modernillo con posibles cuya vestimenta, complementos y peinado dan cierto repelús por sí mismos y por el exhibicionismo petulante que hace de ellos. Aunque lo peor llega, sin duda, cuando abre esa boca esnob y condescendiente que llenarías gustosamente con sus gafas de pasta, sus pelos perfectamente revueltos y sus ropas estridentemente sobrias.