Blogia

lasnochesdeMcNulty

despedida de soltera

histeria liofilizada que se libera con vergonzosa indignidad al ser regada con licores. Sus participantes se comportan de un modo tan zafio como grotesco. De repente, mujeres que jamás han osado pronunciar la palabra “polla” lucen entusiasmadas pollas saltarinas por doquier; señoras que acostumbran a vestir con combinación, enaguas y hasta refajo abren los ojos como platos ante el stripper de turno; y solteronas a las que nunca se les ha conocido varón pugnan como locas por ser magreadas groseramente. 

Mumford & sons

Mumford & sons

Absolutamente maravilloso grupo de folk-rock británico que descubrí hace apenas una semana, a pesar de llevar varios años de carrera. Mi escasa cultura musical y el nulo seguimiento que hago a las novedades que van surgiendo me han ocasionado un retraso de al menos tres años en el disfrute de estos músicos geniales. Desde The Killers no me había fascinado tanto un grupo. De hecho, hay algunas canciones del grupo de Brandon Flowers que no me encantan; sin embargo, de Mumford and sons me lo escucho extático todo. 

Las letras de sus canciones no son simplonas ni melifluas, todo lo contrario. Las melodías son deliciosas, con un ritmo ligeramente cambiante a lo largo de cada canción, pero siempre contenidas y acunadas en esa voz ligeramente grave del cantante. Y en todas ellas se puede apreciar el toque folk tan chulo que le da el banjo. Además, para acabar de enamorarse de Mumford & sons, el líder del grupo, Marcus Mumford, tiene un aire a Stephen Fry (otro dios británico). 

Su último álbum es Babel. Sin palabras. Lágrimas de emoción. Aplausos de admiración. Deleite puro. ¡Escuchadlo! 

obsesión

tren de juguete girando en su vía circular. Se puede detener de tres formas diferentes: 1) pulsando el botón de off, esto es, durmiendo; 2) extrayendo las pilas, esto es, con medicación; y 3) dándole una patada, esto es, con un par de cojones. 

indiferencia

daigualismo o importaunhuevismo ante algo o alguien. Normal con personas o hechos lejanos; inquietante con todo lo cercano; e impensable con uno mismo. 

Walter White

Walter White

El viaje del protagonista de Breaking Bad a lo largo de las cinco temporadas que dura la serie (aún falta por estrenar la segunda parte de la quinta y última) es absolutamente genial: del Walter White cincuentón, pringado y fracasado que ha desaprovechado su vida y su talento lastimosamente al monstruo de Heisenberg, guiado únicamente por su vanidad desde que se desata la vorágine de acontecimientos que suceden a su decisión de fabricar y traficar con metanfetamina. 

Porque la transformación de W.W. no requiere de un juicio ético, de hasta dónde está dispuesta a llegar una persona por sus seres queridos, de establecer unos límites de confort moral sobre los que justificar determinadas acciones ¡no! Se trata de pura y simple vanidad, del extraoridinario orgullo personal de saberse el mejor en algo, aunque ese algo sea una droga que crea adicción, que mata, que causa innumerables delitos y desgracias personales. Pero da igual, porque Walter es el mejor "cocinero" de meta, y lo sabe. Y, además, quiere que así se lo reconozcan, como en la escena de la quinta temporada en la que en medio del desierto exige a un capo de la droga que le diga cuál es su nombre.

Hay un segundo factor que mueve a Walter, íntimamente relacionado con la vanidad en su caso: el poder. Al principio cocina meta para conseguir el dinero suficiente para dejar a su familia en la muy probable circunstancia de que muera del cáncer de pulmón que le han diagnosticado. Sin embargo, una vez conseguido ese dinero y muchísimo más, no puede, al principio, ni quiere, después, dejarlo. Es tan excitante sentirse el amo del negocio, decidir a quién vender el producto, cómo hacerlo...y, sobre todo, sentir y exhibir ese poder que a ver quién es el guapo que renuncia a esa adictiva droga que es la vanidad. Walter se convierte en un artero y experto manipulador. La relación con su mujer se va al traste precisamente por eso, no por una cuestión moral, ya que Skyler es una gran surfera de la doble moral debajo de esa carita de ama de casa anodina. Al respecto, hay varias escenas sublimes entre ambos en las que los diálogos son de una crudeza y una hiperrealidad que quitan el hipo. De hecho, es la serie con el guión más intenso y deletéreo que he visto jamás. A una diferencia abismal de cualquier otra. Tras cada uno de los capítulos de Breaking Bad te quedas sin aliento, con hiel en la boca, con la cara estupefacta de admiración por lo que acabas de ver y escuchar. Insisto una vez más: la dureza de sus diálogos es de una violencia sobrecogedora. Y no sólo el texto, las miradas son turbadoras: de desprecio y odio absolutos. 

En definitiva, Walter White, Heisenberg, W.W. y todas sus contradictorias versiones intermedias forman un caleidoscopio de maldad tan sugerente y a la vez tan cercano, que resulta imposible no empatizar con el personaje y hasta envidiarlo. 

Del resto de personajes de la serie sólo diré que están a la altura del magistral Bryan Cranston. Además, tiene una breve aparición el actor Steven Bauer, que en su día encarnó al compañero ligón e imbécil de Tony Montana en "Scarface". Y yo siempre estaré del lado de aquellos que recuperan actores del olvido ¿o era de las drogas? como ocurrió en su día con Harvey Keitel.

realidad

mínimo común múltiplo de las voluntades de los individuos poderosos y máximo común divisor de los deseos del resto de individuos. 

perspicacia

hija legítima de la perspectiva y la eficacia, cuya inteligencia le permite emitir juicios acertados con apenas información. Lástima que sea mujer, como sus dos madres, y esté todo el día preguntando "¿a que soy lista?" o, aún peor, pidiendo "¡dime que soy lista! ¡dime que soy lista!" 

diapasón

cacharro epiléptico y cansino obsesionado con la nota 'la'. Su forma, un remedo de una de las representaciones del "fuck you", es suficientemente reveladora de lo que sucederá si lo haces vibrar. 

El dinero en The New Yorker. La economía en viñetas

El dinero en The New Yorker. La economía en viñetas

Extraordinaria recopilación de humor gráfico de la prestigiosa publicación norteamericana. Este libro nos deleita con una selección de las mejores viñetas relacionadas con temas económicos publicadas desde 1920 hasta 2009 en The New Yorker. Más allá de su punzante ingenio y de su interesante repaso a casi un siglo de Historia, con el dinero como hilo conductor, lo más atractivo del libro es la asombrosa atemporalidad de la mayoría de viñetas. La irresponsabilidad, la codicia, la envidia, la fatuidad, la vanidad, la avaricia, la deshonestidad...y demás miserias de la condición humana se materializan a través del dinero y, sobre todo, de la voluntad de atesorarlo, incrementarlo y exhibirlo indecentemente. 

La recopilación está dividida en décadas, para cada una de las cuales he escogido una genial viñeta (entrecomillo el texto después de la descripción del dibujo):

Años 20: Cuatro chicas critican a poca distancia a un chico que fuma afectadamente en un exclusivo club de polo. "No tiene derecho a parecer tan tonto, ¡tampoco es tan rico!"

Años 30: Detrás de la mesa de un despacho un ejecutivo le dice a su secretaria: "Señorita Apgar, aquí decimos ’recesión’, no ’depresión’."

Años 40: Un directivo perfectamente trajeado le explica condescendiente a un empleado en mangas de camisa: "Mírelo de este modo, Simpson. Si usted pide un aumento de sueldo, le está pidiendo a nuestros accionistas que reduzcan su beneficio."

Años 50: En el comité de dirección de una empresa discuten acaloradamente siete directivos. "Resumiendo: no hemos tenido una huelga en diez años, así que les hemos estado pagando demasiado."

Años 60: En una agencia estatal de Tributos, un contribuyente pregunta a un funcionario: "¿Cómo hay que hacer para meter la pata tanto que el gobierno se conforme sólo con un porcentaje de lo defraudado?"

Años 70: Un empleado de una oficina bancaria le da un apretón de manos a un cliente a modo de despedida. "Es a las personas como usted, señor Evers, que viven constantemente por encima de sus posibilidades y no dejan de endeudarse, a las que nuestro sector les estará eternamente agradecido."

Años 80: Dos ricachones septuagenarios conversan plácidamente en la sala de un club social de alto copete, mientras beben y fuman. "Gracias a Dios, todos los cabezas de chorlito con un poco de pasta han vuelto a especular en el mercado."

Años 90: El responsable de RRHH de una empresa entrevista a un candidato. Ambos con sus mejores trajes. "Pasé siete años en una compañía de inversión de primer nivel y un año y medio en una institución penitenciaria de altos vuelos."

Primera década del siglo XXI: Una estupenda pareja de treintañeros está de pie en una fiesta, mientras otra estupenda pareja de la misma edad se les acerca. La mujer de la primera pareja le pregunta con total naturalidad a su marido: "Se me olvida siempre: ¿estos amigos son de esos ante los que fingimos ganar más de lo que ganamos, o menos?"

Y la guinda, la mejor de todas. Por su brillantez y porque sirve de síntesis de todas las demás: Durante la comida de una distinguida familia, el padre, de unos sesenta años y con una elegante pajarita medio escondida tras una ridícula servilleta prendida al cuello, sermonea al resto de la familia con un acerado aforismo: "El dinero es el boletín de notas de la vida." Sencillamente sublime. 

olfato

si la desnudez de una mujer es su vista; el oído, su conversación; el gusto, su sensibilidad; y el tacto, su sexualidad…entonces, el olfato es su mirada: delicada, sugerente e inasible. Uno siempre o casi siempre sabe lo que ve, escucha, prueba y toca; sin embargo, pocas veces sabe lo que huele o, al menos, en toda la embriagadora opulencia de sus innumerables matices. 

nariz

mascarón de proa del más sutil de los cinco sentidos que inspira percepciones y exhala sensaciones. 

cárcel

resort con un estricto derecho de admisión que impide el ingreso a muchos que hacen lo imposible por lograr una larga estancia en su interior. 

alfombra

tapiz doblemente y asquerosamente adherente: en la parte de arriba se adhieren todo tipo de pelotillas de polvo, migas y animosos ácaros, a modo de Arca de Noé de mierdecillas varias; en la parte de debajo se ocultan vergüenzas, secretos y culpas en mayor cantidad y mucho más sucias de las que se amontonan arriba. 

Érase una vez otra vez o tal vez

Otro año se apaga
y uno nuevo asoma inevitable.
¿Qué nos traerá? Más de lo mismo.
Los calendarios son como la leyenda de Sísifo:
incesante esfuerzo sin logro alguno.
La mayoría sigue su destino con la piedra a cuestas.
Algunos se apean por cansancio o por rebeldía.
Y sólo unos pocos héroes mandan la piedra al carajo e intentan escalar otras cumbres.
 
En Nochevieja, cuando las pomposas campanadas,
pasaremos lista: algunos faltarán y les regalaremos doce lágrimas,
otros dirán "¡Presente!" y les desearemos doce calamidades,
porque la bondad navideña sólo está presente en su repugnante publicidad,
no en la indignada y abrupta realidad.
Como siempre, haremos el cursi con las uvas.
Pudiendo dar doce besos, once insultos,
diez abrazos, nueve pérfidos deseos,
ocho agradecimientos, siete condenas,
seis "te quieros", cinco "muéretes",
cuatro polvos, tres confesiones,
dos sorpresas y un acaso...
¡Feliz año a ti, a ti y a ti!
Pero a ti, a tú y a "ta" que os jodan.
¿Rencor? ¡En absoluto! Es cuestión de buen gusto. 
Además, nada hay más honesto que el lacerante rencor.
 
Las derrotas del año viejo se convierten en nuevos retos del año nuevo,
que volverán a ser derrotados fácilmente;
las promesas incumplidas del año viejo se disfrazan de renovadas esperanzas del año nuevo,
que volverán a ser incumplidas irremisiblemente;
los gilipollas del año viejo seguirán siendo los mismos gilipollas año tras año,
certeza que nunca cambia.
Afortunadamente, las risas del año viejo se convertirán en sonrisas del año nuevo, 
que traerá nuevas y diferentes risas;
las sonrisas del año viejo se convertirán en agradables recuerdos del año nuevo,
que recordará viejos recuerdos y sembrará otros nuevos.
Y, claro ¡cómo no!, el licor.
El licor regó de buenos momentos el año viejo
y volverá a empaparnos de franca alegría el año nuevo con su graduada lealtad. 
 
La fe en el año nuevo es la fe de los conversos: impostada.
Las ilusiones del año nuevo son los modales de los nuevos ricos: fatuos.
Los días del año nuevo son los mismos que los del año viejo: trescientos sesenta y cinco.
El año nuevo es una nueva toma del año viejo: maqueta 2013 a.D.
A ver qué tal actuamos.   

 

peregrinación

viaje con destino final Mentira, en el que lo más importante es el trayecto, trufado de folclore y tradición, superstición y jarana, religiosidad y paganismo. 

satélite artificial

basura metálica que se envía al espacio en espera de encontrar el color adecuado para los contenedores de dicho material. Personalmente, enviaría también al espacio a muchos recicladores-coñazo imantados a esos residuos metálicos. 

embutido

reencarnación del animal de granja en su vida más plena y generosa, predicando los pecados de la carne en primera persona. 

El hombre espejo

El hombre espejo

 

Nadie quiere al tal Spiegelmann,
todos le ofrecen sus indiferentes espaldas;
sus miradas de desprecio o de miedo,
nunca directas, siempre de soslayo;
insultos apenas balbuceados,
presagios nada halagüeños.
 
Pero, ¿quién va a querer a semejante monstruo?
Al chivato de nuestros horrores,
al reflejo de nuestros demonios.
Ese yo que escondemos en lo más profundo,
avergonzados de su viscosa fealdad.
 
La peor de las criaturas,
la más honesta y pura,
que alberga en su radical franqueza
las miserias y los pecados de los demás,
soportando la penitencia de todos abnegadamente,
sin quejas, sin qué hay de lo mío,
en discreto silencio.
Un ejemplo insoportablemente insultante de virtud.
 
Pasea la realidad y, para mayor escarnio, la refleja.
En ocasiones, se muestra esquivo y opaco,
como cuando el sol timidea difuminado tras las nubes,
harto de acarrear las culpas de otros.
Mas, por lo general, se revela encontradizo y diáfano,
cumpliendo su misión acusadora con denuedo.
 
El tal Spiegelmann, ese monstruo,
con sus millones de cristales de conciencia,
vende su identidad a cambio de un compromiso:
que cada uno coja su cristalito.
El precio de su desnudez es nuestra propia desnudez.
 
 
Seguimos todos vestidos. Menos mal.

cosmética

ungüentos supuestamente milagrosos que convierten a las viejas en jóvenes y a las feas en guapas, anunciados por mujeres que no los necesitan. En cualquier caso, la mentira no tarda en derretirse aflorando la vieja y fea verdad. No es recomendable juntar cosmética con alcohol, ya que puedes acabar zumbándote a un troll de las profundidades del averno. 

lotería

como Charlize Theron: todo el mundo sueña con ella, pero no conoces a nadie que diga "¡Me tocó!" (la Loto) o "¡La toqué!" (Charlize).