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Esta película documental nos muestra la asombrosa y maravillosa historia real de Rodríguez, un talentoso cantautor de los suburbios de Detroit con dos álbums publicados y olvidados (Cold fact y Coming from reality) a principios de los 70 en EEUU, que se convierte por uno de esos curiosos azares del destino en un fenómeno de masas en la Sudáfrica del apartheid y que, tras veinticinco años de misterio alrededor de su figura, un melómano y un periodista sudafricanos consiguen hallar su pista perdida.

Es tan absolutamente fascinante cómo la historia transita de una turbia y trágica leyenda a una sorprendente y conmovedora realidad, que cuesta creer que sea verdad. Es como un cuento de hadas truncado y recuperado veinticinco años después. 

Además, las canciones compuestas por Rodríguez que acompañan la película son buenísimas. Sugar man, Street boy, I’ll slip away, Inner city blues...son algunos ejemplos de su sensibilidad musical, tintada de un evidente componente social inmanente a su condición de hijo de inmigrantes pobres en una ciudad muy hostil de los Grandes Lagos.

No se trata sólo de recomendar una película (o documental) o unas buenas canciones, no. Quiero recomendar también un ejemplo de dignidad humana, de humildad llena de talento, de cruda realidad, de honestidad contracorriente. Escuchar el testimonio de las tres orgullosas hijas es, sin duda alguna, lo más emocionante. Si alguien desea que algo inimaginable suceda que vaya a ver esta película documental. Siempre es reconfortante ver que algo imposible ocurra. Nos permite creer en la esperanza, tan esquiva y misteriosa como Rodríguez, a la que imagino tarareando la canción Sugar Man de vez en cuando.