Los colgados salen de la cama y se cuelgan en el colgador del baño a asearse. Cuando se han vestido, salen de casa y se cuelgan en la escarpia del coche o del tren camino del trabajo. Una vez llegan a sus lugares de trabajo, se aposentan en el perchero que les corresponde y dejan pasar la jornada. De vuelta a casa, vuelven a suspenderse en la misma escarpia del coche o en otra diferente del tren. Ya en el cálido hogar, van de percha en percha, estratégicamente dispuestas a lo largo de toda la casa para poder permanecer siempre colgados. De noche, duermen en la cama, pero con una barra de armario habilitada a modo de almohada que les permite seguir colgados, aun dormidos.

¿Cuántos colgados conoces? Yo muchos. Cada día me cruzo y hasta convivo con muchos de ellos. Son fácilmente identificables: seres anodinos, sin expresión en la cara, casi mudos. Más bien parecen seres inanimados que seres humanos provistos de vida. Todos aquellos de los que no sabes nada, ni siquiera el nombre en muchos casos, a pesar de verlos día tras día y compartir con ellos trabajos, colegios, lugares comunes.

Cuando iba a la escuela, se formó un extraño y heterogéneo grupo con muchos de estos colgados. Les llamábamos con bastante maldad y un pelín de sagacidad “los absolutely hanging”. Tardó en formarse este grupo. Hasta C.O.U. no fue un grupo perfectamente identificable, con todos sus miembros claramente alistados. Siempre me sorprendió el grupo de “los absolutely hanging”. ¿Qué tenían en común? ¿Qué intereses compartían? Uno a uno eran aburridísimos, cuando no raritos; así que en conjunto debían formar una pandilla de bostezos sin parangón.

¿Qué les llevó a unirse cuando, en principio, un colgado es un ser asocial? Tras muchos años lo he llegado a entender. Un colgado vive permanentemente suspendido en el aire y, encima, amarrado a la percha. La sensación de inseguridad debe ser total. Cualquiera puede venir y arrearle tantas veces como quiera y, encima, el colgado no puede defenderse, ya que permanece inerte. Por consiguiente, “los absolutely hanging” decidieron unirse y seguir colgados, pero mancomunados. De este modo, dispuestos en círculo, al menos cubrían sus espaldas con las de sus compañeros en lugar de apretarlas contra la fría pared.

¿Se puede catalogar de hecho social la unión de un grupo de colgados, pues? Tengo mis dudas.