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Pollita introduce una moneda de euro y elige el producto 32. Espera unos segundos y no cae nada. Se cabrea, golpea la máquina con rabia y pulsa el botón de devolución de monedas sin éxito. Poco después, cuando está jurando en arameo, se da cuenta del pilotito rojo parpadeando y del mensaje en la pantallita: “El producto Amazingly Small Condoms está agotado. Por favor, seleccione otro producto”. Pulsa nervioso el número 33 y oye el “clonc” del producto al caer sobre la bandeja dispensadora. Abre la trampilla y recoge el paquete. Al instante exclama: “¡Mierda!” mientras lee en el paquete “Standard Condoms: 2 units”.

Pollita corre a casa y le pide a mamá Polla: “Mami, haz el dobladillo a este par”. “Vale, hijo. Después de la cena te lo hago” – responde mamá Polla sin quitar la vista del potaje que está cocinando. “¡No, ahora!” – grita Pollita visiblemente alterado y tieso como un palo. “Desde luego, qué carácter tienes, hijo mío. Espera un minuto y te lo hago” – contesta la madre con tono tranquilizador.

Transcurridos veinte minutos, Pollita se prueba el condón arreglado por su madre, pero no le gusta. Muy enfadado exclama: “¡¿No ves que parece un bombacho?! ¡Se van a reír de mí!” Mamá Polla, suspira y con su mejor intención le explica a su hijo: “Es mejor que te vaya holgado. A las chicas les encanta ver que no eres uno de esos que van a lo que van”. Pollita, iracundo y descapullado, chilla: “¡Mamá, soy una polla! ¿Qué crees que esperan de mí las chicas?” La madre, resignada, coge de nuevo el condón y con un par de puntadas lo deja bien ceñido. Pollita, tan contento como empalmado, se lo pone y con una enorme sonrisa en el meato le pregunta a su madre: “Mami, ¿estoy guapo?” “Sí, hijo, sí… ¡Suerte! Y no vuelvas tarde” – responde mamá Polla dando vueltas al potaje.