estuario
rotonda de los peces: sardina, tú “p’allí”; salmón, tú “p’allá”. Algunos forman extraordinarios deltas, otros sugerentes alfombras de médanos, mas todos ellos viven el tumulto de lo fronterizo, un lugar agitado y peligroso.
rotonda de los peces: sardina, tú “p’allí”; salmón, tú “p’allá”. Algunos forman extraordinarios deltas, otros sugerentes alfombras de médanos, mas todos ellos viven el tumulto de lo fronterizo, un lugar agitado y peligroso.
estado natural de las cosas por todo lo que implica: tiempo libre, viajes, silencio del despertador... Cuando oigo a un imbécil decir "echo de menos el trabajo" o "pues a mí se me han hecho largas las vacaciones" - exceptuando a aquellos que sienten una verdadera vocación profesional o humanística - se me revuelven las tripas y siento una inconmensurable ira hacia ellos. El dios del sentido común debería condenarles a turnos de 18 horas en las minas del Potosí hasta que reventasen para que así no pudiesen descansar jamás en paz.
verdura, con aspecto de caniche, favorita de las madres para cocinar a sus hijos, caso éste que demuestra clarísimamente que el tan cacareado amor maternal no es tan fuerte ni tan infinito como siempre nos han vendido nuestras queridas cocineras de coliflor.
miedo en 3D que lo paraliza todo excepto los esfínteres.
Hallábame hace un par de noches en plena higiene bucal cuando al escupir el colutorio me di cuenta de que había arrastrado a una hormiga por el desagüe junto con el resto de baba azulada. Al principio, se me encogió el corazón. Pobrecita, pensé. No es que yo sea un adalid de la defensa de los animales, pero por lo general no me molestan ni los mato. O sea, mientras no me incordien, no les hago nada. Sólo cuando nuestros intereses entran en colisión, acabo con ellos. Vamos, soy un liberal al uso en lo concerniente a la convivencia con otros animales. No obstante, tras ese primer momento de pena inconsciente e irracional, pensé: ¡qué cojones, ha tenido una muerte épica! Las hormigas suelen morir por armamento químico en forma de insecticidas, por aplastamiento o, la gran mayoría, de puto agotamiento de tanto trabajar; así que “H”, como la llamaré en adelante, tuvo una muerte única, extraordinaria. No sé si las hormigas tienen más allá, pero si lo tienen el de admisiones debió flipar al escuchar el relato de su muerte.
espacio recorrido a toda hostia por unidad de tiempo. La luz y el sonido tienen velocidad, de lo que deduzco que la oscuridad y el silencio carecen de ella, lo cual es bastante sorprendente porque yo nunca he visto correr tanto a alguien como en la más silenciosa oscuridad, casi hasta romper la barrera del miedo: alcanzar los 299.792.458 m/s ("me cagos" por segundo).
disciplina dedicada al estudio de la duquesa de Alba: a los ornamentos hallados entre su pelo, a las pinturas rupestres de su cara y a algunas cavernas descubiertas por su novio, el gran espeleólogo Alfonso Díez, que, cuco él, dice que no se pueden visitar para no estropearlas.
exoesqueleto de una obra poblado de rapsodas del piropo zafio y machista.
Florentino Pérez, que se cree una reencarnación mejorada de Santiago Bernabéu, ha vuelto a fracasar por enésima vez. Porque no nos engañemos, Florentino vive para y por su megalomanía: el único objetivo que le satisface es la consecución de la Champions. Por ahora, Santiago Bernabéu, 6; Lorenzo Sanz, 2; y él sólo 1. Esta clasificación le mortifica. Al menos, necesita tener en su casillero tres Champions. Él se ve como el gran presidente del Real Madrid que lo introdujo en la modernidad manteniendo su excelencia deportiva, y quiere que así se lo reconozca la historia. Sin embargo, le faltan títulos para lo segundo.
Cierto es que su gestión económica parece impecable, que ha dotado al club de una dimensión empresarial acorde a los tiempos y que ha situado la "marca" (¡qué poco me gusta esta palabra eminentemente mercantil!) Real Madrid en lo más alto. Por eso volverá a ganar las elecciones (si hay, que parece que no) a la presidencia del club. Y yo me alegraré, puesto que después de haber vivido a un presidente señorito (Mendoza), a uno casposo (Sanz) y a otro sinvergüenza (Calderón), Florentino me merece un respeto y me ofrece cierta tranquilidad.
Pero un club de fútbol, y más todo un mito como el Real Madrid, no es sólo una empresa, sino un depositario de sentimientos e ilusiones de millones de aficionados que se desviven por su equipo, que disfrutan y padecen con su devenir deportivo, independientemente de cómo vayan las finanzas. Y esos sentimientos e ilusiones deben ser defendidos y honrados por su presidente.
Florentino no puede convertir al club a su imagen y semejanza, no puede estar cambiando constantemente de política deportiva. Jamás debió abdicar y ceder todo el poder a un entrenador incendiario, mercenario y ególatra como Mourinho (¿alguna vez hizo eso con un alto ejecutivo de su empresa, ACS?); y ahora volver a contratar a uno manejable y facilón como Ancelotti. Resulta imperdonable que no haya salido a la palestra a defender a un mito de la historia del club como Iker Casillas, a la sazón capitán de la primera plantilla de la cual él es el máximo mandatario.
Sus logros en forma de títulos son muy mediocres, exceptuando la etapa de Vicente del Bosque que arbitrariamente finiquitó por tratarse de un señor poco glamouroso. A partir de entonces ha dado tantos bandazos que ya no sabe qué inventar: Zidanes y Pavones, Galácticos, clase media, españolización impostada de la plantilla...Sinceramente, creo que con la única con la que se encontró cómodo fue con la de los Galácticos, porque a él la cantera, aunque de cara a la galería dice lo contrario, nunca le ha puesto. Cosas de los megalómanos: se sienten poco interesados por el trabajo sordo y diario; prefieren los fogonazos repentinos, acaparar los medios con fichajes imposibles, aunque su rendimiento pueda no ser el adecuado.
Y en estas estamos, ante un nuevo desafío y, lo más inquietante, ante la necesidad que siente Florentino Pérez de reinventarse de nuevo tras el más sonado fracaso de todos: el bluff de la tercera temporada de Mourinho sin ningún título importante y dando la sensación de histeria colectiva.
No obstante, tengo la certeza de que, si consigue que la sensatez se imponga por una vez en sus decisiones deportivas, tiene un futuro a corto y medio plazo extraordinario. Renovando a Cristiano Ronaldo, jugador franquicia y de un impacto impresionante en el juego y resultados del equipo; contratando a un entrenador serio y educado; cambiando de delanteros (el depredador Falcao y el exquisito Agüero por Benzema e Higuaín); fichando a un lateral derecho de garantías (basta la apuesta de la casa de Carvajal) y convenciendo a Xabi Alonso de que aún le quedan un par de temporadas siendo el faro del centro del campo del Madrid, habría una plantilla extraordinaria sobre la que construir un ilusionante proyecto para la temporada que viene. Y si de guinda quiere regalarnos a Isco, bienvenido sea. Ahora bien, como se empeñe en fichajes carísimos y de dudoso rendimiento como Bale y Neymar, volveremos a las andadas.
Florentino Pérez tiene el juguete más increíble del mundo en sus manos. Lo ha roto infinidad de veces, pero los Reyes Magos siguen regalándoselo año tras año. Haría bien en tratarlo como se merece, ya que somos millones y millones los niños que nos morimos por jugar con su juguete y, lo que es si cabe aún más importante, parte de nuestra felicidad e ilusiones dependen de cómo juegue el afortunado y caprichoso presidente del Real Madrid.
Por favor, no inventes. Sigue y honra la historia del club y los resultados llegarán más pronto que tarde. Así conseguirás tus ansiadas Copas de Europa y nosotros, los devotos seguidores madridistas, recuperaremos nuestro orgullo ganador.
El entrenador top que fichó Florentino como Mesías ha resultado ser un fracaso estrepitoso. El adalid del currículum, el obsceno exhibidor de títulos personales, el autoproclamado ganador eterno muestra una hoja de servicios, tras tres años en el mejor club de fútbol del mundo, escasamente brillante: apenas una Liga y una Copa. Patético, frustrante, decepcionante, ridículo. Porque, evidentemente, la vara de medir para valorar su trayectoria debe ser la que él mismo ha usado hasta la saciedad siempre: la de los títulos. Nada más y nada menos que aquello por lo que él se vanagloriaba rueda de prensa sí, rueda de prensa también.
Pues bien, a pesar de disponer de una de las dos mejores plantillas del mundo, de poder gastar sin medida en fichajes de reservas, de disfrutar de poderes plenipotenciarios concedidos por su apocado presidente y, sobre todo, de poseer los conocimientos futbolísticos jamás atesorados por gurú alguno del fútbol, su rendimiento ha sido tan mediocre como el de cualquier entrenador del montón. Siempre, claro está, bajo el prisma de su propia forma de juzgar: ventajista hasta que se ha vuelto en su contra.
Ni siquiera juzgo su política de tierra quemada, sus continuos desplantes a prensa y aficionados, su intolerable trato a Iker Casillas, su revanchismo macarra con los disidentes de la plantilla, sus ataques al pobre Toril, su comportamiento chulesco y provocador en la sala de prensa, su incompetencia en los partidos importantes de semifinales de Champions o en esta última y lamentable final de Copa. Todo esto y mucho más lo dejo a un lado. Corro un tupido velo. Así pues, lo valoro por lo que él siempre se ha hartado de cacarear a los cuatro vientos como sus extraordinarias virtudes:
- los títulos: queda dicho, muy pobre. No ha conseguido su ansiada "tercera" (jamás habló de la "décima" del Madrid), de modo que esta herida quedará siempre en su currículum y le sangrará de por vida. Al menos, nos queda el consuelo a los madridistas de que ese rencor que nos guardará de por vida por no haber caído genuflexos a sus veleidades megalómanas avivará el dolor de esa llaga que jamás se le cerrará.
- la defensa del vestuario: prácticamente ningún jugador le habla. Incluso los más fieles le han abandonado en público como el caso de Pepe. Así que esa fama de gran gestor de grupos humanos, de saber llevar a las estrellas con guantes de seda y hierro a la vez, de extraer lo mejor de cada uno de sus jugadores es una gran mentira revelada de forma tan cruda como evidente en el actual clima volcánico del vestuario del Madrid.
- el gran motivador: en efecto, el mayor motivador de todos los tiempos. Un entrenador que no es capaz de que sus jugadores salgan al partido de ida de unas semifinales de Champions (ante el Borussia esta temporada) con el cuchillo entre los dientes. Eso sí, acabado el partido y ante la prensa les señala groseramente.
- el entrenador top: pues tampoco. En el verdadero club top por historia, títulos y seguidores es incapaz de estar a la altura de su grandeza obteniendo resultados mediocres y comportándose como un niño mimado pirómano.
- la honestidad y la franqueza: dos virtudes verdaderamente top en una persona, si realmente las posee. Jamás ha ido de frente, ni con el club que le paga cantidades astronómicas de dinero, ni con los capitanes del vestuario que se han comportado de forma impecable puertas hacia afuera. Siempre ha jugado con dos o tres barajas, usando a la prensa y al entorno según su conveniencia, y actuando de forma ventajista e hipócrita permanentemente. Además, se comporta como un pelota con los jefes (presidente y director general) y como un tirano con el resto de iguales o subordinados, propio de una persona deleznable y mezquina.
Mourinho - el ganador, la gran mentira, se ha desenmascarado él mismo de forma patética durante los últimos meses dejando bien a las claras qué es lo que en realidad están contratando aquellos clubes que aún muestran interés en sus servicios. A partir de ahora ya no podrán sorprenderse presidentes y directivos si constatan que en realidad han contratado a un simple buen entrenador con infinidad de contraindicaciones, que causa infinidad de daños colaterales.
minúsculo insecto que se dedica al scouting de pelazos saltando de cabeza en cabeza de niño con el obsesivo sueño de descubrir al nuevo Puma o a la nueva chica Pantene.
harina para hacer subir la autoestima. Se adquiere a través de una red organizada que opera fuera de supermercados y colmados y que, por consiguiente, no cobra IVA; pero ¡ay! como no les pagues. Su gestión de cobros dispone del mismo marco legal que la producción y distribución del producto.
Siempre me pareció algo desleal publicar la correspondencia entre dos personas, a menos que ambas lo acordasen, claro. Las cartas dirigidas a una persona, aunque también traten temas no personales, siempre contienen elementos más o menos privados, más o menos íntimos.
emitir el mismo juicio sobre algo o alguien ante tus padres y tus hijos, ante dios y el diablo, ante tu jefe y un colega de trabajo, anteayer y hoy.
sentimiento de estupefacción al escuchar un noticiero, al hojear un periódico de información general o al presenciar el día a día en cualquier trabajo ante el comportamiento miserable, indigno e inmoral de la gran mayoría de personas. Desgraciadamente, la perplejidad tenía antes una condición caduca: emergía de tanto en tanto, pero desaparecía al poco tiempo; sin embargo, en los últimos años, se ha convertido en un sentimiento perenne, renovado constantemente con nuevos e indignantes ejemplos.
si es un animal, bicharraco extinguido hace muchos, muchos años. Si es una persona, político que cobra de un cargo público sin pegar un palo al agua desde hace muchos, muchos años. Las glaciaciones pudieron con los primeros, pero no podrán con los segundos. Tras el apocalipsis, estos políticos serán los únicos supervivientes junto a Ramoncín y a Jordi Hurtado.
cartulina insultantemente cursi que hace partícipe al invitado del feliz enlace convidándolo a asistir y a sufragar los fastos. A pesar de la sencillez de la información que contiene (apenas los dos nombres de los afortunados y la fecha, hora y lugar del bodorrio) difícilmente se asimila completamente a la primera, ya que, mientras la invitación es leída, mentalmente se está calculando: “cagon-la-puta, menos no sé cuántos cientos de euros”. De tal modo que tras la segunda o tercera lectura, en la que los datos de la boda ya han sido procesados, afloran los mejores pensamientos y deseos: ¿a quién habrá conseguido engañar esa foca infollable? o ¿a ver lo que duran, porque con lo golfo que es él? o cualquier otra lindeza del estilo. Y todo esto en el mejor y común de los casos. Porque si la invitación es recibida por una mujer soltera con el arroz a punto de pasársele, lo que lee ésta es: “Yo sí y tú… ¿cuándo? ¡Jódete!” Afortunadamente, esta desagradable situación tiene efectos secundarios positivos en otros invitados: los varones solteros disponen de una ultrajada madurita dispuesta a demostrar que ella también puede, por lo que en el banquete disfrutarán de una presa extraordinariamente borracha e increíblemente fácil a la que zumbarse.
Guantánamo numérico en el que las unidades son encarceladas en celdas secretas que ni siquiera el carcelero conoce de antemano, provocando continuas entradas y salidas arbitrarias. Y así una y otra vez: celda tras celda, prisión tras prisión…en un sistema penitenciario infame, que más que condenas a cadena perpetua obliga a cumplir enloquecedoras condenas a movimiento perpetuo.