garrula exhibicionista que confunde la seducción con la vulgaridad. No tiene edad, los hay jóvenes y viejos. Eso sí, una vez se adquiere la condición de zorrón, rara vez se abandona. Los tíos (los quillos quedan excluidos al ser la versión masculina del zorrón) piensan: “a lo mejor me la follaría, pero ¡por Dios! que nadie me vea con ella ¡menuda vergüenza!” En definitiva, se trata de un pedazo de carne, más o menos pintarrajeado, más o menos vestido, más o menos voluptuoso; pero sólo eso: un vulgar pedazo de carne.