fecha concreta en la que, de repente, eres un año mayor. Lo mejor de todo no son las felicitaciones ni los regalos, aunque también chanan, claro está. Lo mejor es que tienes todo un año por delante para adaptarte a tu nueva edad. Al principio te sientes extraño, pero con el paso de las semanas acabas acostumbrándote y encariñándote con esa nueva cifra hasta tal punto que, en el siguiente cumpleaños, sientes nostalgia al abandonarla.