No sabemos si por la desaparición voluntaria de las sombras o por algún otro motivo, pero los focos se han centrado últimamente en los cuerpos sin sombra. Se han identificado casos de cuerpos sin sombra que sobreviven mucho más allá de los treinta días que como máximo se había establecido por las autoridades médicas.

Tras analizar algunos de estos casos y en las entrevistas que se han mantenido con ellos, se ha averiguado que estos casos no son tan excepcionales como se creía en un primer momento. Independientemente del tiempo que lleven sobreviviendo sin sombra, si están internados en un campo o malviven escondidos en libertad, todos ellos, absolutamente todos ellos tienen un denominador común: sus sombras no se escaparon, fueron ellos los que las liberaron. Incluso se desprendieron voluntariamente de ellas, echándolas de su lado.

Cuesta comprender los motivos que tuvieron para deshacerse de ellas. Más aún teniendo en cuenta que a priori suponía una pena de muerte inminente, además de un internamiento casi seguro. La primera respuesta que se conjeturó fue la obvia: se trata de infelices suicidas. Sin embargo, al cuestionarles al respecto la gran mayoría negaron dicha intención. Sencillamente, "trataban de ser libres", dijeron con aplomo y convencimiento.

Realmente, estos cuerpos sin sombra por voluntad propia son un misterio asombroso. ¿Qué quieren decir con eso de ser libres? ¿Libres de su sombra? ¿Por qué? No se ha obtenido respuesta alguna, únicamente un lacónico y enigmático "no lo entendéis..."

¿Serán seres superiores estos cuerpos sin sombra? ¿O simples orates? En cualquier caso, se está haciendo un seguimiento exhaustivo de todos ellos en los campos de internamiento. Su comportamiento es muy diferente al del resto de cuerpos sin sombra. Los primeros no actúan como condenados resignados y solitarios, sino que viven felices y en comunidad. Tratan de hacer su vida en el campo lo más provechosa y lúdica posible. Además, respetan las normas con escrupulosidad, sin causar el más mínimo problema. Eso sí, no se relacionan con el resto de cuerpos sin sombra ensimismados que deambulan a su alrededor con el terror en la cara día y noche.

¿Y las sombras? Las sombras siguen en la sombra, ese lugar oscuro e inabarcable al que cuesta mirar de frente y que tan pronto nos desvela por la noche como nos estremece durante la vigilia: el miedo, el pavoroso miedo a lo desconocido. Un miedo físico, un miedo real, un miedo inconmensurable y helador.