cuando tu modosita prima, de la que estás secretamente enamorado desde los catorce años, se desboca y se regala a todo guiri que quiera beneficiársela; mientras tú, dolido y apesadumbrado, empiezas a recibir curiosas ofertas de sodomía por parte de caballeros teutones, que prometen pagarte a través de un banco en el que ni siquiera tienes cuenta abierta, al tiempo que el patriarca de la familia te obliga a apretarte el cinturón para que tu indignada erección permanezca encerrada y sumisa.