trampa moderna de la que es muy difícil escapar. Las técnicas de pesca de estas redes apresan enormes bancos de atolondrados usuarios en los mares de internet para luego venderlos en la lonja de la globalización. Curiosamente, los grandes balleneros de esta pesca virtual (Facebook, Twitter, Instagram...) gozan de una excelente reputación y no adorarlos hasta la náusea supone casi una herejía.