Si me estás buscando,
estoy aquí, donde siempre:
a la vuelta de cualquier esquina.
Hay un semáforo y una señal de ceda el peso,
(sí, el peso. El paso no se cede, se aligera)
donde una máquina regala “Su turno” aleatorio, indescifrable.
Verás un gran escaparate de McDonalds que fue colmado que fue barrio,
y un cajero de banco que fue caja que fue dispendio,
y una vieja pidiendo limosna que fue diva que fue nieta.
Actualmente; mañana dios mercado dirá.

Entrego la mercancía neta,
sin prejuicios ni expectativas que la embrutezcan.
No se admiten devoluciones.
Cambios, sí. 
Tantos como el indeciso, el codicioso, el lunático desee.
Todos me quieren, pero no saben para qué.
Anhelos convertidos en desvelos.
Desvelos en decepciones.
Decepciones en excusas.
Autocomplacencia plañidera 
que todo lo achaca a la mala sombra.

Ni buena, ni mala,
ni puta, ni aciaga.
Simplemente, suerte.