20111113003808-gintonic.jpg

Una premisa básica para poder disfrutar de un gran gintonic es la copa de balón. Vamos, un buen copón que permita disfrutar de todos sus matices y, además, lo muestre en toda su grandeza.

Lo primero es el hielo: cuatro o cinco grandes piedras de gélido rencor inveterado, imposible de deshacer. A continuación, vertir ginebra The Hated Nº1 hasta cubrir tres cuartas partes de los cubitos de rencor, permitiendo que éste se mezcle con la ginebra y rompa los pequeños cristales de resentimiento congelados durante largo tiempo. Vaciar un botellín de tónica Rage Tree (que en lugar de quinina contiene inquina) en la copa y mezclar ligeramente. Veremos cómo las burbujas de rabia ascienden vertiginosamente removiendo las piedras de rencor helado entre el oleaje de odio. Por último, coronaremos el delicioso cóctel con dos o tres lágrimas de limón, pero no las primeras que brotan casi sin razón, sino aquellas que se amotinan en los ojos llenánsose de dolor poco a poco hasta que emergen abundantes y tatúan un surco de tristeza en la cara. Proporcionarán el punto de acidez necesaria al gintonic y lo completarán magistralmente. 

Ahora ya sólo nos queda bebérnoslo. Para ello nos recostaremos plácidamente sobre el sofá y sostendremos la copa en la mano. Daremos largos sorbos disfrutando de todo su sabor, mientras miramos el evocador gintonic absortos en nuestros pensamientos. Tras unos veinte minutos, dejaremos la copa vacía sobre la mesa e iremos en busca de la persona a la que queremos dedicárselo: "Hola, hijo de la gran puta..."