Messi ganó un partido que el Madrid no quiso ganar y que el árbitro sirvió en bandeja al Barcelona. El Madrid hizo poco o nada con 11 y con 10. El Barça hizo poco más. Sin Messi el partido hubiese acabado 0 - 0 (dos bocas abiertas, dos bostezos, como describe socarronamente Eduardo Galeano).

El Madrid salió medroso, echado atrás, esperando coger una contra que nunca llegó. Al contrario de lo que pontificó el entrenador barcelonista en la víspera, sin la agresividad exageradamente denunciada de los dos enfrentamientos anteriores. No creó una sola ocasión clara durante los noventa minutos, a pesar de jugar en casa. Demasiado poco para un equipo con una plantilla lujosa y carísima. En la segunda parte presionó más arriba, pero el árbitro se encargó de apuntillar la pobre apuesta blanca. 

El Barcelona apenas jugó exigido. Se dedicó a manosear el balón sin profundidad y sin complejos, manteniendo su estilo. La ausencia de Iniesta se notó. La circulación de balón culé no era lo fluida, rápida y peligrosa que nos tiene acostumbrados. Su propuesta, aunque excusada en su papel de visitante, no deslumbró. Se hablará de la victoria del estilo de toque barcelonista, pero en realidad quien ganó el partido y casi la eliminatoria fue Messi, primero buscando el hueco justo para rematar con astucia un buen centro de Affelay y después sentenciar con una jugada personal en la que desnudó a la defensa blanca con su descomunal clase. Aparte de la elevada posesión habitual y del genio de Messi, el Barça se dedicó a fingir faltas y agresiones de forma lamentable: Busquets, Pedro y Dani Alves adolecieron de una falta de deportividad irritante. O todos moros o todos cristianos, Pep. No se puede ir de virgencita y a la vez follarse a todo cristo. O una cosa o la otra.

¿Y ahora qué? Pues a esperar un improbable milagro en la vuelta con las importantes bajas de Sergio Ramos (merecida) y Pepe (inmerecida). Pero, sobre todo, a reflexionar Mourinho y sus ayudantes sobre su planteamiento futbolístico, más allá de patalear a la UEFA por el arbitraje. El Madrid hizo un partido paupérrimo basado en el mismo plan temeroso y ruin usado en Liga, pero esta vez el resultado no sirve de coartada. Ni siquiera el arbitraje, por mucho que se hable de ello con razón.