crustáceo jorobado, cabezón, bigotudo y de ojos saltones que, sin embargo, vuelve loco a muchos. Decapitarlo y sorberle los sesos es un placer aparentemente culinario. Freírlo a la plancha y echarle sal sobre sus heridas es un método aparentemente culinario. ¡Qué va! Es puro sadismo. El mar es lo único que el hombre no ha conseguido dominar nunca y, miserablemente, se venga sádicamente contra los frutos que éste ofrece.