Se suceden los motines e intentos de fuga en los campos de internamiento, que son reprimidos con extrema dureza por parte de las autoridades. Las ejecuciones en estos campos son masivas y, en ocasiones, arbitrarias. No hay control sobre los guardias ni sobre las decisiones que toman los comandantes de los campos. Se ha dejado a los cuerpos sin sombra, a estos condenados con final seguro y cercano, sin el más mínimo derecho. Nadie se preocupa por ellos. Sólo se salvan los voluntarios que se ofrecen a infiltrarse entre las sombras para recabar información, los “manchados” que viven del engaño y algunos afortunados.

La más absoluta hostilidad ha impregnado a los cuerpos con sombra de tal modo que han anulado cualquier sentimiento de compasión o misericordia hacia los cuerpos sin sombra. Representan la cosificación del horror en el que vivimos, el último eslabón antes de la derrota final: la temida muerte. En definitiva, son los anunciadores del apocalipsis. Y lo que es más estremecedor, pueden ser cualquiera de nosotros.

Las sombras siguen a lo suyo: secuestrando a cuerpos sin sombra para usarlos como cargadores y enalteciendo a su líder sin desmayo. Su número se multiplica día a día, aumentando progresivamente hasta situarse actualmente en una sombra cada diez personas (con sombra).

Los cuerpos con sombra han de tomar cada vez más medidas para evitar que sus sombras los abandonen. No basta con descansar en la más absoluta oscuridad, sino que es preferible moverse también por lugares con la menor luz posible, proporcionando pocas ocasiones a sus sombras para que entren en contacto con las sombras emancipadas o puedan abandonar los cuerpos con facilidad sin que estos se den cuenta de su ausencia.

Entretanto, se sigue estudiando cómo atrapar a las sombras. Supone el primer paso hacia la victoria. Cuanto más se tarde en hallar el modo, más sombras deberán capturarse y más larga será la contienda. Además, las pruebas se han de hacer en real, con sombras emancipadas, lo que dificulta aún más la investigación.

Esta necesidad ha ocasionado la proliferación de los “cazasombras”, espontáneos cuerpos con sombra que salen al exterior a la caza de sombras. Unos lo intentan con inventos más o menos elaborados y otros con artilugios caseros de lo más curiosos. En todos los casos, sin éxito alguno. No obstante, su repentina aparición roza el esperpento, causando primero risa y después estupor entre los ciudadanos que asisten asombrados a semejante espectáculo.

Las sombras ni se inmutan, incluso parecen jugar con sus pretendidos captores. Continúan moviéndose con total libertad y sin temor aparente ante el fenómeno “cazasombras”. De hecho, muchos de estos iluminados salvapatrias acaban siendo capturados por las sombras a las que intentaban atrapar al ser traicionados por sus propias sombras, para mayor escarnio.