En el derbi más soporífero de los últimos años, en el que ninguno de los dos equipos quería jugar, se impuso el menos indolente. El Barça debe acudir urgentemente al diván, porque perder ante un Madrid sin Xabi Alonso y con apenas 30 minutos de Cristiano Ronaldo sólo está al alcance de los equipos de primera ronda de la Copa del Rey.

El Madrid se presentó con un equipo poderoso atrás e intrascendente de mediocampo hacia adelante. Modric volvió a demostrar que no es digno de un equipo grande, Benzema quiso mostrar a la DGT su insoportable lentitud a pesar del gol servido por el meritorio Morata, y Callejón correteó su escasa calidad como siempre. ¿Kaká? Bueno, se debió quedar rezando en el vestuario. 

Y el Barça, ¿qué? Pues lamentable. Únicamente generó una ocasión de gol. Sorprende el patético desempeño de este equipo en los dos partidos de esta semana. Sobre todo, teniendo en cuenta su papel dominante en el fútbol europeo durante los últimos cuatro años. La baja (y la baja forma el martes) de Xavi se nota demasiado en el conjunto culé. Thiago perdió balones imperdonables: el primer gol madridista es de él, no del rápido (en la M-40) delantero francés. ¿Messi? Es un gran chico: en la semana en la que Maradona dice que él ha sido mejor que Messi, éste último no quiso contradecirlo. 

La primera parte transcurrió entre la insoportable levedad del tiqui-taca inocuo barcelonista y los dos goles anotados en acciones aisladas. Ni siquiera hubo faltas alevosas por parte de Pepe ni fingimientos ridículos de Pedro o Jordi Alba. El árbitro nos hizo un enorme favor a todos no prolongando el pestiño de esta extraña sobremesa.

La segunda mitad amaneció igual de gris hasta que Cristiano Ronaldo entró en el campo y desperezó a su equipo. Es tal la influencia del delantero portugués que el Madrid tomó la iniciativa por puro contagio de su jugador franquicia y por la insospechada hasta hace un par de semanas apostasía culé. CR7 martilleó la portería de Víctor Valdés desde el lanzamiento de falta y Morata pudo obtener su primera portada grande si llega a embocar un excelente pase de Pepe. Así las cosas, cuando los dos hubiesen firmado gustosamente el empate a nada, Sergio Ramos se elevó por encima de Piqué (otra vez, como Varane el martes) y consiguió el gol de la victoria en un extraordinario remate de cabeza en un córner lanzado con tibieza por el tibio pie del tibio y carísimo croata.

Victoria clara, suficiente y reveladora del estado de ánimo de ambos equipos. Ahora toca el redoble de tambores en Manchester, donde la temporada se asoma al desfiladero de la eliminación sin que lo ocurrido en estos dos partidos ante el Barcelona pueda servir de enjuague si no se concreta con la clasificación a cuartos de la Champions.