El Madrid lavó su cara y el Barça pasó a la final. ¿Todos contentos? ¡En absoluto! El Madrid perdió la eliminatoria sobrevalorando el potencial de su rival en el partido de ida con ese miedoso e indigno planteamiento defensivo. En la vuelta fue demasiado tarde. Además, el árbitro dio su empujoncito anulando un gol legal a Higuaín con 0 a 0. Una pena porque hubiese estado bien comprobar cómo reaccionaba el Barça siendo exigido, situación en la que no ha estado en ninguno de los 180 minutos. El Madrid se creyó, especialmente su entrenador, que el Barça era mucho más equipo del que es actualmente, lastrado por las lesiones y su corta plantilla.

El Madrid presentó a un equipo adelantado, presionando bastante arriba. Amagando, pero sin dar. El Barça no arriesgó y se limitó a intentar conservar la posesión durante los primeros treinta minutos. Kaká no estaba para atacar ni para defender. Higuaín aislado y fuera de forma. Di María espumoso y fallón. Y Cristiano Ronaldo intrascendente, lo peor que se puede decir de una megaestrella. Estas semifinales no le dejan en muy buen lugar. No se ha echado el equipo a la espalda, como sí ha sucedido con Messi en el Barça, ni ha resultado determinante en ningún momento. Los que sostenían al equipo eran Xabi Alonso y Lass.

Los últimos quince minutos de la primera parte fueron claramente del Barça, en los que dispuso de varias claras ocasiones que salvó Casillas y la mala puntería de los delanteros culés. El equipo blanco llegó a la silla del descanso aturdido, pero con el combate empatado a puntos.

Tras la reanudación el Madrid presionó con todo y recuperó balones en el campo del Barça. Desgraciadamente, el árbitro se inventó una falta de Cristiano Ronaldo para anular un gol de Higuaín. A continuación, llegó el gol de Pedro gracias a un buen pase al hueco de Iniesta. Al poco tiempo empató el Madrid mediante Marcelo, después de una excelente recuperación de Xabi Alonso y un remate al palo de Di María, que recogió el rechace y asistió con precisión al lateral brasileño.

El milagro se vislumbraba en el horizonte, aunque era un espejismo. Había que remar mucho para dar la vuelta al marcador. Salieron Özil y Adebayor, que apenas aportaron nada más que patadas y precipitación. El Barça durmió el partido y el Madrid cayó de pie. Fin de la historia y final de la temporada para los madridistas.

¿Cuál es el balance de estos cuatro clásicos? Una victoria para cada uno y dos empates. Tres goles a favor del Madrid y cuatro a favor del Barça. Los números parecen haber acercado al Madrid a su eterno rival. Sin embargo, las sensaciones son equívocas. Parece que hay más distancia entre ambos que lo que dicen los resultados por el juego desplegado a lo largo de los cuatro partidos. No obstante, creo que el Madrid ha tenido demasiado respeto al Barça y no se ha querido medir cara a cara con ellos, negándose la posibilidad de salir vencedor en la semifinal - si bien, ganaron el título de Copa - y hurtándonos a los aficionados dos grandes duelos, que han sido muy decepcionantes ante las tremendas expectativas creadas. Mi sensación, más allá de planteamientos temerosos, quejas arbitrales, fingimientos lamentables, etc. es que Messi ha marcado la diferencia. El Barça está en la final gracias a él. Y sí, es mejor que Cristiano Ronaldo. Su novia no, pero él sí.