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La novela gráfica "Maus" de Art Spiegelmann es uno de los mejores testimonios del lager que he leído. No tiene absolutamente nada que envidiar a obras como las de Primo Levi, Viktor L. Frankl, Jean Améry o Imre Kertész. El autor, nacido en 1948, hijo de padres judíos polacos que padecieron todo el proceso de hostigamiento, persecución y exterminio de los nazis, narra, con el original formato para esta temática de un cómic, aquellos ignominiosos pasajes históricos a través de los recuerdos de su padre Vladek. 

La historia está muy bien tejida porque no se centra únicamente en la vida en el gueto y en Auschwitz-Birkenau, sino que ahonda en los orígenes familiares de sus padres y en la historia de ambos. El dibujante sitúa la historia en tres planos temporales: los continuos flashbacks al pasado (década de los treinta y la guerra), las conversaciones con su padre a principios de los ochenta en las que éste le detalla todo lo vivido y sufrido, y la "actualidad" (finales de los ochenta), una vez el padre ya ha fallecido y el autor está finalizando los últimos capítulos del libro. 

Además, hay un componente personal indisimulado en el libro, ya que intenta rendir tributo al padre, evocando sus duros años de juventud, en los que nos presenta a un hombre triunfador en los negocios, absolutamente enamorado de su mujer y con una sagacidad fuera de lo común para sobrevivir entre el infierno del holocausto; en comparación con el viejo gruñón, insoportable y con el que apenas conecta desde hace años. De otra parte, se suma a la historia la tragedia del suicidio de la madre cuando el autor tenía 20 años, hecho que ni el padre ni el hijo han conseguido superar, y la muerte de su hermano mayor, al que nunca conoció, con apenas cinco años durante la persecución nazi. Así pues, la sensibilidad y la emoción con la que cuenta el autor la vida de sus padres en esos terribles años es digna de admiración. 

Hay un último punto, quizá el más efectista y bien hallado del libro, que pone la guinda a esta magnífica obra: el uso de animales como metáfora de los personajes. Porque presentar a los judíos como ratones perseguidos por los gatos alemanes, con la connivencia de los cerdos polacos, a los franceses como ranas, a los americanos como perros (obvios liberadores de los gatos alemanes) y a los suecos (donde huyen en 1946 antes de emigrar definitivamente a EEUU) como renos es extraordinariamente brillante. 

Un libro muy recomendable, ganador del premio Pulitzer en 1992.