duermevela
delicioso estado de irrealidad en el que difícilmente se distingue el sueño de la vigilia.
delicioso estado de irrealidad en el que difícilmente se distingue el sueño de la vigilia.
árbol de inmerecida fama, debajo del cual todo el mundo sueña estar incomprensiblemente. Si te recuestas sobre su tronco, ya no es que te exfolie la espalda, sino que te la desolla. Sus altas y espinosas ramas, además de feas, apenas proyectan sombra. Y el peligro de que uno de sus espantosos y peludos frutos caiga sobre tu cabeza impide la más mínima relajación.
fiel amiga del tesón y el merecimiento para los afortunados, o esquiva desconocida para agoreros y pesimistas. Los suertudos dicen que los primeros la buscan y los segundos la esperan; los desafortunados opinan que los primeros la encuentran sin buscarla y los segundos la buscan sin encontrarla. En realidad, la suerte es eso: pura suerte.
caballerete vestido de afeminado juglar que, acompañado de una insoportable pandereta y un impostado buen carácter, jode bodas y demás celebraciones entre manidas bromitas a los asistentes y ridículas lisonjas a las mujeres, para acabar recaudando dinero con un par.
soporte virgen que en muy pocas ocasiones se llena de poesía y, desafortunadamente, en otras muchas se ensucia con zafios, cursis o estúpidos palabros.
asco vital que bien podría contagiarse mediante salivazos a quien te lo causa: ¡Zup! Hala, jódete, rebota y explota. Posible inconveniente: quedarse sin saliva suficiente.
"calientabocas" que te abre el apetito, pero no te sacia. Apenas se insinúa y desaparece sin dejar rastro. Un poquito más puta que la ración, aunque más barata.
conjunto de personas que se juntan para debatir sobre algún asunto. Los asistentes se dividen en los que son obligados a asistir (normalmente se mantienen en silencio con cara de ajo puerro), los que la convocan (parecen disponer de tiempo ilimitado, sin importarles el de los demás), los que no tienen ni puta idea de lo que hablan (suelen interrumpir frecuentemente con estupideces supinas), y el aburrimiento (siempre presente, y que se hace más evidente conforme transcurre el tiempo).
chupitos de sentimientos, normalmente de tristeza, que brotan de los ojos y caen por la cara dejando surcos de pena o alegría. Demasiado claras para mi gusto. Algunas debieran enturbiarse para mostrar su verdad: tornasoladas para la alegría, color café con leche para la melancolía y puro hollín para la desgarradora tristeza.
mar de tranquilidad cuyo oleaje acuna pensamientos, mece sueños y relaja tensiones. Como la oscuridad, es propio de la noche. Por eso es mucho mejor la noche al día, por su silencio.
game over, final del juego. Ni paraísos, ni infiernos, ni reencarnaciones, ni gaitas. La nada más absoluta. Última y definitiva putada.
recreación onírica de un deseo del que se pierde el más absoluto control desde el primer instante. Empieza entre brumas, se desarrolla con infinidad de inexplicables sorpresas e invitados y acaba de forma abrupta siempre en el mejor momento.
poliedro esnob que muestra tantas caras como polígonos es capaz de imaginar. Pertenece a la aristocracia de la geometría y se lo tiene muy creído, ya que sus aplicaciones abarcan a casi todas las ciencias.
turbación del cielo, que llora desconsolado por lo que ve debajo, estornudando rayos y eructando truenos que tratan de expiar no se sabe bien qué tipo de responsabilidades y/o culpas.
insecto de pomposo colorido, pomposo zumbido y hasta pomposo nombre. Debiera ser un sinónimo perfecto de cursi para poder llamar a alguien "eres un libélula".
esperanza más cercana al deseo que a la realidad. Suele haber una enorme distancia entre el que la crea y quien debe ayudar a cumplirla. Por eso suelen truncarse. Debería denominarse simplemente "pectativa" y sólo después de truncarse expectativa. Del modo actual, parece estar llamada al fracaso desde el inicio.
percepción subjetiva que se disfruta en el momento y deja un bouquet prolongado que permite seguir gozando con su recuerdo.
trasunto de la verdad, más amable que ésta última y menos comprometedora. Los hipócritas la practican y la denigran a partes iguales. Los imbéciles ni se dan cuenta de las suyas. Y los demás...allá ellos.
estruendoso peta-zeta que azota inmisericorde tu conciencia y te llena de hiel el cuerpo en espera de revancha.
noble arte de la gestión de los asuntos públicos convertido en sucio manejo de intereses privados y partidistas, llevado por ladrones, mentirosos y mediocres.