El mundo al revés: el Madrid quitando la pelota al Barcelona en muchas fases del partido, presionándolo arriba y acogotándolo tras el empate en el mismísimo Camp Nou. Inexplicable. Absolutamente inexplicable después de presenciar el pestiño del partido de ida por parte del Madrid. Pero como el fútbol es tan extraño como inesperado, los dos equipos brindaron un espectáculo soberbio. Cada uno con sus armas, cada uno tratando de imponer su estilo. Al final ambos quedaron contentos. El Barcelona por haber obtenido la clasificación y el Madrid por haber limpiado su lamentable imagen de la ida.

El partido comenzó al galope desde los primeros instantes. Piqué, todavía saboreando el beso de despedida de Shakira, falla estrepetisomente dejando un balón franco a Higuaín, que como no tiene a nadie que le bese o eso parece, manda el balón a Murcia para no tener que celebrar el gol solito. La presión madridista desactiva al Barça y gotean las ocasiones: un disparo de Cristiano Ronaldo que para sin querer Pinto, un nuevo robo de balón de Higuaín que saca Pinto con el pie y un disparo desde Estambul de Özil que da en el larguero y en la línea de gol. El dominio es absoluto durante los primeros treinta minutos. Sin embargo, transcurrida la primera media hora, el Barça empieza a triangular y a tener más el balón. En los últimos minutos de la primera parte llegan los dos goles del Barcelona. El primero tras la típica internada de Messi por el centro que causa el pánico en la defensa blanca, perdiendo Arbeloa la posición para que Pedro reciba la asistencia del genial Messi y marque a placer desde dentro del área. El segundo tras un rechace de una falta lanzada en el minuto chorrocientos del descuento, que Alves engancha con una violencia y precisión increíbles. Dos a cero y al vestuario con cara de gilipollas. Por cierto, Lass mereció ser expulsado por imbécil al cometer una falta innecesaria y evidente al borde del descanso. 

El Madrid volvió a comparecer en la segunda mitad con vigor y ganas de intentarlo. El Barça respondió con las mismas ganas al envite blanco. En ocasiones con la verticalidad de Messi y Pedro, y en otras con su fútbol narcotizante de pases y más pases en corto al primer toque. El histriónico delantero portugués consiguió el primer gol gracias a una buena asistencia de Özil (gran partido del alemán) y a un buen regate al portero con rápido remate posterior. A los pocos minutos Benzema puso pimienta al partido y, por consiguiente, a la eliminatoria con un gol lleno de clase: sombrero a Puyol y volea a la red. El Barça, por fin, sentía miedo ante el Madrid. El mundo al revés. Los blancos siguieron intentándolo, pero sin crear ocasiones claras de gol; y los azulgranas intentaron cerrar la eliminatoria con algún contraataque más o menos claro.

El Madrid ofreció una muy buena imagen y casi todos los jugadores su mejor versión. En lo futbolístico debemos excluir a Xabi Alonso, lento e impreciso gran parte de la noche. Es una pena, porque su importancia en el juego es fundamental. Además, lleva varios partidos a un nivel muy bajo desde la vuelta de Navidades. En lo extradeportivo debemos exceptuar, una vez más, a Pepe. Aunque no fue el asesino en serie de otros encuentros, sí que fingió y exageró las faltas que cometieron sobre él y largó un manotazo evitable a Cesc. Deberían echarlo del Madrid. Es un impresentable incorregible. 

Esta vez sí que el Madrid fue superior al Barça. Pudo confrontar sus armas a las de su excelso rival en el campo de éste último, por lo que imagino que jugadores y cuerpo técnico saldrán satisfechos del Camp Nou. A ver si de una vez por todas empezamos a ver sonrisas en los jugadores y, sobre todo, en el entrenador del Madrid. 

Y ahora a centrarse en mantener la ventaja en la Liga y a pasar eliminatorias de Champions hasta encontrase de nuevo con el Barcelona, del que por lo menos este partido ha servido para quitar de encima el sangrante complejo de inferioridad que atenazaba al equipo madridista en los últimos enfrentamientos entre ambos.