Sin duda Mourinho estuvo ayer preparando el partido contra el Borussia. No pudo acudir al acto en la Ciudad Deportiva del Real Madrid porque estaba estudiando cómo conceder ¡2 goles! al Borussia tras un cabezazo en prolongación de Levandowsky al más puro estilo inglés. Una jugada inventada allá por 1890. ¡Alucinante! Se les debería caer la cara de vergüenza al entrenador del Madrid y a la defensa en pleno por su patética interpretación del a-b-c futbolístico.

Para colmo de males la actuación del acorazado blanco en la primera parte fue deplorable. Fue dominado por el dinámico equipo alemán de cabo a rabo. El gol de Pepe fue fruto de la más injusta casualidad, tan habitual en el fútbol como en la vida. El candidato a ganar la Champions año tras año no ofreció respuesta alguna. Modric firmó su sentencia de muerte ante millones de espectadores. ¿De verdad jugaba en la Premier League este cursi? ¿Por qué se desenvuelve a tres velocidades menos de lo que requiere el partido? ¿Qué aporta? ¿Qué roba? ¿Qué defiende? ¿Qué combina?Vale, sí, es elegante. También lo es Nati Abascal y no juega en el centro del campo del Real Madrid. En fin, Coentrao + Modric = 60 millones de euros. Falcao, vente "pa'cá" y líbranos del torpe y del cursi. Total, no hace falta media, te mandamos un melón y ya lo meterás en la portería. 

Afortunadamente, el segundo tiempo redimió en parte (lo justo, no más) al Madrid. Al menos la actitud fue mejor. Callejón, que entró por el lesionado Higuaín, se puso las pilas y generó buenas ocasiones, incluso un gol mal anulado. Cristiano Ronaldo, no obstante, no cambió en nada. Continuó con su esperpéntica actuación, la peor de cuantas le haya visto: ni un buen control, ni un regate, ni un remate aceptable, ni un pase con sentido, ni una decisión acertada...únicamente permitir a Özil lanzar la falta que supuso el empate. Un gol importantísimo en el devenir de la liguilla y delicioso en la ejecución: sutil, delicado, poético. Sin Özil habría fútbol, pero sería mucho más aburrido. El alemán ilumina las noches más oscuras con su clase, de una fragilidad etérea, inasible, maravillosa...

Eduardo Galeano hablaba del 0-0 como el peor de los resultados posibles: dos bocas abiertas, dos bostezos. Pues bien, los dos goleadores del empate final, Özil y Götze, llevan ese empate ignominioso en sus apellidos, aunque con la diéresis a modo de pimienta, que no es otra cosa que la alegría del gol en el fútbol. Por eso, Ö-Ö no es lo mismo que 0-0, sino todo lo contrario: asombro, sorpresa, deleite. Viva el fútbol con diéresis, con imperfecciones, sin entrenadores estreñidos. Viva el camaleón turco-alemán, que dormita durante 89 minutos y emerge salvífico al final para endulzar una tarta de hiel.