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Se muestran los artículos pertenecientes a Diciembre de 2012.

Maus. Relato de un superviviente

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La novela gráfica "Maus" de Art Spiegelmann es uno de los mejores testimonios del lager que he leído. No tiene absolutamente nada que envidiar a obras como las de Primo Levi, Viktor L. Frankl, Jean Améry o Imre Kertész. El autor, nacido en 1948, hijo de padres judíos polacos que padecieron todo el proceso de hostigamiento, persecución y exterminio de los nazis, narra, con el original formato para esta temática de un cómic, aquellos ignominiosos pasajes históricos a través de los recuerdos de su padre Vladek. 

La historia está muy bien tejida porque no se centra únicamente en la vida en el gueto y en Auschwitz-Birkenau, sino que ahonda en los orígenes familiares de sus padres y en la historia de ambos. El dibujante sitúa la historia en tres planos temporales: los continuos flashbacks al pasado (década de los treinta y la guerra), las conversaciones con su padre a principios de los ochenta en las que éste le detalla todo lo vivido y sufrido, y la "actualidad" (finales de los ochenta), una vez el padre ya ha fallecido y el autor está finalizando los últimos capítulos del libro. 

Además, hay un componente personal indisimulado en el libro, ya que intenta rendir tributo al padre, evocando sus duros años de juventud, en los que nos presenta a un hombre triunfador en los negocios, absolutamente enamorado de su mujer y con una sagacidad fuera de lo común para sobrevivir entre el infierno del holocausto; en comparación con el viejo gruñón, insoportable y con el que apenas conecta desde hace años. De otra parte, se suma a la historia la tragedia del suicidio de la madre cuando el autor tenía 20 años, hecho que ni el padre ni el hijo han conseguido superar, y la muerte de su hermano mayor, al que nunca conoció, con apenas cinco años durante la persecución nazi. Así pues, la sensibilidad y la emoción con la que cuenta el autor la vida de sus padres en esos terribles años es digna de admiración. 

Hay un último punto, quizá el más efectista y bien hallado del libro, que pone la guinda a esta magnífica obra: el uso de animales como metáfora de los personajes. Porque presentar a los judíos como ratones perseguidos por los gatos alemanes, con la connivencia de los cerdos polacos, a los franceses como ranas, a los americanos como perros (obvios liberadores de los gatos alemanes) y a los suecos (donde huyen en 1946 antes de emigrar definitivamente a EEUU) como renos es extraordinariamente brillante. 

Un libro muy recomendable, ganador del premio Pulitzer en 1992. 

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irradiar

emanar intensamente alguna cualidad o emoción que ilumina todo lo que rodea. Lo extraordinario no es su existencia, sino su persistencia, casi un milagro en la oscuridad reinante. 

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lotería

como Charlize Theron: todo el mundo sueña con ella, pero no conoces a nadie que diga "¡Me tocó!" (la Loto) o "¡La toqué!" (Charlize).  


cosmética

ungüentos supuestamente milagrosos que convierten a las viejas en jóvenes y a las feas en guapas, anunciados por mujeres que no los necesitan. En cualquier caso, la mentira no tarda en derretirse aflorando la vieja y fea verdad. No es recomendable juntar cosmética con alcohol, ya que puedes acabar zumbándote a un troll de las profundidades del averno. 

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El hombre espejo

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Nadie quiere al tal Spiegelmann,
todos le ofrecen sus indiferentes espaldas;
sus miradas de desprecio o de miedo,
nunca directas, siempre de soslayo;
insultos apenas balbuceados,
presagios nada halagüeños.
 
Pero, ¿quién va a querer a semejante monstruo?
Al chivato de nuestros horrores,
al reflejo de nuestros demonios.
Ese yo que escondemos en lo más profundo,
avergonzados de su viscosa fealdad.
 
La peor de las criaturas,
la más honesta y pura,
que alberga en su radical franqueza
las miserias y los pecados de los demás,
soportando la penitencia de todos abnegadamente,
sin quejas, sin qué hay de lo mío,
en discreto silencio.
Un ejemplo insoportablemente insultante de virtud.
 
Pasea la realidad y, para mayor escarnio, la refleja.
En ocasiones, se muestra esquivo y opaco,
como cuando el sol timidea difuminado tras las nubes,
harto de acarrear las culpas de otros.
Mas, por lo general, se revela encontradizo y diáfano,
cumpliendo su misión acusadora con denuedo.
 
El tal Spiegelmann, ese monstruo,
con sus millones de cristales de conciencia,
vende su identidad a cambio de un compromiso:
que cada uno coja su cristalito.
El precio de su desnudez es nuestra propia desnudez.
 
 
Seguimos todos vestidos. Menos mal.

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embutido

reencarnación del animal de granja en su vida más plena y generosa, predicando los pecados de la carne en primera persona. 

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satélite artificial

basura metálica que se envía al espacio en espera de encontrar el color adecuado para los contenedores de dicho material. Personalmente, enviaría también al espacio a muchos recicladores-coñazo imantados a esos residuos metálicos. 

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peregrinación

viaje con destino final Mentira, en el que lo más importante es el trayecto, trufado de folclore y tradición, superstición y jarana, religiosidad y paganismo. 

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Érase una vez otra vez o tal vez

Otro año se apaga
y uno nuevo asoma inevitable.
¿Qué nos traerá? Más de lo mismo.
Los calendarios son como la leyenda de Sísifo:
incesante esfuerzo sin logro alguno.
La mayoría sigue su destino con la piedra a cuestas.
Algunos se apean por cansancio o por rebeldía.
Y sólo unos pocos héroes mandan la piedra al carajo e intentan escalar otras cumbres.
 
En Nochevieja, cuando las pomposas campanadas,
pasaremos lista: algunos faltarán y les regalaremos doce lágrimas,
otros dirán "¡Presente!" y les desearemos doce calamidades,
porque la bondad navideña sólo está presente en su repugnante publicidad,
no en la indignada y abrupta realidad.
Como siempre, haremos el cursi con las uvas.
Pudiendo dar doce besos, once insultos,
diez abrazos, nueve pérfidos deseos,
ocho agradecimientos, siete condenas,
seis "te quieros", cinco "muéretes",
cuatro polvos, tres confesiones,
dos sorpresas y un acaso...
¡Feliz año a ti, a ti y a ti!
Pero a ti, a tú y a "ta" que os jodan.
¿Rencor? ¡En absoluto! Es cuestión de buen gusto. 
Además, nada hay más honesto que el lacerante rencor.
 
Las derrotas del año viejo se convierten en nuevos retos del año nuevo,
que volverán a ser derrotados fácilmente;
las promesas incumplidas del año viejo se disfrazan de renovadas esperanzas del año nuevo,
que volverán a ser incumplidas irremisiblemente;
los gilipollas del año viejo seguirán siendo los mismos gilipollas año tras año,
certeza que nunca cambia.
Afortunadamente, las risas del año viejo se convertirán en sonrisas del año nuevo, 
que traerá nuevas y diferentes risas;
las sonrisas del año viejo se convertirán en agradables recuerdos del año nuevo,
que recordará viejos recuerdos y sembrará otros nuevos.
Y, claro ¡cómo no!, el licor.
El licor regó de buenos momentos el año viejo
y volverá a empaparnos de franca alegría el año nuevo con su graduada lealtad. 
 
La fe en el año nuevo es la fe de los conversos: impostada.
Las ilusiones del año nuevo son los modales de los nuevos ricos: fatuos.
Los días del año nuevo son los mismos que los del año viejo: trescientos sesenta y cinco.
El año nuevo es una nueva toma del año viejo: maqueta 2013 a.D.
A ver qué tal actuamos.   

 

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