Partido soñado con excelente resultado. Eliminatoria casi sentenciada sin apenas coste para el Madrid. Más fácil imposible. Sin embargo, no tengo la sensación de que fuese un gran partido. 

El inicio fue fulgurante: dos disparos de Cristiano Ronaldo, uno de Di María y el gol de Adebayor en un remate de cabeza tras un lanzamiento de corner. Todo en cinco minutos. Además, antes del cuarto de hora, Crouch enloqueció y el árbitro le expulsó por cometer dos faltas a destiempo. ¿Riguroso? Quizás. Sobre todo, en un arbitraje europeo. En cualquier caso, el larguilucho inglés fue bobo.

A partir de entonces el partido cambió. Todo parecía ponerse de cara para el equipo blanco, pero no supo jugar contra diez durante la primera parte. Dispuso de alguna otra ocasión, pero su juego se atascó convirtiéndose en previsible y obcecándose todos en penetrar por el centro. 

Özil estaba desaparecido, Khedira sobraba, Di María y Cristiano se enredaban en jugadas individuales, así que el único que mostraba algo de claridad era Marcelo entrando por su banda. El resto fue un previsible y anodino juego sin ritmo.

El Tottenham se limitó a defender. Únicamente dispuso de dos salidas de Bale, la gran esperanza de los Spurs, ambas por gentileza del contumaz y tontísimo Sergio Ramos, que calculó mal en la primera concediendo la única ocasión del equipo visitante durante el partido, y fue a presionar alocadamente en el área rival en la segunda provocando la tarjeta de Pepe - tan bobo y descontrolado como el lateral - que no podrá jugar el partido de vuelta.

Afortunadamente la segunda mitad ofreció otro panorama con el Madrid volcado y la circulación de balón más rápida. La presión era cada vez más agobiante y más adelantada, por lo que la recuperación de pelota se lograba a 30 - 40 metros de la portería de Gomes. En esta labor resultó fundamental por enésima vez Xabi Alonso. Virgencita, virgencita, que no se lesione Xabi. 

Los goles fueron goteando por pura lógica, no cabía esperar otro desenlace. El segundo gracias a otro cabezazo de Adebayor a buen centro de Marcelo. Cuando todos empezábamos a sospechar del rendimiento del togolés, éste ha respondido con dos goles. Bien, gracias; pero ha de hacer más. El tercero se lo inventó Di María con un chutazo a la escuadra desde el pico del área: recorte y misil colocado, un bello tanto. Y el cuarto fue obra de Cristiano Ronaldo de buena volea a pase de Kaká, el sorprendente invitado de la noche. ¿Por qué juega este prejubilado? 

Necesitaba el Madrid una victoria como ésta en un partido de esta importancia. La semana que viene deberá sentenciar en Londres y minimizar los posibles daños colaterales que puedan surgir ante la previsible semifinal ante el Barcelona.