tendencia fugaz que tan pronto está muy en boga como pasa a estar absolutamente desfasada. Todos somos víctimas de ella, desde la pijaza más esnob para la que la revista Vogue es la Biblia y llama a su perrito Galliano, hasta el perroflauta más guarro cuyas rastas imitan fielmente en aspecto y hedor a las del cantante progre del momento.