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Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2012.

Vergüencitas musicales

Todo el mundo tiene en mayor o menor medida algunos gustos musicales inconfesables. Aquellos cantantes o grupos de los que te avergüenza reconocer en público que te gustan e, incluso, de los cuales posees (comprados o robados de la red) algunos temas o álbumes. Vocear a los cuatro vientos que eres un fanático de Led Zepellin o un devoto seguidor de U2 es tan fácil como cool. Pero confesar a íntimos, allegados o desconocidos que adoras a éste o a aquel cantante ya no es tan fácil. Y, claro, yo no iba a ser menos.

El primer caso de rubor es Adele. Pero ¡joder! escucho “Set fire to the rain” y flipo. Lo mismo me ocurre con “Rolling in the deep” o “Turning tables”. O con la meliflua “Someone like you”. La tía canta de cojones. Y su pelazo, ¿qué, eh? Porque tiene un pelo que da gusto verlo. Podrían hacerse cinco pelucas estupendas para cinco princesas Disney estupendas con el cabello de Adele (que curiosamente rima con Rapunzel). Por no hablar de sus pestañas… ¿Rímel? ¡Qué va! Rotring del 36. En fin, Adele ¡pibonazo! Por su vozarrón, por su pelazo y porque es una de las pocas mujeres con la que vas a cenar, pagas a pachas y sales perdiendo.

El segundo (y último que me atreva a confesar) caso de vergüencita musical es Nino Bravo. ¿Que sus canciones son cursis? Vale. ¿Que suena a viejuno? También. Pero a mí me mola. Un tío que se traga un transistor es siempre merecedor de mi admiración. Además, Nino también lucía pelazo. Con su peinado rocambolesco setentero todo “achafado” cubriendo las orejas, pero en cantidad y con un envidiable brillo.

Es curioso comprobar cómo mis inconfesables debilidades musicales están íntimamente relacionadas con la exuberancia capilar. Supongo que Freud diría que de pequeño El Puma abusó de mí. Bueno, si así fue, no lo recuerdo. El caso es que me pregunto si Vidal Sassoon tiene algún LP publicado. 

 


regla de tres

curiosa regla matemática en la que lo realmente importante es el cuarto elemento. Vamos, como si en la alineación inicial de un equipo de fútbol lo más relevante fuese saber quién es el portero suplente. Extraño, muy extraño. 

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átomo

última matrioshka de la materia. Cuando ya no quedan más muñecas que sacar. Se asocia a un tipo de energía punta y a una bomba bastante puta. 

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entrevista de trabajo

performance de mentiras en la que la parte evaluadora promete falsas expectativas al candidato que, a su vez, promete falsas competencias. Partida de poker en la que una buena mano no te garantiza la victoria y un farol te puede salir rana. La apuesta, eso sí, es a todo o nada. 

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Ecuador

Acabo de cumplir 39 años y he decidido vivir hasta los 78. Creo que es una buena edad a la que llegar. Si te pasas mucho, acabas degradándote de tal modo que das pena y apenas disfrutas. Además, puedes dejar un recuerdo ingrato en los que te sobreviven. Por el contrario, si acabas demasiado pronto, te pierdes un montón de cosas interesantes. Así pues, los 78 años es una edad en la que prácticamente lo has hecho todo y lo que te queda por hacer es muy probable que no sea tan divertido o seas incapaz de acometerlo por imposibilidad física o, aún peor, mental.

39 es la mitad de 78, así que la perspectiva de vivir los mismos años que he vivido es bastante excitante. Estoy en la mitad del viaje. Cosas aprendidas y cosas por aprender. Hijos conocidos y nietos por conocer. Suficiente tiempo para haber vivido buenas experiencias y otras no tan buenas, así como una perspectiva por delante lo suficientemente dilatada como para esperar sorpresas y novedades chanantes, desde varias Copas de Europa más del Madrid hasta el solaz de la jubilación, ese bendito otoño en el que no has de levantarte cada mañana para trabajar.

De los setenta en adelante puedes permitirte el lujo de actuar como un viejo verde sin que esté del todo mal visto. También puedes soltar procacidades con mayor frecuencia dando rienda suelta a tu rabia tantos años contenida en castrantes convencionalismos y relaciones. Todo ello sin ser considerado un octogenario gagá y ridículo. De modo que durante esos últimos años puedes echar unas muy buenas risas y ciscarte en aquello y aquellos que siempre has querido, pero que no has tenido los cojones de hacer.

Por último, 78 años es una edad ideal para pasar a mejor vida. Ni redonda como las decenas o los múltiplos de cinco, ni rocambolesca como, por ejemplo, 107. Ni triste como a los 25, ni deseada por todos los que te rodean como a los 98. Ni has chupado de la Seguridad Social durante treinta años, ni has hecho el primo palmando a los 65. En definitiva, una edad discreta y oportuna para despedirse de todos como un señor y dejar un buen recuerdo que, en definitiva, es lo único que queda de nosotros tras el puto game over


cementerio

camposanto donde yacen algunos que no deberían estar y faltan otros muchos que sí deberían yacer. 

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terremoto

flatulencia tectónica cuyos destrozos van mucho más allá de un simple calzoncillo. 

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Interludio y travesura

 

Tumbado retando al techo con absurdas contiendas,
traqueteando ideas en el tren,
en el dulce balanceo de la hamaca,
durante el largo bostezo de una reunión,
en uno de esos paseos sin trazo firme,
cada vez que escucho a éste o a aquél…
Siempre me ausento. Me voy, ¡chau!
 
Viajo a la nada, con todo y con todos.
El pilotito rojo se apaga.
Ya no transmito. Se acabaron las preguntas.
Las respuestas escapan aliviadas.
Las mentiras vuelven a sus trincheras y se envainan las verdades.
Sosiego. Las voces no me competen.
Sólo escucho el silencio: el gospel del alma.
 
Dejo escapar a los pensamientos.
A todos. A los malos y a los otros, los aburridos.
Amordazo a la imaginación,
que siempre anticipa sueños luego imposibles
haciendo añicos un montón de ilusiones.
Miro sin tocar, escucho sin ver y palpo sin atender.
 
De repente, la vuelta acontece.
Inesperada, indeseada, innecesaria.
Por la percusión del impertinente,
por el viento del imbécil o por la cuerda del taimado.
La música vuelve a sonar y todos bailan.
Yo no sé bailar como ellos y me miran.
Me miran con esos ojos muertos, sin brillo, sin sorpresa.
Arranco sus ojos y observo a través de sus oscuras cuencas
sus secretos, sus angustias, sus deseos.
Les vuelvo a situar los ojos en sus cavidades,
pero intercambiados.
Siguen mirándome con insoportable languidez,
mas ahora bizquean.

 

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latifundio

finca rústica de gran extensión propiedad de señoritos y señoronas. En los últimos cien años ha sufrido una curiosa evolución: de la explotación de Los Santos Inocentes a las generosas subvenciones de la PAC. 

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bilirrubina

palabro por el que ha hecho mucho más Juan Luis Guerra con su canción que miles de años de ictericia. 

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Erección

Amanece enérgica, cargada de motivos, hinchada de emoción.
Madruga más que el sol y calienta como tal.
Con su saludo firme, desafía costuras, ropajes y vergüenzas.
Siempre de frente, con la desobediente franqueza por delante.
Orgullosa y cimbreante, se muestra altanera y retadora,
como diciendo: ¿a ver quién es la guapa (o guapo) que consigue abatirme?
 
Su desbocada fogosidad, si no se azuza, languidece.
Mengua por olvido o por cansancio, mas siempre apenada.
Porque un pene flácido es una pena, o una penita, según el caso.
Porque una erección es una invitación, un reflejo o un acaso,
pero siempre, siempre es una celebración.
 
Padece la obsesión compulsiva de la bulímica,
aunque su vómito es gozoso, extático, festivo.
Sus resacas son ligeramente embotadas y premeditadamente breves,
casi tan fugaces como los relampagueantes orgasmos que las ocasionan.
 
Con la recurrencia de las mareas y la impuntualidad de los deseos,
aparece erguida y lúbrica tañendo las lascivas campanas de la pasión
y se despide melancólica y coqueta recogiéndose en su abrigo de piel.

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Lev Tolstói (y sus curiosos diarios)

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Lev Tolstói, considerado uno de los escritores más importantes de la literatura universal, escribió un diario a lo largo de su vida del que Acantilado ha publicado una selección estructurada en dos volúmenes: Diarios (1847 - 1894) y Diarios (1895 - 1910). ¿Qué impresión he obtenido tras leerlo? Una profunda y grata sorpresa. 

Lo escribió desde los 19 años hasta el final de sus días con algunas interrupciones, nunca muy prolongadas. De tal modo que puede apreciarse perfectamente su evolución y la de sus pensamientos. 

Lo más significativo es lo desmitificador que resulta leer sus diarios. Se muestra como un hombre lleno de contradicciones, debilidades y pequeñas miserias. Vamos, como cualquier otro hombre. Pero, claro, en este caso se trata del gran moralista Lev Tolstói, del referente de millones de contemporáneos, de la figura indiscutida del realismo literario, del adalid de la no violencia, del escritor de Guerra y Paz o Ana Karenina, del defensor de las clases oprimidas, del conde que trabajaba y vivía con sus trabajadores en su finca de Yásnaia Poliana, del cristiano crítico con las autoridades eclesiásticas, del ferviente naturalista, de una de las personas más influyentes de su época...En definitiva, uno de los grandes de la Historia, que, sin embargo, no duda en permitir la publicación de sus diarios personales, donde la imagen que ofrece de sí mismo dista mucho de la idealizada santidad que proyectaban sus innumerables seguidores. 

Por esta enorme muestra de humildad y valentía y por su profundo conocimiento de la condición humana me han impresionado tantísimo sus diarios. 

Porque evidenciar la lúbrica promiscuidad de su juventud y la lucha perdida contra la sexualidad culpable de su madurez, la inevitable ludopatía de todo insigne escritor ruso que se precie, la relación de amor - odio con su codiciosa mujer, sus luchas internas por llevar una vida coherente que predicase con sus ideas o la turbulenta relación con sus numerosos hijos es tanto como poner del revés la intimidad oreándola ante el juicio implacable del resto de mortales. Aunque poco le importaba la opinión del resto, creo yo, a Tolstói. Su único desvelo era su propio juicio. Como debe ser. Como es. Y como, desgraciadamente, pocas veces es. 

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contumacia

desesperante y obstinada estupidez muy propia de la condición humana. Innata en los imbéciles, indisimulada en los políticos e insoportable en los jefes. 

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sistema circulatorio

organización centralizada en un poderoso corazón que reparte la sangre por todo el cuerpo según las necesidades de cada momento. Cuando localmente se obstruye la correcta circulación, aumenta el peligro de embolia, ictus o, incluso, de infarto, pudiendo ocasionar la amputación de una parte, la parálisis de otra o la muerte del organismo. ¿A qué me sonará todo esto? 

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Un padrenuestro escéptico

Sí, lo sé. La idea no es mía, es de Benedetti. Aunque a mí se me hubiese ocurrido igualmente. 

 

Padre Nuestro que no estás en la tierra

ni en muchos de los que la transitamos

ni en los que dicen creerte.

Tampoco te esperamos, la verdad.

Quédate en tu cielito lindo,

rodeado de las lisonjas de los ángeles y los arcángeles.

 

Olvidado sea tu nombre

como las súplicas que te reclaman invocándolo.

¿Cómo puedes no contestar nunca?

Tan omnipotente, tan bueno...tan silencioso.

 

Mantente dentro de los límites de tu reino,

porque cada vez que los cruzas...¡ay!

cada vez que cruza esa cancela uno de tus santurrones,

se ciernen sobre nosotros negros nubarrones.

 

Hágase mi voluntad ahora y siempre.

Y la de todos los que me rodean.

Ya nos pelearemos por ver cuál se impone.

No te preocupes. No nos salves.

 

De panes, peces y otros milagros,

mejor no hablamos.

Del trigo y del milagroso molino

haré mi pan. 

Con mis manos, mi ingenio y mi paciencia.

 

Perdona mis fundadas dudas,

pero es que jamás has intentado despejármelas;

así como yo perdoné hace mucho tiempo tu olvido conmigo.

 

Por supuesto, déjame caer en la tentación.

Sin ella, no existen la virtud ni el pecado.

Ocultando su belleza tras sugerentes vestidos

o mostrando su ardiente desnudez. Da igual.

Quiero caerme abrazado a ésa y a todas las tentaciones.

 

Y no te pido que me libres de cualquier mal

porque a lo mejor me alejas de un bien.

 

Amén.  


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