con móvil en sala de espera

Ayer, en la sala de espera del dentista, perdón, clínica odontológica, como se llama en estos tiempos rimbombantes, entró un niño de unos 10 años con su madre. ¿O sería su abuela? Yo ya no sé distinguir el rango: entre que las abuelas se encargan de los nietos mucho más de lo que debieran porque los padres trabajan mucho más de lo que quisieran y que las mujeres cada vez tienen a sus hijos más tarde, yo no me atrevo nunca a decirle a un niño "¡chaval, dile a tu madre que te eduque o te meto una hostia!" Me apenaría sonrojar a una abuela por la negligencia de su hija educando hijos.

Volviendo al niño de los cojones, se sentó en una de las sillas y rápidamente su madre (o abuela) lo anestesió dándole un móvil. Espero que el de ella, aunque no puedo asegurarlo. Actualmente, muchos padres imbéciles compran a sus hijos (en sentido literal y, lo que es peor, también en sentido figurado) un estupendo smartphone para el que en absoluto son lo suficientemente maduros. En fin, allá ellos. Padres imbéciles crían a hijos imbéciles, que serán adultos imbéciles, que tendrán sus propios hijos imbéciles, que...En fin, lo de siempre: la imbecilidad es el más resistente de los genes.                                                                                    
Otra vez se me ha vuelto a escapar el niño. Vuelvo a centrame en él observándolo ahí sentado, con la cabeza como descoyuntada apoyada sobre el pecho, la mirada fija en el móvil que relincha un soniquete insoportable de juego absurdo y el dedo índice de su mano derecha golpeando la pantalla repetidamente minuto tras minuto. Parecía un autómata, ni rastro de emoción alguna en su rostro, sólo su repiqueteante dedo golpeando el mismo lugar de la pantalla del móvil una y otra vez. A la madre (o abuela) se le veía muy ufana de tener al lado a un hijo (o nieto) con las mismas capacidades que el gato dorado de un chino. Así estuvo ese pequeño imbécil hasta que llamaron a mi hijo. Estuve tentado de dejarlo entrar solo en la consulta del dentista para continuar con el espectáculo del niño alienado, pero mi hijo me levantó con su mirada.

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micropene

hombre que cuando paga con un billete y el dependiente le pregunta "¿tienes algo más pequeño?" se pone tenso.

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Brexit

cartelito que señala la salida de emergencia del gran centro comercial europeo. El 23 de junio se abrirán las puertas: si deciden salir más que los que prefieren permanecer dentro, el centro comercial acabará cerrando. Sería una pena, tras tantos años de compras, paseos y ocio en común.

Circular en sentido contrario es temerario; hacerlo fuera de la carretera es de locos.

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refugiado

exiliado varado en alguna frontera. Ni siquiera puede seguir siendo un nómada contra su voluntad. 

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memoria histórica

recuerdos sepultados por médanos de rencor, remordimiento y revancha. 

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mediocridad

cualidad exclusiva del ser humano. Ningún otro animal la padece. La posee un porcentaje superior al 99% de la población, si bien menos del 1% la asume. Tampoco se reconoce jamás que es deseada alrededor: nada mejor que otro mediocre al lado para que no se te vea el plumero. Diferentes organizaciones (partidos políticos, empresas, universidades…) se llenan la boca hablando de la “búsqueda de la excelencia” como objetivo primordial. ¡Falso! Se busca, fomenta y potencia la mediocridad; salvo honrosas excepciones que dependen exclusivamente de actitudes individuales. Como sociedad somos cada vez más mediocres. Sólo a nivel individual es posible salir de la mediocridad reinante. 

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Los papeles de Panamá

 

Se abrió una esclusa del canal
y la mierda empezó a fluir.
Un castor cabrón decidió jugar.
Retiró un tronquito y el resto se precipitó.
Nos solazamos/indignamos señalando a los presuntos evasores.
Presunto: ¡qué gran epíteto para los hijos de puta!
Acogedor paraguas del deshonesto.
De presunto a reo, nueve de cada diez.

Papeles húmedos de pringue flotan en el paraíso,
mientras adinerados nombres y reincidentes apellidos
gorgotean excusas tan opacas como las culpas que intentan eludir.
Eso sí, aquí, en el mundo “off-offshore”
seguimos pagando ivas, ierrepeefes,
ibis, itepés y lo que se nos mande.
La fiscalidad no es más que hipocresía tarifada.

No hay alambradas que detengan al defraudador.
Tampoco tratados ni legislación suficiente.
Los bancos le seguirán abriendo las puertas de par en par,
los gobiernos mirarán hacia otro lado
o, llegado el cínico caso, le amnistiarán;
que a un millonario no se le persigue, se le regulariza.

Panamá: al este la ociénaga atlántica,
al oeste la ociénaga pacífica.
¿Cuánta honradez es capaz de desalojar este canal
o cualquier otro paraíso fecal?
En una de esas ociénagas hay una gran masa de ciudadanos íntegros.
Nadie los quiere, ningún estado se hace cargo.
Vagan arremolinados con sus chalecos de honradez
a la espera de que el deshielo de los casquetes polares
anegue estos países donde lo único que tributa es la desvergüenza.

La turbia transparencia de estas filtraciones asquea.
Reflejan con luminosa opacidad que la riqueza no se redistribuye.
La riqueza se ostenta; el dinero se esconde.
Los defraudadores no se denuncian; se filtran.
Y así vamos: los sujetos culpables no se acompañan de los predicados adecuados
que prediquen con el ejemplo. 
Más bien se ocultan tras verbos eufemísticos 
que ya no conjugan verdades, sino enjugan mentiras.

Lo peor, no obstante, es la condescendencia miserable de la mayoría:
“si pudiera, yo haría lo mismo”, dicen.
Descojonados, los defraudadores piensan: 
“cuando puedas, hazlo. Por el momento ¡paga tus impuestos, imbécil!”

 

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susto

saludo del miedo.

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investidura

toma de posesión de un cargo. En el caso del futurible presidente del gobierno de España, muy probablemente tomará posesión siendo previamente poseído por detrás. Nada mejor para evitar que un político se aferre a su cargo que mantener su retaguardia ocupada desde el primer minuto. Además, las manos cleptómanas se mueven con menor agilidad cuando están ocupadas en separar las nalgas. 

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pagaré

cheque con una promesa futura de pago extendido en el presente sobre algo adquirido en el pasado. Se usa el futuro del indicativo: pagaré; cuando en realidad debería usarse el futuro del subjuntivo: pagare.

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