Playa

Donde el mar besa a la tierra cadenciosa e incesantemente,

parpadeando olas que dejan cercos de salitre de los confines

dibujando sueños de océanos reales e imaginarios.

Las alcahuetas mareas mecen vaivenes

en un diálogo constante que abraza tanta belleza

que el mar no puede dejar de vertir sus onduladas lágrimas

sobre la yerma y ávida tierra,

cuya quietud no es timidez, sino estupefacta emoción:

la pasión silenciosa de las inconfesables entrañas tectónicas que discurren por debajo.

 

Alma

Existe, pero es mortal,

como el individuo que la alberga.

Vive, si acaso, hasta que éste muere.

Hasta entonces es la confluencia del amor y el dolor,

que negocian, pugnan y ceden

en aras de un inestable equilibrio,

una tregua en permanente revisión.

Es escurridiza. A veces se aloja en el pecho,

otras en el hígado y las más simplemente no se sabe.

 

Alma y playa

Cuando la belleza no sólo se ve, sino que también se siente.

El borboteo de la playa es el alma paseando por su orilla,

chapoteando anhelos, congojas;

dejando huellas inmediatamente borradas

para que no la descubran.