Si Dios existiese, usaría Twitter. No se me ocurre mejor canal de comunicación para revelar sus enseñanzas. Nada de usar intermediarios a modo de viejunos profetas o indescifrables y contradictorios apóstoles. Twitter y su inmediatez global sería el mejor modo de evangelizar. Twits a modo de parábolas, retwits a modo de “¡te alabamos, Señor!”

Podría usarlo también para convocar plazas en la jerarquía eclesiástica: “Vacante de cardenal. Retribución fija más limosna. Imprescindible traje púrpura y negro”. O para convocar a la feligresía: “Misa en San Wenceslao mártir a las 12:00h”. Obviamente, también para lanzar eslóganes de posmoderna cristiandad: “In God you trust”, “Bautismo o infierno” y demás lindezas estremecedoras.

Además, sería muy interesante seguir el duelo en la red entre las cuentas de Dios y de Lucifer. Ambos pugnando por el mayor número de seguidores posible y las mejores valoraciones de sus revelaciones. La disputa del futuro de la humanidad en tiempo real. La rabiosa lucha entre la luz y las tinieblas con sus respectivos acólitos informados al momento. Lo más de lo más. La eternidad jugándose en directo.

¿Por qué Twitter y no Facebook o un blog? Porque Dios es más de aforismos y de impactos rápidos. No le gusta perderse en largas disquisiciones que puedan alumbrar inconsistencias o dudas a sus fieles. Así pues, Twitter sería su púlpito perfecto. Si existiese, claro está.